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A propósito de Ecuador y Assange

La malignidad del periódico global en español

Fuentes: Rebelión

No ha sido una decisión radicalmente democrática. No ha sido y sigue siendo un maravilloso acto de dignidad política [1]. (¿De verdad que todos los políticos y los gobiernos son iguales?) Ni tampoco, por supuesto, una (nueva) prueba de independencia política de la presidencia y el gobierno ecuatorianos. No es la defensa de alguien que […]

No ha sido una decisión radicalmente democrática.

No ha sido y sigue siendo un maravilloso acto de dignidad política [1]. (¿De verdad que todos los políticos y los gobiernos son iguales?)

Ni tampoco, por supuesto, una (nueva) prueba de independencia política de la presidencia y el gobierno ecuatorianos.

No es la defensa de alguien que ha luchado por la libertad de información como pocos, mostrando a la ciudadanía del mundo los bajos fondos, el realismo sucio-sucísimo, de las relaciones internacionales.

En ningún caso, un acto de justicia y de clara muestra de infrecuente coraje político.

No ha sido tampoco, de ninguna de las maneras, un acontecimiento político de primer orden, el ya inolvidable caso de un país «no gran-desarrollado» de América Latina que se erige en defensor de los derechos humanos esenciales de un activista democrático.

Tampoco es destacable, en absoluto, que en sesión extraordinaria la Asamblea Nacional de Ecuador -73 votos a favor, 7 abstenciones y ningún voto en contra- respaldase la decisión del Ejecutivo, rechazando con energía la amenaza británica de atentar contra la soberanía de Ecuador.

La decisión del gobierno ecuatoriano de aceptar la petición de asilo de Julian Assange -generadora de una reacción del gobierno de Gran Bretaña que sobrepasó cualquier límite diplomático concebible – no fue eso. Nada de eso. En absoluto.

 

La malicia del diario global-imperial del señor Cebrián et alteri se mostraba con claridad y nula distinción en el titular de primera página -casi idéntico, por cierto, al de La Vanguardia: ¡Dios y El capital los crea y ellos se juntan con el tiempo!- con la que abría su edición del pasado 17 de agosto:

«Ecuador desafía a Reino Unido y EE.UU al otorgar asilo a Assange».

 

No es el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte quien amenaza a las claras. No es EE UU quien mueve en la sombra -«nosotros no tenemos nada que decir»- sus poderosos hilos (el Departamento de Estado ha anunciado, tras la declaración de la Cancillería ecuatoriana, que «no reconoce el concepto de asilo como parte de la ley internacional» [2]).

No, nada de eso. Es el gobierno ecuatoriano quien lanza desafíos al (des)orden internacional.

¿Malignidad? ¿Abyección? ¿Infamia acumulada a una lista casi interminable?

Otra posible conjetura por si las anteriores no fueran suficientes: seguir con diligencia y servilismo la voz del Amo. ¡Quien paga, manda!

 

Notas:

[1] Santiago Alba Rico -«La decisión de tener una pierna», rebelión, 19 de agosto de 2012- nos aproximaba así a la noción: «El que ha perdido una pierna se vuelve un mutilado por propia decisión. El que ha perdido la relación entre los bosques y los ríos se vuelve un alienado porque no recuerda la belleza. Lo que admiramos en algunos cojos es que, ayudados de un bastón, eligen ser alegres y revolucionarios. Lo que admiramos de los pueblos en lucha es que distinguen un palo de una porra y una pirámide de una prisión. Es lo que llamamos dignidad y José Martí nombró con la palabra ‘decoro».

[2] EE.UU. no es signatario de la convención sobre asilo diplomático de 1954. Iroel Sánchez, oportunamente, recordaba la reflexión de Fred Burton, el que fuera responsable de la división de contraterrorismo del servicio de seguridad diplomática del Departamento de Estado de USA: «Llevarlo de un país a otro para que tenga que hacer frente a acusaciones durante los próximos 25 años. Arrebatarle todo lo que tengan él y a su familia». ¡Son unos angelitos defensores de los derechos humanos y de la democracia!

 

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.