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Diez mentiras en La Vanguardia: La Internet en Venezuela según Pasquali

Fuentes: Rebelión

El 13 de junio, el diario español La Vanguardia, publicó una nota titulada «Internet y Chávez, según Antonio Pasquali» [1] , que debería estudiarse en las escuelas de Comunicación como modelo para fabricar noticias a partir de verdades a medias, mentiras y especulaciones de un experto. Démosle a Antonio Pasquali, autor del libro Comprender la […]

El 13 de junio, el diario español La Vanguardia, publicó una nota titulada «Internet y Chávez, según Antonio Pasquali» [1] , que debería estudiarse en las escuelas de Comunicación como modelo para fabricar noticias a partir de verdades a medias, mentiras y especulaciones de un experto.

Démosle a Antonio Pasquali, autor del libro Comprender la comunicación, el beneficio de la duda. Supongamos que no tuvo tiempo o no hubo espacio para incorporar parte de la información que se soslayó en esa nota y por lo cual eso que se comunica no solo es falso, sino en ocasiones contradictorio e insostenible. De cualquier modo no hay manera de eximir de calumniosa la tesis fundamental de este artículo, presentada en el primer párrafo del artículo: «Tras la nacionalización por el presidente Hugo Chávez de la compañía telefónica CANTV, se intensifica en Venezuela un proceso de ‘cubanización’ de las telecomunicaciones que sin duda incrementará el control de conversaciones, transmisión de datos y capacidad de escucha.»

Veamos algunas de las afirmaciones:

1. Es preocupante que se esté tendiendo entre La Guaira (Venezuela) y Siboney (Cuba) un cable submarino de fibra óptica de 1.552 kilómetros de longitud.

¿Qué tiene de raro? ¿Por qué olvidó Pasquali o el periodista al citarlo que en Cuba toda la conexión a Internet es satelital -mucho más lenta y más cara que la fibra óptica-, por decisión de las leyes del bloqueo estadounidense contra la Isla? Cuba no se autobloquea, ni bloquea a nadie. Han sido las sucesivas administraciones estadounidenses las que le han impedido a Cuba conectarse a la malla mundial de fibra óptica submarina que posee ocho puntos en los territorios muy próximos a la Isla en el Caribe y que optimizaría extraordinariamente la comunicación. El sistema Arcos (Americas Region Caribbean Optical-ring System) conecta con fibra óptica a EE.UU., México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, y brinda un servicio de ancho de banda de altísima velocidad. Pero Arcos es copropiedad de 28 carriers de la región y está liderada por New World Network, accionista norteamericano mayoritario que tiene una participación del orden de 88,2%.

 

La red Arcos

2. (Venezuela facilitará a Cuba) una capacidad monstruosa de 160 GIGAbytes/seg., sin aplicación en una isla muy atrasada tecnológicamente.

Venezuela facilitaría a Cuba, a través de un acuerdo mutuamente beneficioso para los dos países, el derecho legítimo a disfrutar y enlazarse a la Red de Redes [2] . Los propios documentos oficiales norteamericanos explican por qué Cuba entró tardíamente a la Internet, con una débil infraestructura que tiene el gravamen adicional de pagarse a precio de oro porque también el bloqueo prohíbe la venta a la Isla de tecnología norteamericana, que como se sabe domina la industria del hardware y el software.

3. Cuba sólo dispone de 124 megaBytes/seg en bajada de satélite y de 65 megaBytes/seg en subida, una ridiculez.

En eso tiene razón: es una ridiculez, pero le faltó agregar que es impuesta por los Estados Unidos que decide cuál es el ancho de banda que puede contratar la Isla. Cualquier hotel o café internet que no esté ubicada en el archipiélago cubano disfruta un ancho de banda igual o superior al que dispone toda Cuba para sus transmisiones por Internet. ¿Por qué Pasquali olvida este dato? ¿Por qué elude decir que cada Megabyte le cuesta a Cuba cuatro veces más caro que a todo el mundo y tiene que pelearlo con uñas y dientes? La isla pudo contar con navegación internacional solo a partir de 1996, con un condicionamiento político: forma parte del paquete de medidas de la Ley Torricelli (1992) [3] para «democratizar la sociedad cubana». Esta Ley también decreta -y está vigente hoy- que cada Megabyte (rango de velocidad de conexión) contratado a empresas norteamericanas o sus subsidiarias debe ser aprobado por el Departamento del Tesoro. Estableció limitar esa contratación y decidió sanciones extraordinarias -multas de 50 000 dólares por cada violación- para quienes favorezcan, dentro o fuera de EE.UU., el negocio electrónico o el más mínimo beneficio económico de la Isla a través de la red.

4. El nuevo cable venezolano multiplicará en más de 2.500 veces la capacidad de comunicaciones de Cuba. Esta inversión es un misterio: la densidad telefónica cubana es de las más bajas del mundo.

Eso es una excelente noticia para los cubanos y a la vez, una contradicción en la información ofrecida por Pasquali. Resulta que es una ridiculez que Cuba tenga tan bajo ancho de banda -da por sentada la falsedad de que es una decisión de gobierno-, y dos líneas más abajo le preocupa que los cubanos quieran multiplicar su capacidad de conexión y aumentar su densidad telefónica. No se entendería semejante formulación, si la intención de Pasquali no fuera deslizar un prejuicio: «la Isla satánica accederá a las tecnologías para vigilar a los demás.» Quiere hacernos creer, sin que tengamos todos los datos sobre la mesa, el absurdo de cualquier novela negra: la víctima es en verdad el criminal.

5. El número de conexiones a internet es el menor de Latinoamérica (0,9x100hab). ¿Qué se oculta al ampliar la capacidad informática de Cuba si la población no tiene acceso a internet?

Más de lo mismo, para preparar el terreno, y otro dato manipulador. Cuba ha tenido que construir un proyecto de acceso social e intensivo, de modo que el 90 por ciento o más de las computadoras son utilizadas por más de un individuo. Es puro sentido común. Si usted tiene que distribuir la capacidad de conexión de un hotel para 12 millones de habitantes, solo puede hacer dos cosas: o dárselo a un grupito de personas o buscar una alternativa que garantice el empleo más amplio y racional de ese recurso. Eso ha hecho. Se priorizan las universidades, los centros culturales y de salud, los medios de prensa y los Joven Club de Computación -más de 600 locales que funcionan en todas las localidades del país, las 24 horas al día y que ofrecen cursos para todas las edades en los que se aprende a utilizar estas tecnologías-. Un millón de personas se han graduado en esos cursos, mientras que en todas las escuelas hay laboratorios de computación, con un promedio de 20 estudiantes por computadora. En Cuba hay 146 aulas en parajes remotos de las montañas, a las que asiste solo un niño y que son atendidas por un maestro y varios instructores, uno de ellos de computación. ¿Por qué un país bloqueado y pobre invertiría millones de dólares en instruir desde muy temprana edad en el conocimiento de la informática? Si el gobierno está interesado en limitar y censurar el acceso a Internet, ¿para qué entrena en el uso de las computadoras más modernas a más de 2 millones de niños y adolescentes, incluyendo aquellos que viven en parajes perdidos de las serranías? ¿Por qué se silencia esta verdad, fácilmente comprobable?

6. Cuba es uno de los 13 países que más censura internet.

¿Dónde están las pruebas? Hasta ahora lo único que sustenta semejante afirmación es la machacona repetición de la frase, sin un sustento real. Los más feroces incitadores de esta campaña, citados alegremente en todos los informes del Departamento de Estado norteamericano, intentaron probarlo y utilizaron para ello métodos ilegales. Reporteros sin Fronteras envió clandestinamente en octubre de 2006 a una periodista francesa, que estuvo viviendo un mes en la Isla y presentó poco después el resultado de su trabajo de espionaje, bajo el seudónimo de Clarie Voeux. El Miami Herald la entrevistó y dio cuenta de los resultados de la investigación, que según ella «habían sido sorprendentes». Los cafés de internet en los hoteles y oficinas de correos permitían libre acceso a los sitios web, inclusive a los considerados subversivos. «Me sorprendió poder visitar todos los sitios web… Se trata de control del acceso, no de censura», dijo al diario. [4] Y, efectivamente, ahí está el informe, pero «misteriosamente» nadie ha reparado en él.

7. El cubano normal y corriente no puede usar internet.

Falso. Lo que nadie puede es usar solo para sí mismo un canal tan estrecho de navegación, aunque posea todo el dinero del mundo. Si el país repartiera en unas pocas manos el estrecho espectro de enlace satelital, convertiría la navegación en red en un imposible para los cientos de miles de cubanos que hoy se enlazan a ella. El canal de fibra óptica que conectará a Cuba y a Venezuela es para nosotros una gran esperanza. No solo mejorará la calidad de la navegación, sino que dará la posibilidad de extender este servicio a los hogares de los cubanos, un sueño que es mucho más antiguo de lo que cabría suponer. En 1969 se creó en Cuba el Instituto Central de Investigaciones Digitales (ICID). Quien revise las intervenciones públicas del presidente Fidel Castro en esa época se tropezará frases como esta: «Somos un país sin recursos naturales, pero tenemos un recurso muy importante, la inteligencia del cubano. La computación logra eso y estoy convencido de que cada cubano podrá contar en el futuro con máquinas como estas» [5] . ¿Qué otro objetivo podría tener un país que está formando a millones de personas en el uso de la computación?

8. Los turistas pueden bajar sus correos en los hoteles si están dispuestos a pagar tarifas muy altas.

Todavía no he visto un escándalo por los precios del acceso a Internet en los lugares a donde acceden los turistas en Europa, increíblemente más caros que los de los hoteles de la Isla, sin que se tenga ninguna noticia de que ellos padecen el drama nuestro. Y aquí viene otro dato oculto: lo que pagan los turistas sirve para financiar una pequeña parte de los costos del acceso social a Internet. La Isla paga cada año diez veces más por esa tubería de 124 Mb/s, que lo que paga uno de los hoteles Hilton de Miami por el mismo servicio, con mejores prestaciones porque no tiene que lidiar con el retardo de la transmisión del satélite, ni con el extra que le quitan a todos los que se conectan fuera de los Estados Unidos.

9. «¿Para qué va a servir? Temo lo peor. Con una décima parte de la capacidad de ese cable (el de La Guaira a Siboney) se pudieran desviar a La Habana todas las conversaciones telefónicas venezolanas, fijas y celulares, para filtrarlas y espiarlas.»

Otra especulación absurda. Este tipo de tecnología de minería de datos altamente sofisticada es de propiedad casi exclusiva norteamericana. Hay suficiente documentación que prueba que Estados Unidos es el único país con capacidad para procesar cada año 9 trillones de correos electrónicos, mil millones de llamadas a través de celulares y otras tantas desde teléfonos fijos que pasan por los nodos de ese país, donde se controla el 90 por ciento de las transmisiones por Internet. The New York Times ha explicado que la nación estadounidense puede hacerlo «gracias a que la Agencia de Seguridad Nacional tiene una enorme influencia en las corporaciones de telecomunicaciones, que están obligadas a cooperar en asuntos de inteligencia. A través de puertas traseras cuidadosamente establecidas con órdenes presidenciales en nombre de la guerra contra el terrorismo, los oficiales de inteligencia norteamericanos acceden a los grandes nodos por donde transita la comunicación del planeta.» [6] Un experto como Pasquali debe estar perfectamente enterado de esto.

10. Chávez otorgó a una empresa mixta cubano-venezolana un contrato por valor de 134 millones de dólares para expedir el documento nacional de identidad y el pasaporte de los venezolanos. Según el ministro del Interior venezolano, Pedro Carreño, se «almacenará datos importantísimos del ciudadano». De esta manera se entrega la información de 26 millones de venezolanos a un Gobierno extranjero.

Esta es la misma lógica de George W. Bush, quien en su Plan para Cuba [7] de 2004, llega a la conclusión simplista de que, como Cuba es capaz de producir productos biotecnológicos para la salud, está produciendo armas bacteriológicas. No tiene ninguna prueba, pero eso qué importa. Pasquali sigue la rima. Si Cuba produce software – para sostener su infraestructura, paliar el bloqueo e incluso obtener ingresos por esta razón-, seguramente controlará el uso de esa tecnología desarrollada para terceros. Es como decir que usted se compra una botella vacía en el mercado y después alguien lo quiera convencer de que el líquido que le echó es propiedad y uso del hombre que sopló el vidrio en la industria. Es otro absurdo, pero no se pone en duda porque sirve para satanizar y marginar a Cuba y a Venezuela. ¿Por qué no se habla tampoco del precedente de PDVSA? Los que tengan memoria recordarán que el sistema de administración de la principal industria petrolera de Venezuela, incluyendo sus contenidos, eran controlados por una empresa norteamericana, vinculada a los servicios de inteligencia de ese país que violaban con franca impudicia la soberanía venezolana. [8]

Pero, claro, eso es harina de otro costal. Para pasar por encima de sus propios prejuicios Antonio Pasquali tendría que evadir la comodidad del lugar común e intentar comprender, más que la comunicación abstracta, las dificultades de la gente que jamás suelen tener voz, cosa para la cual no habría espacio ni en La Vanguardia de España ni en el próspero mercado del odio contra nuestros países.



[2] Para el ingeniero Julio Durán Malaver, presidente de TELECOM Venezuela, la contraparte venezolana de la entidad cubana TRANSBIT en la constitución de la empresa mixta para la construcción de ese cable, esta primera interconexión física dentro de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) -iniciativa integracionista promovida por el presidente Hugo Chávez, antítesis del proyecto anexionista de EE.UU., ALCA- , será uno de los pilares fundamentales de una red latinoamericana que garantizará la independencia en las telecomunicaciones de las naciones pertenecientes a ese convenio. El cable contará con dos bifurcaciones, una próxima a Cuba, y la otra a Venezuela, que posibilitarán la interconexión con otros países del Caribe y Latinoamérica, los cuales podrán acceder así a servicios de telecomunicaciones más baratos que los que ofrecen los operadores privados. Lilliam Riera: «Conexión con fibra óptica favorecerá aumento de la colaboración». Granma Internacional. Febrero 16, 2007. http://www.granma.cu/espanol/2007/febrero/vier16/8telecom.html

[3] Esta Ley fue aprobada dentro de otra más extensa y de mayor alcance: la Ley de autorización y de defensa nacional para el año fiscal 1992, o como definitivamente se le denominó: Ley de autorización de defensa nacional para el año fiscal 1993. Puede descargarse en el sitio del Departamento del Tesoro norteamericano, bajo el «divertido» título de Ley para Libertad de Cuba: http://www.treas.gov/offices/enforcement/ofac/legal/statutes/libertad.pdf

[4] Frances Robles: «Cuba recurre a advertencias para regular la la internet» The Miami Herald.

Octubre 20, 2006

[5] «Los cubanos tenemos una inteligencia especial para dominar la Computación». En:http://www.juventudrebelde.cu/secciones/informatica/html/cubanos-especiales.HTML

[6] James Risen. State of War: The Secret History of the CIA and the Bush Administration, Simon & Schuster; Free Press, January 2006.

[7] Consultar http://www.cubavsbloqueo.cu/Default.aspx?tabid=775

[8] Se trata de la empresa Information and Technology Enterprise (INTESA), que integraban Petróleos de Venezuela (PDVSA) y la trasnacional estadounidense Science Applications International Corporation (SAIC), para controlar toda la información de la entidad estatal venezolana. Fue un proyecto promovido por la llamada «nómina mayor» de PDVSA y puso en manos de SAIC, fachada de organismos de seguridad estadounidenses, toda la información e inteligencia de la mayor empresa petrolera del mundo. Su capital inicial lo aportó Venezuela, que, sin embargo, sólo tuvo derecho al 40 por ciento de las acciones. La justificación para semejante «negocio» fue que bajo ese esquema los costos en los servicios de computación descenderían drásticamente; pero no sucedió así, y SAIC cobraba a su socia PDVSA cerca de 80 millones de dólares cada año. INTESA no sólo controlaba toda la información vital de PDVSA, sino que la manejaba y hasta la podía intervenir a voluntad y sin reparos. Sus servidores alojaban todos los datos financieros, técnicos, presupuestarios y de negocios de la empresa. Durante el paro petrolero de 2002-2003, INTESA fue el principal actor en el sabotaje a la industria petrolera. PDVSA decidió no renovar el contrato una vez vencido y SAIC la demandó por expropiación, lo cual fue ratificado por la OPIC, pero ha sido rechazado por el gobierno venezolano. Ver: «Caso INTESA: Preguntas y respuestas», en: http://www.embavenez-us.org/news.php?nid=279