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Militancia y juventud

«De ustedes se va unx y vienen tres»

Fuentes: Rebelión

Venía pensando en la militancia y la juventud; frase trillada sí que la hay. Soy joven y milito; pero no pensaba en mí, sino en esxs muchxs ante lxs que me sorprendo y de un cachetazo de realidad me sitúan nuevamente en el campo de batalla, o de disputa de ideas. Venía pensando en la […]

Venía pensando en la militancia y la juventud; frase trillada sí que la hay. Soy joven y milito; pero no pensaba en mí, sino en esxs muchxs ante lxs que me sorprendo y de un cachetazo de realidad me sitúan nuevamente en el campo de batalla, o de disputa de ideas.

Venía pensando en la militancia y la juventud y se juntaron los jóvenes K en el Luna Park – ¡territorio peronista si lo hay! – y hasta Clarín dijo «los militantes jóvenes»[1]. Semejante acto de reconocimiento -no pudo forzar su etiqueta en el registro de los 100 pesos y un choripán, no tuvo otra opción, los llamó militantes- era eso, el reconocimiento, el anticipo de un fenómeno social que está de regreso.

Confieso que juventud no es una categoría que me guste mucho para pensar política, mis prejuicios la asocian a espontaneísmo, inorganicidad, coyuntura. Pero de nuevo, sólo para hablar del año que pasó, primero fueron las tomas en las escuelas porteñas, luego en las facultades de Buenos Aires, luego Córdoba y sus secundarios, y luego sus facultades. Mariano Ferreyra, universitario; antes estuvo Darío y Maxi, jóvenes militantes, y también, poco dicho, nombrado, leído… los jóvenes del 2001.

Valga una nota al pie acá; las convulsionadas calles de 2001 estaban colapsadas de energías militantes de organizaciones que movilizaban por un sinnúmero de proclamas, surgidas bien de abajo, del hambre y la miseria, que se cruzaban con los reclamos de los trabajadores – los pocos que quedaban – y hasta casi que parecía que la lucha junto con los ahorristas «saqueados» se tornaba una sola, al grito de «piquete y cacerola». En ese mapa, poco se pudo ver en detalle, y no tanto, esta categoría, la de jóvenes que de abajo, bien abajo, o a duras penas estudiantes o recientes «profesionales» egresados eran arrojados como monedas sin valor al mercado especulativo del empleo al peor salario.

Volviendo al texto, abandonando la nota al pie, la categoría estuvo siempre presente. Tal vez una reflexión más seria requiera más precisión que este revisionismo de 5 minutos, y deba ser crítico frente a los efectos de la des/politización de los 90, o reconocer méritos frente al retorno de la democracia, y realzar la composición etaria de los luchadores de los 70… y así, mucho más. Pero se me van los 5 minutos, el tiempo es tirano, los espacios de difusión también, y la atención de quien lee, ni hablar.

Así que decía, jóvenes y militancia, algo que venía pensando, es una categoría compuesta que en definitiva, como vimos, está siempre presente, para tomarla o decartarla. Casi me siento a escribir, y nuevamente vox populi, hasta Clarín – que poco de populi tiene – dijo que le sorprendió la juventud en la Plaza de Mayo despidiendo a NK[2], y habló de pasión, de grandeza, y de política sin nombrar a ese monstruo sin cabezas que llamó y construyó como «oposición»… en fin, jóvenes, militancia, juventud, amor… están de regreso y en la vidriera del consumo mediático. Casi descartado, no iba a escribir de eso.

Hasta que leí los apuntes de unxs compañerxs, jóvenes ellxs, de militancia, donde aparecía perdida, entre tantas; una frase llamativa, citada entre comillas, que rescataba las palabras de un cumpa de uno de los barrios que caminamos. Decía, «de ustedes se va unx y vienen 3».

Y de nuevo al ruedo. Cuando decía «ustedes» nos hablaba a nosotrxs, las generación que nació al final de la dictadura, o luego de la hiperinflación y los juicios a las juntas. Generaciones que crecimos en democracia, amándola o ignorándola, pero no en dictadura. Que no conocimos ese tipo de represión. Nos dijo «ustedes» y rompió la igualdad matemática, dijo 1=3, cuando 3 antes era sospechoso, y estaba prohibido. Nos dijo 3 pero siempre sentimos que somos pocos.

Vienen 3, una frase que reconoce la potencia contenida dentro de la categoría jóvenes, esa energía que encuentra sólo en la irracionalidad del amor y en la fe de las utopías la pasión por la política inorgánica. Si, inorgánica a las estructuras anquilosadas de los partidos, a las burocracia sindicales, inorgánica al verticalismo y disidente de los particularismos.

Es entonces, ante la simpleza de una frase, y la potencia de su contenido, que encuentro necesario que recuperemos esa categoría – de las estructuras burocráticas, partidarias, mediáticas – para llenarlas de nuestro contenido, de nuestra militancia, de nuestros proyectos, y devolverla, si es necesario y así decanta, a esas formas organizativas y comunicacionales. Cierto es, que de hacerlo, estaremos inyectando el veneno, y no el antídoto, a la democracia formal que supimos heredar. Cierto es, también, que si nuestros proyectos, que se dicen/piensan/sienten/construyen populares le son inoculados, habremos acabado con la eterna tradición demoliberal.

Aunque el tiempo sea tirano y quedemos fuera del concepto, joven siempre remitirá a nuevo, a reciente, a utopía, y de ese modo estará garantizado que la categoría no muera y que el camino siga siendo la lucha.

Notas:

[1] Aquí la prueba, pero no entre, le ‘suma visitas’ http://www.clarin.com/politica/operacion-Kirchner-suspende-acto-Lanus_0_335366660.html
[2] Aquí la prueba, pero recuerde la nota anterior: http://www.clarin.com/ediciones-anteriores/20101027 
 
Gerardo Avalle es militante del Movimiento Lucha y Dignidad, en el Encuentro de Organizaciones de Córdoba. Miembro del Colectivo de Investigación «El llano en Llamas».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.