El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, declaró al periódico “libertario” La Derecha Diario, que “La Argentina se ha convertido en la pieza clave de la estrategia de Estados Unidos para América Latina.”
Nada más razonable, en su lógica, que esa afirmación. El presidente Javier Milei tiene como eje de todas sus acciones el ser un puntal de apoyo de las iniciativas imperiales. En el mundo y en la región. Su adhesión rápida y completa a cada iniciativa del presidente Donald Trump y sus colaboradores no reconoce excepciones ni matices.
No teme quedarse solo o poco acompañado en sus respaldos. Como ocurrió en el engendro del pseudoorganismo multilateral llamado Board of Peace, que Trump ha lanzado sin otra cosecha en América Latina que la firma del presidente argentino.
Agregó Bessent: «Creo que estamos trayendo de vuelta a nuestros grandes aliados de América Latina a nuestra esfera de influencia». Con las recientes victorias de la derecha en Bolivia y Chile se amplía el arco de gobiernos pronorteamericanos en el continente.
Resulta irrelevante para el presidente argentino cualquier reflexión sobre los rasgos de declive del potencial norteamericano. El líder de La Libertad Avanza los conoce. Eso no alterará su conducta. Al contrario, reafirma su alineamiento y lo convoca a la acción. Si la jefatura de “occidente” está en problemas frente al “enemigo comunista” encarnado por China y Rusia, ofrece colaboración para la conjura de ese peligro.
El genial Milei.
El funcionario norteamericano no retaceó los elogios. A su juicio, el argentino «está pasando de ser un gran candidato, un gran pensador, a convertirse en un político maduro y genial». Adultez y genialidad que se manifiestan de la mano de su resolución para ser “un gran aliado” de la superpotencia.
En cuanto a la grandeza de pensamiento, las exposiciones algo confusas en jerga de la escuela austríaca y las diatribas extemporáneas contra todo lo que pueda oler a progresismo le bastan al funcionario yanqui para colocarlo en un pedestal filosófico.
Asimismo Bessent valoró el alcance de su victoria electoral en octubre pasado. Afirmó que lo han votado los más jóvenes y los más pobres, lo que realzaría a sus ojos ese triunfo.
Los mandos del imperio se solazan en la celebración de que un servidor tan rendido de sus intereses genere consenso en sectores de la sociedad a los que podría suponerse contestatarios. Nos cabe a los argentinos la mayor indagación de por qué esto ocurre.
El secretario también rescató el salvataje financiero, en tanto que resultó un instrumento apto para poner a salvo al aliado frente a las acechanzas del kirchnerismo. La valoración de la gravitación estratégica del líder de La Libertad Avanza no oculta el hecho de que le debe su supervivencia política al “papá” que vive en Washington. Las cosas en su lugar.
También estimó que los efectos del cambio en Argentina ya se han sentido en Paraguay, Bolivia y Chile. Y que dentro de poco podría ocurrir lo mismo en Colombia. El funcionario expresa así su optimismo puesto en la consolidación de una entente de derecha que ponga fin a los “populismos” aún en circulación.
Es sabido que Milei espera ponerse al frente de una especie de liga pro EE.UU de mandatarios del sur del continente. Esa expectativa revela una parte de su visión del mundo. Concibe un protagonismo internacional de su parte en base al impulso y articulación de entusiastas del predominio estadounidense en la región.
Que se agreguen más postulantes a la entente proyanqui es experimentado como un triunfo conjunto del imperio y de su epígono del cono sur.
No lo dijo Bessent, pero una victoria de la extrema derecha brasileña en el próximo turno electoral podría ser la culminación de un desfile triunfal de candidaturas con máxima afinidad hacia los objetivos norteamericanos. Aparece en el horizonte cercano la perspectiva de un continente sin rastros de “neodesarrollismo” y menos aún de “socialismo del siglo XXI”
La política exterior argentina ¿Cuál?
Se acumulan las evidencias de que las argentinas y argentinos tenemos un jefe de Estado cuya preocupación central es ser abanderado de las reivindicaciones estadounidenses en Nuestra América y en el mundo. Así sufra parciales decepciones. Como sin duda lo fue que su amiga María Corina Machado o su personero Edmundo González Urrutia no hayan sido la opción trumpista para el comando de una “transición” en Venezuela.
Mientras tanto nuestro país no diseña ni ejerce nada parecido a un itinerario de alianzas y entendimientos con otros espacios de poder de escala internacional. E “importa” del gigante norteamericano y de Israel todo el andamiaje conceptual y material para las políticas de “defensa”, “seguridad” e “inteligencia”. Todas las comillas son pertinentes ya que no hay objetivos propios en esos campos.
Esa política exterior que no merece tal nombre guarda sin duda congruencia con el propósito de brindar todas las facilidades a los capitales locales e internacionales en nuestro país. A lo que se suma la disposición al combate contra todas las organizaciones populares asociada a una ofensiva blindada del capital contra el trabajo.
Algunos observadores y analistas se complacen en el señalamiento de diferencias entre Trump y Milei, asociadas sobre todo al “proteccionismo” del primero y la épica del “libre mercado” del argentino.
Parece obvio que no hay contradicción. El “aperturismo” del “león” hacia capitales y mercancías venidas del norte encaja de maravillas con la protección que hoy se ejerce sobre la economía estadounidense. No existen fisuras en la alianza. Que no es tal sino sometimiento sin condiciones.
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