Los
sucesos de Córdoba fueron precedidos por una serie de levantamientos
que tuvieron como protagonista central al movimiento estudiantil
universitario que había sufrido un violento ataque de Onganía desde su
subida al poder. No por casualidad la primera víctima que se cobró la
dictadura a dos meses del golpe fue el estudiante Santiago Pampillón
durante una manifestación en la ciudad de Córdoba.
En mayo del ‘69 se
desarrolla en la ciudad de Corrientes una movilización contra el
aumento del ticket en el comedor universitario que fue reprimida
violentamente por la policía dando muerte al estudiante Cabral.
A
partir de ese momento se suceden en el ámbito universitario de todo el
país asambleas, actos relámpagos y discusiones públicas que llegan a su
clímax en la Universidad de Rosario donde es asesinado el estudiante de
Ciencias Económicas Adolfo Bello.
La movilización estudiantil por sí
misma difícilmente hubiera podido variar la situación si no hubiera
entrado en escena el movimiento obrero. Esta tendencia se expresará
claramente en el Cordobazo donde a diferencia de los sucesos anteriores,
el movimiento obrero pasa a ocupar el centro de la escena.
Derrotadas
las grandes huelgas de 1959, la burguesía argentina había logrado
doblegar al movimiento obrero que se expresaba a través de los delegados
y las Comisiones Internas que controlaban en las fábricas el número de
hombres por tarea, los ritmos, el control de calidad, los turnos, etc.
El
debilitamiento de la organización de base de los trabajadores benefició
a las conducciones sindicales en el control de sus afiliados. El
“vandorismo” fue la expresión de esta nueva situación. En general estaba
dispuesto a aceptar la eliminación en los convenios laborales de las
cláusulas que hacían al control de las condiciones de trabajo a cambio
de aumentos salariales y la administración de una extensa gama de
servicios sociales. Durante el gobierno autoritario del general Onganía,
que suspendió las negociaciones de los convenios, se ve privado de
aplicar esta política.
El gobierno del general Onganía (1966-70)
desarrolla una política económica favorable a los grandes capitales
industriales y financieros en detrimento de la pequeña y mediana empresa
y de algunas economías regionales, propietarios rurales y trabajadores.
Esta
situación se combinó con el congelamiento del sistema político abriendo
una profunda grieta entre la sociedad civil y el poder. Mientras duró
el repliegue político y social contó con un importante margen de
maniobra para imponer su plan, pero hacia mediados de 1969, en Córdoba,
se combinaron el descontento gremial y las tensiones de la sociedad
civil en una ola de desobediencia social generalizada.
La actividad
sindical que había tenido por escenario los despachos oficiales y las
gerencias de las empresas, desciende a las fábricas y se vuelca a las
calles.
Irrumpe un sindicalismo combativo a nivel de fábrica y en el
interior del país que a partir de mediados del ‘72 se extiende al cordón
industrial del Gran Buenos Aires -hasta ese momento más controlado por
los aparatos sindicales- y no detiene su accionar hasta marzo del ‘76.
Los dirigentes de los sindicatos se vieron
reiteradamente desbordados. La crisis de representación sindical, el
surgimiento de nuevos delegados y el rol jugado por las asambleas de
fábrica constituyen elementos claves para comprender la relevancia del
poder del trabajo en el período.
LOS ESTUDIANTES Y LA UNIVERSIDAD
Los
sucesos de Córdoba fueron precedidos por una serie de levantamientos
que tuvieron como protagonista central al movimiento estudiantil
universitario que había sufrido un violento ataque de Onganía desde su
subida al poder. Prácticamente, la Universidad fue el único sector que
protestó desde el principio. No por casualidad la primera víctima que se
cobró la dictadura a dos meses del golpe fue el estudiante Santiago
Pampillón durante una manifestación en la ciudad de Córdoba.
La
Universidad no alcanza a satisfacer las aspiraciones estudiantiles. La
organización universitaria se percibe como una isla de atraso. Con
escasos recursos y mal aprovechados, ni siquiera puede cumplir
decorosamente con su función profesional. Enfrentada cada año con una
mayor demanda de ingreso, la Universidad no encuentra nada más original
que frenar el acceso. Los que con suerte alcanzan a ingresar, solo
encuentran desolación, incomunicación y abulia.
Los estudiantes
perciben la Universidad como una carrera de obstáculos que debe salvarse
rápido y en lo posible saliendo ileso. En la meta se esconde un poco de
prestigio y algún dinero. Cuando en el mundo corren aires de diálogo y
comunicación, la Universidad argentina institucionaliza el
autoritarismo, no solo hacia los estudiantes sino también a profesores e
investigadores. Descartada una reforma propiamente universitaria,
piensan que es precisa una estrategia global a nivel de la sociedad para
que la Universidad se transforme. Esta orientación hacia objetivos que
trascienden lo específicamente universitario, los acerca a los sectores
sindicales.
Tosco, en particular, había procurado el apoyo
estudiantil. Aparecía regularmente como orador en las reuniones de
estudiantes. Bajo la influencia de Tosco, los trabajadores de Luz y
Fuerza convocaron a huelgas en solidaridad con el movimiento estudiantil
y permitieron que su edificio sindical fuera utilizado por los
estudiantes para la preparación de cursos de ingreso hasta reuniones
políticas clandestinas.
Además, trabajadores y estudiantes también
encontraron una causa común en su oposición al gobierno provincial de
Carlos Caballero quien agravó la desafección obrera y estudiantil al
encolerizar a los habitantes de clase media de la ciudad cuando a
comienzos de 1969 incrementó los impuestos a la propiedad,
distanciándose aún más de un gran segmento de la población ya
descontenta con la suspensión de las libertades cívicas y la pérdida de
toda participación política bajo el régimen autoritario. El carácter
popular del Cordobazo, con el respaldo que obtuvo de diversas clases y
grupos sociales, se debió mucho al torpe manejo que tuvo el gobierno
provincial de Caballero.
Los estudiantes universitarios, casi 30.000,
también encontraron un foro para la discusión y el debate político en
los grupos de estudio católicos en diversas facultades después de 1966.
Luego
de la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968, y la reunión del
Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo en Córdoba, creció la simpatía
hacia el clero activista. Los teólogos de la liberación centraron su
actividad en Córdoba. La Iglesia seguía siendo una fuerza poderosa en la
ciudad y en la sociedad tradicional cordobesa como institución crítica y
legitimadora.
En Córdoba existía el Movimiento de Reivindicación por
los Derechos del Pueblo, dirigido por dos sacerdotes parroquiales,
Gustavo Ortiz y Erio Vaudagna, el cura párroco de la iglesia del Barrio
Los Plátanos donde habían comenzado a activar los estudiantes. La
significación de esta iglesia activista radicó en que sostuvo a los
estudiantes en un momento de represión social e infundió en muchos de
ellos ideas políticas que equiparaban el cristianismo con el socialismo.
Las
clases medias urbanas y su avanzada, los estudiantes universitarios,
comprueban la pérdida de prestigio de las ocupaciones liberales, la
proletarización de las profesiones y que las élites ya no se reclutan en
su seno. Las nuevas pautas sociales establecidas estrechan los márgenes
de movilidad de estos grupos dejándolos sin alternativas.
La
Universidad había tenido un gran peso social en la vida cordobesa.
Tradicionalmente, las organizaciones estudiantiles habían sido aceptadas
como interlocutores políticos legítimos por las autoridades locales, y
la política universitaria nunca se había limitado exclusivamente a
asuntos educacionales, como lo demostró la Reforma Universitaria de
1918. Así había llegado a crecer entre los estudiantes una expectativa
de ejercer una influencia política que era inaudita en el resto del
país, un hecho que hizo que su estatus subordinado bajo Onganía fuera
más difícil de aceptar y que precipitó su oposición al régimen.
Desde
la Reforma Universitaria de 1918, la Universidad estatal cordobesa
también se había convertido en una institución igualitaria y en el único
mecanismo significativo de movilidad social en la provincia. Si bien el
cuerpo estudiantil era preponderantemente de clase media, un estudiante
universitario podía ser desde el hijo de un comerciante próspero hasta
la hija de un maestro rural pobre. Era una época que en la Argentina aún
era posible para un obrero industrial mantener a un hijo/a que deseara
estudiar en la Universidad. Un pequeño número de estudiantes era de
origen obrero.
Hubo procesos ideológicos que ayudaron a acelerar el
ritmo de estas convicciones. No olvidemos el Mayo francés y más
específicamente la Revolución cubana junto a la caída de los regímenes
democráticos, particularmente en los dos principales países del
continente, Brasil y Argentina.
La oposición entre liberales
reformistas y católicos tradicionales que se da dentro del sistema, es
reemplazada por otra acerca de los medios para destruirlo y
reemplazarlo. En medio aparece el estudiante-trabajador que alcanza un
número aproximado de 35% de la población universitaria.
De allí el
carácter masivo de la participación estudiantil en el Cordobazo. No solo
de la Universidad pública, sino también de la Universidad Católica.
Esta última más organizada detrás de sus dirigentes. En el primer caso
desbordados por oradores improvisados en las asambleas previas.
Este
fenómeno de ruptura de lo organizacional también se había evidenciado
en 1966 durante la intervención de la Universidad y en los episodios que
costaron la vida a Santiago Pampillón.
Se va instalando la acción
callejera y violenta. El método de la “acción directa” se convierte en
el período en práctica social. Instrumento históricamente negado a las
fracciones subordinadas comienza a ser legitimado por distintas
fracciones dominantes, cambiando la correlación de fuerzas en sentido
favorable al proletariado. Descompone las relaciones sociales en la
medida que elimina la mediación que caracteriza a esas relaciones.
Ya
en 1966 la toma del barrio Clínicas había desbordado a la policía. En
1969 ocurre lo mismo pero a nivel de la ciudad entera. La proclividad a
la violencia en ese momento no responde principalmente a patrones
ideológicos, más bien deriva de la situación estructural de la propia
Universidad como de la situación estudiantil en el conjunto de la
sociedad. Desde el punto de vista de los estudiantes ¿hay alguna
alternativa a la violencia? ¿Qué les propone la Universidad para atender
a sus reclamos? Absolutamente nada, salvo el sometimiento al poder que
marcha a contramano de las necesidades de modernización que el propio
sistema exige.
EL CORDOBAZO Y SUS CONSECUENCIAS
Agustín
Tosco, señalará como signos precursores del Cordobazo las luchas
estudiantiles de Córdoba de 1966, el paro general de diciembre del mismo
año, el paro nacional de marzo de 1967, las sucesivas intervenciones a
los sindicatos, la creación de la CGT de los Argentinos en 1968, la
huelga de Fabril Financiera y de los trabajadores azucareros en Tucumán y
el norte de Santa Fe.
Los despidos, el incremento de los ritmos de
producción y un deterioro general de las condiciones de trabajo
motivaron grandes protestas obreras en las fábricas de IKA-Renault,
Chrysler, Ford, Citröen y Peugeot a lo largo de 1967/68. Justamente la
más seria fue en el complejo IKA-Renault en Santa Isabel. En 1966, IKA
había comenzado a implementar una semana laboral reducida, para
compensar una súbita baja en las ventas. Hacia principios de 1967, había
tomado la decisión de reducir los salarios de sus ejecutivos en un 20% y
despedir a más de 1.000 obreros de un total de 7.200. A la primera ola
de despidos siguió una violenta huelga del SMATA. Como represalia IKA
echó a 4.000 obreros más. El sindicato consiguió que los despidos se
anularan, pero a cambio tuvo que aceptar jornadas de trabajo reducidas.
En setiembre Renault compró las acciones de Kaiser e inició una campaña
para reducir aún más los costos laborales rebajando los salarios de
todas las categorías y eliminando puestos de trabajo.
El otro pilar
del movimiento obrero cordobés, la UOM, también estaba atravesando un
período de crisis. Lo mismo que en la industria automotriz, los
propietarios de las fábricas y los talleres metalúrgicos del país
ignoraron los convenios colectivos una vez que vieron que el Estado
debilitaba al movimiento obrero.
A fines de marzo de 1969,
representantes de la UIA presentaron a Krieger Vasena un documento
solicitando la derogación de la ley en las provincias donde el sábado
inglés aún estaba en vigor: Córdoba, Mendoza, San Luis, Santiago del
Estero y Tucumán. El 12 de mayo el gobierno la derogó. El SMATA convocó a
una asamblea general para el 14 en el Córdoba Sport Club que fue
disuelta violentamente por la policía. Los trabajadores, conducidos por
Elpidio Torres, se encolumnaron hacia la ciudad, controlando sus áreas
céntricas durante algunas horas.
Ongaro y la CGT de los Argentinos
habían establecido su plaza fuerte en Córdoba gracias a los esfuerzos de
Agustín Tosco y Luz y Fuerza. Este sindicato mostró a partir de 1966
una tendencia hacia las huelgas políticas. James Brennan en El
Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955-1976 consigna que los
principales paros de 1966, dos huelgas de 24 horas, fueron contra las
medidas anti obreras de Onganía. También lo fueron las tres grandes
huelgas de 1967.
En mayo del ‘69 se desarrolla en la ciudad de
Corrientes una movilización contra el aumento del ticket en el comedor
universitario que fue reprimida violentamente por la policía dando
muerte al estudiante Cabral.
El 16 de mayo la CGT regional decreta el
paro y se convoca a una manifestación -la de mayor envergadura en la
historia de la ciudad-, a la que asisten más de 12.000 personas.
A
partir de ese momento se suceden en el ámbito universitario de todo el
país asambleas, actos relámpagos y discusiones públicas que llegan a su
clímax en la Universidad de Rosario donde es asesinado el estudiante de
Ciencias Económicas Adolfo Bello.
El 21 de mayo estudiantes
universitarios, secundarios y obreros marchan en homenaje a Bello y
Cabral hasta el centro de la ciudad de Rosario y se traban en lucha
abierta contra la policía que va a ser desbordada. El obrero y
estudiante secundario de 15 años, Luis Norberto Blanco, muere a causa de
la represión. El día 23 la CGT regional lanza un paro general.
La
movilización estudiantil por sí misma difícilmente hubiera podido
variar la situación si no hubiera entrado en escena el movimiento
obrero. Esta tendencia se expresará claramente en el Cordobazo donde a
diferencia de los sucesos anteriores, el movimiento obrero pasa a ocupar
el centro de la escena.
También tiene sustancial importancia la
clase media cordobesa que adhiere de hecho o afectivamente a la
protesta. Son quienes vuelcan la balanza a favor de la insurrección y
asumen los hechos como propios, necesarios y justos. Apoyan
logísticamente la resistencia y en ciertos casos se suman a las
acciones.
El Cordobazo fue una explosión de repudio popular al
régimen autoritario, una protesta política. Cerca de 30.000 personas
combatieron el 29 de mayo de 1969 contra la policía y la gendarmería
contando con el apoyo de toda la población. Por primera vez desde la
Semana Trágica, la policía fue puesta en retirada por las fuerzas
populares.
¿Qué exigía el pueblo en lucha? Agustín Tosco contestará a la pregunta:
“Exigía
respeto a su soberana voluntad; exigía la normalización institucional,
para que el Gobierno fuera elegido por decisión de la mayoría de la
población, sin persecuciones para con las ideas y doctrinas de ningún
argentino… Exigía el respeto al derecho de asociación, reunión y libre
expresión… Exigía la defensa del patrimonio nacional, absorbido, cada
vez más, por los monopolios extranjeros… Exigía la creación de nuevas
fuentes de trabajo, para eliminar la desocupación que trae miseria y
desesperación a los hogares… Exigía la reincorporación de los cesantes y
el levantamiento de las sanciones por haber hecho uso del derecho
constitucional de huelga… Exigía la anulación de la política de
racionalización en las empresas del Estado y del desconocimiento de
derechos contractuales de las empresas privadas… Exigía una Universidad
abierta a las posibilidades de los hijos de los trabajadores y
consustanciada con los intereses del País… Exigía la eliminación de las
quitas zonales, que reducen las remuneraciones de los obreros por el
solo hecho de vivir en el interior del País… Exigía la restitución del
sábado inglés, que disminuyó los salarios en más del 9% y aumentó la
jornada laboral… Todas estas cosas, y muchas más, exigía el Pueblo
cansado de peticionar ante los sordos oídos del “Gobierno”. Cansado de
que se prohibieran y disolvieran, violentamente, sus actos y
manifestaciones. Cansado de ser atropellado y escarnecido. Ya el 16 de
mayo, en Córdoba, se cumplió un extraordinario paro general de 24 horas.
El 29 y el 30 de mayo se cumpliría otro paro general de 37 horas, con
actos públicos, en demanda de soluciones”.
Meses después, en
setiembre, los ferroviarios rosarinos se levantan contra las sanciones
que pretenden aplicarse contra los huelguistas que cumplieron el paro
general del 1° de julio. El gobierno moviliza militarmente a los
huelguistas, sin poder evitar que entre el 16 y el 22 de setiembre se
combata en las calles y las barricadas cubran Rosario (2º Rosariazo).
Mayo
del ’69 significó la ruptura del equilibrio del Onganiato. Su efecto
político inmediato fue desacreditar a la dictadura y debilitar los
fundamentos de lo que parecía el más fuerte de todos los regímenes
posperonistas. Tanto fuera como dentro del gobierno, desencadenó fuerzas
que obligarían a Onganía a renunciar menos de un año después,
desmantelando el programa económico y algunas de sus pretensiones
autoritarias y abriendo el camino a la restauración del régimen
democrático en 1973.
Da paso a una oleada de luchas por fábrica,
seccionales y regionales, contra la patronal en el terreno directo de
las relaciones de producción (1970). Unas se ganan, otras se pierden:
General Motors, El Chocón, Banco Nación, la oleada de conflictos en
Córdoba.
Y contra la burocracia sindical en Peugeot, Citröen,
Mercedes Benz y FAE (autopartes). El triunfo de listas antiburocráticas
“de izquierda” en una serie de seccionales textiles. La elección de
delegados en Tamet (metalúrgicos).
Pero Onganía pudo mantenerse.
Podría haber sido derribado si una movilización como la de Córdoba se
generalizaba en todo el país y, en especial, en Buenos Aires. Hacia esa
situación se marchaba en los días previos al fracasado paro general del
1º y 2 de octubre (1969). Con posterioridad al 2º Rosariazo (setiembre
1969). Y con un acto y concentración para el 17/10.
Entonces el Gral.
López Aufranc cita a Miguel Gazzera, dirigente de las 62
Organizaciones, y le advierte que elija: 3.000 muertos el 1 y 2 de
octubre o 30.000 el 17.
CAMBIOS ESTRUCTURALES
NO SE
PUEDE ENTENDER NADA DE LO QUE ESTÁ OCURRIENDO SIN COMPRENDER LOS
CAMBIOS QUE SE HAN PRODUCIDO EN LA ECONOMÍA NACIONAL EN LOS ÚLTIMOS 30 O
40 AÑOS.
Se están operando cambios en la base material de la
estructura económica, que guardan relación con el nuevo patrón de
acumulación en el que se viene desenvolviendo la sociedad. Surgimiento
explosivo de nuevas ramas de producción: petroquímica, cibernética,
atómica, cohetería, abonos químicos.
Todo ello altera el mundo del
trabajo y las condiciones de vida de los asalariados en general. El
proceso de apropiación de la riqueza producida y su centralización cada
vez en menos manos alcanzan tal grado de celeridad y profundización que
conmueve toda la estructura económico-social.
Dentro de la burguesía
no todos se benefician (automotor, siderúrgica) ni se perjudican
(agropecuaria pampeana, textiles, alimenticias) de la misma manera.
Sobre este cuadro general deben leerse los enfrentamientos librados
durante 1969.
Al escenario nacional debemos agregar otros dos
elementos: 1) la subordinación cada vez mayor del capital nacional al
extranjero, en particular estadounidense, que impone un estancamiento o
un crecimiento económico distorsionado y 2) la dominación del interior
por Buenos Aires que subordina el desarrollo de las provincias. En el
período son destruidas economías regionales de base rural y
procesamiento industrial como el algodón, la caña de azúcar y el vino
sanjuanino.
Una meta clave del programa de Onganía era redefinir el
papel de la clase obrera en la vida económica, social y política del
país. La necesidad de crear un mercado laboral flexible y eliminar el
considerable poder que el movimiento obrero organizado ejercía en la
sociedad civil fue una prioridad del nuevo régimen.
Las luchas en
nuestro país fueron un eslabón de una cadena que recorre una parte del
mundo. Territorio en donde las transformaciones operadas en la base
material, alteran la estructura social, conmocionando toda la estructura
política, jurídica, ideológica y moral. Francia, Alemania, Italia,
Japón y Argentina. Los que dominan la escena son estudiantes y obreros.
Eran momentos de grandes alteraciones en la base material, de grandes
re-acomodamientos del capital por los nuevos repartos del mundo y en
donde la fuerza social proletaria se planteaba los problemas del poder
político y el Estado.
Hasta las Fuerzas Armadas hablaban de
revolución. La orden del día era la lucha por un cambio de estructuras.
Así vemos cómo fracciones del movimiento obrero empiezan a plantear la
necesidad de un cambio de estructuras, también distintos sectores de la
pequeña burguesía y hasta las distintas fracciones de la gran burguesía.
¿Quién capitalizará las luchas del período para finalmente imponer las
condiciones del cambio de estructuras?
VISTO EL DESARROLLO DE LOS
ACONTECIMIENTOS QUIEN CAPITALIZO TODAS LAS LUCHAS DEL PERIODO QUE SE
INICIA EN 1969 SUBORDINANDO AL RESTO DE LA BURGUESIA Y AL MOVIMIENTO
OBRERO FUE LA MODERNA ARISTOCRACIA FINANCIERA.
Referencias bibliográficas
Balvé, Beba C.; Poder-Guerra. Argentina. Acerca de la cuestión nacional; Buenos Aires; Ediciones CICSO; 2009.
Balvé,
Beba C. y Balvé, Beatriz S.; El ’69. Huelga política de masas.
Rosariazo Cordobazo Rosariazo; Editorial Contrapunto; Buenos Aires;
1989.
Balvé, Beba C. y otros; Lucha de calles. Lucha de clases; Ediciones RyR; Buenos Aires; 2006.
Brennan, James P.; El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955-1976; Buenos Aires; Editorial Sudamericana; 1996.
Cena, Juan Carlos; El Cordobazo. Una rebelión popular; La Rosa Blindada; Buenos Aires; 2000.
Delich, Francisco J.; Caída y protesta social. Córdoba, mayo de 1969; Ediciones Signos S.R.L.; Buenos Aires; 1970.
Moreno, Nahuel; Después del Cordobazo; Editorial Antídoto, Buenos Aires; 1997.
Tosco, Agustín; La lucha debe continuar. Testimonio del Cordobazo; Rafael Cedeño Editor; Buenos Aires; 1987.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


