Aram Aharonian

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Pueden disfrazarla de Blancanieves, pero es apenas una nueva doctrina para el permanente injerencismo de Washington en otros países, proveniente de un presidente demócrata.

Estados Unidos y América Latina

El presidente estadounidense Joe Biden declaró su objetivo de recuperar el liderazgo internacional, revertir el aislacionismo de su antecesor Donald Trump, restaurar alianzas internacionales y fortalecer la diplomacia para el cual dispuso un presupuesto federal de seis mil millones de dólares, elevando inversiones en infraestructura, educación y combate al cambio climático.

Dos preocupaciones principales justificaron la visita del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, a la Argentina: averiguar sobre el terreno el proyecto de emplazamiento de una base militar de la Armada Argentina en Ushuaia, que podría controlar el estratégico Paso de Drake, además de ser puerta de acceso a la Antártida, junto a la creación de un “polo logístico” que la provincia de Tierra del Fuego viene negociando desde 2019 con financiación de China.

Con la excusa de la emergencia de la pandemia del Covid-19, la presidencia protempore argentina del Mercado Común del Sur (Mercosur) comunicó a los mandatarios de Brasil, Paraguay y Uruguay que el encuentro por la conmemoración de los30 años de la creación del bloque, previsto para el 26 de marzo en Buenos Aires, se desarrollará de forma virtual.

A veces, las formas cambian, pero en el fondo Estados Unidos sigue siendo el mismo, al menos para nosotros, los latinoamericanos y caribeños. Algunos pensaron que en vez del garrote, el muro, las restricciones a los inmigrantes y el discurso ultraderechista, racista, xenófobo y misógino de Donald Trump, llegaría la zanahoria, con declaraciones correctas sobre la democracia, las mujeres y los afrodescendientes de Joe Biden.

Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial. Hace ya un año que vivimos en una pandemia, que colocó en el centro todo aquello que hasta entonces estaba en la periferia y visibilizó el vínculo umbilical entre la crisis capitalista y la socioecológica, los supuestos modelos de desarrollo y la salud, dejando a la intemperie las enormes desigualdades sociales entre personas y entre países.

América Latina vio hace un año cumplir sus peores presagios: un brasileño que llegó de Italia daba positivo en Sao Paulo el 26 de febrero de 2020 por covid-19 y hacía saltar las alarmas en la región, con sistemas de salud –quizá- más frágiles que en Europa. Desde entonces, 21 millones de latinoamericanos se han contagiado y casi 700.000 han muerto.

Es difícil explicar a aquellos que no lo vivieron, cómo era nuestro mundo al inicio del milenio, dos décadas atrás, cuando la tecnología digital aún estaba en pañales, y la luz de la esperanza se prendía detrás de la consigna de “otra mundo es posible” en la lucha contra el neoliberalismo y la globalización capitalista.

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