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Se complica el camino de Malcorra hacia la ONU

Fuentes: Rebelión

Parte I: Ayudame que te ayudo Diez meses después de haber sido designada al frente de la diplomacia argentina, las mieles del prestigio y el éxito que rodeaban a Susana Malcorra, comenzaban a virar hacia sabores amargos y el papelón en el que se vio envuelta a raíz de la sobreactuación, la impericia y la […]

Parte I: Ayudame que te ayudo

Diez meses después de haber sido designada al frente de la diplomacia argentina, las mieles del prestigio y el éxito que rodeaban a Susana Malcorra, comenzaban a virar hacia sabores amargos y el papelón en el que se vio envuelta a raíz de la sobreactuación, la impericia y la falta de respeto por los valores de las relaciones exteriores por parte del presidente Mauricio Macri, nada menos que frente a Gran Bretaña, parece haber dejado sin oxígeno sus intentos por ocupar la Secretaría General de Naciones Unidas, a partir del primer día de 2017.

La decisión de Mauricio Macri de designar a Susana Malcorra al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (MRECIC) había sorprendido a todos, propios, extraños y, en particular, a «La Casa», eufemismo antipolítico con que los diplomáticos egresados del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), denominan a la Cancillería argentina. El jefe del PRO le dio la espalda al grupo de diplomáticos radicales que hicieron cola para sentarse en el sillón que usaron Rafael Bielsa, Jorge Taiana y Héctor Timerman entre el 25 de mayo de 2003 y el 9 de diciembre de 2015.

En pocos meses las cosas cambiaron rápidamente para la conductora de la diplomacia local, tanto en el frente interno, como en la propia ONU donde, a las acusaciones en su contra por encubrimiento de violaciones de niños en África cometidas por «fuerzas de paz» francesas, se le deben sumar las cuatro derrotas seguidas en los sondeos entre los miembros del Consejo de Seguridad. Cayó al séptimo lugar en la ronda de comienzos de septiembre, cinco votos por debajo del portugués Antonio Guterres y, lo que le preocupa aún más, con siete países que «desalientan» su postulación, a pesar de haber recibido el apoyo del presidente chino, Xi Jinping, en la Cumbre del G-20… o tal vez a raíz de eso, en un mundo en el que el juego de las grandes potencias forma parte de una suerte de guerra fría por otros medios.

Un amigo presidencial, que supo usar boina blanca, había deslizado el nombre de quien fuera Jefa de Gabinete del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, entre los papeles del por entonces presidente electo. Jugaba a dos puntas: le arrimó respaldo político a las expectativas de encabezar la ONU a Malcorra y le sumó al ingeniero boquense una de las fichas por entonces menos cuestionadas del nuevo gabinete, por el perfil supuestamente «técnico» de la beneficiada, contra los currículos gerenciales de la mayoría de sus colegas que los ponen cada día al borde del incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos, las incompatibilidades de sus funciones o la venta de sus acciones en empresas extranjeras relacionadas con sectores de la economía nacional que deberían regular.

El reciente paso por Nueva York durante la Asamblea General de la ONU y gestos como el agradecimiento de Barack Obama por la aceptación argentina de refugiados sirios -una decisión tomada en realidad hace más de dos años por Cristina Fernández de Kirchner-, parecían el escenario exacto para que la campaña de la canciller argentina retomara impulso frente a las próximas votaciones del Consejo de Seguridad. Sin embargo, todo terminó en el fracaso estrepitoso causado por la desmentida rotunda del Foreign Office británico a la afirmación de Macri acerca de que la primera ministra Theresa May estaba dispuesta a «comenzar a conversar» sobre la soberanía de las islas del Atlántico Sur, durante un encuentro de pasillo al que se encargó de sepultar calificándolo de «breve» e «informal».

Fotocopia Vaticana

La ingeniera electrónica rosarina, no residente en el pa í s, que comenzó a trabajar en la estadounidense IMB en 1979 y a partir de 1994 se pasó a Telecom donde escaló hasta convertirse en su CEO, necesitaba sumar a su foja el apoyo político. El ex capo de SOCMA y actual multiaccionista de empresas offshore sumaba una perla a un vestido chorreado de empresarios y carente de políticos, salvo los mendicantes que se le sumaron desde la UCR.

Ese fue el acuerdo informal con Macri, quien daba sustento político a su candidatura, mientras ella cubriría con una estola de «mujer conocida» los primeros pasos internacionales de su gestión, en base al trato que tuvo como funcionaria con líderes mundiales, incluido el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. El diseño fantaseado en plena borrachera del éxito electoral que instaló a las corporaciones transnacionales en la Casa Rosada, coronaría con la frutilla de una representante «propia» al comando de las Naciones Unidas que, para el equipo amarillo del PRO, constituiría un equivalente laico al obispo argentino y peronista que se sienta en el sillón de San Pedro. Con una candidez impropia del cargo que ocupa y escasa fineza diplomática, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, se atrevió a decir que «los argentinos ya tenemos a Bergoglio en el Vaticano, a Messi en el Barca y sólo falta Malcorra en Naciones Unidas».

En los despachos de la Casa Rosada relacionados con los «asuntos estratégicos» critican -en sordina pero con dureza- a la canciller; consideran que las acciones que adopta la todavía jefa de la diplomacia, incluido el «acuerdo» con Gran Bretaña, luego desagiado en «anuncio», buscan fortalecer su postulación a la conducción de la ONU por encima de los intereses del conjunto del gobierno. Las fuentes, a pesar de trabajar para el presidente Macri, opinan que al no ser un especialista en los manejos de política exterior, el mandatario «deja hacer» a la ingeniera devenida en funcionaria internacional.

En el propio Palacio San Martín, pasada la luna de miel con el cuadro de «alto rango del sistema multilateral», arrecian las críticas. Otra vez su aspiración a reemplazar a Ban Ki-moon ocupa el centro de la escena, con una percepción de que todo el trabajo de los diplomáticos baila al compás de la «ambición personal» de Malcorra, quien diseñó dos giras mundiales, con más de 15 destinos extranjeros y casi un mes afuera de la Argentina que, a entender de los que saben fueron diagramadas «a la medida exacta del traje de candidata», y costeadas con fondos del erario público.

De alguna manera ella reconoció la situación a través del cable interno del MRECIC que se vio obligada a circular a sus «Estimados colegas» el 26 de mayo a las 15.21, en el que les manifestó que «Nada de lo que haga en estos meses de ´campaña` me apartará de los principios que me llevaron a aceptar este desafío» y les adelantó que «en las próximas semanas me espera un agenda muy activa».

Malvilands, Falkvinas

Las aguas se inquietaron más aún a partir de los anuncios de Malcorra y el ministro británico de Asuntos Exteriores, Alan Duncan, en el marco del Foro de Inversión y Negocios porteño, al que el macrismo y su prensa denomina «Mini Davos», en contraste orgulloso con el Foro Económico Mundial que se realiza en esa ciudad suiza, con la presencia de los principales líderes empresariales, líderes políticos internacionales, premios nobeles e intelectuales de renombre.

Los diez puntos del comunicado fueron aceptados por la canciller sin el concurso de los asesores de Balcarce 50, que «llegaron tarde» con su intento de corrección. La comunicación busca de manera obvia instalar al gobierno argentino mucho más cerca del británico de lo que estuvieron las anteriores gestiones, incluso de lo que quieren los políticos del PRO, quienes saben de la sensibilidad nacional frente a la problemática de la recuperación efectiva de la soberanía que los argentinos tienen sobre las Islas Malvinas y los demás archipiélagos usurpados por Londres.

Incluso, reinstala el memorándum de 1989, recordado por la política de «paraguas», anunciado por Carlos Menem que, en su dificultoso inglés, planteó esconder la soberanía bajo una «umbrella»; contradice las resoluciones de la ONU que instan a Londres a abrir negociaciones sobre el tema, y despertaron sospechas entre la dirigencia opositora sobre una «jugada» de Malcorra para tratar de evitar el veto del Reino Unido a su candidatura a la ONU.

Las críticas surgieron, siempre bajo reserva de anonimato, dentro del propio macrismo, teniendo en cuenta que las áreas oficiales no diplomáticas involucradas en un tema de estas características, como Asuntos Estratégicos, Legal y Técnica o Energía y Minería, no fueron consultadas por Cancillería para la elaboración del paper leído de apuro en el Centro Cultural Kirchner, más allá de que la lógica de relacionamiento internacional de las autoridades nacionales pasa, precisamente, por «facilitar» cualquier tipo de desembarco transnacional sobre los bienes naturales comunes del país, a los que consideran meros «recursos naturales» transables.

El párrafo referido al «fortalecimiento de la relación bilateral y la búsqueda de soluciones de los problemas globales dentro de los marcos multilaterales que correspondan», se relaciona con las precisiones de Malcorra al diario británico The Guardian un mes atrás, en plena campaña por su candidatura cuando, además de adelantar la intención de ampliar los vuelos desde y hacia las Islas, expresó su anuencia a generar «un joint ventures argentino-británico de exploración de petróleo alrededor de las islas Malvinas». En realidad, ese tipo de alianza estratégica es utilizada por empresas, e incluso por estructuras gubernamentales, para ampliar espacios para sus negocios y ampliar mercados, no siempre de manera equitativa sino en beneficio del protagonista de más peso.

En el caso malvinero, la supuesta «articulación de empresas», le abriría a Gran Bretaña la posibilidad de la explotación hidrocarburífera alrededor de Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y de los espacios marítimos argentinos circundantes.

El tema amplía las grietas en las relaciones del oficialismo con la oposición, además de constituir uno de los ejes capaces de nuclear rechazos contra el Ejecutivo nacional, por encima de las diferencias de distinto tipo que el oficialismo riega con paciencia, con los ojos puestos en las elecciones del año próximo. Hasta el senador radical Julio Cleto Cobos, titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la cámara Alta, apoyó el reclamo iniciado por el senador chubutense del FpV-PJ, Juan Mario Pais, respaldado de sus colegas Juan Manuel Abal Medina, Marcelo Fuentes y Ruperto Godoy, para que Malcorra comparezca ante la misma para aclarar las intenciones del «acuerdo», los radicales se sumaron a la exigencia y hasta la Mesa Nacional de la CC-ARI de Elisa Carrió expresó su preocupación por el acuerdo. Todo lo contrario a lo que deseaba Macri en su primera participación ante la Asamblea General de la ONU, a la que llegó atajándose con un «hay que bajar las ansiedades» y asegurando que «no hay ningún acuerdo».

La normativa vigente en la materia, en especial la ley 26.659, de la que es autor Fernando Pino Solanas, prohíbe desarrollar actividades hidrocarburíferas sin autorización nacional en la Plataforma Continental Argentina y expresa cuáles son las condiciones para la exploración y explotación. A juicio de los críticos de la iniciativa de la canciller el Gobierno no podría avanzar en estas conversaciones, ya que acciones de esas características implicarían «un reconocimiento de facto de derechos británicos sobre el territorio argentino».

El presidente del Parlasur y ex canciller argentino, Jorge Taiana, consideró que, con esas condiciones el actual gobierno aceptó la decisión británica de «desmontar las medidas legales que ha venido aplicando nuestro país para resguardar sus derechos y sus recursos naturales no renovables por tratarse, además, de acciones expresamente prohibidas por las Naciones Unidas» y constituiría el primer paso del Reino Unido para avanzar sobre «una agenda que aspira a superar los logros que obtuvo la Argentina en años recientes».

Tampoco se privó de calificar de «papelón» el minué de afirmaciones, desmentidos e insistencias presidenciales entre Macri y Malcorra, a partir del «breve intercambio con Theresa May», tras el cual el presidente argentino «ha salido a decir que eso es conversar sobre soberanía».

Yes, Mr Obama

Con las visitas de Barack Obama a Buenos Aires en marzo, y la de su secretario de Estado, John Kerry, en el mes de agosto, la administración Macri buscó mostrar una supuesta «reinserción en el mundo» del país, contra lo que considera el «aislamiento» kirchnerista, que dio prioridad a relaciones independientes con Latinoamérica y el Caribe, los BRIC´s, Rusia, China y organizaciones regionales como UNASUR, CELAC y un Mercosur con Venezuela como miembro de pleno derecho.

A pedido de Francia y Estados Unidos, Argentina se comprometió a recibir 3000 refugiados provenientes de Siria, en lo que pareciera constituir otro de los puntos de la «campaña Malcorra», que hasta logró incluir en el acuerdo anunciado en el CCK que Londres elogie la decisión de establecer ese «programa» en el marco de la «Crisis de los Refugiados».

Nadie da cuenta de la forma en que se calculó esa cantidad de refugiados, un número que, para un tema con connotaciones políticas, migratorias, económicas, de seguridad y, en particular, de inteligencia, es elevado. Otra vez la sobreactuación del equipo Malcorra, genera rispideces en otras áreas del Ejecutivo, e incluso de la Cancillería.

De apuro, sobre todo ante la llegada de Kerry, distintos despachos del Ministerio de Relaciones Exteriores desempolvaron propuestas y planes de trabajo de la gestión anterior relacionados con potenciales refugiados sirios y con los desplazados sirios en Líbano. Finalmente, la canciller logró que el tema fuese uno de los puntos principales de la rueda de prensa brindada junto al secretario de Estado de EEUU, una foto que le garantiza instalación en los principales medios de prensa del mundo, que siguen con preocupación el desplazamiento de millones de personas desde las zonas de crisis.

Los principales funcionarios migratorios argentinos, manifestaron su preocupación por la selección de los refugiados y por la forma en que se hace «inteligencia» sobre ellos, una tarea para la que el país carece de la preparación y los recursos suficientes, como quedó demostrado con los errores, anuncios y desmentidas a que se vio obligada la cúpula del Ministerio de Seguridad, que primero creyó detener a un «terrorista» libanés, que en realidad era libio y no era «terrorista», y pocos días después se vio obligada a otra desmentida tras alertar sobre la presencia del Estado Islámico en el país, que en realidad no era real.

Fuentes que participaron de alguna de las reuniones vinculadas con el «Programa Siria» -en realidad establecido desde el 14 de octubre de 2014 por el gobierno de Cristina Kirchner-, apuntan que los informes de las autoridades de Migración contabilizan 1500 sirios llegados al país desde aquel momento; la idea de la conducción política de la diplomacia es «descontar» esa cifra de los 3000 comprometidos ante Obama y Kerry. Por otra parte, los responsables de las autorizaciones migratorias, tienen datos sobre decenas de esos refugiados que en los últimos meses salieron y regresaron al país más de una vez, lo que genera su preocupación, ya que quieren evitar «comerse» cualquier acción delictiva cometida por alguno de ellos.

Presidente guionado

Un gobierno gestual como el de Mauricio Macri y Jaime Rolando Durán Barba, se apoya una y otra vez en su propio relato, sin buscar anclajes reales que lo sustenten. Pura tecnología comunicacional, sobre un proceso de toma de decisiones definido por los intereses de los grupos más concentrados de la economía sentados de modo directo en el gabinete argentino.

El plano internacional es un territorio más complicado que el de las visitas programadas a determinadas casas de familia, que hasta lo llevan a «pedir el baño a una vecina», siempre mencionando el nombre de la elegida o el designado por el libreto de su equipo. No alcanzan los espejitos de colores que, en realidad, son la prenda que el capital transnacional y Estados Unidos como potencia regional pretende entregar a cambio de que el país cumpla sus condiciones, económicas y geopolíticas.

En ese exacto resquicio se intersecan Susana Malcorra y Mauricio Macri. Sus posibilidades dependen de un juego que la rosarina tiene cubierto por el lado de Washington pero que no controla en el espacio de los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Gran Bretaña, China, Rusia y Francia, cualquiera de los cuales, con su solo veto, la saca de carrera y deja al mandatario sin premio y sin focos internacionales. Muchos de los anuncios internacionales de la Cancillería parecen responder a un plan de granjear simpatías hacia su jefa o, al menos, de evitar enojos que conduzcan al veto de los «cinco grandes» de la ONU.

La situación se complica más para la dama, si se tiene en cuenta que en sus oficinas reposan los pedidos de exhorto girados por el juez Sebastián Casanello, quien investiga las irregularidades financieras del mandatario argentino destapada por los Panamá Papers, convertidos en «Macri Papers» a partir de la existencia de cuentas y compañías offshore, supuestamente en vigencia durante el ejercicio de sus funciones públicas y no declaradas.

El cajoneo o la desidia en la tramitación de esos trámites constituiría un nuevo mal precedente en una foja de servicios ya cuestionada en el seno del organismo multilateral, en particular a partir de las acusaciones en su contra por supuesto encubrimiento de violaciones de niños en África, cometidos por tropas francesas de los «cuerpos de paz» de la ONU, documentadas por UNICEF. La denuncia fue formulada por el director de las Operaciones de Campo del organismo, Anders Kompass, veterano luchador sueco de los derechos humanos, que debió renunciar al cargo tras filtrar el caso a las autoridades del Gobierno de François Hollande y ser acusado de no cumplir con los «protocolos» de la institución.

Dominó

A esta altura, la suerte de Malcorra es incierta. Lo único seguro es que el primer aniversario de Macri en la Rosada encontrará al Palacio San Martín en nuevas manos…, por ascenso o por eyección.

El tema, que no le quita el sueño al Presidente, tendrá sin embargo sus consecuencias; este como cualquier gobierno, puede sufrir un remezón fuerte ante la salida de uno de los miembros del gabinete nacional. Más allá de las ganas de algún ministro de sentarse en el sillón que supieron ocupar Domingo Cavallo en 1989 o Torcuato Di Tella y sus «Historias de Winnie The Pooh» para los kelpers, la baja de la canciller puede empujar una verdadera «corrida» en el equipo de gobierno.

También puede ser el espacio necesario para convertir una baja forzada en la limpieza de las fichas averiadas del Ejecutivo. Patricia Bullrich tiene todos los boletos para zarpar pronto del Ministerio de Seguridad, una función a la que fue convocada sin antecedentes que la avalasen, como quedó demostrado una y otra vez desde su asunción misma, a través de errores, furcios y de un afán de exhibición impropio de la prudencia y las certezas que exige un tema como el que tiene a cargo.

Juan José Aranguren, Ministro de Energía y Minería, solo se sostiene en función del empecinamiento de Macri, tras el desastre que generaron sus decisiones tarifarias que pusieron al país al borde del desastre y arrimaron las protesta contra el Gobierno hasta los barrios que diez meses atrás lo habían votado. El incumplimiento del Código de Ética en la Función Pública y la incompatibilidad entre su pertenencia a Shell hasta hace poco más de un año y por ser propietario de millones de pesos en acciones de la compañía a la que debe regular, lo ponen también en la línea de partida al cumplirse el primer aniversario de la instalación del gobierno de las corporaciones en la Casa Rosada.

Parte II: Barras y estrellas

La actual canciller argentina, Susana Malcorra se destacó como Secretaria General Adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno (DAAT), de Naciones Unidas, el organismo multilateral que aspira encabezar, aunque hasta el momento con suerte esquiva tras los primeros cuatro «sondeos de opinión» a puerta cerrada entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad, que deben optar «alentar» cada candidatura, desalentarla o desentenderse de la misma.

Malcorra venía apilando con paciencia -y eficiencia reconocida por distintos sectores- antecedentes para reemplazar a su ex jefe surcoreano al frente de Naciones Unidas. Arrancó la carrera en octavo lugar entre los 12 aspirantes iniciales durante el sondeo de julio, escaló en buena forma hasta el tercer lugar en agosto y empezó a descender hasta llegar al séptimo puesto en la ronda de la primera semana de septiembre, con siete «alientos», siete rechazos y una abstención.

En los conciliábulos internacionales, dignos de la Florencia de los Medici, se afirmaba que era el turno de instalar a un europeo, preferentemente del Este por ser la única región del mundo que no ha ocupado el puesto de Secretario General, en cumplimiento de un pacto no escrito. De no concretarse esa expectativa, la posibilidad se desplazaría hacia América y, entonces sí, Malcorra correría con buenos caballos, tanto como lo son los que provienen del establo del comisario. Estados Unidos, en ese caso, tendría otro resorte multilateral a cargo de alguien dócil a sus intereses y Macri presentaría la designación como un «triunfo» de su gestión, sobre todo de esa «apertura al mundo» de su «nueva Argentina», de la que volvió a hablar al desembarcar en Nueva York.

En realidad, al capital que le aporta Washington la canciller suma el ser mujer, como cualquiera de las congéneres que iniciaron la carrera en la que solo quedan tres, tras el desestimiento de la costarricense Christiana Figueres después de recibir 10 «desalientos» en la última sesión, tres más que su rival argentina.

Todo se sabe

A partir de 2004 Susana Malcorra ejerció como Oficial Principal de Operaciones y Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA), supervisando operaciones humanitarias y de emergencia. De ese organismo pasó al DAAT, encargado de cooperar con el despliegue de las «misiones de paz» de la ONU en todo el mundo, con un presupuesto de u$s 7.000 millones y maneja más de 120 mil personas, entre militares, policías y civiles.

Cuatro años después se convirtió en jefa del gabinete del secretario general, Ban Ki-moon. A lo largo de ese recorrido fue significativo el vínculo que logró con Susan Rice, entonces embajadora de Estados Unidos en la ONU y luego consejera de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama.

Las filtraciones de Julian Assange conocidas como «wikileaks», realizadas a partir de 2008, permitieron confirmar el acercamiento de la funcionaria hacia los intereses de Washington, a pesar de distintos problemas logísticos y de irregularidades administrativas registradas en diferentes misiones de paz, en particular en la de Darfur, Sudán, donde Naciones Unidas, a instancias del gobierno estadounidense de George W Bush, intentaron desde 2007 contener un conflicto armado que desembocó en un proceso de «limpieza étnica» de la población negra, con entre 300.000 y 400.000 muertos según distintos informes, y más de dos millones de desplazados de sus hogares.

Los malestares británicos, alemanes e italianos con la gestión encabezada por Malcorra, al punto de proponer saltear la coordinación con la ONU y operar de modo directo, y la aceptación de las propuestas de los EEUU por parte de la funcionaria argentina, quedaron documentados en veinte despachos del Departamento de Estado fechados 2008 y 2009, que mencionan a la actual canciller argentina, insertados en 2012 en su sitio por wikileaks.org,

A pesar de esas opiniones en su contra, Malcorra llegó a la Jefatura de Gabinete de la Secretaría General ONU, tal vez gracias a diferentes nombramientos de estadounidenses en altos cargos de la DATT, como fueron, a solicitud de la influyente Susan Rice, los de Tony Banbury como subsecretario General Adjunto en el Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno, que ocupó hasta el 5 de febrero de 2016 o a su propio ofrecimiento de llenar las direcciones recursos humanos, logística, tecnología y finanzas con funcionarios de Estados Unidos.

Macri juega la Reina

Contra viento, marea y evidencias, el mandatario argentino cree que la carrera de su ministra le permite instalar su idea de «la nueva Argentina» que impulsa su gobierno; una vez más desde la gestualidad, esos esfuerzos constituyen a su juicio una suerte de campaña de comunicación internacional, por encima del resultado de la elección del Consejo de Seguridad.

Como el «mini Davos» y sus discursos, Macri considera que es un aporte a la mostración de ese «nuevo país» que imprimió en los folletos bilingües preparados para la reunión del CCK, fotocopias de los que distribuyeron en el intento de atraer inversiones en medio de las negociación es con los fondos buitre y en los que se reconocen los logros de la década kirchnerista que se niegan puertas adentro del país.

Al criterio no escrito de «rotación geográfica» de la Secretaría General ONU, se sumó en esta oportunidad una fuerte presión para que el cargo vaya por primera vez a una mujer, en función de un criterio nunca reglamentado que dispuso la Asamblea General en 1997 para que se diese «debida consideración a la igualdad de género». Las diferentes filtraciones de Nueva York, afirman que hasta el momento esta característica «no tuvo un papel relevante» y el embajador de Rusia ante el organismo, Vitaly Churkin, aseguró que algunos de los que hablaron en público «sobre la necesidad de apoyar a una mujer no actuaron así en la votación real».

De todos modos, Malcorra también perdió espacio en la pelea de género, después que la búlgara Irina Bokova, directora general de la Unesco, subiera el quinto lugar, también con siete votos positivos, pero con dos negativos menos que la argentina.

Por el momento, el ex primer ministro portugués y António Guterres, Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados hasta el año pasado, marcha a la cabeza del lote de aspirantes, y algunos ya lo consideran «virtual» sucesor de Ban Ki-moon después de imponerse en los cuatros sondeos iniciales. De todos modos, llamó la atención la corrida del canciller eslovaco Miroslav Lajcak hasta el segundo lugar.

Desde que se inició la contienda en Naciones Unidas, Europa del Este reclama al mundo saldar lo que considera una deuda con la región y pareciera que Rusia apoya el reclamo. De hecho otras dos figuras de ese origen ocupan en los lugares siguientes al de Guterres: el excanciller serbio Vuk Jeremic con nueve apoyos y el ex presidente de la Asamblea General de la ONU, el macedonio Srgjan Kerim, con un apoyo menos.

A pesar de todo los voceros presidenciales que desembarcaron con su jefe en el edificio de la ONU frente al East River neoyorkino, sostuvieron que Malcorra «seguirá en carrera». Es que Macri, a pesar del traspié con la premier británica, intentará mantener vivas las posibilidades de la ingeniera que le puso el apoyo a la candidatura como condición para instalarse en el Palacio San Martín y que recorre el mundo en el marco de su campaña.

Volvió a hablar del «Programa Siria», con la cifra de 3.000 refugiados que menciona el equipo Malcorra (ver la Parte I de este informe) y no faltó a ninguno de los actos protocolares en los que pudo colar, junto a la sonrisa de su esposa, Juliana Awada, quien disfruta de las mieles que le rinden un marketing preciso, su belleza y algunos gestos que le brindó su par estadounidense, Michelle Obama.

Tiempo de descuento

Los tiempos de la elección se acaban. El próximo 26 de septiembre habrá una nueva ronda con el mismo formato de las anteriores. Una semana después se llevará a cabo una sesión en la que, por primera vez, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad marcarán con un color distinto las papeletas. De ese modo, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia harán saber a qué aspirantes están dispuestos a vetar si insisten con sus postulaciones.

La diplomacia argentina filtra a los diarios que acompañan la candidatura de su jefa versiones acerca de que «ninguno de los siete países que ´desalentaron´ la candidatura de Malcorra» es uno de los miembros permanentes, a pesar de que ella ya sumó evidencias acerca de que una de esas papeletas negativas constituye un veto.

En realidad, los que más preocupan a la dama rosarina son Rusia e Inglaterra. El primero, por el momento trata de sostener a los candidatos el Este aunque estaría dispuesto a avanzar en una negociación que mantenga las posibilidades de Guterres, a pesar de que su país forma parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dirigida desde Washington, sobre todo ante la amenaza de EEUU de vetar a búlgara, Irina Bokova, y teniendo en cuenta que el tema que abarcará los próxima década del mundo internacional es el de los refugiados, especialidad del portugués.

En un intento de contrarrestar probables votos de censura fue asegurar que «Todavía hay un voto sesgado en contra de las mujeres», con la que Malcorra trató de instalar que cualquier rechazo que reciba sería pura misoginia y no tendría que ver con las acusaciones en su contra por el supuesto ocultamiento de casos de abuso sexual a menores perpetrado por Cascos Azules de la ONU en la República Centroafricana, por la mala gestión durante el despliegue de las tropas de paz en Darfur, Sudán, ni por su alineamiento con Estados Unidos.

La falta de empacho del presidente en sostener intereses más que ideologías facilitaron los pasos de la canciller, por ejemplo y como ya se vio, con relación a Gran Bretaña. Macri no tuvo ningún señalamiento contrario a los diez puntos del «acuerdo» con Londres, además de que «prefiere que lleguen inversiones inglesas más que pelearse con ese país por las islas», según fuentes cercanas al gobierno.

En ese camino, tampoco le preocupó modificar su política hacia Venezuela, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, y líder de un grupo importante de países de la región y del resto del mundo, cuando Malcorra pegó un volantazo en la posición original argentina sobre le República Bolivariana en el seno de la OEA y su intervención fue decisiva para hacer fracasar la propuesta del Secretario General de esa organización, el uruguayo Luis Almagro, que trató de desencadenar un proceso conducente a la suspensión de la nación caribeña. En ese momento, los asesores presidenciales consideraron que ese cambio de posición no tendría impacto en la opinión pública y que era de mayor utilidad el «éxito de la campaña de Malcorra que por los derechos humanos en Venezuela».

Algo sucedió en las últimas jornadas, tal vez nuevas presiones, tal vez la crudeza numérica de los sondeos, lo cierto es que Mauricio Macri sorprendió al romper todo protocolo y tirar a las fieras el principio de no intromisión en los asuntos de otro Estado y declarar al Nueva York Times que Venezuela es «un desastre», y que nadie «puede decir que están practicando la democracia, eso no es democracia». Dejó atrás, de esa manera la «vergüenza» que el endilgara semanas atrás el periodista Andrés Oppenheimer, mientras acusaba a la Argentina de «ayudar a comprar tiempo al régimen venezolano», motivado por «la necesidad de Malcorra de contar con el respaldo de Venezuela para su candidatura a la Secretaría General de la ONU».

Ya recorrió el mundo a caballo del conocimiento que los gobiernos tenían de Malcorra. Puede ser que crea haber llegado a la cima, del mismo modo que, en nueve meses, condujo el país a su «pobreza cero».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.