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Debate sobre la guerra contra las drogas en México

La guerra en México (IV y final)

Fuentes: Rebelión

Termino mi artículo con una realidad descarnada (propia de los tiempos, adecuada a Mictlantecuhtli, el del rostro descarnado) carente de soluciones sencillas. Aun así no quiero caer en el autoengaño de suponer que este es el fin de la tragedia, aunque nos cueste pensarlo, aun se puede poner peor, frecuentemente se ha hablado de la […]

Termino mi artículo con una realidad descarnada (propia de los tiempos, adecuada a Mictlantecuhtli, el del rostro descarnado) carente de soluciones sencillas. Aun así no quiero caer en el autoengaño de suponer que este es el fin de la tragedia, aunque nos cueste pensarlo, aun se puede poner peor, frecuentemente se ha hablado de la colombianización, esa afirmación es muy ingenua, porque en los hechos ya logramos replicar casi todas las circunstancias terribles que ha padecido Colombia. Si buscamos un modelo que plantee o prefigure la dimensión de nuestra tragedia si no logramos detenerla, ese modelo es Somalia.

Si comparamos la información precisa sobre los casos de Colombia, Afganistán o Somalia, podemos encontrar una relación entre la presencia de tropas del ejército estadounidense o de este y el resto de la OTAN con el aumento en la producción de drogas, así lo muestran las investigaciones del órgano de la ONU encargado del tema, pero no solo, este aumento de la producción se enlaza con la generalización de la violencia y la imposibilidad de existencia de gobiernos soberanos o mínimamente funcionales, no solo eso, a la fecha ningún país invadido por la OTAN ha llegado a expulsar a las tropas extranjeras de su territorio y esta invasión colonial de facto no se ve reflejada en una vida más democrática ni una economía más saludable. Dado que como ya comente la situación en México apunta a una generalización de la violencia (aun cuando ya tenemos violencia en casi todo el país, esto aun puede empeorar) de no encontrar una salida a la crisis actual es muy probable que el gobierno de los Estados Unidos desplace tropas federales o privadas a las zonas donde se concentren mayores intereses económicos. Además de ello está la clara posibilidad de que la CIA movilice hacia México a operadores de Al-Qaeda y encuentre en esa presencia las condiciones adecuadas para una intervención extrajudicial permanente como la que desarrolla en Paquistán por medio de drones, esta opción esta configurándose a través de historias ficticias como el falso complot iraní pero también por el reemplazo paulatino de la patrulla fronteriza civil por miembros del ejército y el uso intensivo de drones en esta región. La colaboración del gobierno de Calderón en esta estrategia es no solo obscena sino fundamentalmente peligrosa. Si bien la apuesta del gobierno de los Estados Unidos es por la presencia de un gobierno servil ello no afecta a la violencia interna, de hecho los planes actuales del pentágono implican guerras regionales en los puntos donde necesiten detener la migración de trabajadores o donde impliquen estrategias de contención a sus competidores, en este sentido México podría configurase como fracciones donde existan islas de estabilidad adecuadas a las actividades extractivas o de mano de obra intensiva rodeadas por extensas zonas fuera del control del gobierno y donde sean los caciques locales quienes regulen los flujos de personas y mercancías.

1-J, la cita con la nada

Ahora estamos en la recta final de Calderón, su triunfo esta hecho, incluso en eventos públicos se ha comportado más arrogante que de costumbre, se sabe impune, sabe que al final, quienes representamos la oposición al sistema, hemos fallado. Si bien la historia no acaba aquí, el daño acumulativo está hecho. Probablemente veamos un leve descenso de la actividad criminal (del mismo modo que vimos detenciones de paramilitares en los últimos días de Zedillo al frente del gobierno) pero estas acciones solo crearan las condiciones mínimas para la elección, no se resolverá el problema y la violencia seguirá expandiéndose entre estados.

Calderón llego por medio de un fraude y se consolido por medio de la guerra, pero también por culpa de la timorata oposición surgida en esas mismas elecciones, dentro de esa oposición partidista se repiten aun que la guerra tenía por objeto evitar un estallido social, sin embargo fue su propio líder quien acepto la responsabilidad de evitar tal estallido (que a decir verdad siempre fue poco probable) con una acción inútil como lo fue el plantón en Reforma. Más aun a lo largo del sexenio la mano de AMLO ha satanizado y rechazado a quienes han intentado enfrentar con acciones contundentes al sistema, basta mencionar el repudio de Martin Esparza a los electricistas que intentaron recuperar instalaciones. Esto no es de sorprendernos, AMLO es fundamentalmente un hombre del sistema, un hombre de los partidos corruptos y está rodeado de colaboradores corruptos e incondicionales, además de sus nuevos aliados, es decir, los dinosaurios reciclados que ha invitado a su movimiento.

Dentro de pocos meses se dará el proceso de renovación del gobierno mexicano, el más grande evento del calendario de la clase política, la pequeña batalla por la silla grande. Las tres principales fuerzas políticas que se presentaran a la elección han tomado alguna postura respecto a la guerra, pero la primera de ellas y que es común a todas es ignorarla en lo posible y seguir en su esfuerzo de marketing. Hemos visto mientras tanto como se asesinaba a presidentes municipales, un candidato a gobernador y muchos ciudadanos y ciudadanas. Al mismo tiempo vimos que los vínculos de miembros de la clase política con el narco no eran una ficción ni una entelequia. Era en todo caso una parte de la corrupción cotidiana, esa que tanto han perfeccionado.

Si esta corrupción no se combate desde el gobierno (desde ninguno de sus poderes o colores) es por dos razones, ni se sabe cómo, ni se quiere. Si los partidos expulsaran de sus filas a quienes han delinquido al amparo del poder, se quedarían sin militancia, sin candidatos y sin líderes. Pero no solo, más allá del discurso que presenten en sus campañas, el éxito de esta elección reside en la promesa de poder despótico para aquellos que sean parte del sistema. De no ser así, parecería difícil explicar cómo alguien racional puede creer que los singulares personajes que aspiran a la presidencia tengan apoyos tan firmes. Con mayor énfasis en el priismo pero de manera común en los otros partidos, la verdadera promesa es que la corrupción continúe y abra espacios de oportunidad para quienes no desean trabajar, para aquellos que creen en el encanto de las series de televisa y sus personajes que viven tórridos romances sin tener que emplear parte de su tiempo en trabajar.

Pero además como ya mencione en la parte previa del artículo, no hay nada que esperar desde los partidos en el poder porque o comparten la necesidad de la violencia y la corrupción o carecen de una interpretación certera del problema.

Al mismo tiempo vemos como pese a las tibias y desarticuladas (en varios casos inarticulables) acciones de oposición a este régimen, no solo terminara su periodo sino que aun a pesar de la violencia todo indica que se dará un reemplazo institucional. Esto debemos reconocerlo desde la izquierda independiente como un fracaso absoluto, nuestro único logro histórico es sobrevivir, pero no avanzamos en ninguna posición en ningún lugar del país.

Como ya analice esta misma izquierda abundo en teorías sin fundamento, en una lectura equivocada de la realidad al principio de la guerra no falto incluso quien caracterizara a los mafiosos en pugna como insurgentes, lo que es una estupidez imperdonable. Esto se trato siempre de una guerra capitalista abierta y sin reglas, detrás de todo el patético mito de los narcos, no son sino empresarios criminales, terratenientes y caciques violentos.

 

Del movimiento por la paz al movimiento por la nada

Antes del movimiento por la paz encabezado por Javier Sicilia habíamos visto desfilar a auténticos burgueses indignados por que la violencia había llegado hasta sus feudos, si bien no niego el dolor que seguramente padecen por las tragedias que vivieron, ellos nunca intentaron que la justicia fuera compartida a todos y se esforzaron por ser asimilados por el sistema, (Miranda de Wallace es quizá el caso más claro) su interlocutor fue el gobierno y su queja siempre fue un absurdo lógico. Desde sus marchas de blanco donde repudiaban al gobierno exigiéndole solución al gobierno o desde sus declaraciones a nombre de los ciudadanos (ellos, los ricos, los demás no somos considerados ciudadanos por esa gente) hacían gala de recursos, de interlocución con el poder y de poder propio. Pero esos burgueses son importantes para el régimen sin importar que sean minoría y sin importar que parte o partido del sistema sea su interlocutor en turno. Sus tragedias sirvieron para empoderarlos (mas) y nos dejan como legado la existencia de un pensamiento de derecha arraigado en el resto de la sociedad que pugna por la pena de muerte, por la criminalización de la pobreza y por la negación del bien común como factor fundamental de la paz.

Pero la violencia lo alcanza todo, y alcanzo a un joven cuyo padre es una persona distinta y valiente, un hombre que compartió su duelo con la sociedad en un esfuerzo por encontrar en ello una solución a la realidad rota que mato a su hijo como a tantos otros. Con la suerte de tener presencia en los medios impresos y con la convicción de buscar justicia, organizo un movimiento que por un momento puso en jaque al sistema que no podía sostener su discurso sin toparse con él. Pero no solo, cuando Javier Sicilia expreso la frase «pinches narcos jueguen limpio» estaba dando un giro radical a la interlocución con los violentos, a diferencia del locuaz ex secretario de gobernación Gómez-Mont, el no llama a mas violencia, no llama a mas guerra (como olvidar de Gómez-Mont sus frases guerreristas desde la comodidad de ser el segundo hombre más protegido del país) y además rompe con las estúpidas ideas de enaltecimiento al narcotrafico y a la violencia. Además expresa un factor humano fundamental al capitalismo liberal de los narcos, sin un mínimo sistema de reglas, ninguna economía funciona, incluso ellos deben considerar limites (aun cuando partan de factores tradicionales) para no llegar al punto de ser inaceptables para una sociedad. Sin embargo si se necesita un repudio público a las actividades criminales, mas aun a los hechos de sangre, pero ello solo es posible desde la racionalidad y aun así es necesaria una participación de la violencia para detener a las bandas armadas que operan en el país, el problema al final no está en la violencia o en la no-violencia, el problema está en la racionalidad.

Sin embargo luego de esta etapa de explosividad creativa el movimiento por la paz se estanco al no poder convocar a un dialogo social, se enfrasco en la exigencia de un dialogo con Calderón y llego incluso a reconocer la inútil propuesta que Carpizo entrego (absurdamente) a nombre de la UNAM, aun cuando las organizaciones universitarias independientes de la burocracia universitaria dieron su apoyo al movimiento por la paz, no fueron convocadas a dialogar para obtener una opinión de los universitarios organizados (de todos los posibles y no solo de los pocos grupos que marginalmente participan en el movimiento por la paz). En pocas palabras el movimiento por la paz, al igual que la clase política le dio un voto de confianza a la nociva y añeja burocracia universitaria y no llamo a la comunidad universitaria más que como relleno en su marcha.

Es comprensible que Sicilia hubiera intentado en un acto de buena fe de dialogar con Calderón, en un esfuerzo de confianza es válido creer que pese a cualquier duda que hubiera tenido hubiera dado su confianza a Calderón para reconocerle que de algún modo su intención no era sino la solución de la crisis de violencia. Pero la realidad habla de que Calderón nunca intento una estrategia que redujera la violencia, por el contrario solo la violencia hubiera podido ser un ingrediente tan eficaz para su gobierno, detrás de esa tragedia todo lo demás parece poco, detrás de esa tragedia todo lo demás puede suceder sin generar sorpresa. Y ante esto cabe decirse que resulta difícil pensar en una nueva oportunidad para canalizar la indignación popular, desde todas las clases y sectores, evidentemente cuando Sicilia entra a la ciudad de México le acompañábamos toda clase de personas, de todas las extracciones sociales y evidentemente representantes de formas de activismo que quizás nunca antes se habían encontrado, a diferencia de las acciones histéricas de esa pesadilla de izquierda «radical» atrapada en sus declaraciones explosivas y sus eventos autótrofos, pero también a diferencia del activismo blanco promovido por los ricos, donde solo los ricos están invitados y donde solo se busca que ellos salgan de la tragedia. En esa ocasión llegamos desde extremos rara vez vistos juntos, ciertamente no dialogamos, pero tampoco se pudo hacer después, porque después el movimiento se disperso, solo quienes contaban con recursos pudieron integrarse a la caravana Juárez y solo un pequeño círculo pudo opinar en la elaboración del documento generado por el movimiento, la calendarización apresurada de estas acciones respondía a la comprensible premura de Sicilia y de todos los que tenían deudos de esta guerra, pero también a la participación y dirección de un jerarca burocrático que necesitaba tomar el control para ser él quien definiera la agenda y excluyera de facto a quienes no podían seguir el paso de las caravanas ni tenía cercanía directa con los medios para fungir como portavoz del mismo, en solo unas semanas toda la capacidad demostrada se había ido al abismo y solo un personaje seguía siendo el interlocutor preferido de los medios: Emilio Álvarez Icaza . Como ya antes había sucedido, la televisión creo el antídoto para destruir desde dentro un movimiento social.

Dentro de la organización de Javier Sicilia participaron desde el principio grupos católicos y cristianos particularmente conservadores (aun cuando la jerarquía católica no solo no participaba, sino que además es abiertamente hostil al mismo, como lo demostró a campanazos durante la concentración en el zócalo), en la marcha que llego a la ciudad de México se tomaron el tiempo para realizar ceremonias religiosas aun cuando ello afectaba la pluralidad de la marcha (yo como ateo supe entonces que mucha de esa gente no estaba en disposición a debatir desde un punto de vista laico) y cuando se anuncio la marcha hacia Ciudad Juárez ya era un hecho el liderazgo burocrático de Emilio Álvarez Icaza quien no solo limito los posibles alcances del movimiento sino que además lo configuro como una ONG cualquiera, lo redujo a una organización con capacidad de interlocución con el poder (aun cuando este poder solo los desprecie y les haga perder tiempo) pero no representativa de otros sectores que los propios emanados de instituciones previamente existentes.

No obstante quienes siguen siendo parte del movimiento por la paz han caído en un triunfalismo vano donde suponen que ellos de hecho están ganando con su movimiento aun cuando se esté asesinando a integrantes del mismo y el dialogo con la presidencia sea solo un ejercicio burocrático, esta actitud es equivalente a la de muchos otros movimientos que se inducen un reduccionismo de la realidad y se niegan su papel integrante de una sociedad mayor, se trata de un mecanismo defensivo que responde a una realidad que no corresponde con sus ideas, es equivalente a las declaraciones de «vanguardia» de organizaciones que ni siquiera son conocidas por la sociedad. El movimiento por la paz no puede negar su fracaso con base a hechos, pero puede imaginar que aun tiene un papel importante en la sociedad.

No tengo motivos para creer que Javier Sicilia haya dejado de ser un hombre coherente, sin embargo sí creo que a partir de cierto momento la presión del movimiento que encabezo (en un muy valiente acto donde compartió su dolor con la sociedad) le abrumo y justo ahí dejo de ser objetivo y ese resquicio dio pie a la burocratización y vanalización de ese movimiento que es cada día menos de lo que pudo ser. Aun así quiero creer que se mantendrá como persona en la decisión de no votar, misma decisión que comparto. Quizás eventualmente reconozca que el dialogo que debe empezar es con la sociedad, que de ese dialogo pueden surgir las respuestas que estamos buscando.

 

Fe de erratas: por un error en el envió de la tercera parte del articulo no aparece el nombre del Dr.Gary S. Becker,

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.