Recomiendo:
0

Alejandro Rossi: «Son 30.000 y no fue una guerra»

Fuentes: Prensared

Cuando tenía 4 años lo secuestraron y llevaron al Centro Clandestino de Detención  “La Perla” junto a su madre que permanece desaparecida. Cuenta cómo tramitó  su vida  frente a  la ausencia de sus padres. Y dice que las apariciones  ocurridas, le generan esperanza porque “así cerraría mi historia personal“. 

El 24 de junio de 1976, caminaban desde Villa Revol, Ramona Cristina Galíndez de Rossi, junto a su hijo Alejandro Rossi y una amiga conocida como “Ojitos”, hacia Nueva Córdoba. Fueron secuestrados y trasladados al Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio “La Perla”.

“Hacía frío, era de noche, íbamos por  la zona del Dante cuando siento ruidos y  muchos autos. A mi mamá le pegan, empieza a correr y me toma de la mano. No recuerdo que pasó con la amiga. A mí, me agarran y a ella la zamarreaban”, cuenta Alejandro, “Pichi” como lo llamaba su madre. Tenía cuatro años.

Alejandro Rossi, en el Cispren. Detrás, una pintura que le hizo su padre a Luis Carlos Mónaco periodista y fotógrafo detenido desaparecido| Foto: Agencia Prensared

En ese momento “mi preocupación eran los suecos y los botoncitos”, resume y amplía. “Me llamó la atención cómo empiezan a rodar los suecos de mi mamá y saltaban dos botones marrones de mi camperita celeste que me había tejido mi abuela”. A su mamá la subieron en un auto de color claro y a él en otro, en la parte trasera. “Me di vuelta, y vi que ella giró la cabeza para mirarme y alcancé a ver que estaba llorando, y no recuerdo más nada”.

“De repente me encuentro en una habitación en la cama inferior de una cucheta.” Había dos jóvenes en el lugar que con el tiempo supo que habían sido secuestrados. Hablaban con su mamá y con Patricia Astelarra, sobreviviente del campo. Estaban en La Perla.

“Yo les preguntaba ¿Dónde estoy, dónde está mi mamá?”, y le respondieron que estaba en una guardería. “No es un jardín, ni una guardería, porque no hay banquitos ni mesitas”, les dijo. Su mamá no estaba. Pidió ir al baño y lo llevaron.

En “La Perla”

Años después, cuando fue a visitar por primera vez  el Espacio para la Memoria y la Promoción de Derechos Humanos “La Perla” -ex Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio (CCDTyE)- mientras seguía el recorrido y escuchaba las explicaciones de  Mariana Tello, compañera de HIJOS, la interrumpió:

-Yo estuve aquí, en esta pieza.

–No, aquí estaban los detenidos grandes.- le dice Mariana.

Insistió. Dio datos del lugar, el pasillo, la mesa, piezas enfrentadas. Se acordaba muy bien porque a la derecha había dos habitaciones y él estuvo en la última. Pero su paso por el lugar no estaba explicitado.  A las dos y tres semanas, le confirmaron que sí hubo un niño  en el lugar.

“Me acuerdo muy bien donde estaba, porque me ofrecieron un caramelo y les dije que no porque tenía penado comer caramelos. Y me dieron una sopa”. El relato pasa directo al momento en que lo llevan a la casa de sus abuelos maternos. “Golpearon la puerta, abre mi abuelo, y me entregan”. Tiempo después, se enteró que el abuelo preguntó dónde estaba Cristina, su hija, y la respuesta fue: “agarre al nieto suyo, no pregunte nada, porque vamos a volver y lo llevamos”.

Ante esa situación, la familia lo envió junto a su tía Ana María a Despeñaderos, localidad del interior de la provincia, donde tenían unos familiares. Estuvieron un mes y al volver a la capital, “nunca jamás se habló del tema”, dice.

Cursó la primaria en el colegio Don Orione. Todos los años tenía que lidiar con los días festivos: día de la madre,  día del padre, y dar explicaciones. Entonces “un día decidí decirles mamá y papá a mis abuelos y a mi tía Ana María, mi hermana, ante la ausencia de mis padres”. Hasta ahora se refiere así a cada uno.

Cristina Galíndez Foto: Presentes, Archivo Provincial de la Memoria.

Luego,  evoca la conversación que tuvo  ya adulto con  Patricia Astelarra, sobreviviente de La Perla junto a su esposo Gustavo Contepomi, porque le contó los últimos momentos  que pasaron.  “Me contó que antes de que la llevaran a mi mamá, la habían golpeado, pero que pudo sacarse la venda de los ojos y que se abrazaron y lloraron”. Ambas, militaban en Montoneros. También le confió que su esposo, fue muy torturado. “No lo conocí, pero sé que en 1984 publicó el libro Sobrevivientes de La Perla”. Además, le contó que los represores le pedían dinero a su padre que era gerente de un banco.

A propósito del delito de secuestrar niños y niñas durante el terrorismo de estado cabe destacar que un estudio da cuenta sobre numerosos niños y niñas que presenciaron y fueron llevados a  centros clandestinos. (1) En Mendoza la causa está avanzada. Procesaron a exmilitares y expolicías.

Qué pasó con papá

“A mi papá lo mataron en marzo de 1972 en la provincia de Buenos Aires y yo nací en diciembre en 1971”, afirma. Pero saber el destino final de su padre no ha sido fácil. La versión que recibió de los abuelos maternos fue que había ido a comprar leche y lo atropelló un tren. Pero en una oportunidad, de visita en Buenos Aires, cerca del cementerio, cruzaron la vía de un tren y preguntó “¿es aquí donde murió mi papa?  Y mi abuela paterna me miró  desconcertada, pero la otra lo confirmó. Me quedé con eso. A los 12 años, en el colegio Don Orione, una maestra me mandó a llamar y con una psicopedagoga hablamos sobre el tema”.

Vivió en el barrio Villa Libertador, hasta que se casó a los 25 años. En ese lapso fue conversando con personas que conocieron a sus padres. Como  Vitín Baronetto que “es mi segundo papá, me contó que fue dirigente nacional de la Juventud Obrera Católica (JOC) y que se había radicado en Córdoba”. Precisamente, Jorge Guillermo Rossi, “vino con el propósito de rearmar la agrupación. Estuvo con nosotros alrededor de un año en la Capilla de Villa Libertador, a cargo de Víctor Acha, hasta que se casó con Cristina y se fueron a Buenos Aires, recuerda Luis Miguel Baronetto, en aquel momento, seminarista.  “Con el tiempo nos enteramos que habían dado un salto político, integrándose a una de las agrupaciones de Montoneros. En ese marco, Lanusse lanzó la propuesta de armar el Gran Acuerdo Nacional (GAN) con todos los partidos  incluido el peronismo pero sin Perón”, agrega.

Empezaron a moverse las fuerzas  políticas. La derecha participaba con el partido Nueva Fuerza. En ese contexto, Montoneros realizó acciones de protesta y propaganda, en contra de ese partido como expresión de un proceso electoral proscriptivo. El grupo fue a uno de los locales partidarios, una casa señorial. Al ingresar, desde lo alto de una escalera interna una persona armada, efectuó un tiro que mató a Jorge en forma instantánea. Le habría dado en el corazón. Sus compañeros lo alzaron y se lo llevaron. Pero en el lugar quedó su DNI y una pistola que no fue usada.

La organización en un comunicado – que publica El Ojo Blindado –, expresó que: “cayó  con la dignidad  de los que entregan su vida por el pueblo contra los defensores de la explotación”.

Cristina con su bebé que tendría unos tres meses, tuvo que vivir casi en la clandestinidad. En 1973, volvieron a Córdoba a la casa de los padres.

Debajo del aparador

“Siempre cuento esta anécdota”, dice Alejandro. Un día lluvioso cuando tenía 7 años, no pudo jugar con su amigo Claudio en el patio. Entonces, se fueron a la casa de él y bajaron al sótano. Nunca había visto un lugar subterráneo. Esa experiencia nueva le daba vueltas por la cabeza.

“Una mañana antes de que llegara la señora que me cuidaba porque los demás trabajaban, me levanto, voy a la cocina, y veo que entre el piso y el aparador había un espacio de 10 cm. Tenía la fantasía que debajo de ese mueble mi mamá estaba y le hablaba. Sabía que ella no estaba, porque me separaron. Pero intuía que algo había pasado, porque no estaba. De hecho hasta ahora, no lo sé”. Eso llevó a las identificaciones recientes tras las excavaciones en la Loma del Torito.

– ¿Te gustaría que aparezca Cristina? –

– Me encantaría porque cerraría mi historia personal, para mí y para mi hijo, su nieto.

Estudio, trabajo y sindicalismo

“Ale”, cursó el secundario en el Instituto Provincial de Enseñanza Técnica (Ipet), en Nuevo Córdoba, cerca del Buen Pastor. Se recibió de técnico en electromedicina, pero nunca ejerció. Ingresó a trabajar en Video Visión y a los cuatro meses se lesionó jugando a la pelota. Fractura de tibia y peroné. Por primera vez, fue al sindicato y a la obra social.

“Me hacen la ficha y me afilio”. Cuando se enteró su abuela puso el grito en el cielo. “No quería saber nada, vas a terminar con problemas…”, le dijo y le prohibió militar. Acató el mandato porque entendía el miedo que aún sentía.

“De hecho no tuve ninguna vinculación  hasta que ella fallece”. Después, empezó a inmiscuirse en las asambleas. Primero fue delegado y actualmente es secretario general del Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SATSAID) que representa a los trabajadores de Internet, ingreso de datos, medios digitales, TV por Cable y TV Digital Terrestre, entre otros.

Ahora, el  sindicato y la familia lo absorben. Está casado en segundas nupcias, tiene dos hijas mellizas de 24 años y un varón de 7. Son una familia ensamblada porque su compañera también tiene hijos.

En todo el país hubo marchas por  Nunca Más a 50 años del Golpe de estado. Imagen ilustrativa. Foto Satsaid nacional

Militar le viene de sus padres, dice convencido. Empezó en Centro Tiempo latinoamericano junto a un grupo de personas que reflexionaban desde la perspectiva de la teología de la liberación, por la “opción por los pobres” y las ideas de Enrique Angelelli. Editaban una revista, actividades de formación, organizaban homenajes a los mártires riojanos y hacían trabajo comunitario.  Más adelante, su amigo Emilio Pihén, lo invitó a participar en la Agrupación H.I.J.O.S. “Le comenté  a Baronetto y me aconsejó que fuera porque es un espacio de ustedes”.

Desde los trabajadores

Consultado por la situación política actual opinó: “Desde los trabajadores, siento que la historia, con algunas salvedades, se está repitiendo esta vez avalada – no como el golpe cívico miliar eclesiástico- y eso es  preocupante porque se votó tres veces al mismo candidato: Milei”.

La verdad, dice, tenemos que entender que desde una percepción objetiva, en 1976 y 50 años después el poder “necesita silenciar y disciplinar al movimiento obrero. Antes, secuestraron, torturaron y desaparecieron a un sin número de dirigentes y militantes gremiales”. En 1975, se homologaron numerosos convenios y al año siguiente los voltearon a sangre, balas y fuerza”. Y ahora, aplican el mismo proyecto económico de Martínez de Hoz. Tanto la dictadura como el mileismo  generan destruyen  la industria nacional”.

Respecto a la reforma laboral, analiza que este gobierno “ataca a los gremios de manera directa, para desfinanciarlos y destruir las obras sociales que es lo más grave”. Criticó al sector político en general, “más los que se dicen peronistas, y votan contra los derechos de los trabajadores”.

En relación a los 50 años, sostiene que “necesitamos más memoria. No debería haber ninguna discusión respecto al número y menos  la teoría de los dos demonios. Son 30 mil y no fue una guerra. Me parece que debemos reflexionar en las escuelas y en las organizaciones, lo que  nos pasó. Porque además de robar niños y pertenencias se encargaron de contraer una deuda impagable. En vez de una patria libre y soberana, somos una colonia.”

1- Consultar el Informe de Página 12

Katy García. Periodista. Agencia Prensared. Foto Agencia Prensared. 

Fuente: https://prensared.org.ar/alejandro-rossi-son-30-mil-y-no-fue-una-guerra/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.