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Malvinas, la ocupación británica y sus vínculos con EE.UU. e Israel

Fuentes: Rebelión

La cuestión Malvinas es una causa irrenunciable de la República Argentina: las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son territorios argentinos ocupados ilegalmente por el Reino Unido desde 1833, y su recuperación soberana constituye un mandato constitucional y una política de Estado que no debiera estar fuera de agenda. Hoy la ocupación no solo persiste, sino que se profundiza mediante una estructura militar que articula poder británico, tecnología israelí y respaldo estratégico de Estados Unidos, que transforman el Atlántico Sur en escenario de proyección geopolítica ajena a los intereses regionales, y es punta de lanza de una lógica de expansionismo anglosionista que no se limita al archipiélago, sino que busca extender su influencia sobre el resto de Argentina y toda la América Latina.

Expansión militar, Monte Agradable como enclave de la OTAN y plataforma de avance regional

El Reino Unido mantiene y amplía su presencia a través de la base de Monte Agradable, el enclave más importante de la Alianza Atlántica en esta zona. Actualmente avanza con obras de remodelación y ampliación de su puerto, nuevas instalaciones operativas y desarrollo de áreas urbanas vinculadas al complejo, medidas que consolidan su carácter de plataforma militar permanente, a más de 12.000 kilómetros del territorio metropolitano. Lejos de ser una defensa local, funciona como nodo logístico y de vigilancia que rompe el equilibrio de seguridad regional y contradice los llamados a desmilitarización que formula la comunidad internacional.

Para sectores del pensamiento estratégico nacional y regional, este despliegue no es aislado, responde a una visión anglosionista que entiende el Atlántico Sur como “zona de interés vital” y proyecta extender su control hacia recursos naturales, rutas marítimas y espacios continentales de Argentina y países vecinos desde la Patagonia y la plataforma continental hasta áreas de influencia en el Cono Sur y el océano Antártico. Históricamente, esta corriente ha operado mediante presiones diplomáticas, acuerdos comerciales asimétricos y apoyo a posturas que debilitan la autonomía de los Estados nacionales. Hoy, la base de Monte Agradable funciona como centro de mando que facilita esa proyección más allá de las islas: permite monitorear tráfico, energía y movimientos militares en un área que abarca desde el sur argentino hasta las costas de Chile y el océano Índico.

Blindaje tecnológico: el vínculo Reino Unido‑Israel como red de alcance continental

El fortalecimiento defensivo‑ofensivo tiene un componente determinante: la implantación del sistema Sky Sabre, tecnología británica desarrollada sobre bases y aportes de empresas de defensa israelíes. Este equipamiento reemplazó a sistemas anteriores y triplicó la capacidad de respuesta contra amenazas aéreas y de artillería, convirtiendo al archipiélago en un puesto avanzado con tecnología de última generación.

Esta articulación confirma que la ocupación no es un hecho aislado, sino parte de redes globales de comercio y despliegue militar que involucran a actores extraregionales sin relación histórica ni jurídica con el territorio. Además, este modelo de cooperación se replica progresivamente en acuerdos de seguridad, vigilancia fronteriza y ciberseguridad con gobiernos locales: tiende a instalar en Argentina y la región criterios de control que responden a intereses anglosionistas y aliados, en lugar de priorizar la defensa integral y soberana de los pueblos latinoamericanos.

Articulación con Estados Unidos: inteligencia y soporte para una hegemonía compartida

La sostenibilidad de la guarnición británica depende decisivamente del respaldo histórico y operativo de Estados Unidos. El Reino Unido integra las islas en redes compartidas de inteligencia y mantiene cooperación logística continua que permite sostener su presencia en forma continua. Este apoyo rompe con principios del derecho internacional que condenan la ocupación y avalan el diálogo entre partes; al mismo tiempo, alinea el Atlántico Sur con lógicas de control geopolítico ajenas a la soberanía y la integración latinoamericana.

En la lógica anglosionista, esta alianza constituye la base para limitar proyectos regionales comunes -como bancos de desarrollo, rutas bioceánicas o acuerdos de defensa conjunta- y preservar la primacía de actores externos sobre decisiones soberanas. Lo que sucede en Malvinas es también un ensayo de lo que se intenta imponer en el resto del territorio argentino: presencia extranjera legitimada, acceso irrestricto a datos y recursos, y debilitamiento de capacidades autónomas.

Vigilancia en Tierra del Fuego: frontera donde chocan expansión y soberanía

En el marco de esta tensión, se registra un punto sensible en territorio continental: el radar espacial instalado en Tolhuin por la empresa LeoLabs -de capitales estadounidenses, con dudas sobre su origen y alcances, y posible acceso o uso dual que podría beneficiar a la ocupación- se encuentra hoy inactivo y bajo medida cautelar. La Justicia argentina ordenó la disolución de la sociedad comercial que lo operaba, dejándolo sin amparo legal válido. Paralelamente, el Estado nacional avanza en su proyecto propio: la Base Naval Integrada de Ushuaia, infraestructura estratégica diseñada para fortalecer la presencia soberana en el extremo sur, aunque incluye también cooperación con Estados Unidos que compromete definiciones de un verdadero interés nacional.

Este escenario revela que la presión anglosionista avanza tanto por el mar como por tierra: busca establecer puntos de control permanente en zonas clave -fronteras, puertos, zonas ricas en minerales o energía- que faciliten una influencia progresiva sobre la política interna y externa de Argentina y países vecinos.

Soberanía como agenda indelegable frente al expansionismo

La situación actual confirma que la ocupación británica no es estática, sino que se reconfigura mediante alianzas transnacionales y tecnología de terceros países. Lo que está en juego supera al archipiélago: se trata de contener un modelo de expansionismo anglosionista que pretende convertir al Atlántico Sur y a la Argentina en zona de maniobra, sometiendo las decisiones nacionales a estrategias globales ajenas.

Frente a ello, la posición argentina debe sostener el histórico rechazo a la ocupación, mantener su reclamo por la vía diplomática, y avanzar en el desarrollo y fortalecimiento de capacidades propias en el Atlántico Sur. Asumiendo que defender la soberanía sobre Malvinas es también defender el derecho de América Latina a decidir su propio destino: sin bases militares extraregionales, sin sistemas de armas que conviertan el océano compartido en escenario de maniobras del eje anglosionista, y sin que el desarrollo de Argentina dependa de reglas impuestas desde fuera.

“Ali Reza” Peralta es director de la Academia del Pensamiento Estratégico (APE)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.