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Ingresos, industria, petróleo e integración son los problemas reales

Los grandes temas de las elecciones

Fuentes: Rebanadas de Realidad

Poco tiempo atrás, al evaluar las elecciones porteñas, indicamos que el debate público planteado desde los referentes más empinados se caracterizó por ofrecer distintas opciones sobre cualquier cosa, evitando proponer salidas claras para los asuntos importantes. Vamos a discrepar, de entrada, con muchos colegas: la definición de cuáles son los asuntos importantes no es una […]


Poco tiempo atrás, al evaluar las elecciones porteñas, indicamos que el debate público planteado desde los referentes más empinados se caracterizó por ofrecer distintas opciones sobre cualquier cosa, evitando proponer salidas claras para los asuntos importantes.

Vamos a discrepar, de entrada, con muchos colegas: la definición de cuáles son los asuntos importantes no es una cuestión subjetiva ni depende del prisma a través del que se observa la realidad.

Los problemas reales de la Argentina son la distribución del ingreso, el establecimiento de un proyecto productivo, la recuperación de los recursos naturales y la integración con América latina.

Quien piense que esos ítems no son verdaderamente trascendentes es un zonzo o un malintencionado. Es de esperar que la ciudadanía argentina no admita el establecimiento de una campaña equivalente a la efectuada recientemente en la Ciudad de Buenos Aires.

En los primeros escarceos de la presente compulsa se observan trazos preocupantes. Hay figuras de vasta difusión mediática, como Carlos Melconián, que congregan en su ser ambas características, las cuales asoman en su moderna mirada. Con la reiteración de entrevistas a personajes de esa categoría se pretende marcar los bordes de la discusión política.

Sin embargo, en la campaña que se despliega actualmente, frente al renovado intento de situar la polémica entre civismo progresista y conservatismo para garantizar la hondura del hueco conceptual, ha surgido una fuerza que, al menos, habla de otras cosas. De cosas importantes.

El Proyecto Sur, de configuración tardía y con las carencias que le impone la egolatría autorreferencial de sus principales dirigentes, está intentando situar la discusión política en su justo término, tomando en cuenta los dilemas profundos que debe afrontar el país en el próximo período.

La corriente mencionada tiene la enorme virtud de corroer los planes del establishment comunicacional para evitar esos cuatro grandes temas y ofrecer la posibilidad de un debate originado en una franja profunda y realmente existente de la vida política, pero ignorada ferozmente por el país visible: el nacionalismo popular con rasgos transformadores y perspectivas latinoamericanas.

Sea cual fuere el respaldo que obtenga en los próximos comicios, habrá cumplido una función valorable y resultará interesante su continuidad, su ampliación y su fortalecimiento con vistas a los turbulentos años venideros.

Hace pocas semanas, al dialogar con jóvenes durante encuentros realizados en Mendoza y Rosario, escuchamos una inquietud vinculada con esta irrupción. Básicamente se formulaba este interrogante: «¿La fuerza de Pino Solanas debilita al gobierno frente a la oposición conservadora y liberal?»

En ambos casos esbozamos una respuesta práctica y egoísta, alejada de la necesaria responsabilidad que tendemos a autoexigirnos: si el gobierno no quiere ser acorralado por la oposición conservadora y liberal, que se preocupe por mejorar su performance en esos grandes temas, y entonces también nos preocuparemos nosotros.

¿Por qué razón la militancia popular debería seguir cargando con la mochila de –digamos– Alberto Fernández, para evitar que –digamos– Roberto Lavagna acreciente su influencia? Es probable que Cristina Fernández de Kirchner, una buena candidata, se imponga en las elecciones presidenciales; es saludable, pensamos, que reciba algunos condicionantes «por izquierda».

Y si anhela o si necesita un respaldo más entusiasta, bueno, que proponga la recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y entonces hablamos. No es una exigencia disparatada, pues además de ser justa, necesaria y posible, redundaría en su propio beneficio como jefa de un Estado en serio.

La bochornosa política comunicacional oficial ha permitido a los grupos concentrados tapar el sol con una pauta publicitaria y a la gente de TEA considerar que el periodismo en la Argentina se divide entre Joaquín Morales Solá y Jorge Lanata. Entre todos, así como han enterrado los grandes temas nacionales, han escondido a Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Rodolfo Walsh, por mencionar tres de los más grandes periodistas de la historia.

Esto ha derivado en la imposición de una agenda de discusión pública disparatada que, por ejemplo, identifica el extraordinario proceso integrador que intenta atravesar el subcontinente con un incidente policial por la llegada de una valija. Lógica conocida, semejante a la establecida por los medios en el 2001: mientras se quebraba la falsa conciencia liberal en las calles, las cámaras enfocaban a un gordito que se llevaba un grabador de Musimundo.

Y cuatro pavos con micrófono, escandalizados, lamentaban solemnemente los sucesos.

Vamos a discutir lo que hay que discutir. Basta de zonceras y de malas intenciones.

Está arrancando un tramo interesante de este nuevo período de la historia. ¿Por qué no afrontarlo?