Aram Aharonian

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Dos preocupaciones principales justificaron la visita del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, a la Argentina: averiguar sobre el terreno el proyecto de emplazamiento de una base militar de la Armada Argentina en Ushuaia, que podría controlar el estratégico Paso de Drake, además de ser puerta de acceso a la Antártida, junto a la creación de un “polo logístico” que la provincia de Tierra del Fuego viene negociando desde 2019 con financiación de China.

Con la excusa de la emergencia de la pandemia del Covid-19, la presidencia protempore argentina del Mercado Común del Sur (Mercosur) comunicó a los mandatarios de Brasil, Paraguay y Uruguay que el encuentro por la conmemoración de los30 años de la creación del bloque, previsto para el 26 de marzo en Buenos Aires, se desarrollará de forma virtual.

A veces, las formas cambian, pero en el fondo Estados Unidos sigue siendo el mismo, al menos para nosotros, los latinoamericanos y caribeños. Algunos pensaron que en vez del garrote, el muro, las restricciones a los inmigrantes y el discurso ultraderechista, racista, xenófobo y misógino de Donald Trump, llegaría la zanahoria, con declaraciones correctas sobre la democracia, las mujeres y los afrodescendientes de Joe Biden.

Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial. Hace ya un año que vivimos en una pandemia, que colocó en el centro todo aquello que hasta entonces estaba en la periferia y visibilizó el vínculo umbilical entre la crisis capitalista y la socioecológica, los supuestos modelos de desarrollo y la salud, dejando a la intemperie las enormes desigualdades sociales entre personas y entre países.

América Latina vio hace un año cumplir sus peores presagios: un brasileño que llegó de Italia daba positivo en Sao Paulo el 26 de febrero de 2020 por covid-19 y hacía saltar las alarmas en la región, con sistemas de salud –quizá- más frágiles que en Europa. Desde entonces, 21 millones de latinoamericanos se han contagiado y casi 700.000 han muerto.

Es difícil explicar a aquellos que no lo vivieron, cómo era nuestro mundo al inicio del milenio, dos décadas atrás, cuando la tecnología digital aún estaba en pañales, y la luz de la esperanza se prendía detrás de la consigna de “otra mundo es posible” en la lucha contra el neoliberalismo y la globalización capitalista.

Uno de los problemas mayores que tiene el equipo latinoamericano de Biden es que sigue pensando que la región es similar a las de cuatro años atrás, cuando Obama dejó el poder en manos de Donald Trump. No parece haber lecturas nuevas sobre la realidad latinoamericana y caribeña.

El 2020 termina con una crisis humana y económica global sin precedentes. La pandemia ha contaminado a 80 millones de personas y matado a 1,8 millones en el mundo.

Joseph Biden asumirá en medio de un escenario inquietante y serio: el 77 por ciento de los republicanos considera que su elección no es legítima y el próximo 20 de enero deberá enfrentar esta desconfianza con un partido que no alcanzó la mayoría en el Senado, perdió una decena de escaños en la Cámara de Representantes y está estancado en las legislaturas estaduales.

Este domingo 6 de diciembre se celebran las elecciones en Venezuela para escoger una nueva Asamblea Nacional unicameral, y todo indica que ésta será más diversa y con debates más productivos, ya que estará compuesta por diversidad de voces -revolucionarias, oficialistas, socialdemócratas variopintas, proimperialistas, evangélicas militantes, entre otras.

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