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Entrevista coN Silvia G. Hernández, detenida en el operativo del 16 de julio en Oaxaca y miembro de VOCAL

«Los policías nos decían que qué necesidad tenían de estar golpeando gente cuando podían estar en su casa»

Fuentes: Rebelión

  El pasado 16 de julio, mientras la gente celebraba pacíficamente la Guelaguetza Popular (símbolo de la cultura comunal basada en el «dar y compartir») como protesta ante la mercantilización turística de la cultura de los pueblos originarios de Oaxaca, diferentes cuerpos policiacos, volvieron a hacer uso de la violencia y la represión ante un […]

 

El pasado 16 de julio, mientras la gente celebraba pacíficamente la Guelaguetza Popular (símbolo de la cultura comunal basada en el «dar y compartir») como protesta ante la mercantilización turística de la cultura de los pueblos originarios de Oaxaca, diferentes cuerpos policiacos, volvieron a hacer uso de la violencia y la represión ante un pueblo completamente indefenso. Silvia Gabriela Hernández, integrante de Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (VOCAL) fue una de las personas detenidas y golpeadas brutalmente por la policía y que ha sido recientemente puesta en libertad bajo fianza.

– ¿Como se produce tu detención?

El día 16 de julio cuando me encontraba realizando parte de una investigación sobre los movimientos sociales en Oaxaca fui detenida alrededor de las dos de la tarde. Cuando me encontraba en la parada del autobús diversos cuerpos policiacos detuvieron a mucha gente que se encontraba en la parada y bajaron a gente del camión. A mi me agarra un policía y le pregunto la razón por la que me estaba deteniendo, si había una orden de detención en mi contra y me pongo a gritar en la calle «¡auxilio, auxilio!». El policía me empieza a jalonear y en eso llega una policía mujer y me da una bofetada sobre el lado izquierdo de la cara y recibo otro golpe de otro policía sobre el lado derecho y me dicen «¡cállate, perra!». Me empiezan a jalonear entre tres y me suben a la camioneta a golpes. Después me dicen que agache la cabeza y me empiezan a pisar la espalda y el tobillo izquierdo de manera circular. Mi mano se quedó sobre las redilas de la camioneta y me dicen «¡baja la mano!», tras lo que me empiezan a pisar la mano. Me agarran el cabello de manera brutal y me lo empiezan a estropajear y me lastimo la frente con el suelo de la camioneta. Me suena el celular y me preguntan, «¿quien te está llamando?». Me jalan la bolsa, me la revientan, y me siguen golpeando. Mantenían una rodilla en mi espalda y brincaban sobre ella.

Después me trasladan en una camioneta sin insignias policiacas con un hombre vestido de civil. Ahí nos empiezan a agredir verbalmente diciéndonos que nos iban a desaparecer, que nos iban a matar, que eso nos pasaba por revoltosos, que qué necesidad tenían ellos de estar golpeando gente cuando podían estar en su casa. Nos llevan a un lugar desconocido y me tapan con mi suéter la cara. Recibíamos palmadas en la cabeza de este hombre que no dejaba de insultarnos y de decirnos que nos iba a desaparecer y matar. Nunca supe donde nos llevaban. Sólo escuché «a éste déjenlo acá por picudito», y empiezan a golpear a alguien muy fuerte porque se oían las patadas y los gritos. Yo pensé en ese momento que a todos nos iban a matar. Nos tiran boca abajo y nos jalonean. Todo el tiempo nos insultaban de manera muy agresiva.

Después nos empiezan a tomar nuestros datos. Llega más gente y la ponen igualmente boca abajo. Llega la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Comisión Nacional de Derechos Humanos a los que les pregunté donde me encontraba. Sólo contestaron de manera ambigua diciéndonos que estábamos en una oficina de la Procuraduría General de la República (PGR) Nos tomaron fotografía y los ministeriales (policías) llegaron a burlarse de nosotros y decirnos cosas agresivas. A los hombres les impidieron el acceso al baño y les pasaron una cubeta. Las Comisiones Estatal y Nacional de DDHH solo certificaban golpes, aunque sólo los visibles y tangibles.

Nos hicieron una revisión médica general, aunque sin darnos medicamentos. Llega la Cruz Roja también a curar golpes, pero tampoco nos dieron medicamentos.

Como a las dos o las 3 de la mañana nos trasladan a la Procuraduría. Nos llamaron a las 4 mujeres y al subir a la camioneta me dan una nalgada los ministeriales. Yo me tiro a la camioneta de pompas y me empiezo a arrastrar y me jalan los otros detenidos para llegar más rápido. Yo eso lo hice como una manera de defensa pues me habían tocado. Nos siguieron insultando, «¡abre las piernas que viene tu compañera, seguro que en algún momento las has abierto más!». Nos siguen amenazando con que nos iban a matar.

Llegamos a la Procu donde no nos dejaron dormir. Como a las 6 nos llaman a declarar pero no nos dejan acceso a un abogado de nuestra confianza, sino que nos asignan uno de oficio. Nos dieron permiso a nuestra llamada como a las 6:30. No dejaban pasar a nuestros familiares y no nos dejaban asearnos y estuvimos allí todo un día. Recibimos atención médica pero nunca medicamentos.

Un día después en la tarde nos trasladaron a la prisión de Tanivet, en Tlacolula, en donde nos quitaron las cobijas (mantas) y suéteres que llevábamos y nos revisaron todo. Los policías nos seguían insultando y nos decían «¡hay, apestan, como les ha de oler!». Nos llevaron a las mujeres juntas y pedimos una cobija porque hacía frío. Nos dijeron, «¡pues hoy se van a dormir en el suelo y esa es su cobija!». Estábamos durmiendo cuando llegaron unos policías encapuchados y nos llevaron al servicio médico con la cabeza agachada. No se nos acercaron mucho porque nos dijeron que apestábamos. Volvieron a certificar golpes visibles y tangibles pero jamás nos dieron medicamentos. Una de las celadoras nos hablaban de forma muy agresiva. Nos decía que nosotros éramos culpables hasta que el juez no determinara lo contrario.

Todo el tiempo fuimos hostigados de diferentes maneras y brutalmente golpeados todos incomunicados alrededor de 16 horas desde nuestra detención porque no nos dijeron ni donde nos encontrábamos, y para mi eso es un secuestro, porque tampoco avisaron a nuestros familiares en donde nos encontrábamos.

– ¿De qué se os acusaba?

En Tanivet nos dijeron que era por daños por incendio. El proceso legal tiene grandes arbitrariedades; es infundado porque nos acusan algo de lo que no tienen pruebas. Las pruebas que nosotros hemos aportado demuestran todo lo contrario: que no hay una razón para que se nos prive de la libertad y que nuestros derechos han sido violados. Los compañeros que quedan presos lo están de manera injusta, al igual que lo estuvimos nosotros. Yo he salido con libertad bajo caución y quedé sujeta a proceso y tendré que ir a firmar los 30 de cada mes mientras el proceso siga abierto.

– ¿Qué argumentos legales se han dado para dejar en libertad sin cargo a unos, a otros con fianza y a otros dejarlos en prisión?

Aproximadamente éramos 33 los detenidos. Cuatro de ellos creo que fueron liberados en la Procu. No sé las causas. De los 28 que llegamos a Tanivet el día 24 me parece, son liberados 18 por falta de pruebas y nos dicen que nosotros quedamos como probables responsables por daños y daños por incendio, dictándonos auto de formal prisión cuando las pruebas presentadas demuestran lo contrario a la acusación. En el día de hoy (29 de julio) salimos 3 personas por derecho a fianza dos maestros y yo. No sé porqué no sacan a todos. Yo creo que es para no mostrar ineptitud al tener que decir que el proceso legal es infundado y que se evidencie que la detención violó nuestros derechos, cosa que ocurriría si sacaran a todos a la vez. Entonces están sacando a la gente de poquito en poquito para meter una presión política y desmovilizar al movimiento social en Oaxaca. Yo veo que hay dos tiempos políticos por los que retienen a estas 5 personas que siguen en prisión. Uno es la Guelaguetza oficial, que es mañana (día 30 de julio) y el otro el 5 de agosto que son las elecciones. Estos presos son parte de la represión que busca legitimar la Guelaguetza de mañana, aunque la verdad es que esta Guelaguetza no legitima un gobierno que en el fondo no lo es.

– ¿Como viviste tú el inicio del enfrentamiento del día 16?

Parte de la estrategia de los medios de desinformación es decir que la provocación la inicia la marcha pacífica, la cual se basaba en un derecho constitucional. La agresión comienza por parte de los policías. Esto parecía toda una estrategia militar que buscaba la detención de las personas que allí estábamos. Ellos comienzan aventando bombas de gas lacrimógeno a la gente. Ellos son los que llevaban las armas. La gente sólo iba a marchar para realizar la Guelaguetza popular. Toda la gente salió corriendo despavorida y es ahí en donde ellos inician toda una estrategia de detención masiva.

– ¿Qué razones políticas crees que había para provocar el enfrentamiento?

Yo no lo llamaría enfrentamiento. Fue una represión masiva que se da fundamentalmente para boicotear la Guelaguetza Popular y no evidenciar que no existe un control sobre las movilizaciones de la gente y tratar de legitimar un gobierno que a mi parecer no existe. Esto mismo sirvió para que ellos mismos boicotearan su Guelaguetza oficial. Ellos mismos dicen que en Oaxaca no pasa nada y que la Guelaguetza oficial iba a seguir con la derrama económica que supone, y al final con sus actos de represión lo único que hicieron fue boicotearse a sí mismos.

– ¿Como crees que ha cambiado la situación al interior del movimiento a partir del 16 de julio?

Yo creo que el movimiento nunca acabó. Sólo se tomó un descanso debido a la represión porque el Estado se ha comenzado a militarizar. Sobre todo en las comunidades. Todo esto sirvió para retomar su cauce del año pasado cuando la Guelaguetza popular sirvió para unir a la gente en contra de la mercantilización de su cultura, lo cual pareciera que asustó al gobierno.

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