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Argentina debe definir su articulación con el mundo

Fuentes: Rebelión / CLAE

Como otras veces, en su corta historia, Argentina se encuentra nuevamente en la antesala de redefinir su articulación con el mundo.

Por cierto que no hay un solo camino, éstos fueron y siguen siendo variados, y depende de cual se elija tomar el futuro del país.

Con la independencia (1810 y 1816) nacimos como subordinados a Europa y sus disputas. La Generación del 80’ lo ratificó. Sobre la producción pampeana, el puerto de Buenos Aires y los mercados extranjeros -en ese momento el inglés- se constituyó la tríada que sustentó esa construcción.

Los gobiernos de esa generación: Sarmiento, Avellaneda, Roca, Juárez Celman y Pellegrini, le sumaron la voluntad de constituirnos en una mala copia de los nacientes Estados Unidos de Norteamérica. En ese marco fue pensada y puesta en marcha la república conservadora cuya matriz –portuario dependiente- y con algunas variaciones y excepciones, llega hasta nuestros días.

En la Primera Guerra Mundial (1914/18), Argentina –gobernada por el radicalismo yrigoyenista- fue neutral, manteniendo negocios con los británicos y acuerdos secretos con los alemanes. La actividad de los submarinos alemanes y la presión de EEUU contra la neutralidad argentina, fueron modificando las condiciones materiales y las dificultades para exportar agravaron la situación interna.

Aquella guerra no solo significó una cantidad horrible de víctimas y pérdidas materiales, sino que marcó la desaparición de cuatros imperios (alemán, austrohúngaro, ruso y otomano).

En Argentina trajo como consecuencia vigorosos cambios en el yrigoyenismo, que se manifestaron en sangrientas represiones a movilizaciones encabezadas por los anarquistas (en la Patagonia, los Talleres Vasena y los trabajadores de La Forestal), con un saldo de más de dos mil trabajadores asesinados.

En la Segunda Guerra Mundial (1939/1945), nuevamente Argentina optó por la neutralidad. Lo hizo hasta pocas semanas antes de la rendición de los Países del Eje, encabezados por Alemania y Japón. Por Decreto 7035 del 2 de abril de 1945 se ordenó: “Artículo 1°: Confíscanse todos los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a los Estados Alemán y Japonés que se encuentran en el territorio de la República”.

Esa medida, junto a la creación del Consejo Nacional de Posguerra, (agosto 1944), que fuera el centro donde se planificaron los futuros planes quinquenales, estaba destinada a que no se repitiera el final de la Primera Guerra Mundial, cuando los vencedores -según Juan Domingo Perón- ni siquiera nos pagaron los alimentos que les proveíamos.

La “tardanza” en adherir a los “aliados” encabezados por EEUU motivó –entre otras razones- la desconfianza de sucesivos gobiernos estadounidenses y europeos a las políticas argentinas, que ya conducía Perón como presidente.

En los Acuerdos de la Conferencia de Yalta (febrero 1945), representantes de EEUU, la URSS y el Reino Unido, los “aliados” de la Guerra, concretaron el “reparto” del mundo. Los países de Nuestra América quedamos en el “Área de Influencia de los EEUU”.

Los avances de los países y movimiento del Tercer Mundo, la sostenida soberanía de Cuba y otros pueblos, dieron a diferentes países y gobernantes algunas hendijas por donde colar parte de los intereses de nuestros pueblos. El poder militar estadounidense, las ataduras al sistema financiero internacional junto a nuestros errores y debilidades, utilizando al FMI como su ariete y resguardo, lograron impedir avances más profundos.

En los años más recientes, además de este fenómeno latinoamericano, se han desplegado otras potencias mundiales, como China y Rusia. Más allá que estén en duda las características ideológicas de los mismos, no cabe duda que ellos cuestionan la hegemonía occidental que encabezan EEUU y Europa.

De hecho se está abriendo paso una multilateralidad, en cuyo protagonismo participan -además de los señalados países occidentales- los integrantes del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Ese fin de la bipolaridad de la Guerra Fría, después de un breve jolgorio estadounidense, está produciendo fuertes tensiones (entre China y Rusia confrontando con EEUU y Europa) fundada en la disputa por la hegemonía de esta nueva configuración. Los riesgos de una guerra global dejaron de ser una posibilidad periodística, para estar presente en la agenda de los líderes mundiales.

La crisis civilizatoria y Argentina

La actual crisis civilizatoria que sigue a la pandemia y que no termina de irse, abarca a todo el planeta. Argentina está entre aquellos que –por diversas causas- más la padecen, pero tendrá que tomar decisiones sobre su inserción en esta realidad mundial:

La Generala Laura Richardson, Jefa del Comando Sur de los EEUU, desde Miami y luego de recorrer América Latina nos advirtió: “El triángulo del Litio está en esa región, que tiene muchas cosas para ofrecer” y se mostró preocupada por las actividades China y Rusia en dicha zona.

Se debate sobre alimentos; energía; el río Paraná; el litio; la deuda externa; la Patagonia, entre otros temas.

–En materia de alimentos somos grandes productores, pero ellos no alcanzan a satisfacer el hambre de nuestro pueblo, mientras se utilizan –en gran porcentaje- para producir proteínas animales o insumos para las manufacturas al servicio de quienes aspiran a esa hegemonía mundial.

–Tenemos importantes reservas de insumos energéticos, la imprevisión e incapacidad de nuestros dirigentes impide tenerlos al servicio propio. Ello desata la avidez de las potencias mundiales. Como consecuencia hay explotaciones irresponsables, sin respeto a la naturaleza (fracking en Vaca Muerta) o las concesiones, hasta su agotamiento en materia de hidrocarburos y gas (Cerro Dragón, entre las sureñas provincias de Chubut y Santa Cruz).

– Por el Río Paraná transita, legal e ilegalmente, más del 60% de nuestro comercio exterior. Unos 80 mil millones de dólares de Nuestra América circulan por ese boquete. La pérdida de soberanía sobre el mismo, con sus múltiples puertos privados y falsas declaraciones juradas, es una muestra de cómo entregamos los bienes que deberían estar al servicio del pueblo argentino y de toda la región.

– Junto con Bolivia y Chile somos la mayor reserva mundial de litio, el oro  blanco del futuro. Somos incapaces de gestar una explotación y procesamiento propio, como lo vienen haciendo Bolivia y México. Tenemos un bien apetecible que escapa de nuestra manos y es usado para seguir engañando a nuestros pueblos originarios. La Jefa Militar estadounidense nos advirtió que la presencia de China y Rusia en la zona socavaban la democracia.

– La deuda es la soga que rodea a nuestro cuello. El FMI tiene la decisión acerca de cuándo y cuánto apretar. Hoy los “fondos buitres” y sus Ceos deciden por nosotros. Seguir pagando ese reclamo fraudulento y mantener los vínculos con sus organismos de apriete es asegurarse nuestro dolor y entrega.

– La Patagonia, escasamente poblada, solo espera el momento internacional adecuado para que la actual desintegración nacional se pueda concretar en beneficio de alguno de los vastos intereses en juego.

Juan Guahán. Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.