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Milei-Villarroel, etapa superior de la desmalvinización

Fuentes: Rebelión

El hombre que insultó al Papa Francisco, que elogió a la Thatcher y que se declaró seguidor incondicional del ‘mundo libre’ que ocupa Malvinas, ganó las elecciones por amplio margen y se dispone a gobernar el país en el próximo período.

Aboga por el retorno a un tiempo histórico en el que la Argentina era una factoría agroexportadora cuyo presidente se decidía de común acuerdo entre la oligarquía pampeana y la Cámara de Comercio Británica.

Es obvio que se vienen tiempos oscuros para quienes consideramos que la defensa de la soberanía nacional –en un amplio sentido– es la clave de un futuro próspero y que su progresiva declinación en las últimas décadas está en la base de la decadencia nacional.

Discernir las razones del triunfo de un personaje tan grotesco, que combina en proporciones parecidas una estructura de personalidad visiblemente alterada con posturas antiobreras y antinacionales desembozadas, y que su predica exaltada haya penetrado en la conciencia de sectores populares empobrecidos, es una tarea que deberá emprender el campo nacional pues de ese debate ineludible saldrán las líneas de resistencia para el período que se avecina. Indudablemente, un capítulo fundamental en ese balance será la incapacidad manifiesta del gobierno que termina para resolver ni uno solo de los problemas económicos y sociales heredados. Habrá que ‘deconstruir’ errores y complicidades en el elenco saliente para arribar a una síntesis superadora bajo otro programa y otros liderazgos. El tiempo dirá. En estas pocas líneas me propongo llamar la atención sobre el grave retroceso que significará el nuevo gobierno para la reivindicación histórica e inclaudicable de nuestra soberanía en las Islas Malvinas y en el inmenso territorio circundante.

Un anticipo de lo que se viene lo dio hace algunos meses la flamante Canciller Diana Mondino, profesora insigne de UCEMA, esa usina ideológica del poder financiero nacida en plena dictadura de Videla y Martínez de Hoz. Dijo muy suelta de cuerpo en una entrevista con un medio inglés que ‘deben respetarse los derechos de los isleños’ y apeló al tramposo argumento de ‘la autodeterminación de los pueblos’, ambos artilugios verbales de la corona británica para justificar la ocupación colonial de nuestras Malvinas.

Si así se expresó en plena campaña, a sabiendas del hondo sentir popular en favor de la causa soberana, fácil es suponer la orientación que seguirá ella y su gobierno en el futuro. En diversos comunicados, los VGM alertamos sobre la amenaza que significaba un triunfo de esa fuerza política. Lamentablemente, nuestra advertencia no alcanzó.

Mientras tanto, el extravagante nuevo presidente no se cansa de afirmar su completo alineamiento con EE.UU. y con el Estado de Israel, ambos aliados firmes de Gran Bretaña en el tema Malvinas. En lo que respecta al gran gendarme norteamericano el interés por el tema es mayúsculo en momentos en que el capitalismo global que él lidera ha ingresado abiertamente a una etapa de guerras y masacres. La poderosa base militar de Malvinas constituye en este nuevo escenario un activo estratégico para los planes de la OTAN de mantener su hegemonía mundial.

Decíamos más arriba que se ciernen densos y oscuros nubarrones para quienes militamos la causa Malvinas como reivindicación soberana que interesa no solo a la Argentina sino al conjunto de la Patria Grande. Se ha producido en nuestro país un hecho singular: fue electa una vicepresidenta que se jacta de ser hija de un ‘héroe de Malvinas’. La escuchamos varias veces en los debates preelectorales y en otras declaraciones públicas hacer alarde de esa condición familiar. Pero la identidad de héroe no se transmite a la descendencia a través de los genes, como si se tratara del color de los ojos o la textura del cabello. En el caso de Vicky Villarroel –de ella hablamos– ha recibido de su padre, sin beneficio de inventario, la cerrada defensa de los crímenes perpetrados por la dictadura liberal-oligárquica en tiempos del terrorismo de Estado, aunque la causa Malvinas parece haberse perdido en los vericuetos de las darwinianas variaciones hereditarias. En efecto, autopercibirse ‘malvinera’ y formar parte de un gobierno que hace un culto del seguidismo ciego a las potencias agresoras del ’82, responsables de la muerte de nuestros 649 héroes, constituye una contradicción insuperable. Digámoslo con claridad: no se puede ser ´héroe de Malvinas’ e integrar un elenco tan miserablemente servil a los intereses de nuestros enemigos de Malvinas. Esta afirmación le cabe, como es lógico, no solo a la vicepresidente sino también a otros personajes que esgrimen encendidos discursos malvineros mientras negocian puestos en el aparato de un Estado abiertamente des-malvinizador. Malvinas no es un sentimiento vacuo ni un eslogan de efemérides. Es una toma de posición sobre el pasado, el presente y el futuro.

Quienes combatimos en 1982 al agresor colonial y consideramos que la causa que nos movilizó se mantiene viva, debemos reflexionar con espíritu crítico sobre lo que está pasando en nuestra Patria y, al mismo tiempo, prepararnos para los nuevos desafíos que se avecinan. Dicha reflexión deberá confluir necesariamente con la que ya estarán realizando por lo bajo los sectores populares ante las amenazas explícitas de más ajuste y pérdida de derechos históricos. Porque la causa Malvinas es una causa nacional y eso significa que es inseparable de las luchas que libra nuestro pueblo en todos los frentes por su dignidad nacional y social.

Fernando Cangiano es VGM y miembro del grupo La Malvinidad, espacio de reflexión sobre la guerra y la posguerra

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.