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Entrevista a César Rendueles, filósofo, sociólogo y escritor

«El robot más barato es un trabajador precario»

Fuentes: Naiz [Imagen: César Rendueles (Tania González)]

Con su nuevo libro, ‘Redes vacías’ (Anagrama), el autor catalán revela el sustrato ideológico que se esconde tras la manifestación de las diversas tecnologías que hoy en día monopolizan nuestra vida cotidiana, mostrando sus vínculos directos con toda una dialéctica capitalista.

El –actualmente denostado– papel de los intelectuales históricamente ha sido el de traducir y desvestir las múltiples encarnaciones del poder. Una labor que César Rendueles (Girona, 1975), miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), lleva desplegando desde los lejanos tiempos del proyecto Ladinamo y actualmente a través de sus ensayos. El último de ellos, dando continuidad a una lista de títulos entre los que se encuentran ‘Sociofobia’ o ‘Capitalismo canalla’, atraviesa el sentido político con que se expresan los mecanismos digitales. Con su habitual erudición y sapiencia popular, estas páginas descifran clarividentes la relación entre el contexto social y los elementos tecnológicos.

Redes vacías - César Rendueles - 978-84-339-4899-1 - Editorial Anagrama

En varias de sus obras anteriores ya había reflexionado de manera crítica sobre la tecnología, ¿‘Redes vacías’ surge como un intento por centralizar ese pensamiento o consecuencia de la perversión que en los últimos años ha sufrido este ámbito?

Yo intenté intervenir en el campo de la crítica tecnológica en un momento en el que dominaba un cierto ciberutopismo, es decir, se le atribuía a la tecnología una gran capacidad para resolver todo tipo de problemas económicos, sociales, culturales o ecológicos. Algunos años después, en realidad no tantos en términos históricos, estamos en una situación inversa, vemos el ámbito digital como una especie de pozo infernal en el que aparecen todo tipo de armas que van contra la democracia. En ese sentido, el libro responde a una intención por desfetichizar esas tecnologías.

Una analogía muy potente que utiliza para describir esa pérdida de la utopía es cómo ese futuro que imaginábamos entre coches voladores en realidad nos ha presentado trabajadores precarios en patinetes eléctricos.

Lo que intentaba transmitir con ello es que somos muy miopes a la hora de imaginar qué tecnologías van a ser útiles y la manera en que se van a integrar en nuestra vida cotidiana. Es una lección que deberíamos tener ya aprendida, y mirar con cierta distancia no ya qué dispositivos nos presenta la industria como innovadores, y que muchas veces no lo son, sino cuáles son las condiciones en las que se van a integrar en nuestras relaciones sociales, algo de lo que somos incapaces de predecir cómo va a ocurrir.

Señala que internet, por su propia naturaleza, es más apta para la estrategia neoliberal que para la izquierda.¿Estamos, por lo tanto, ante la historia de un desencanto anunciado?

El internet que conocemos hoy en día es en buena medida el producto del triunfo de la globalización neoliberal. Durante mucho tiempo fue su cara amable, allí donde el mercado anunciaba disciplina, terapia de shock o privatización, internet presentaba una interpretación más afable. Nos prometía poder contactar con cualquier persona del mundo, generar democracia allí donde no la había. Con la descomposición de ese sistema nos hemos encontrado su versión más aterradora concentrada en la tecnología. Todo eso, sin embargo, es consecuencia de decisiones que se han ido tomando y que podrían haber sido diferentes, no estaba escrito en ninguna parte que se permitiera a enormes empresas unos niveles de concentración y monopolio que seguramente nunca han existido ni siquiera en la historia del capitalismo.

Un paisaje hecho de elementos novedosos, como los algoritmos, Amazon o la Inteligencia Artificial, pero que sin embargo siguen sustentándose en la tradicional mano de obra humana y esclavista.

Lo que ocurre muchas veces es que el robot más barato es un trabajador precario mal pagado. Y aunque es muy complicado saber cuáles son las tecnologías que más van a influir en nuestro sistema productivo, lo que podemos afirmar ya acerca de la inteligencia artificial, y en realidad de cualquier proceso de mecanización, es que inducen a una gran precarización. El mensaje que transmiten a los trabajadores es uno de pánico, si no aceptas esas pésimas condiciones laborales que te ofrezco va a venir una máquina que te sustituirá, sea verdad o no. Y eso se ha repetido a lo largo de la historia. Las máquinas inducen a una dinámica de descualificación de la fuerza de trabajo.

También ha existido una inacción de la esfera pública a la hora de controlar esa expansión de las tecnologías…

Todo ese tipo de políticas e iniciativas que construyeron un espacio público se decidió que no se iban a aplicar al espacio digital, y es más, se crearon unas condiciones perfectas para que sus propietarios no asumieran ninguna responsabilidad sobre los contenidos que difundían. Yo creo que es muy importante dejar de ver la tecnología como si fuera una variable independiente y entenderla como un elemento integrado en su época y en su contexto político. Y dado que esas políticas neoliberales se encuentran en un momento de degradación, eso significa que también sus modelos tecnológicos están entrando en crisis, al menos de legitimidad. Cada vez menos gente ve con ilusión y como un horizonte deseable Internet y las tecnologías digitales que tenemos.

Una frustración que compara en el libro con la de ese borracho que no quiere abandonar el bar…

Creo que las redes sociales generan un tipo de dinámica de agresividad, de enfrentamiento, que tiene que ver sobre todo con la ausencia de normas para el debate, que son al final las que articulan la deliberación en cualquier tipo de organización, institución o foro público. Además en ese sentido ha habido una especie de aceleración brutal por parte de las empresas que obtienen beneficio de estos dispositivos, porque sabemos que genera mucha más monetarización esa violencia que el sentido del humor o la reflexión pausada. El odio son las anfetaminas de las redes sociales.

Señala la pandemia como un momento clave donde se reveló la ineficacia del mundo digital para evitar, más bien al contrario, las relaciones tóxicas sociales.

Creo que la pandemia dejó un trauma muy profundo en nuestras sociedades y que todavía nos cuesta asimilar y hacernos cargo de hasta dónde llegó. En el caso de las tecnologías digitales es muy claro, todo aquello que muchos teóricos del cambio digital decían que iba a pasar, que iban a sustituir a los cara a cara, sucedió en un par de semanas y fue horrible, descubrimos un espacio social bastante siniestro que para nada se parecía a ese sitio prometedor del que nos habían hablado. Creo que en ese momento se sentaron las bases de cómo entendemos hoy las tecnologías digitales colectivamente: un tsunami frente al que no hay nada que hacer, solo podemos resignarnos a lo que a un megalómano drogadicto se le ocurra hacer en Twitter.

Y en ese nuevo contexto la extrema derecha surge para sembrar las redes sociales de odio y mentiras.

Lo único que defiende la extrema derecha contemporánea es el puro nihilismo, y para eso el internet hegemónico es un espacio muy cómodo, porque es muy fácil incendiar las redes, sembrar la semilla del odio y la destrucción, y luego decir que el mundo es así, que es un lugar de lucha darwiniana donde estamos todos enfrentados y es inútil intentar cooperar. Presentan su propio proyecto, liderado por figuras políticas fuertes y vertebrado por una lucha entre perdedores, como una especie de salvación frente a ese mundo oscuro y hostil.

Su libro concluye con la idea de que la realidad que vivimos no ha sido alterada por los mecanismos digitales, sino al revés, y como tal, el cambio social será también la única forma de alterar esas relaciones en el ciberespacio.

Exactamente, deberíamos cambiar el foco en todos los aspectos de la vida social y por extensión la forma en la que la tecnología se inserta en esas relaciones. Por ejemplo, lo que hace que la Inteligencia Artificial no sea un espacio para el tiempo libre, sino una amenaza para los trabajadores, son las leyes que regulan a las empresas que lo manejan. En definitiva, depende de nosotros que la tecnología sea una cosa u otra.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260320/el-robot-mas-barato-es-un-trabajador-precario