La pobreza medida por ingresos bajó, según el Indec, del 29,8% al 28,2% entre el segundo semestre de 2024 y el segundo semestre de 2025. Esta reducción implica, de acuerdo con la información oficial, que 2,8 millones de personas salieron de esa situación.
Pero el indicador no mide –nunca midió– otro tipo de carencias, o el grado de cobertura de necesidades básicas de la población como el acceso a la salud, a un empleo decente, educación, a un hábitat adecuado y a servicios públicos, entre otros. Tampoco el nivel de endeudamiento de los hogares. Pero ahora, a esta falta histórica en las consideraciones de pobreza multidimensional, se suman otros cuestionamientos relacionados con la forma de medir la evolución de los ingresos mínimos que necesita para vivir una familia, sobre todo por el peso cada vez mayor de los servicios. Por ese factor se explicaría por qué la caída de la pobreza tiene impacto en las estadísticas, pero no en los bolsillos.
Los tres grandes indicadores de este desfasaje:
Desempleo y salarios. En el cuarto trimestre de 2025 la tasa de desempleo fue de 7,5%. También estimado por el Indec, este porcentaje representó un salto de más de un punto porcentual en relación al mismo período de 2024. Esto se tradujo en 200.000 nuevas personas desempleadas entre un año y el anterior (de 900.000 en 2024 a 1.100.000 millones en 2025). Entre quienes son asalariados, el nivel de empleo informal (o quienes no cuentan con descuento jubilatorio) tuvo un pequeño incremento: del 36,1% al 36,3%. Es decir que el grado de precarización laboral, lejos de caer, subió.
“La pobreza en Argentina hoy es, en gran medida, una consecuencia directa de la precarización laboral”, resumió la politóloga Daniela Maciel, integrante de la organización Futuros Mejores. La informalidad laboral está estrechamente relacionada con la multitarea y los menores salarios, lo que deja poco tiempo y menores ingresos para poder satisfacer otras necesidades.
La cobertura del Salario Mínimo Vital y Móvil también cayó entre diciembre de 2024 y el mismo mes de 2025: pasó de representar el 27,3% de la canasta básica total (con la que se mide el umbral de la pobreza de una familia) al 25,5%.
Otras inflaciones. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, una familia necesitó, en diciembre de 2025, $ 183.410 para cubrir sus necesidades energéticas, de transporte y de agua potable en el hogar. “Este gasto aumentó un 5,7% respecto del mes anterior (por estacionalidad) y es 31% superior al de igual mes de 2024”. El mayor incremento en servicios se sintió, sin embargo, en 2024: para diciembre de ese año la canasta se incrementó en un 402% en relación con diciembre de 2023. La inflación general interanual fue del 211,4% para el mismo intervalo de tiempo.
Ese incremento, y mayor peso relativo de los servicios, no se considera en las estadísticas. “No es un problema solamente del índice de precios y su ponderación, sino de la composición de la estructura del gasto de los hogares de clase media baja, con el cual son tomados como parámetros para fijar el umbral de pobreza”, explicó Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. La composición de estos gastos es diferente, recordó: “antes los alimentos representaban el 60%, y el 40% los servicios”. Con la quita de subsidios y los aumentos, esos pesos relativos se invirtieron, explicó.
“Si se pondera adecuadamente esa canasta no sería de $ 1,5 o $ 1,6 millones para una familia tipo, sino que estaría entre $ 1,9 millones o $ 2 millones”, aseguró Salvia.
“Sobre todo en los primeros meses de la gestión Milei, estos rubros han tenido incrementos muy superiores a los de los alimentos, pero este cambio no se refleja adecuadamente en el coeficiente que determina la Canasta Básica Total (CBT)”, explicaron en el mismo sentido en un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
“Hace tres años, a precio de hoy, con $ 1,5 millones una familia compraba un conjunto de bienes y servicios, pagaba los servicios públicos, fiscales, tarifas, y vivía por sobre la línea de pobreza. Hoy, con ese mismo monto, esa familia puede estar cubriendo los alimentos, pero no termina de pagar los servicios”, graficó el director del Observatorio de la UCA. Aunque los ingresos se mantengan en términos reales, detalló, “se redujeron considerablemente. No alcanzan a cubrir lo mismo: por eso en el bolsillo no se siente que ha caído la pobreza”, continuó.
Entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, con una inflación general del 31,5%, los precios de los alquileres escalaron, según las estadísticas oficiales, entre un 70% y un 120%. La última encuesta nacional que realizó la asociación Inquilinos Agrupados reveló que el 89,6% tuvo que ajustar gastos del hogar y que el 61,4% no llega a cubrir cuatro comidas por día.
Consumo y endeudamiento. Para diciembre de 2025 las ventas minoristas se habían reducido en un 5,2% interanual, según información de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Para febrero de este año la tendencia se mantuvo: la reducción fue, en ese mes, del 5,6%. Alimentos y bebidas, básicos en la canasta que mide la pobreza, se redujeron en un 8,7%.
La misma encuesta inquilina citada reveló que el 70,9% tiene deudas activas, y que el 53,2% se endeudó para comprar comida.
Con todo, concluyó Salvia, y si bien “la caída de la pobreza estadística en términos semestrales e interanuales es importante” para adelante –y siempre y cuando la situación se mantenga– la reducción estadística también podría interrumpirse. “El cuarto trimestre ya te está mostrando que la pobreza, que había alcanzado el 27% en el tercer trimestre, en el cuarto trimestre ya está subiendo al 29%. Es un efecto estacional, pero que ya está mostrando que hay un estancamiento en la caída de la pobreza”.
«Ficción metodológica»
El director del
Observatorio de la Deuda Social Argentina, Agustín Salvia, sostuvo que,
si bien la pobreza «bajó efectivamente», esa caída debe interpretarse
con cautela. «Hay cierta ficción en los datos o cierta levedad. Es muy
difícil decir un sí rotundo», afirmó, al tiempo que aclaró que no se
trata de una intervención política sobre el INDEC, sino de limitaciones
metodológicas, al considerar que «hay un problema de medición y de
realismo de esas mediciones».
El especialista de la UCA remarcó que
la percepción social no coincide con los números porque «la gente no
está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de consumo que
hace un año. Por el contrario, se bajan los consumos de lácteos, de
yerba, cae el consumo en general».
En ese sentido, sostuvo que el
gasto en servicios básicos absorbe una mayor proporción del ingreso. «La
luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte
importante del gasto, y el componente disponible para otros consumos
baja significativamente», explicó.
Para Salvia, uno de los factores
centrales es el uso de canastas de consumo desactualizadas. También
advirtió que el índice de precios utilizado para actualizar esas
canastas mantiene ponderaciones antiguas. «Se actualiza con un índice
que también está desactualizado, con ponderaciones del 2004 y no con los
actuales», explicó.
Esa combinación genera una caída de la pobreza
que «parece extraordinaria» pero no refleja la situación real. Salvia
añadió que, además, el organismo estadístico mejoró la medición de
ingresos de los hogares, lo que incide en los resultados. «Al medir
mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te
da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias», afirmó.
No
obstante, reconoció un componente genuino vinculado a la desaceleración
de la inflación en alimentos: «La caída de la indigencia es más realista
que la caída de la pobreza».
Subestimación de la línea de pobreza
En el informe de Distribución del Ingreso que el Indec difundió el pasado lunes hay un dato que llama la atención.
Si
bien los asalariados informales percibieron un ingreso en promedio que
fue la mitad de los formales, en el último año los asalariados «en
negro» tuvieron una recuperación mayor de su sueldo que los registrados.
Y ambos mejoraron por encima de la inflación y de la evolución de la
canasta de pobreza. Mayor sería la recuperación de los ingresos
informales respecto de fines de 2023
Así, el ingreso medio de los
asalariados informales aumentó en el último año un 56,7%, mientras el de
los formales un 42,7% vs una inflación del 31%. A partir de estas
cifras, que se suman al avance de las ayudas sociales entre los sectores
de menores recursos, los informes del Indec marcan una caída de la
indigencia y de la pobreza, una mejora en la distribución del ingreso
entre las personas y hogares con asalariados ocupados y un avance
salarial real sorprendente de los asalariados «en negro».
Sin
embargo, los salarios formales en el cuarto trimestre de 2025, según el
Índice formal de Salarios, subieron un 30% interanual, varios puntos
porcentuales por debajo de la suba del ingreso asalariado formal captado
por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) donde se pregunta a la
gente sobre sus ingresos.
«La notable diferencia registrada entre el
crecimiento de la economía (2,1% interanual) y los ingresos laborales
reales relevados por la EPH en el 4º trimestre de 2025, indica que esta
última está captando una mejora de los ingresos que no se condice con la
realidad», señala la consultora Equilibra. Y agrega: «Hay evidencia
empírica contundente de que los fuertes cambios en la captación de
ingresos de la EPH exageraron la baja reciente de la pobreza».
El
economista Lorenzo Sigaut Gravina destaca que «las cifras de la
evolución de los ingresos de la EPH chocan con la creciente preocupación
de las familias por llegar a fin de mes que detectan la mayoría de las
encuestas. Así, en el cuarto trimestre de 2025 el ingreso real no
asalariado habría trepado 29% interanual, el informal 19% interanual y
el formal 9%. Pero fuentes de información del universo registrado
contradicen la evolución de los ingresos captada por la EPH. La
divergencia respondería a que las encuestas de ingresos como la EPH no
son precisas a la hora de captar ingresos porque dependen de la
fidelidad con la que conteste el encuestado.
Por su parte la
consultora LCG explica que «la línea de pobreza definida por la canasta
básica total, utiliza los ponderadores de gasto de la Encuesta Nacional
de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/5, y por tanto no refleja cambios
en los patrones de consumo ni en los precios relativos de los últimos
años. Esta falta de actualización genera una subestimación de la línea
de pobreza, efecto que estuvo en discusión desde la no actualización del
índice de inflación minorista en febrero».
Desde abril aumentaron colectivos, tarifas, prepagas y alquileres en el AMBA
A
partir del 1º de abril entraron en vigencia nuevos aumentos en el Área
Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que impactan en el transporte
público, las tarifas de electricidad y agua, las cuotas de medicina
prepaga y los alquileres. Las subas responden a esquemas de indexación
mensual y a la continuidad del recorte de subsidios estatales, en un
contexto en el que consultoras privadas proyectan una inflación cercana
al 3% para marzo.
En el transporte público, el boleto mínimo de
colectivos para usuarios con tarjeta SUBE registrada en la provincia de
Buenos Aires pasará a costar $873,37 para el tramo de hasta tres
kilómetros, lo que implica un aumento del 4,9%. En la Ciudad de Buenos
Aires el valor base se fija en $715,26. Sin embargo, para quienes no
tengan la tarjeta registrada el boleto mínimo en territorio bonaerense
ascenderá a $1.388,66 y puede alcanzar hasta $1.903,85 en los recorridos
más largos.
Las tarifas de servicios también tendrán ajustes. Las
distribuidoras de electricidad aplicarán nuevos cargos fijos y
variables. En el área de Edesur, por ejemplo, un usuario residencial de
altos ingresos deberá afrontar un cargo fijo de $1.393,73 para consumos
básicos. En paralelo, el servicio de agua potable aumentará un 4%, según
lo dispuesto en la Resolución ERAS N.º 53/25 publicada en el Boletín
Oficial.
En el sector de la salud privada, las empresas de medicina
prepaga aplicarán su cuarto incremento del año. Las cuotas subirán en
promedio un 2,9%, aunque algunas entidades, como el Hospital Italiano,
ajustarán un 2,7%.
Un febrero con derrumbe de ventas en supermercados, autoservicios, mayoristas y farmacias
La
caída del poder adquisitivo de la población por el casi congelamiento
salarial mientras la inflación no para de aumentar desde hace nueve
meses derivó en cifras muy malas sobre el consumo masivo.
El informe
de Tendencias de Consumo Masivo de la consultora Scentia arrojó una
caída del 3,4% en febrero en relación con el mismo mes de 2025. En la
comparación con enero pasado, la caída fue del 6,3%. Según esta
perspectiva, el consumo masivo acumuló en el primer bimestre una caída
del 2,1%.
En la división por segmentos, los supermercados vendieron
un 5,9% menos que en febrero de 2025 y 6,3% por debajo de enero de 2026,
con una caída acumulada bimestral del 4,6%.
En los autoservicios
independientes se registraron en febrero caídas del 3,8% interanual y
del 6,4% intermensual, con un promedio negativo del 4% en los dos
primeros meses.
Las farmacias vendieron un 2,9% menos respecto de
febrero de 2025 y 9,1% menos en comparación con enero. En este caso la
caída de las ventas bimestral fue del 2,4%.
Los comercios mayoristas
también registraron caídas en los dos casos, del 3,6% interanual y del
5,8% intermensual. En los dos meses iniciales se acumuló una contracción
del 1,7%.
En tanto, los quioscos y otros comercios de cercanía
vendieron 1,9% menos que en febrero de 2025 y 6,2% por debajo del
registro de enero. En el bimestre, no obstante, las ventas dieron un
aumento del 0,4%.
A contramano de la mayoría de los segmentos que
analiza Scentia, el canal del comercio electrónico experimentó un
aumento de las ventas del 26,5% en relación con febrero del año pasado.
Sin embargo, las operaciones cayeron en comparación con enero.
Este
dato es el que suele emplear el gobierno para argumentar de que no
existe una caída del consumo sino un cambio en las formas de realizar
ese consumo. Sin embargo, el comercio electrónico que realizan
supermercados, autoservicios, mayoristas y farmacias está incluido
dentro de estas estadísticas. El comercio electrónico que Scentia
consignó en crecimiento es el que se realiza por fuera de estos canales,
como las operaciones que realizan los llamados marketplaces tipo
Mercado Libre y Tienda Nube.
Julia Strada, economista y diputada
nacional por Fuerza Patria, explicó en un posteo en la red social X: “La
información es consistente con los indicadores de ventas que publica
INDEC. Las ventas en supermercados registran una caída de 10,3% y en
mayoristas una retracción de 16,0% vs. el promedio de enero
2022–noviembre 2023”.
En la diferenciación por tipos de productos, lo
que más cayó en el mes fue la venta de bebidas sin alcohol, que se
contrajo 11,8%; y la de limpieza de ropa y hogar, que fue del 6,2%.
El informe de Scentia procesa información de 8.000 puntos de venta en todo el país.
La caída del consumo en la provincia de Buenos Aires
Volvió
a profundizarse en febrero de 2026, con un retroceso interanual del
9,5% según el informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco
Provincia (Bapro), en donde destacaron las ventas minoristas, los rubros
clave y las expectativas empresarias que reflejan un deterioro
sostenido de la actividad y anticipan incertidumbre hacia los próximos
meses.
El Índice Banco Provincia (IBP) de consumo es un indicador del
gasto por cliente con tarjetas de crédito y débito y la billetera
Cuenta DNI del Banco de la Provincia de Buenos Aires, deflactado por el
Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de
Estadísticas y Censos (INDEC).
El último reporte señala que el
consumo “nuevamente se vio resentido”, consolidando una tendencia
negativa que ya se había evidenciado en enero, cuando la baja había sido
del 7,6% interanual.
De esta manera, el último dato confirma una
secuencia de caídas que, según el informe, comenzó a intensificarse
hacia mediados del segundo trimestre del año pasado, sin señales claras
de reversión en el corto plazo.
En paralelo, otros indicadores de
mercado también reflejaron un escenario similar. Las ventas minoristas
medidas por la Confederación de la Mediana Empresa (CAME) mostraron en
febrero una caída del 5,6% interanual, impulsada por la contracción en
todos los rubros relevados.
Además, más del 90% de los empresarios
consultados por CAME describieron una situación igual o peor que la de
hace un año, mientras que hacia adelante, alrededor del 66% anticipa un
contexto sin mejoras o incluso más adverso.
En términos
desestacionalizados, el consumo también mostró un retroceso
significativo. Según el informe del Bapro, “la contracción mensual
totalizó -3,3%, revirtiendo el rumbo alcista delineado por la
recuperación de más de 5% en enero”.
Este comportamiento dejó un
balance equilibrado entre subas y bajas en los últimos doce meses,
aunque con un escenario más deteriorado en el período comprendido entre
agosto y febrero.
El análisis del índice muestra que, tras un período
relativamente estable entre enero de 2024 y abril de 2025, el consumo
comenzó a descender en busca de un nuevo piso, sobre el cual aún
persisten dudas acerca de si ya fue alcanzado o si podrían registrarse
nuevas caídas.
En ese contexto, desde septiembre el consumo
retrocedió en cuatro de las últimas seis mediciones, con un ritmo
promedio de caída intermensual cercano al 1%, lo que refuerza la
tendencia descendente.
El informe también reveló una dinámica dispar
entre los distintos rubros relevados, con una división exacta entre
aquellos que crecieron y los que registraron caídas en el primer
bimestre del año.
Con el fin de conservar el consumo, algunos comercios no aplican “el 100% del aumento en la góndola”
Entre
los segmentos en alza, se destacó el pago de impuestos y servicios con
productos bancarios, que lideró el crecimiento con un 29% interanual. El
documento remarcó que este rubro “mide el cumplimiento de obligaciones
del sector privado, no de la generación de bienes y servicios”.
En
contraste, supermercados y alimentos mostraron una caída del 19%
interanual en lo que va del año, posicionándose como uno de los sectores
más afectados dentro del consumo masivo.
Otros rubros también
evidenciaron deterioros relevantes. Las contracciones se profundizaron
en electro e informática, que pasó de una caída del 5% al 19%
interanual, y en telefonía celular, donde el retroceso se amplió del 14%
al 31%.
Asimismo, el segmento de indumentaria registró un
empeoramiento, con una caída que pasó del 12% al 15% interanual, en un
contexto donde las ventas estuvieron parcialmente sostenidas por el
inicio del ciclo escolar.
Cambios en el consumo: segundas marcas, e-commerce y compras “inteligentes” marcan la nueva tendencia
En
términos cualitativos, el informe destacó que en supermercados y
alimentos cobraron relevancia los beneficios bancarios, la financiación
en cuotas y las restricciones presupuestarias de los hogares, mientras
que en indumentaria los comerciantes señalaron que el futuro dependerá
de la recomposición salarial y la estabilidad de costos
La motosierra del gasto público
Por
la caída de la recaudación tributaria que beneficia a las empresas y a
los ricos y para no poner en riesgo el superávit fiscal. En lo que va
del año hubo ajustes de hasta 50%, por ejemplo, para transferencias a
provincias. También sufrieron los salarios que paga el Estado y las ya
escasas partidas de obras públicas. En un año que se caracteriza por el
deterioro sostenido de los ingresos tributarios -que acumula ocho meses
hasta marzo- y marcado por una serie de proyectos de ley que podrían
hacer subir el gasto como la Ley de financiamiento universitario, o bien
tener un impacto fiscal recaudatorio, como la reforma laboral. El Fondo
de Asistencia Laboral incluido en la reforma laboral tendrá un impacto
fiscal anualizado de 0,23% del PBI. Y, además, una meta exigente
acordada con el FMI.
El Centro de Economía Política Argentina
(CEPA)calculó que durante enero, el Sector Público Nacional registró
ingresos totales por $11,79 billones, lo que representa una caída
interanual de 8,9% en términos reales, y que respecto de enero de 2023,
la reducción fue del 10,1%. Este desempeño se repitió en febrero. En el
segundo mes de este año, la caída interanual más significativa en la
recaudación de impuestos se dio en Bienes Personales, con un descenso
del 14% interanual. Si la comparación se hace contra el mismo mes de
2023, la caída se acentúa hasta un 84,4%.
En tanto el Impuesto a las
Ganancias en febrero cayó un 3,9% interanualmente. Las retenciones
(Derechos de Exportación) cayeron 40,1% contra febrero 2025. Mientras,
en el primer trimestre la caída acumulada del gasto fue de 3,3%. Se
trata de un gasto primario devengado, es decir, los compromisos de pago
asumidos, aunque no necesariamente pagados de manera efectiva. También
excluye a los intereses de deuda.
La información oficial que
recolectó la consultora Analytica muestra que hubo algunas partidas que
en los que va del año tuvieron marcados ajustes. El de los salarios
públicos tiene mayor relevancia por tratarse de una partida
presupuestaria más elevada: cayó 6,1% en el primer trimestre, desde $
3,9 billones a $ 3,7 billones, a valores actuales.
El gasto en
Asignaciones Familiares y Asignación Universal por Hijo (AUH) retrocedió
3,7% desde $ 3,2 billones a $ 3 billones. Programas sociales (-29,8%) y
Transferencias a provincias (-50,9%).
Para la consultora Outlier un
factor que acudió en ayuda del gobierno para sostener las cuentas en el
inicio de 2026 fueron las privatizaciones de las hidroeléctricas.
El
acuerdo con el FMI cuando se hizo la última revisión técnica el año
pasado planteó un superávit primario -sin contar los intereses de deuda-
equivalente a 1,5% del PBI. Hasta febrero, Hacienda sumó un 0,4% del
Producto.
Crece el pago de la deuda
En el primer bimestre de este año, mientras el gasto primario cayó un 6,1%, comparado con el mismo período de 2025, el pago de intereses de la deuda pública se incrementó en un 94,8% ($ 3,90 Billones), según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).
Fuentes: Perfil, Tiempo Argentino, Clarín
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