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Cientos de personas avanzaron contra tropas de Gendarmería, que debieron replegarse en medio de una lluvia de piedras y palos

Pico Truncado es un polvorín

Fuentes: El Patagónico

Pese a que las informaciones suministradas a El Patagónico son confusas y fraccionadas, queda en claro que hubo varios incidentes y que se produjeron casi en forma simultánea, en el lapso que fue desde aproximadamente de las 17 hasta las 18:30 del viernes. Uno de ellos tuvo epicentro en el quincho policial, donde desde el […]

Pese a que las informaciones suministradas a El Patagónico son confusas y fraccionadas, queda en claro que hubo varios incidentes y que se produjeron casi en forma simultánea, en el lapso que fue desde aproximadamente de las 17 hasta las 18:30 del viernes.

Uno de ellos tuvo epicentro en el quincho policial, donde desde el mediodía se estaba llevando a cabo una mesa de diálogo entre el intendente Osvaldo Maimó, concejales y representantes de otros organismos, junto con delegados de los manifestantes.

Supuestamente -según voceros de los trabajadores en conflicto- el jefe comunal ofreció un incremento salarial no remunerativo de 200 pesos para los agentes municipales de planta permanente y de 100 para los contratados, más otros beneficios menores, pero tal propuesta no incluía a los agentes provinciales.

De todos modos, varios delegados municipales querían que el incremento fuera al básico, exigencia que trababa las negociaciones que se hacían en alto tono de voz.

En ese ínterin, varias esposas de los trabajadores habrían ingresado abruptamente al recinto y profirieron fuertes insultos contra las autoridades políticas y también se produjeron intentos de agresiones.

ALERTA EN LA RUTA

Cuando aún no se había calmado la situación en el quincho municipal, alguien alertó a los huelguistas de que decenas de gendarmes se estaban preparando en el playón de una estación de servicio cerca de la salida a Las Heras, asegurándose que estaban listos para ir a reprimir a la gente que cortaba el acceso por la ruta 43.

Por si esto fuera poco, una emisora radial habría propalado también esa noticia y cientos de vecinos -mayoritariamente familiares de los manifestantes- fueron hacia ese lugar.

Uno de los piqueteros contó -vía telefónica- que los gendarmes «tenían varios perros mastines que parecían del tipo Rotweiller». Añadió que también había tres colectivos de Etap que los habían dejado en el lugar, además de un camión hidrante y dos camionetas que llevaban a los oficiales.

«Además de los hombres, también había mujeres y chicos que avanzaron hacia ellos y los obligamos a subirse a los colectivos y los otros vehículos para que se fueran, porque estábamos dispuestos a todo», sostuvo el informante. El mismo vocero admitió que cuando los móviles que llevaban a los gendarmes pasaron por el piquete de la ruta 12, les arrojaron piedras y «algunos palos».

MAS DISTURBIOS

Pero los incidentes no terminaron en ese lugar, ya que otros vecinos narraron que muchos piqueteros fueron luego hacia el barrio Gas del Estado, donde hay dos pabellones que ahora pertenecen a Gendarmería.

Allí, mientras algunos se acercaron a discutir con los oficiales, otros arremetieron contra numerosos efectivos apostados en el lugar, arrojándoles piedras. Este foco de ira se mantenía hasta el cierre de nuestra edición y se desconocía si se había agravado.

Por otro lado, otras fuentes alegaron que en realidad los gendarmes de élite que se retiraron de la estación de servicio no lo hicieron tanto por la presión de la gente que avanzó sobre ellos, sino porque ya tenían órdenes de replegarse.

Como fuera, hasta anoche no fue posible constatar el paso de los micros que los transportaban por Caleta Olivia y hasta se consideraba probable que hubieran recibido una orden de replegarse hasta determinada posición de la ruta, previendo irrumpir nuevamente de madrugada con directivas de despejar las rutas de manifestantes.

Ante esta circunstancia, otro vocero de los piqueteros anticipó tres hipótesis de estrategias que podrían utilizar: «si vienen y nos ordenan que salgamos, nos iremos a la banquina y más tarde volvermos, tantas veces como sea necesario para cansarlos. También podemos sentarnos y que si quieren que nos peguen o nos pasen por encima con los colectivos para que el país sepa de la masacre. Pero también deben saber que vamos a defendernos hasta las últimas consecuencias».

Si bien en el curso de las últimas semanas hubo contacto directo entre oficiales de esa fuerza de seguridad y piqueteros, fue en la tarde noche del último miércoles cuando el clima comenzó a tensarse más de la cuenta.

Aris Quiesslin, un empleado municipal que se plegó al paro y los piquetes, contó que a eso de las 19:30 se hizo presente en uno de los cortes de ruta el comandante Gustavo Caserotto, el jefe de la Agrupación XVI que llegó desde Río Gallegos.

«Nos dijo en principio que él no venía con su gente a reprimir, sino a dialogar y que lo hacía por directivas de Presidencia de la Nación ya que nuestra protesta tenía repercusión en todo el país», comentó el vocero.

«Nos aseguró que su misión era acercar a las partes para lograr una solución pacífica el conflicto y que llamaría al intendente (Osvaldo Maimó) para que nos juntáramos, pero cuando le dijimos que el intendente se había levantado de una reunión por estar disconforme, nos aseguró que lo iba a traer de las pestañas, al mejor estilo militar».

«El jueves por la mañana, aproximadamente a las 10:30, volvió y nos dimos cuenta de que nos estaba engañando porque ahí nos dijo que teníamos que irnos porque su misión dependía de la juez local, así que la conversación terminó porque le informamos que nosotros nos quedábamos donde estábamos hasta que accedan a nuestros reclamos», añadió el piquetero.

En rigor, otra de las tantas situaciones límites se había vivido días antes cuando unos 30 efectivos policiales arribaron desde Río Gallegos, presididos por el comisario (RE) Hugo Llamazares, jefe de la institución, quienes se apostaron en el edificio central de la comuna.

Aparentemente habían ingresado por atrás para evitar el choque con los piqueteros que bloqueaban ese inmueble, donde luego de un tumulto con funcionarios que querían ingresar, la presidenta del Concejo Deliberante, Selma Salas, recibió un golpe en el rostro.