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24 de marzo: El pueblo en las calles y el arriba nervioso

Fuentes: Huella del Sur

Las marchas y actos en conmemoración del inicio de la última dictadura este 24 de marzo marcaron un jalón en el volumen y alcance de la movilización popular. Allí se conjugaron dos elementos interdependientes: El repudio a la dictadura y la reivindicación de los 30.000 desaparecidos en primer lugar. Y con potencia nada desdeñable, el rechazo a la política del actual gobierno.

Todas las marchas, la marcha

Fue casi unánime la apreciación acerca de que constituyó una convocatoria de magnitud desusada. Recorrieron todas las crónicas las referencias a la plaza de Mayo colmada, Y a la avenida y las diagonales que rebosaban de gente.

Incluso se dijo que superó en número de asistentes a la marcha contra el 2×1, de mayo de 2017. La que exhibió un poder de convocatoria memorable.

Algo similar pasó con en varias otras ciudades. La caudalosa demostración del repudio colectivo a la dictadura fue en todo el país más que elocuente. Ocurrió otro tanto con el rechazo masivo a las políticas que una minoría de ricos y poderosos le ha propinado al pueblo una vez más. Acompañado por el firme deseo de que la actual agresión a las condiciones de vida y los valores de las mayorías termine cuanto antes.

La movilización tuvo carácter federal. Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán. También Mar del Plata, con una masividad notable en proporción al tamaño de la ciudad. Corresponde anotar que las movilizaciones fueron extraordinarias aún en distritos que dieron un voto masivo a la Libertad Avanza en el pasado octubre.

Las marchas, en Buenos Aires y en otras ciudades, constituyeron una muestra de la diversidad y riqueza de las organizaciones de la sociedad argentina.

Colectivos que vienen de una larga historia y otros muy nuevos. Los que conocíamos por el nombre pero nunca habíamos cruzado. Y los que creíamos que ya no existían. Y allí está cada uno; con decenas, centenares o miles de seguidores. Desde el grupo reducido que anima espacios locales, al movimiento de masas de alcance nacional. Con todas las posibilidades intermedias.

También fueron miles los y las a los que mal se llama “espontáneos”. Van solos o en pequeño grupo familiar o de amigues. No se trata de exaltarlos en tanto “independientes”. Como si eso fuera por sí sólo un mérito. Sí darles el valor de señalamiento acerca de que la convocatoria fue más allá del muy numeroso contingente de las diversas militancias.

Otro rasgo no por reiterado menos admirable es el de la creatividad popular. En gran parte volcada a la relación entre 1976 y el presente. Pullas al gobierno de Javier Milei mediante. La diversión popular estaba allí. Agrupaciones de teatro comunitario, murgas, grupos de percusión.

Es otra gran tradición que se continúa o se retoma. La alegría exultante mezclada con los grandes dramas de nuestra historia. El canto colectivo como vehículo para la justificada indignación y las críticas más filosas.

La consigna “Que digan donde están” que tituló el documento y presidió la marcha de este año tiene múltiples dimensiones. Se dirige hacia los desaparecedores que sostienen su “pacto de sangre” y se van a la tumba con sus ominosos secretos. Y quizás sobre todo al Estado, que a través de sucesivos gobiernos jamás abrió los archivos de la represión.

Los cuerpos siguen sin tumba visible, los familiares no pueden completar su duelo, la sociedad entera no accede a toda la verdad. Las pruebas en juicio se dificultan, la impunidad de muchos represores queda facilitada por esos secretos y silencios. Por eso cabe enarbolar el “que digan donde están”, una y mil veces más.

Otra divisa, “El mismo plan, la misma lucha” conecta sin mediaciones el combate contra la dictadura y sus crímenes con la confrontación de clases en la actualidad.

La política económica de la dictadura y la del gobierno libertario actual tienen entre ellas varios parentescos. Uno es determinante: Ambas ejercieron y ejercen la defensa de los intereses del gran capital local y trasnacional. Y las dos fueron lanzadas para la consumación de una revancha de clase que abriera paso a una reestructuración social integral y de prolongada vigencia.

Corresponde el interrogante acerca de la pertinencia de un acto independiente, en torno a un documento alternativo al que consensuaron los organismos de derechos humanos y otras fuerzas. Desplegaron ese acto la mayoría de las fuerzas que integran el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U).

La duda no invalida el nudo de la disidencia. Nos referimos a la falta de denuncia explícita en el texto conjunto del papel funesto de sindicalistas y sectores del peronismo. Tanto en la dictadura como en la resistencia a Milei.

Sin embargo no pareciera que eso inhabilite por completo la posibilidad de converger en un acto único. Ni que haga de absoluta necesidad la elaboración de un documento separado. Máxime cuando sí se incorporó la denuncia de los crímenes de la triple A y la práctica de la desaparición de personas antes de marzo de 1976.

La verdadera memoria completa

El gobierno y las corrientes reaccionarias que hoy lo acompañan se atrincheran en el lema “memoria completa”. Aducen que se ha hablado mucho de los represores y muy poco de los “subversivos”. Hasta se lleva la cuestión al ámbito presupuestario y embisten contra las indemnizaciones pagadas a ex presos y desaparecidos.

Falacia. Basta recorrer medios de comunicación en todas sus variantes para visualizar que se ha informado y discutido mucho sobre las acciones de las organizaciones armadas. Agréguense las decenas de libros, muchos de tono condenatorio, a propósito de actos y personajes de Montoneros y otras agrupaciones.

En cuanto al factor económico, sólo para mentes que tienen el comercio, la ganancia y la propiedad como valores excluyentes resulta imaginable que las políticas de derechos humanos hayan estado guiadas por sus aspectos monetarios.

Completar la memoria de verdad sería la ya mencionada apertura de los archivos de la represión. También el juicio y castigo de grandes capitalistas y ejecutivos de grandes compañías. Los que estuvieron al frente en la instigación de las desapariciones de los delegados y delegadas y activistas sindicales.

Fueron hasta ahora muy pocos los juicios contra los cabecillas de la destrucción o disciplinamiento por el terror del sector más combativo de la clase obrera argentina.

El gobierno de ultraderecha lanzó su video anual con motivo del aniversario. Al contenido político siempre detestable esta vez se sumó lo demasiado extenso y monótono.

El de la apología de la dictadura parece ser otro sendero en el cual el recetario “libertario” exhibe un cierto desgaste. Sólo contiene dos testimonios, larguísimos. Uno el del hijo del coronel Argentino del Valle Larrabure, secuestrado por el P.R.T-E.R.P por un prolongado lapso. El mismo que sectores de la Iglesia quieren instituir como mártir.

También el de una nieta recuperada, Miriam, la número 127. La que optó por mantenerse del lado de sus apropiadores. La mujer se manifestó “revictimizada” por el Estado nacional. Reconoció como padres a quienes se niega a llamar apropiadores. Y llamó “terroristas” a sus verdaderos progenitores.

Nada de esto sirvió de mucho al gobierno. Las primeras evaluaciones informaron la baja repercusión en redes del audiovisual y de la recepción crítica mayoritaria.

Desde el lado Norita de la vida y de la historia se impone en cambio una constatación ineludible. La multitud se congregó en rechazo a la actitud del gobierno actual en todo lo vinculado a derechos humanos.

Actitud que no se queda en negacionismo, como suele decirse y escribirse. Más bien admite la existencia de los crímenes y los reivindica como parte de la “guerra antisubversiva”. La que habría salvado al país de la llegada del comunismo y de la destrucción resultante.

A lo sumo reconoce la comisión de “errores” y “excesos”. Una total coincidencia con el discurso justificativo enarbolado por el régimen dictatorial a la hora de encubrir a la barbarie genocida.

Centenares de miles de personas en todo el país alzaron en el espacio público su voz contra las patrañas que enlazan medio siglo de ataques contra las clases populares. Los perpetrados a través de la violencia física y también los materiales o simbólicos. Completar la memoria será evitarlos para siempre.

Logros, continuidades y desacuerdos

Pese a los cincuenta años transcurridos desde entonces, la de 1976 no es una mera evocación histórica. Interpela al presente y al futuro. En el terreno de los derechos humanos y en el campo político, económico, social y cultural.

Es así no sólo para quienes vivieron la época. También para los que nacieron mucho después de esos sucesos. De quienes unos cuantos miles estuvieron en las plazas. Junto a quienes fueron jóvenes, adolescentes o niñeces en aquellos días.

Y por supuesto, los gigantes de la lucha que hoy rondan o superan los 90 años y siguen allí como un testimonio vivo de los combates del pueblo argentino. Los que tienen por eje todo lo vinculado a los derechos humanos. Amén de las que se dieron y se dan en todos los demás terrenos.

Este 24 de marzo significó una derrota en toda la línea para el gobierno. Hasta ahora la reacción predominante ha sido el silencio.

Acaso los paralizó así sea un momento el asombro por el volumen y fuerza que demostraron amplios sectores críticos. Que no son presa de desconciertos o pesimismos irreversibles frente a la ofensiva desatada por la presente administración y sus patrocinadores del gran capital.

Tal vez algunos funcionarios sean conscientes de que para los de abajo éste fue un sacudón para las melancolías y sentimientos negativos. En momentos en que los datos poco alentadores para la economía se suceden y la conflictividad puede crecer.

Como ya escribimos, millones de argentinas y argentinos hoy comprenden a pleno el vínculo innegable entre el plan del ministro José Alfredo Martínez de Hoz y el que hoy instrumenta Luis Caputo. Además de tener claro el completo repudio a la tentativa de revisión regresiva del período dictatorial y de las luchas de las décadas de 1960 y 1970 en general.

El reconocerse mutuamente en las calles, la convergencia amuchada en las protestas, son estímulos a la hora de poner la cabeza y el corazón en la apuesta a una sociedad y a un mundo diferentes.

Sabemos que no basta con el “no pasarán”. Se necesita conciencia, iniciativa, reflexión. También sentimientos y emociones, claro. Lucha, organización, generación de alternativa. Todo eso. Sumado y amuchado.

Las marchas enormes que hemos vivido nos dan un impulso muy fuerte. El que necesita continuidad y expansión. Lo que nos conduce a un valioso desafío para el futuro inmediato. Y dirigido hacia el porvenir de las utopías realizables, valga la aparente paradoja.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.