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Entrevista a Christian Ferrer, sociólogo y escritor anarquista argentino

«El anarquismo siempre ha sido un yacimiento inagotable de ideas y personalidades»

Fuentes: Rebelión

FSJ: ¿Por qué habla usted en pasado cuando describe a los anarquistas como aves de tormenta? CF: Aunque no por completo, ya ha quedado atrás el tiempo en que solía imaginarse a los anarquistas como seres nocturnos, sino lunáticos, propensos a la violencia. Es cierto que los anarquistas estuvieron presentes en todas las tormentas de […]

FSJ: ¿Por qué habla usted en pasado cuando describe a los anarquistas como aves de tormenta?

CF: Aunque no por completo, ya ha quedado atrás el tiempo en que solía imaginarse a los anarquistas como seres nocturnos, sino lunáticos, propensos a la violencia. Es cierto que los anarquistas estuvieron presentes en todas las tormentas de la historia -¿acaso no se descargan sobre la población todos los días?-, pero mayormente su labor fue evangelizadora y provechosa.

Bibliotecas y sindicatos abundaron mucho más que conspiraciones y abalanzos. Si bien la figura del «ave de las tormentas» es poderosa, quizás los anarquistas hubieran preferido ser recordados como aves del paraíso -anunciadoras de un mundo con menos dolor-.

En todo caso, siguen aquí. Aprendieron a sobrevivir, como el ave fénix, porque no se ha inventado, en todo el siglo XX, y tampoco en lo que llevamos del actual, una teoría más radical que la anarquista que explique la existencia del poder separado de la comunidad.

FSJ: ¿Es el anarquismo en su concepto un ideal petrificado?

CF: En todos los movimientos políticos o corrientes de ideas hay ujieres que cuidan de las cajitas de cristal, y el anarquismo no es la excepción, algo entendible, porque en su momento debieron encajar derrotas descomunales. Pero el anarquismo siempre ha sido un yacimiento inagotable de ideas y personalidades.

Ha demostrado ser heterogéneo, ubicuo, sin comando central, muy próximo a problemas nacientes que otros miran a la distancia -ecología, antiespecismo, veganismo, antimoralismo, etcétera-. Su signo es la fluidez desconcertante y la riada ocasionalmente rampante: la petrificación nunca termina de cuajar. Por lo demás, los anarquistas siempre han sido una minoría demográfica -incluso en su mejor momento-. Su gran logro es la influencia que dejan a su paso -que a veces no es notoria a simple vista-.

FSJ: En los años 20, anarquistas europeos llegaron a Colombia y Argentina e influenciaron las luchas de los trabajadores en ambos países. ¿Cuál es el impacto de los anarquistas, que constituyeron una ala de la F.O.R.A. Argentina en los años 20?

CF: En verdad, los anarquistas tuvieron presencia notoria en Argentina a partir del año 1890, y su poder e influencia perduraron hasta la década de 1930. En Colombia el impacto fue menor que el del caso argentino. Dejaron un legado: la importancia de la organización sindical, la tradición de lucha social, el recuerdo de una serie de propuestas que implicaban una revolución cultural más que política o gremial. Nada de eso se pierde: unos recuperan sus vestigios, otros renuevan las antiguas consignas, y otros más actualizan sus logros.

FSJ: ¿Qué espacio de acción tienen los anarquistas y sus ideas en medio de la crisis argentina?

CF: Los anarquistas son pocos, su espacio de acción es limitado. Hacen lo que pueden.

FSJ: En Argentina, en el pasado, los anarquistas eran expropiadores, huelguistas, ecologistas radicales. ¿Cómo caracterizaría a los anarquistas hoy?

CF: Como personas a las que no les gusta mandar ni obedecer, y que, en el mejor de los casos, son escuchados como aquellos que van a la raíz de los malestares sociales.

FSJ: ¿Qué tan viable es una revolución personal como la propone el anarquismo en medio de un modelo que excluye lo distinto?

CF: El «sistema» no excluye lo distinto -como antes-, lo integra «homeopáticamente». En Occidente se pretende incluir a los excluidos en un sistema social que produce exclusión. Es la ambición «declarada» de todos los partidos políticos. Entonces se mide el dolor -hay expertos estatales en hacerlo- y se conceden subsidios, paliativos, y también derechos que no ponen en entredicho la vieja costumbre de unos de lucrar con el trabajo de los demás o de compeler a la mayoría a subordinarse a los mandatos sociales que convienen a los que la pasan bien a costa del malestar de los más.

FSJ: ¿Por qué la sociedad le teme a los anarquistas?

CF: Cuando casi todos desean escalar los peldaños de la pirámide -la imagen de la sociedad jerárquica, desde muy antiguo- con la necia ilusión de llegar a lo alto, aquellos que pretenden derrumbarla no suelen ser entendidos. Difícilmente haya escucha cuando los idólatras atienden a los espectáculos y retóricas de los señores que están apoltronados en el vértice superior.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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