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Apuntes para profundizar la democracia

Fuentes: Nuestro Tiempo

En estos últimos años, y sobre todo en estos últimos meses, la «democracia» ha formado parte central de las discusiones políticas. Todos los sectores, desde los más reaccionarios, hasta los progresistas la han tomado como marco general, desde el cual darle sustentos a sus propuestas y críticas políticas. Así, la idea de «democratizar el país» […]

En estos últimos años, y sobre todo en estos últimos meses, la «democracia» ha formado parte central de las discusiones políticas.

Todos los sectores, desde los más reaccionarios, hasta los progresistas la han tomado como marco general, desde el cual darle sustentos a sus propuestas y críticas políticas.

Así, la idea de «democratizar el país» puede utilizarse como paraguas político del neoliberalismo, o bien como continuidad del actual desarrollismo.

El año pasado, el 10 de Diciembre se ha consagrado como el día de la democracia y los derechos humanos. En ese marco cada sector político planteó sus consignas y reclamos, que se jugaron en torno a temas como: los derechos humanos, el poder judicial, la reforma constitucional, la ley de medios, la preponderancia del ejecutivo, entre otros.

Detrás de la disputa por quien logra imponer su noción de «democracia» hay distintos intereses y tácticas que tienen que ver con las disputas actuales en la clase dominante. El resultado de esa disputa tendrá consecuencias directas en el pueblo argentino, es una cuestión indudable.

Y en ese sentido, no podemos entender el problema «democrático» en nuestro país, como una mera disputa de sectores del poder burgués, por lo que no puede sernos irrelevante ni mucho menos.

Al contrario, la incidencia de las organizaciones populares en tan importante problema, y por ende el resultado de esas disputas, es de carácter fundamental, si lo que aspiramos está relacionado con un cada vez mayor empoderamiento, de mayor participación, de mayor incidencia en las decisiones políticas, de nuestro pueblo.

Creemos entonces, que resulta central abrir un debate entorno a lo que entendemos las fuerzas populares, democráticas y anti imperialistas, por «democracia».

Y este problema no puede ser encarado únicamente desde conceptos abstractos o modelos aplicados en el pasado, sino que debe estar también íntimamente relacionado con la situación política y las correlaciones de fuerzas actuales.

La democracia popular no es una cuestión de consigna, sino de ejercicio práctico concreto, amparado sobre el marco de la organización popular, pero también y centralmente, porque ahí es donde se condensan las relaciones de fuerzas políticas centrales, de la disputa del poder estatal.

La cuestión democrática en la disputa política, implica la discusión en torno a una serie de puntos que han estado y continúan estando muy presentes en los debates políticos que nutren la actual coyuntura.

A saber: los derechos humanos, la ley de medios, el poder Judicial y la reforma constitucional.

La necesidad de incidir en la agenda democrática hoy

En cada uno de los puntos antes nombrados se juegan cuestiones políticas importantes en pos de que nuestro pueblo avance en organización, participación y conciencia política.

En lo que hace a los Derechos Humanos, muchas veces interpretados como una cuestión meramente simbólica, debemos comprender que los juicios a militares o civiles implicados en el terrorismo de Estado, el reconocimiento a los organismos de derechos humanos, entre otras cuestiones planteadas, implican un avance importante en lo referente a abordar directamente el problema del Terrorismo de Estado desde un punto de vista político. Es decir, reconocer que el golpe fue cívico militar, que aún existen sectores civiles ligados al terrorismo de Estado, y con peso político de relevancia en gran parte de nuestro país. No es un problema meramente jurídico o penal o de propaganda demagógica.

Sobre ese piso, entonces, este problema debe ser trabajado centralmente en dos planos:

– Por un lado, en la toma de conciencia histórica, de la connivencia de sectores civiles y militares en la ejecución del Terrorismo de Estado, a través del cual se sentaron las bases fundamentales del neoliberalismo en nuestro país;

– Por otro, poner en cuestión los derechos humanos hoy en lo que refiere a los abusos de las fuerzas de seguridad, el acceso a la educación, la desnutrición infantil, el control y participación del poder popular en base a esas cuestiones, y el papel del Estado nacional hoy.

Por su parte, la Ley de Medios, que marca a los grandes monopolios como enemigos centrales, abre la disputa en torno al rol central que adquieren los medios de comunicación hoy.

Entonces, reconocer el fortalecimiento y desarrollo de medios Estatales, así como presionar por el reconocimiento, financiación y expansión de los medios populares a lo largo y ancho de nuestro país, es de fundamental importancia en lo que hace a la estratégica batalla de ideas que debemos desarrollar en este momento histórico.

En lo referente a la democratización del Poder Judicial, la posibilidad de poner sobre la mesa el problema de la justicia, como ente elitista, garante de la impunidad de los ricos, y de morgue literal de los pobres, y realizar propuestas concretas y realizables en torno a este punto, resulta de una importancia fundamental.

Y por último, sobre la Reforma Constitucional, es un tema donde se juegan muchas cuestiones.

La más importante tiene que ver con poner en cuestión la distribución del poder político. Es decir, el poder superar el esquema clásico de los tres poderes de la democracia tradicional y plantear la necesidad de generar una soberanía popular. Nuestro pueblo debe avanzar en mayores grados y canales de decisión política, no solo el voto cada dos años.

Por otro lado es puntapié para dar un marco general a cuestiones como un mayor control político sobre los funcionarios, el fortalecimiento del Estado en las áreas estratégicas del país, el fortalecimiento del poder popular respecto de las tareas de gobernar, la consolidación de derechos y avances concretos realizados en los últimos años.

En síntesis, ingresar a un proceso constituyente, en el cual las fuerzas populares, democráticas y anti-imperialistas sean protagonistas, es imprescindible a la hora de lograr tanto la soberanía nacional, como la soberanía popular, necesarias para que nuestro pueblo se aferre a las riendas políticas de su destino.

Al respecto señalamos, que los procesos políticos más avanzados en nuestro continente, en los que existen avances materiales y un cada vez más creciente protagonismo político del pueblo, han pasado sin excepción, y como medida de primer orden por un proceso constituyente que parió una nueva Constitución. Es decir, un nuevo marco jurídico e institucional, que reconfigura la distribución del poder político, social y económico. Hablamos concretamente de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Mientras en nuestro país, si bien hubo una experiencia de Constituyente Social, la misma fue diluyéndose por distintas causas. Por un lado el kirchnerismo se encargó de ningunearla, y por otro las diputas mezquinas y estériles en su interior terminaron de desgastarla como proyecto.

Hoy la reforma de la constitución vuelve a estar a la orden del día, encarada centralmente desde la continuidad del kirchnerismo en el gobierno. Es central que las organizaciones populares, democráticas y anti imperialistas tomen el tema, se posicionen, debatan y presenten propuestas, porque ingresar y concretar un proceso constituyente trasciende por lejos al kirchnerismo, y constituye una base central para enterrar de una vez y para siempre al neoliberalismo en nuestro país.

El desafío estratégico de avanzar en la consolidación de una democracia popular y participativa

No es difícil observar y reconocer la colonización compulsiva de cuadros que sufrió el Estado Nacional, por parte de sectores defensores e impulsores del capital financiero y el neoliberalismo, en diferentes áreas estratégicas de los diferentes poderes del Estado.

Avanzar en la democratización de diferentes áreas políticas, jurídicas, económicas y sociales es avanzar en la participación política concreta del pueblo, y por ende avanzar en descolonizar al estado nacional de esa elite conservadora y reaccionaria, que anida en sus oficinas.

En consecuencia, no se puede pensar las diferentes reformas democráticas de la agenda política como meros apéndices de una ingeniería electoral, sino como un campo abierto de disputa por modificar la concentración de poder elitista que en nuestro país lleva ya más de 200 años, el cual favorece siempre a los sectores reaccionarios y enemigos acérrimos de cualquier avance democrático que implique un mayor protagonismo popular.

Por su parte, en los diferentes conflictos donde se juega la cuestión de la democracia, el kirchnerismo apuesta sistemáticamente a la vía de la institucionalidad y ha optado por aferrarse a la relación de fuerzas internas del Partido Justicialista. Desde esa base, apelan permanentemente al 54% de votos que le permitió ganar las últimas elecciones y punto, esa es su legitimidad.

Mientras tanto la derecha avanza, y sectores del pueblo organizado se alejan del problema político detrás de reivindicaciones económicas y salariales.

Es en este marco, que creemos que las fuerzas populares democráticas y anti imperialistas deben avanzar no solo en conquistas económicas y sociales, sino también y centralmente en conquistas políticas.

La democratización política es la deuda histórica central de nuestro país, cláusula gatillo que las clases dominantes de nuestro país no están dispuestas a ceder desde el momento en que se parió y consolidó el estado nacional y más atrás.

Apostar a la movilización y organización popular es central, pero sin participación estrictamente política de las organizaciones populares, las crisis políticas que generemos serán capitalizadas por los partidos políticos tradicionales como viene pasando hace décadas, y el poder reconfigurado será administrado por cuadros defensores de las estructuras desiguales que hoy perduran en nuestro país.

Es imposible lograr conquistas ya sean económicas, sociales como políticas que perduren en el tiempo, sin tener como garantes a la organización popular, a un estado cada vez más fortalecido, y a un marco institucional que permita que ambos se desarrollen y consoliden.

Enfrentar a la derecha reaccionaria sin esas herramientas, pasa a ser un mero juego propagandístico.

En consecuencia, la democratización significa que como pueblo comencemos a apropiarnos de la política con organizaciones e instituciones concretas y efectivas que pongan sobre el tapete las políticas de estado.

Fuente original: http://elnuestrotiempo.blogspot.com.ar/2013/02/apuntes-para-profundizar-la-democracia.html