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El periodista Pere Rusiñol reflexiona sobre la crisis del periodismo en el Fòrum de Debats de la Universitat de València

Poder, banca y medios de comunicación

Fuentes: Rebelión

¿Qué coyuntura vive hoy la prensa en el estado español? «Catastrófica», zanja un periodista de fino análisis y largo recorrido, Pere Rusiñol, quien tras muchos años en El País y pasar por Público, actualmente simultanea trabajos en eldiario.es, «Alternativas Económicas» y la publicación satírica Mongolia. «En los últimos cuatro o cinco años se ha hundido, […]

¿Qué coyuntura vive hoy la prensa en el estado español? «Catastrófica», zanja un periodista de fino análisis y largo recorrido, Pere Rusiñol, quien tras muchos años en El País y pasar por Público, actualmente simultanea trabajos en eldiario.es, «Alternativas Económicas» y la publicación satírica Mongolia. «En los últimos cuatro o cinco años se ha hundido, y de manera irreversible, el modelo según el cual los medios proporcionaban información para que los ciudadanos tomaran decisiones». No se trata de idealizar el pasado, pero «creo que lo mejor es que esto se hunda para construir otros modelos en que el periodismo sea posible», ha aseverado en el Fòrum de Debats de la Universitat de València.

En los últimos años han confluido múltiples factores que explican la degradación mediática. Se le suelen achacar a Internet buena parte de los males, pero el problema no se limita a la influencia de la Red. De entrada, prácticamente todas las empresas periodísticas (prensa, radio y televisión) se hallan en quiebra. No generan ingresos, siquiera, para cubrir una décima parte de las deudas contraídas. Pero como estas empresas producen información, cuentan con capacidad para configurar la opinión pública y construir realidades, los bancos se han hecho con ellas para servir a sus intereses.

El fenómeno remite, a juicio de Pere Rusiñol, a dos factores. Primero, se ha producido una crisis del modelo de negocio comunicativo tradicional, debido a la influencia de Internet pero, sobre todo, a que los grandes grupos mediáticos siguieron -a finales de los 90 y principio de los 2000- las mismas pautas que el capitalismo de «casino». En términos más simples, el objetivo consistía en generar valor para los directivos de unos grupos inmersos en dinámicas especulativas, con dinero regalado por los bancos. No serían, por tanto, las empresas mediáticas sino una industria más en las dinámicas de la época (con más de 10.000 periodistas despedidos desde que empezó la crisis).

Uno de los casos paradigmáticos lo constituye el grupo Prisa. En 2007 (antes de que estallara la crisis), El País era un periódico rentable, buque insignia de un grupo cuyos beneficios rondaban los 140 millones de euros. Pero fue acumulando deudas hasta alcanzar los 5.000 millones de euros. En términos comparativos, los titulares de la época elevaban a esta misma cantidad la deuda (agregada) de todos los clubes de fútbol. En resumen, «la situación de los medios se fue a pique cuando reventó la burbuja; y no hay un periodismo sin un mínimo de solvencia económica», resume Pere Rusiñol.

Ocurre que en circunstancias normales las empresas cerrarían las puertas, pero al tratarse de empresas mediáticas a los bancos les resulta más rentable (y no sólo en sentido económico) quedarse con las mismas. Por ejemplo, si la banca necesita que España pida un rescate financiero a la Unión Europea o requiere toneladas de dinero en préstamos a nulo interés del Banco Central Europeo, es mucho más «útil» que esto lo apoye un periódico (considerado para muchos de izquierdas) como El País, que no una campaña publicitaria. En el caso del rotativo de Prisa, ha pasado de una deuda de 5.000 millones de euros a una de 3.000. Los 2.000 millones de euros de mengua corresponden a un crédito sindicado por parte de La Caixa, el Banco de Santander y el HSBC, que han ingresado como accionistas (de referencia) en la empresa.

La familia Polanco, que tradicionalmente controlaba El País, podía tener muchos intereses en el periódico, pero son muy superiores los de los bancos accionistas en un contexto de rescates, planes de austeridad, privatización de servicios públicos, desahucios y estafa de las preferentes. Antes de la nacionalización, el principal accionista de YPF era Repsol, cuyo principal accionista es La Caixa, a su vez accionista de El País. ¿Qué posición defenderá este medio ante el gobierno de Cristina Kirchner y el proceso nacionalizador de YPF en mayo de 2012? Por lo demás, si en otra época resultaban inverosímiles las críticas a Polanco, ahora sucede lo mismo con los bancos accionistas.

Pere Rusiñol destaca que de los 16 miembros del consejo de administración del grupo Prisa, 12 han sido directamente colocados por el sector financiero o grandes fondos de inversión. Pero algo muy parecido sucede con La Vanguardia. El dueño del grupo Godó, Javier Godó, que edita el diario, es vicepresidente segundo de La Caixa y consejero de Caixabanc. En el caso de El Periódico de Cataluña, formalmente está en manos del grupo Zeta y de la familia Asensio, pero el consejero delegado del Grupo, Juan Llopart, es una persona muy vinculada a La Caixa. Nadie escapa de la simbiosis entre poder financiero y medios de comunicación. En el consejo de administración del ABC se sientan el Banco de Santander y el BBVA. José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta y vicepresidente del Banco de Sabadell, apuesta a diferentes bazas: Antena 3 (PP), la Sexta («progresista») y La Razón (compró este periódico, comenta Rusiñol, únicamente para que le dieran una televisión). En su día también Lara cruzó intereses en periódicos tan dispares como Avui y La Razón. Por otro lado está El Mundo, en manos de una multinacional italiana -RCS Mediagroup- y de la banca de este país, que puede sacar informaciones que afecten a la familia Botín, por ejemplo, a quien no se considera más que un competidor financiero.

Recuerda Pere Rusiñol que la autoridad reguladora de Reino Unido multó a 13 bancos por obligar a los clientes a contratar seguros vinculados a las tarjetas de crédito, y de este modo garantizarse el negocio. El Banco de Santander era una de las entidades implicadas. «La noticia salió en todos los periódicos del mundo; en muchos casos en la portada, pero no ocurrió así en España; de hecho, El País informó citando a una serie de bancos, pero no al Santander», explica el periodista. Remató con la coletilla «entre otros». El presidente de La Caixa, Isidre Fainé, cobró una pensión de 24 millones de euros sin haberse jubilado, lo que (aunque fuera legal) no se publicó en ninguno de los grandes medios españoles. Casos parecidos han dado lugar a debates públicos en países como Suiza o Francia.

A pesar de la crisis, explica el periodista, «los medios tienen una gran capacidad para hacer ver que nada ha cambiado». Pueden mostrar dramas humanos, hacer recreaciones literarias y hasta poética con la inmigración o los desahucios, «pero no explicar cómo han pasado las cosas y señalar a los responsables: el porqué de los hechos, por ejemplo, la estafa de las preferentes y las 700.000 personas afectadas».

La segunda pata por la que ha quebrado el modelo en los últimos cinco años es la publicidad. En la prensa española la dependencia de la publicidad era tradicionalmente inferior (en torno al 40% de los ingresos del periódico) a la de otros países, como Estados Unidos. Además, el reparto de la «tarta» publicitaria se daba entre muchos anunciantes. Pero las cosas han cambiado. Entre los años 2008 y 2013, los ingresos publicitarios en la prensa han caído en 700 millones de euros; 1.300 millones de euros en la televisión durante el mismo periodo, mientras que en Internet se ha producido un incremento en este capítulo de 80 millones de euros.

Las Administraciones públicas, las multinacionales y los bancos son hoy los grandes anunciantes. Las grandes compañías y la banca, cuando se anuncian, no lo hacen con el fin de «poner en valor» sus productos, sino fundamentalmente de controlar a los medios de comunicación. Así, Telefónica gasta mucho más anualmente en anuncios de lo que ingresan en publicidad El País, El Mundo y La Razón. ¿Con qué objetivo? En 2013 tuvo lugar en Barcelona una huelga de hambre de más de un mes contra los despidos en Telefónica. Organizaciones sociales, sindicales y diputados hicieron acto de presencia para apoyar a los huelguistas. Pero los medios no informaron. La Administración es el otro gran anunciante. El Metro de Madrid y el Canal de Isabel II, también en la capital, han invertido grandes sumas en los medios.

Todas estas transformaciones han dado lugar a sustantivos cambios en las redacciones. En 2013 El País aprobó un ERE que supuso el despido de 140 trabajadores. «Sobran buenos periodistas; algunos de los mejores de España, con 30 años de experiencia, resultaron despedidos». Prisa se ahorró 14 millones de euros con el ERE. Cuando Prisa salió a bolsa en 2000, la acción se cotizaba a 20 euros, mientras hoy vale 0,3 euros. Los emolumentos del consejero delegado, Juan Luis Cebrián, caminaron en sentido inverso, hasta alcanzar los 14 millones de euros en 2012.

En cuanto a los contenidos, hay una cuestión de fondo. Pere Rusiñol explica que durante décadas los medios de comunicación actuaron como intermediarios entre ciudadanos y, por otra parte, políticos, empresarios, anunciantes y otras organizaciones. «Pero con Internet y, sobre todo, con las redes sociales, el cambio se produce porque no hace falta pasar por estos medios tradicionales». A la hora de informarse, pero también de publicitarse. «La red social constituye una gran plataforma para la publicidad encubierta». Internet y las redes ha provocado asimismo una caída de los precios por la inserción publicitaria.

«Hemos de hacer otros medios de comunicación». Dos ejemplos pueden ser Alternativas Económicas (constituido como cooperativa) y Mongolia. Pero estos nuevos modelos requieren que la gente demande información de calidad. De este modo, el periodista puede equivocarse, como en cualquier oficio, pero será independiente de Lara, Fainé o los grandes banqueros. «Si la información no la paga el público, la pagarán la publicidad institucional o la de las multinacionales», opina Pere Rusiñol. Y esto tiene implicaciones decisivas. Por ejemplo, a la «caída» de Pedro J Ramírez como director de El Mundo contribuyó la retirada, de modo concertado, de la publicidad institucional que los ministerios insertaban en el rotativo. Al final, salvo que la información la elabore un activista en condiciones de precariedad, «siempre hay alguien que paga la información». «Y el público ha de pagarla si quiere que sea independiente».

La burbuja inmobiliaria y financiera en el estado español tuvo una dimensión fabulosa. Los bancos permanecen llenos de productos tóxicos y aún viven de la «barra libre» del BCE. ¿Se da el mismo horizonte mediático en otros países de la Unión Europea? En Francia Le Monde está participado por el sector financiero (además, uno de sus accionistas es el grupo Prisa); Liberation, que en su día echó a andar por suscripción popular, está hoy en manos de la banca Rothschild. Aunque el caso inglés, según Pere Rusiñol, es diferente, dado que existen medios solventes que la gente compra.

«Los medios tradicionales han perdido el monopolio informativo y, sobre todo, mucha credibilidad». Ahí está, estridente en la pequeña pantalla, el fenómeno de las tertulias. Recuerda Pere Rusiñol que más del 50% de los contertulios son seleccionados por los jefes de prensa de partidos políticos e instituciones. «A ese punto hemos llegado». ¿Alternativas? «Son buenos momentos para el cooperativismo, como se hacía a principios del siglo XX». Volver a los orígenes y picar piedra. Con mucha humildad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.