Recomiendo:
0

Argentina, sin ataduras del FMI

Fuentes: Rebelión

Solo calamidades han causados durante décadas en muchos países de América Latina, entre estos Argentina, las imposiciones exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) por lo que algunos gobiernos de la región desestiman esa leonina ayuda. Argentina fue un caso típico de esa política pues durante la presidencia de Carlos Ménem (1989-1999) se implantaron las […]

Solo calamidades han causados durante décadas en muchos países de América Latina, entre estos Argentina, las imposiciones exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) por lo que algunos gobiernos de la región desestiman esa leonina ayuda.

Argentina fue un caso típico de esa política pues durante la presidencia de Carlos Ménem (1989-1999) se implantaron las directrices del Consenso de Washington a instancias del FMI y de la Organización Mundial del Comercio (OMC), referentes a priorizar el libre mercado y las privatizaciones.

De esa forma, la administración Ménem que cumplía además con las orientaciones recibidas desde Estados Unidos, abrió los servicios y la industria al capital extranjero y permitió la importación indiscriminada de mercancías. 

Como era de esperar, el país caminó directo hacia la debacle económica pues la moneda argentina tenía el mismo valor del dólar, las mercancías importadas eran más baratas que las nacionales lo cual afectaba a las exportaciones. El país sufrió un profundo déficit comercial, que se remediaba con la venta de las entidades de producción y de servicios públicos.

La entrada de capitales disminuyó al no existir empresas que privatizar y el país cayó en un endeudamiento comercial y público que paralizó todo y produjo en 2001 masivas manifestaciones populares.

Los bancos dejaron de funcionar y congelaron el dinero de los acreedores, la deuda externa se elevó a decenas de miles de millones, el desempleo a más de 30 % de la población y el hambre y la miseria alcanzó a la mitad de sus 38 millones de habitantes.

La renuncia del ex presidente Fernando de la Rúa, también un neoliberal promotor del llamado corralito bancario, facilitó la llegada al poder de Eduardo Duhaldé, en enero de 2002, seguido del triunfo electoral de Néstor Kirchner en mayo de 2003 y cuatro años más tarde de Cristina Fernández, quienes llevaron adelante una nueva política económica que revertió completamente la profunda crisis. 

Pese a que en 1998 se veía venir el tsunami económico en el país sudamericano, el entonces presidente del FMI, Michael Camdessus, durante un discurso en la Asamblea Ordinaria de la organización, afirmó que Argentina era «un ejemplo de las transformaciones» y Ménem era «el campeón de las reformas». La nefasta actuación fondomonetarista determinó a la presidenta Fernández de Kirchner proponer en 2008 al Club de Paris negociar la cancelación de la deuda pendiente de 7500 millones de dólares, sin la participación del FMI.

El Club de Paris, una agrupación de países prestamistas con 19 miembros permanentes, se negó en un principio, pero hace solo dos semanas, Cristina anunció que aceptó la negociación, la cual, dijo, «debe ser realista para Argentina, con plazos de pagos que permitan seguir sosteniendo el crecimiento económico con inclusión social». 

Si el trato se encamina por buena ruta, el país accederá nuevamente al mercado de crédito internacional que le ha estado bloqueado desde 2001 cuando declaró la mayor cesación de pagos de la historia financiera mundial, cifrada en 95 000 millones de dólares. 

Lo más probable que para saldar las deudas, Buenos Aires recurra otra vez a las reservas del Banco Central como lo hizo anteriormente con los acreedores privados y con el FMI.

Se prevé que el acuerdo final se produzca a principios de 2011. Fernández declaró que en las negociaciones «no habrá comisiones, bancos, empresas ni asesores y de esa forma Argentina saldría del incumplimiento después de una década». En 2005, más de 80 % de los acreedores privados aceptaron una reestructuración de la deuda.

El ministro de Economía, Amado Boudou, señaló que el objetivo es acordar «un plan de pagos» y no cancelar la deuda en efectivo con el Club, cuyo 87 % esta repartida entre seis países: Alemania 30 %, Japón 25 %; Holanda 9 %, Italia y España 8 % y Estados Unidos 7 %.

Para el canciller argentino, Héctor Timerman «El Fondo es una entidad que, hasta que no se reforme, ha demostrado su ineficiencia total pues ni siquiera pudo prever la crisis financiera». 

Sin las ataduras del FMI, Argentina logró crear entre 2003 y 2009 un promedio de 580 000 puestos de trabajo anuales pese a la crisis económica que, iniciada en Estados Unidos en 2008, se extendió como pólvora por el mundo.

La cifra de desocupación descendió a 7.1 % a finales de noviembre último y la producción industrial en el primer semestre de este año superó 12,3 % a la de igual período de 2009.

La economía crece 7,8 % en 2010, uno de los más altos resultados de América Latina, con aumentos destacados en la agroindustria y las construcciones.

Las reservas monetarias superan los 50 000 millones de dólares y se espera que el superávit comercial de este año alcance los 16 000 millones de dólares.

Todo eso se ha logrado sin descuidar la atención pública a la población, a la cual destinó en 2010 la suma de 127 000 millones de pesos (34 000 millones de dólares).

Varios programas de ayuda a los jubilados, familias pobres y a menores de edad, han ayudado a eliminar el hambre en muchos hogares y permitido la disminución de la desigualdad social. 

Debido a que el Estado desde 2003 pudo recuperar la administración de su economía, como afirmó Cristina Fernández, se está profundizando en la nación la redistribución de los ingresos. 

Esa política posibilitó que 94 % de los cuatro millones 385 000 afiliados al Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI) reciban prestaciones médico-asistenciales, 80 % cuente con tratamiento farmacológico y casi un millón accedan gratuitamente, con cobertura total, de sus medicamentos.

En conclusión, los logros económicos-sociales de Argentina en estos últimos años no hubieran sido posibles con las ataduras neoliberales del Fondo Monetario Internacional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.