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Megadevaluación e inflación del 47,6% en 2018: ¿el 2019 será peor?

Fuentes: Rebelión

El gobierno de Mauricio Macri batió un record en 2018: el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) informó que la inflación alcanzó el 47,6%, la más alta de desde 1991, duplicando a la del año anterior (24,8%), montado sobre una indetenible carrera descendente del peso argentino, tratando de evitar un deterioro mayor de su […]

El gobierno de Mauricio Macri batió un record en 2018: el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) informó que la inflación alcanzó el 47,6%, la más alta de desde 1991, duplicando a la del año anterior (24,8%), montado sobre una indetenible carrera descendente del peso argentino, tratando de evitar un deterioro mayor de su imagen y credibilidad, que hoy supera el 50 por ciento.

Este logro del gobierno de Cambiemos no fue un acto de magia, sino que fue tejido en años previos en base a un deterioro cada vez más marcado de la situación externa que estalló en abril pasado, fue acompañado por tarifazos y falta de control de parte del Estado de precios sensibles para el bolsillo, señala un análisis de Javier Leucowitz. La inflación produjo un deterioro generalizado de las condiciones de vida y fue además determinante en el giro del escenario político en contra del oficialismo y del hundimiento de la economía nacional.

La deuda externa contraída y la falta de perspectivas hizo que el dinero que presta el Fondo Monetario Internacional (FMI) -para pagar al poder financiero- tenga intereses que duplican a los empréstitos a otros países; la caída de la economía y la industria es la mayor desde la década de los 90´; la pobreza, la desocupación y la desigualdad alcanzan niveles récord, que recuerdan los peores momentos de la crisis 2001/2002, aquella del estallido social, cuando el pueblo exigía «que se vayan todos».

Nunca llegó la prometida lluvia de inversiones extranjeras, y la realidad muestra la dolorosa realidad de un país endeudado y parado. La deuda pública bruta llegó a 308 mil millones de dólares al cierre del tercer trimestre de 2018, un 95,4 por ciento del PIB. El pago de intereses saltará de 16,4% en 2018 a 18,2 este año y su peso sobre el PIB trepará de 3,1% a 3,6%. Más que duplicará el valor heredado, ya que en 2015 dicho cociente se ubicó en 1,3 por ciento.

Pese a la propaganda oficial, la corrupción no ha desaparecido, aunque tenga otras modalidades mucho más sofisticadas y dañinas, como la autocondonación de deudas del Correo; blanqueo a los familiares del poder (decreto 2016/17); soterramiento del ferrocarril Sarmiento, innumerables cuentas offshore (los «Panamá Papers») de la familia Macri y sus empresas, con el propósito de esquivar el control y facilitar la fuga de sus dineros.

Costo de (sobre)vida

De las 12 divisiones que componen el nivel general del Índice de Precios al Consumidor, el que más subió fue el de transporte-gracias a sucesivos tarifazos y alza desmedida del precio de los combustibles-, con el 66,8% en el año, seguido por el de comunicación (en especial los servicios concentrados de telefonía móvil, internet y servicios de tv por cable, con el 55,3% y «otros bienes y servicios, con el 53,2%.

En este último rubro se agrupan los servicios financieros y los seguros, dos rubros con muy fuertes alzas en el año, especialmente en las comisiones bancarias. También incluye los servicios vinculados con el cuidado personal y la seguridad social: geriátricos, residencias y ayuda en el hogar, por ejemplo. El organismo argentino desoyó a la ONU y no desdobló seguros y financieros, de un lado; cuidado personal y social, por el otro, mostrando guarismos «engañosos», según los analistas.

También los alimentos y bebidas mostraron a lo largo de 2018 un incremento del 51,2%, un rubro por demás importante porque es la base del cálculo de los valores de las canastas básica total y alimentaria, que marcan el ingreso mínimo por debajo del cual se es pobre o indigente, respectivamente. Lo que sorprende de las cifras oficiales es que el rubro «vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» muestra un alza del 45,7%, por debajo del nivel general, dando la sensación que no influyeron los tarifazos de gas, electricidad y agua.

No se puede dejar de considerar que los alimentos son la base de las exportaciones argentinas. El dólar tiene incidencia en la formación interna de los precios porque los molinos harineros, la producción de arroz, los frigoríficos, las aceiteras o los tambos no tienen por qué vender más barato en el mercado interno que en el mercado externo. El año pasado comenzó con un dólar de 18,95 pesos y terminó en 38,83 pesos (105%). El gobierno acompañó la tensión inflacionaria con un refuerzo en la quita de subsidios en servicios públicos, con lo cual alimentó directamente el alza de precios.

Estudios de la Universidad Metropolitana (UMET) señalan que la inflación de los pobres y de los sectores más vulnerables fue superior a las de los sectores de mayores ingresos. Estos datos del INDEC lo corroboran.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) advirtió que la inflación fue contenida por la recesión: «Las tasas de inflación de 2018 fueron relativamente menores a las que precedieron a otras devaluaciones en el pasado reciente, si se tiene en cuenta el enorme ajuste cambiario. Esto fue producto del sesgo contractivo de la política monetaria que emprendió el Banco Central», indicó.

Más importante aún que la variación nominal de los precios es el deterioro en términos reales de los ingresos: salarios, jubilaciones y asignaciones familiares quedaron relegados frente a los precios. La jubilación mínima arrancó 2018 en 7.246 pesos y ahora está en 9.300 pesos (alza de 28,3%), al igual que el alza en la Asignación Universal por hijo (AUH), que pasó de 1.412 pesos por infante a los 1.816 pesos,

El salario real promedio del sector privado registrado, según el Ministerio de Trabajo, tuvo hasta octubre de 2018 una caída del 10,9%. En peor posición están los trabajadores no registrados, que ascienden a un tercio del total y ni qué hablar de los desocupados.

Es la inflación, i…

«En mi presidencia la inflación no va a ser un tema, no va a ser un desafío», dijo el entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires (y hoy presidente) Mauricio Macri en 2014.No fue la única vez se refirió a este tema. El diario Página12 recogió algunas de sus frases más destacadas:

«La inflación se produce por culpa de un gobierno que administra mal». «Si la inflación no baja, va a ser responsabilidad de mi gobierno, no le voy a echar la culpa a otros». «Eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer si soy Presidente». «Me cuesta creer que ustedes piensen que la inflación puede ser un tema de agenda en mi futuro gobierno. Cuando yo veo que el 99% de los países del mundo tienen inflaciones de un dígito…si nosotros no entramos en ese grupo de países, vayámonos a la casa». ¿El pez por la boca muere?

Lo que ¿vendrá?

Mientras que en el oficialismo vuelven a prometer una mejora que provendría de una buena cosecha, de la indulgencia estadounidense vía FMI y de la infatigable codicia de los mercados financieros que los haría persistir en la apuesta cortoplacista por los bonos argentinos, en la oposición más nítida se espera un fortalecimiento de la protesta social impulsada por un continuo deterioro del nivel de vida de las mayorías.

El analista Ricardo Aronskind, preocupado por la falta de programas de la oposición política, señala que, de todas formas, una lección importante de estos tres años de macrismo es que es equivocado reducir mecánicamente el comportamiento político de la población a la evolución de las variables económicas. La derecha gobernante se ha revelado como maestra en el estímulo de otros determinantes de la percepción política, y del posicionamiento de «la gente».

La necesidad de alivio es urgente, ya que el rápido empobrecimiento de amplias franjas de ingresos bajos y medios está dañando la vida de millones. Los niños y jóvenes hoy hundidos en el máximo desamparo material y espiritual están siendo condenados a un futuro nefasto, en las antípodas de la igualdad de oportunidades. Desaparecen empresas y saberes productivos. La necesidad de frenar la tarea de destrucción de instituciones, equipos profesionales y capacidades científicas y tecnológicas acumuladas en el estado es perentoria. En materia de esclavización financiera, el daño ya está hecho», afirma.

El gobierno depende no solo de que se renueven gran parte de los vencimientos de los títulos de la deuda (roll over), diícil para un país sin perspectivas de crecimiento económico. A ese roll over se le suma que la administración debe procurar quien le financie la diferencia por unos 24.942 millones que, en estas circunstancias, significa subordinarse a lo que impongan los acreedores y acepte el FMI.

Con el crédito de 2019 del FMI no logra pagar el total de vencimientos y, además, una clausula del segundo stand-by (de fines de octubre de 2018) impide utilizar las reservas internacionales del Banco Central de libre disponibilidad, sin la autorización del FMI.

Por más que el gobierno neoliberal de Macri pretenda reducir el gasto público en 2,7% del PIB (equivalente a unos 12.400 millones de dólares) en una economía que no para de caer, y no se avizora ningún sector de punta que traccione al resto de la producción.

El gobierno asienta toda su recuperación en las buenas cosechas -con precios internacionales a la baja y que solo significa un 25% del ingreso nacional-; cuando el 75% restante está ligado al mercado interno, que se derrumba ante las altas tasas de interés, la suba permanente de las tarifas y el descenso del consumo, fruto de la destrucción de empleo y la caída del salario real, señala el economista Horacio Rovelli

Al gobierno no le importan los impactantes números de la pobreza y la desocupación, la destrucción de eslabones de la cadena productiva, la desaparición de 9.500 pequeñas y medianas empresas registradas, ya que lo único que pretende es llegar a las elecciones sin incurrir en el default, es decir no poder pagarle a los acreedores. Una simple extrapolación matemática indica que el incumplimiento de los compromisos de deuda, por más ajuste que hagan, es inevitable y solo podría salvarse si se llegase a un acuerdo con los acreedores y el FMI autorizase a usar parte de las reservas del Banco Central.

2018 terminó con una tasa de riesgo país medido por el banco JP Morgan de 833 puntos básicos, o sea que sólo le prestan a la Argentina a una tasa cercana al 11% anual (la tasa de referencia de EEUU es de 2,5% anual), por lo que los acreedores se preparan para una reestructuración de la deuda a tasas siderales, igualando al Plan Canje de junio de 2001, cuando el gobierno de Fernando De la Rúa rescató 46 bonos por 29.477 millones de dólares, reprogramando su vencimiento en tres años, con una tasa del 15% anual.

Desde ya que, cualquier acción, método o unidad, que sirva para acabar con el macrismo, es válida; pero éste es el momento para instalar otros debates sobre el futuro. Repetir el pasado no parece ser el mejor medicamento para esta Argentina enferma, recuerda Juan Guahán.

Claudio della Croce, Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.