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Cimientos y simientes

Fuentes: Rebelión

Los liderazgos no se heredan, tampoco se construyen y tienen que ver más con intransmisibles carismas personales generalmente acompañados por un malsano culto a la personalidad del dirigente, un tipo de construcción que corre el previsible riesgo de derrumbarse con la desaparición del líder lo que significa que los liderazgos sobre todo políticos no dejan […]

Los liderazgos no se heredan, tampoco se construyen y tienen que ver más con intransmisibles carismas personales generalmente acompañados por un malsano culto a la personalidad del dirigente, un tipo de construcción que corre el previsible riesgo de derrumbarse con la desaparición del líder lo que significa que los liderazgos sobre todo políticos no dejan de ser inevitablemente efímeros o como se suele decir convertidos en ídolos con pies de barro.

Según Peter Senge:

«…los líderes… son héroes, grandes hombres (y en ocasiones mujeres) que avanzan a primer plano en tiempos de crisis». A lo que él contrapone: «Mientras prevalezcan estos mitos, reforzarán el énfasis en los hechos de corto plazo y los héroes carismáticos y no en las fuerzas sistémicas y el aprendizaje colectivo. La visión tradicional del liderazgo se basa en supuestos sobre la impotencia de la gente, su falta de visión personal y su ineptitud para dominar las fuerzas del cambio, deficiencias que sólo algunos grandes líderes pueden remediar» (1).

Vanas son por lo tanto la recurrencia a invocaciones esotéricas como la comunicación oral de un pajarito o la aparición de la difusa imagen del rostro del líder en un túnel que parecen menospreciar la sensatez de la gente o apelar a los más rudimentarios y primitivos sentimientos de los seres humanos como también lo es la arbitraria espectacularidad de cambiar la fecha de las tradicionales fiestas navideñas como igualmente lo sería la de cualesquier otro festejo de similar carácter.

Sobre tales cimientos es imposible construir algo duradero. La simiente en cambio contiene en su seno el germen de la vida y puede reproducirse, multiplicarse y extender sus frutos casi ilimitadamente aún a riesgo de ser acaparada por las multinacionales de la biogenética (pero esa es otra historia) y es garantía de permanencia a través del tiempo. Resulta por lo tanto preocupante que nuestra humanidad se empeñe en construir nuevas formas de asociación civil, estatal o gubernamental sin preparar adecuadamente el terreno y sembrar en él las semillas que garanticen fructíferas y renovadas cosechas.

No puede dejar de sorprender que el manejo institucional y la administración de un país sigan quedando o pasando de mano en mano, entre políticos y funcionarios sin la menor preparación para ejercer el cometido de gobernar ya sea un municipio, una provincia y menos aún una nación. Los partidos políticos deberían cumplir obligatoriamente la misión de preparar dirigentes aptos para el desempeño de esas funciones, pero no simplemente en charlas de café o en reuniones en las que se apunta no a construir un futuro mejor sino a demoler al adversario o a manejar argucias que garanticen la obtención de la mayor cantidad de votos y con ellos el codiciado mandato por cuyo desempeño tradicionalmente nadie o casi nadie llegará a pedir cuentas.

Existe, en la estructura institucional de nuestro país, un ejemplo que debería hacerse extensivo a los demás ámbitos del quehacer político: el Instituto del Servicio Exterior de la Nación que previamente a la incorporación de nuevos agentes realiza concursos públicos en que los aspirantes deben dar examen sobre Derecho Constitucional e Internacional Público, Historia Política y Económica Argentina, Historia de las Relaciones Políticas y Económicas Internacionales, Economía y Comercio Internacional, Teoría Política, Conocimientos sobre la Realidad Internacional y Nacional y Temas de Actualidad Internacional, además de tener que superar una evaluación sicológica y un coloquio final sobre aptitud diplomática. Una institución que al margen de algunas designaciones consideradas de carácter «político» y que no debieran existir avala de algún modo la idoneidad de los futuros funcionarios de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores. Es decir que del mismo modo el Estado debería garantizar y la sociedad exigir que sus futuros gobernantes se hallen adecuadamente capacitados para desempeñar las funciones a que aspiran y para las que se ofrecen como candidatos.

Sembrar para recoger, sembrar para que la cosecha de buenos frutos, sembrar para que la simiente se multiplique y vaya reemplazando a la maleza que hoy en día invade todos los campos de acción de la política, desvirtuando la democracia y transgrediendo todos sus principios, aunque solo si la sociedad civil toma conciencia de que debe exigir idoneidad a sus representantes, será posible desterrar las nocivas prácticas que hoy permiten y facilitan el acceso a la función pública a tantos improvisados y a tantos impresentables que encuentran en la política un «modus vivendi» que sin exigencias éticas ni profesionales les ofrece un personal y promisorio futuro.

Existe, sin embargo un ejemplo que obliga a pensar de otra manera en la transitoriedad de los liderazgos y es el de Marinaleda porque en este caso la contemporánea siembra está dando sus frutos y es posible que la eventual desaparición física de su líder no comporte la terminación de su proyecto. Marinaleda es un municipio de unos 3 mil habitantes ubicado en la provincia de Sevilla en España, que a partir de 1979, es decir durante los últimos 35 años ha sido gobernado por su ideólogo político Juan Manuel Sanchez Gordillo, en una muestra de lo que podría ser considerado como una inusual continuidad en el poder en un sistema democrático. Sin embargo existe un generalizado respeto por los principios que sustentan la organización y pareciera que es sobre esa base que se mantienen las particulares características de esa comunidad según ellos mismos lo expresan:

– Todos los cargos son elegibles y revocables por la asamblea general del pueblo.

Cualquier persona que ocupe alguna responsabilidad deberá ser el primero a la hora de la lucha y los sacrificios y los últimos a la hora de los beneficios

– Consideramos que el dinero debe ser un instrumento de solidaridad y libertad y nunca un botín para enriquecimiento particular de nadie. Por eso nadie cobra por ejercer los cargos políticos o sindicales sino que cada cual vive de su trabajo. Ver: www.marinaleda.com

Es decir que este pareciera ser un caso paradigmático, el único más o menos públicamente conocido en el que de alguna manera se han podido conciliar las dotes carismáticas de un líder con una siembra capaz de garantizar la continuidad de un proyecto basado en la socialización de los recursos, del trabajo y del uso del suelo arraigando profundamente de este modo en la convicción de sus habitantes y volviéndose por lo tanto así mucho más difícilmente reversible.

En síntesis, es evidente que edificar sobre cimientos de barro, no genera buenos pronósticos, pero aunque fueren de piedra o de hormigón, siempre estarán expuestos a la demoledora piqueta o a los más modernos sistemas explosivos, pareciera por el contrario que sembrar en el campo de las ideas, de la reflexión, de la difusión conlleva mejores perspectivas de cambio y de permanencia en el territorio del bienestar de la sociedad y de sus habitantes. Y es indudable que esta siembra debe comenzar y continuar en el seno de la sociedad civil pero su profundización debe ser asumida fundamentalmente por quienes debieran hallarse ética y profesionalmente bien preparados para ejercer el poder en todos sus niveles y responder de ese modo al interés común de lograr la transformación de la realidad y un generalizado bienestar.

Nota:

(1) Senge, Peter M.: La quinta disciplina, Ediciones Juan Granica, Barcelona, 1990.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.