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La Escuelita Emiliano Zapata, una isla de cultura en los pedregales

Fuentes: Desinformémonos

Con más de 20 años de promover la identidad y de capacitar a jóvenes en artes, oficios y deportes en el barrio de Santo Domingo, el Centro de Artes y Oficios «Escuelita Emiliano Zapata» busca la forma de allegarse recursos para sostener sus actividades. Las instituciones ya no aprueban los proyectos con los que tratan […]

Con más de 20 años de promover la identidad y de capacitar a jóvenes en artes, oficios y deportes en el barrio de Santo Domingo, el Centro de Artes y Oficios «Escuelita Emiliano Zapata» busca la forma de allegarse recursos para sostener sus actividades. Las instituciones ya no aprueban los proyectos con los que tratan de financiarse, denuncian sus integrantes, a pesar de que hacen un trabajo que corresponde al gobierno.

«La cultura popular para nosotros es nuestra identidad, nuestra forma de ser, de actuar, de decir de dónde venimos y qué queremos hacer», explica en entrevista con Desinformémonos Fernando Díaz Enciso, fundador e impulsor del Centro de Artes y Oficios «Escuelita Emiliano Zapata», que se encuentra en el barrio de Santo Domingo, Coyoacán, al sur de la Ciudad de México.

Lo que demandan los integrantes de la Escuelita «son recursos para poder operar», expone Díaz Enciso. El lugar «es una isla cultural en los Pedregales. La Escuelita es un ejemplo para la instalación de otros centros de cultura en las zonas pobres en la ciudad de México».

La autoconstrucción de los pedregales

Fue en los primeros días de septiembre de 1971, cuando cien mil personas provenientes de los estados de Michoacán, Guanajuato, Oaxaca y Guerrero, entre otros, invadieron en 15 días una zona de piedra volcánica de la erupción del volcán Xitle. La región se conoce como el Pedregal de Santo Domingo, considerada la colonia más densamente poblada de América Latina.

Quienes poblaron el pedregal fueron campesinos e indígenas, que por necesidad de trabajar migraron a la Ciudad de México, muchos de ellos con apenas una bolsa de ropa.

En el libro Fuerte es el Silencio, Ángela Vargas comparte que «llegué aquí el 15 de septiembre de 1971 a las dos de la mañana. Hubo una balacera con los comuneros que nos querían sacar. Se fueron tranquilizando las cosas como a las siete de la mañana, tras la muerte de dos personas. Después de seis semanas empezó la repartición de terrenos y las faenas comenzaron en enero de 1973, cada ocho días». Así se construyó el Pedregal de Santo Domingo.

En el barrio conviven personas de diferentes regiones y estados de México que conservan sus costumbres, algunas de manera más fuerte que otras. «Esto es una nueva cultura urbana», define el impulsor de la escuela de artes y oficios. La esquina y la calle son parte de la formación cultural de los jóvenes en el barrio.

Para los años ochenta y noventa, el barrio se volvió mucho más violento. El fenómeno de las bandas generó a Santo Domingo la imagen de una de las colonias más violentas de la Ciudad de México. La esquina, los chiflidos, la grabadora, la música heavy metal, los pantalones entubados, la pinta y los zapatos en los alambres como marca del territorio, las caguamas, el chemo y los churros fueron la forma de pasar el tiempo en las tocadas sonideras de esas décadas.

«El pleito y la calle eran pertenecer a Santocho», relata el Tavo, quien recuerda las caravanas de granaderos y cientos de policías de la montada que quisieron controlar a las bandas. «Pero no pudieron. El barrio sigue», explica quien fuera miembro de la banda en esos años.

El Centro de Artes y Oficios salió al paso de la situación. No fueron pocos los que, después de salir de la cárcel, entraron a aprender algún oficio a la Escuelita, y otros aún asisten con sus hijos.

El barrio y la identidad

El Centro de Artes y Oficios «Escuelita Emiliano Zapata» es resultado de la lucha de los colonos de Santo Domingo y de sus chavos banda. «En ese entonces estaba Manuel Camacho Solís como regente de la ciudad, y el proyecto que se presentó es que el espacio fuera independiente. Nosotros pusimos la mano de obra, desde los albañiles hasta los arquitectos; todo el trabajo se hizo con gente de la comunidad. Tenemos 20 años en que se concluyó la construcción de manera definitiva», explica Díaz Enciso.

Lo que viven los jóvenes de Santo Domingo es «una nueva cultura que está entre el campo y la ciudad. Aquí en la Escuelita Emiliano Zapata se fortalece al rescatar las raíces, con nuestra historia, la música, nuestros corridos, el rock y ahora en el rap», detalla el promotor cultural.

Los corridos en honor a Santo Domingo los compusieron los padres de quienes ahora interpretan rock, rap y hip hop para el barrio de santocho -como lo conocen sus habitantes. A la Escuelita «vienen todos a cantar y a hacer cantar. El espacio está abierto para todo el mundo», plantea Díaz Enciso. «Es una forma de dar cohesión al barrio, y cada barrio de la ciudad debería tener un centro cultural. Se trata de la fuerza de una cultura propia, de asumir el espacio cultural y a través de ello ver la transformación».

En la Escuelita «hemos participado en casi todos los movimientos por la transformación de la sociedad, en 1968 y 1971, en los movimientos democráticos, en el levantamiento zapatista, en la Convención Nacional Democrática, en el recorrido de los 1111 zapatistas y en la Marcha del Color de la Tierra», explica Díaz Encisco. También participaron en luchas electorales, como en 1988, agrega.

La Escuelita, necesaria

Es importante defender la permanencia del espacio «porque es una forma de expresión de la comunidad. Por ejemplo, tenemos una Caravana de Paz con los niños que, en estos tiempos, ayuda mucho», señala Díaz Enciso. «Tenemos más de 25 jóvenes becados y estamos generando más de 50 trabajos fijos».

Julio Hernández es promotor cultural e impulsa proyectos ambientales en el barrio. Detalla que las actividades que se hacen en la Escuelita son «presentaciones de libros, muestras de danza árabe, de baile de salón, presentaciones con alumnos del taller de música y los talleres de pintura, dibujo y grabado. Se trabaja con un grupo de jóvenes con capacidades diferentes. También hay maratones de teatro y de música. En el aniversario de la colonia, el 1 septiembre, organizamos en la calle actividades culturales durante dos días, y muchos vecinos participan con alguna presentación».

Para sostener muchas de las actividades, informa Julio Hernández, «cada quien pone lo que puede. No existe un financiamiento para actividades culturales dentro de los barrios populares. La impresión de un libro se hace con cooperación de los maestros y de los alumnos».

Una de las formas en que se allegan recursos para las actividades del centro de artes y oficios es respondiendo a concursos y convocatorias de diferentes instituciones, como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y la Secretaría de Cultura del gobierno del Distrito Federal, «pero desde hace más de dos años, ya no aprueban nuestras propuestas», lamenta Fernando Díaz Enciso.

La violencia y la criminalidad se combaten con la cultura, afirma el maestro Díaz Enciso. «Nosotros hacemos esa labor. Las instituciones no aterrizan nada, son solamente declaraciones. Cuando vamos al CONACULTA nos dicen, no tenemos dinero, los recursos ya están etiquetados. Vamos a la Secretaría de Cultura del Distrito Federal y nos dicen lo mismo», denuncia el promotor. «Ellos sólo etiquetan y no hacen un ejercicio democrático. Muchas veces apoyan proyectos que no tienen que ver nada con la cultura», explica.

La difusión de la cultura, señala el promotor, le corresponde también al gobierno: «Nosotros somos de la comunidad, y ellos deben atender a la población en la parte de la cultura. Los diputados se aumentan el salario, el crimen organizado recluta personas de los barrios y no se quiere invertir en la cultura en el Distrito Federal. Es contradictorio», finaliza Díaz Enciso.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.