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La trampa de la esperanza

Fuentes: Rebelión

Cómo es posible vivir en un mundo plagado de amenazas; cómo pensar en el futuro cuando este se presenta siniestro. Solamente aferrándonos a la posibilidad de que cambien las cosas, que se imponga la razón por sobre las consideraciones irresponsables de nuestros líderes políticos que solo velan por los intereses de una minoría, la misma que corrompe el juego democrático al imponernos sus dictados manipulando los medios masivos y redes sociales para hacernos creer en el espejismo del gobierno de la mayoría.

La esperanza en el cambio como un mejor porvenir nos permite mantener la resiliencia en momentos que las promesas de los gobiernos que se suceden se derrumban al poco comenzar su administración. La esperanza se convierte en nuestra aliada, pero también puede ser nuestra gran enemiga al señalarnos que mantengamos la fe a pesar de que la razón nos indica que otra vez estamos marcados por la fatalidad del engaño.

Las élites político/económicas manejan el juego. Si antaño controlaban nuestra percepción y emociones a través de los grandes medios de comunicación masiva, que imponían agendas, la mayoría de las veces contrarias al grueso de la población, ahora, nos dicen qué opinar y sentir a través de las redes sociales. Existen casos bien documentados de cómo se manipula a la opinión pública, quizás el más conocido fue el de Cambridge Analytica en el Brexit usando los datos de Facebook para conducir el debate público hacia los fines de la salida de Reino Unido de la Unión Europea. En cada elección se producen pequeñas o grandes distorsiones que deciden el resultado; mismos manejos que se hacen más elaborados al introducir la tecnología de la inteligencia artificial (IA).

Países como Rusia y China que disputan la hegemonía mundial estadounidense, tuvieron que pasar por una fase previa interna de control y depuración de los gigantes tecnológicos que dominan las redes sociales mundiales. Empresas como Meta, Google o Youtube son bloqueadas, sabiendo de su utilización como quinta columna al servicio de intereses extranjeros. En China, las corporaciones tecnológicas que controlan millones de datos de usuarios son prohibidas. Esto es visto por occidente como la esencia del totalitarismo o lo antidemocrático por antonomasia. 

Sin embargo, los países que aspiran a un nuevo orden mundial no pueden dejar que la soberanía digital descanse en corporaciones que tienen abiertas afinidades e intereses con el hegemón. Estados Unidos por su parte, cuestionó la red social china TikTok la que llegó a suspender sus operaciones; fue adquirida por capitales estadounidenses en enero de 2026 funcionando bajo ese formato en suelo norteamericano.

Nadie señala a EE. UU. como un país antidemocrático a pesar de que el manejo del presidente Trump se mantiene permanentemente cuestionado en sus credenciales. 

La mayoría de las corporaciones con capacidad de manipulación política proviene desde los EE. UU. y desde allí operan hacia el mundo determinando quiénes son los designados para gobernar. Los países están sometidos de esta forma a un diktat que les impide la obtención de su soberanía. La propia Europa – aún aliada irrestricta de los EE. UU.- ha promovido el control de los gigantes tecnológicos a través de la Ley de Mercados Digitales o Las Ley de Servicios Digitales, evitando los monopolios que amenacen la democracia.

La intervención en los asuntos nacionales por las empresas tecnológicas como centro guardián de los intereses hegemónicos se imponen como hechos, mientras, Rusia y China están en una fase de consolidación interna lejos aún de las consideraciones imperialistas hacia países donde se disputa su opinión pública y la administración del Estado.

Si bien Rusia fue acusada por servicios de inteligencia de intervenir en las elecciones en EE. UU. de 2016, 2020 y 2024 a través de granjas de bots, la “víctima” es la nación más poderosa del mundo y con el respaldo de las corporaciones tecnológicas, por lo que se encuentra en las mejores condiciones para salvaguardar sus capacidades de seguridad y soberanía digital.

China fue acusada con relación a las redes 5G por la cercanía de sus empresas con el gobierno, pero en el caso similar se encuentran las corporaciones estadounidenses. La soberanía se juega en los países colonizables digitalmente y no en las grandes potencias.

La cada vez mayor penetración de las gigantes tecnológicos de la IA aumentan el peligro de la manipulación de formas que aún estamos en etapa de comprensión.

Es por esto por lo que el Papa León XIV entregó su encíclica Magnifica Humanitas para alertar del peligro de deshumanización ante el poder de la nueva tecnología. En ésta el sumo pontífice, hace hincapié en la importancia de la esperanza como factor decisivo para la condición humana: “El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo”.

Sin embargo, la esperanza es, como dijimos en un principio, un arma de doble filo para la humanidad. Lo que nos hace esperanzarnos también nos hace aceptar que sea usada en contra de nosotros. En el cuento de Auguste Villiers de L’Isle-Adam llamado “La Tortura por la Esperanza” de 1883, relata el suplicio durante un año del rabino Aser Abarbanel para lograr la abjuración de su religión. Ante el fracaso de las torturas, se siguen métodos más elaborados. Una noche el prisionero encuentra la puerta de su celda abierta, al escapar por el laberinto carcelario encuentra la salida hacia la libertad. Cuando saborea el fin de su sufrimiento, el Gran Inquisidor lo espera reprochando querer huir en momentos que alcanzaría la redención por el fuego. En ese momento el prisionero comprende: “Mientras el rabino, los ojos sombríos bajo las pupilas, jadeaba de angustia en los brazos del Inquisidor y adivinaba confusamente que todas las fases de la jornada no eran más que un suplicio previsto, el de la esperanza”.

Políticamente, nuestro acontecer es similar a la del rabino, nuestra esperanza es usada en contra nuestra. Desde hace más de 30 años la izquierda plantea que la batalla es cultural y no callejera. Hace más de 30 años, la guerra contra el pueblo es dictada por la lucha de clases desde arriba. Es hora de aceptar lo inevitable:  La guerra de clase que se nos propone es el anuncio de la guerra civil.

Hemos actuado con la razón de la Ilustración dejando de lado los principios revolucionarios, hemos sido ingenuos y entreguistas, ahora, como antes, la lucha es existencial. No actuar es perder, no lidiar es sucumbir. La guerra total viene desde arriba desde el imperialismo y sus vasallos. Debemos luchar desde el pueblo contra la hegemonía. Debemos luchar en el mar, el campo o las ciudades. La sexualidad debe ser usada como punto dialéctico de avance y no de empate como en el wokismo; avance en el sentido reproductivo de lo que no existe, de lo posible y del deseo… La vida nueva.

Debemos recobrar la esperanza como un sentido virtuoso en la construcción de un mundo mejor sin dejar que esta se convierta en inmovilismo, una trampa hecha para mantenernos paralizados. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.