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Pronunciamiento sobre la reforma laboral

Fuentes: Rebelión

Desde el pasado 1 de septiembre, día en que Felipe Calderón presentó su iniciativa preferente de reforma laboral en el Congreso, hemos sido testigos de una de las mayores farsas políticas de los últimos años. Con todo el cinismo que los caracteriza, los diputados y senadores de los partidos de derecha hicieron como que discutían […]


Desde el pasado 1 de septiembre, día en que Felipe Calderón presentó su iniciativa preferente de reforma laboral en el Congreso, hemos sido testigos de una de las mayores farsas políticas de los últimos años. Con todo el cinismo que los caracteriza, los diputados y senadores de los partidos de derecha hicieron como que discutían las reformas a la ley, hicieron como que escuchaban a los trabajadores; mientras que sus cómplices del PRD, del PT y de Movimiento Ciudadano, hicieron como que estaban en contra de la iniciativa, como que tomaban la tribuna, como que votaban en contra.

Por otro lado, los líderes de algunos sindicatos «independientes», hicieron como que protestaban. En marchas y mítines amenazaban, incluso, con estallar una huelga nacional si se aprobaba la reforma, a sabiendas que el movimiento obrero no cuenta con la fuerza necesaria para llevar a cabo una acción de ese tipo, porque los dirigentes charros se han encargado de debilitar la organización de los trabajadores durante muchos años.

También hubo quienes, deliberadamente, prefirieron no protestar. Tal es el caso de Andrés Manuel López Obrador y los dirigentes de MORENA, que estaban más ocupados en fundar su partido que en defender a los trabajadores. Hasta los jóvenes que unos meses antes habían tomado las calles para expresar su rechazo a Enrique Peña Nieto y el proyecto que representa, brillaban por su ausencia.

El resultado todos lo conocemos: la reforma laboral fue aprobada y, con ello, quedaron establecidas las condiciones legales para que el trabajador sea despedido arbitrariamente, para que reciba un salario de hambre, mucho peor que el que tiene ahora; para que sea contratado por horas y a prueba; para que no tenga seguridad social, para que no pueda organizarse y luchar por sus intereses, para que tenga que vivir trabajando todos los días de su vida. En resumen: en unos cuantos días, perdimos todos los derechos laborales que nos costó años conquistar a base de lucha.

Las razones para que esto haya ocurrido así pueden ser muchas, pero hay una que destaca sobre todas las demás: los trabajadores no contamos con organizaciones sindicales clasistas y de base. Esto quiere decir que debemos construirlas. Donde ya tenemos sindicatos, hay que defender los logros que se han obtenido, quitar a los dirigentes charros y poner la organización al servicio y la defensa de nuestros compañeros. Donde no hay sindicato, tenemos que formarlo.

Además, debemos unirnos con quienes se encuentran en la misma situación que nosotros, es decir, con otros trabajadores democráticos que tienen bien claro a qué clase social pertenecen y contra qué clase social se enfrentan. Tenemos que brindar toda la solidaridad y el apoyo que sean necesarios a las luchas que emprendan nuestros compañeros, porque de lo contrario vamos a seguir a merced de lo que dispongan los grandes empresarios, los dueños del capital, quienes se hacen millonarios con nuestro trabajo mientras que nosotros vivimos en la miseria.

Quienes piensan que estamos derrotados se equivocan. Pero para vencer tenemos que construir desde la base, con nuestros compañeros de trabajo, día con día, hasta lograr la victoria final. Tal vez esta ruta sea más larga, pero definitivamente es la más segura y la única que nos puede garantizar el triunfo sobre los que hoy nos oprimen y no se cansan de explotarnos.

Comité Inter-Sindical

(Trabajadores del SME, STRM, SITUAM, STUNAM, IEMS y del Sindicato «Solidaridad» del Sistema de Agua Potable de Yautepec)