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¡Si pudo evitarse no fue un accidente, es un asesinato laboral!

Fuentes: Rebelión

El pasado 9 de setiembre, Día nacional de lucha contra los asesinatos laborales, se cumplió el quinto aniversario de los crímenes laborales de David Ramallo, trabajador de la Línea 60, Diego Soraire, trabajador del Inta, y Richard Alcaraz, trabajador de la construcción.

Como todos los años, desde el espacio Basta de Asesinatos Laborales convocaron a movilizar exigiendo justicia y para que estas muertes no queden impunes. Denunciaron además las condiciones de precarización laboral e insalubridad que hacen que cada 7 horas un/a trabajador/a muera en su puesto de trabajo. 

– En Ciudad de Buenos Aires desde las 10:15 horas, trabajadores de la Línea 60 y familiares realizaron una misa en la cabecera de Barracas. 

Luego, a las 11:30 horas concentraron en el INTA (Rivadavia 1439) y de allí hacia los Tribunales (Lavalle y Tucumán) para exigir que no cierren las causas. 

– En Mar del Plata realizaron una movilización a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (Alberti 2275). 

Durante 2020 murió un trabajador o trabajadora cada 7 horas 

Más del 76% de las muertes registradas fueron por contagios de Covid 19 en el ámbito laboral, revela el tercer anuario del colectivo «Basta de asesinatos laborales». El 24% de los y las trabajadoras murieron en choques de vehículos, muertes por caídas de altura, muertes por electrocución. Los sectores más afectados fueron del sector de salud (31%), transporte (15%) y la industria (14%). Continúan los y las trabajadoras tercerizadas del sector financiero y los de la construcción. 

El informe fue presentado en abril pasado en las inmediaciones de la Clínica San Andrés, donde 144 familias intentaban su reapertura. Su dueño falleció a causa de Covid 19 y los herederos cerraron las puertas, dejando en la calle a sus trabajadores, quienes esperan la estatización del establecimiento médico que cuenta con 90 camas.  

«Esto se da en el marco de la pandemia de Covid-19, con la presión de las empresas por continuar produciendo y con la complicidad gubernamental para que se siga produciendo», afirmaron desde BAL y aseguraron que «son todos hechos evitables». 

En 2018 se relevaron 385 muertes, en 2019 fueron 534 con la incorporación de trabajadores no registrados fallecidos. En 2020, los hechos fatales ocurrieron cada 7 horas. Es decir, 1.295 muertes en el ámbito del trabajo.  

El espacio Basta de Asesinatos Laborales se conformó en 2017. Son familiares de las víctimas y trabajadores y trabajadoras de distintos sectores sindicales. Este año volvieron a denunciar lo que las empresas ocultan, lo que los sindicatos ignoran, los que los gobiernos callan y lo que los grandes medios tergiversan: ¡si pudo evitarse no fue un accidente, es un asesinato laboral! 

Página de Facebook: https://www.facebook.com/bastadeasesinatoslaborales/ 

Twitter: Basta de asesinatos laborales @asesinatos 

Movilización por David Ramallo 

Fue el pasado 20 de agosto. Participaron la Comisión Basta de Asesinatos Laborales, y varios familiares de trabajadores muertos en sus lugares de trabajo; los familiares de Matías Dimuro, tercerizado de Claro, muerto trabajando, la comisión de Familiares víctimas de asesinatos laborales, hijo e hija de Miguel Ángel Olmedo, trabajador de Murata, Gustavo Lerer del Hospital Garrahan, saludos del cuerpo de delegados de Bed Time (Tigre), el Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC-PTS), PO, PSTU, Rompiendo Cadenas, y referentes de las líneas 203 y 303. 

Reproducimos a continuación el comunicado del Cuerpo de delegados de la Línea 60 que cuenta la respuesta del Juez a la movilización: 

Compañeros: 

En el día de la fecha y como resultado de la campaña que realizamos en la semana y la movilización que realizamos a Tribunales, los abogados de CORREPI que representan a los familiares de David Ramallo, nos informan que el Juez Manuel Gorostiaga ha dado lugar a nuestro pedido y cita a declarar a los 2 testigos y al encargado, para luego tomarse 10 días y definir si acepta el pedido del fiscal o continúa la investigación por el asesinato de nuestro compañero David Ramallo. 

Este logro demuestra que la organización, la unidad, y la lucha son las mejores herramientas que tenemos los trabajadores para pelear por nuestros derechos.
Agradecemos a todos los compañeros que se movilizaron hoy, y a aquellos que han participado en la campaña de difusión de nuestro pedido de justicia por David.
 

Cuerpo de Delegados 

Agrupación Hugo Daniel Schvrtzman 

Entrevista a Santiago Menconi, delegado de la 60, “Plan B(aires) – FM La Boca (90.1) – Jueves de 18:00 a 19:00 

M.H.: Los trabajadores de la línea 60 se han declarado en estado de alerta de asamblea permanente ante el intento de la justicia de cerrar la causa por la muerte laboral de David Ramallo. Recordanos los acontecimientos y por qué la justicia intenta cerrar la causa. 

S.M.: El 9 de septiembre de 2016, hace casi 5 años, falleció David Ramallo, compañero mío, electricista de la cabecera Barracas. David falleció en una cabecera que nosotros habíamos denunciado previamente que no contaba con la habilitación y falleció trabajando en un auto elevador, esto es una máquina que eleva el colectivo para que el mecánico opere debajo, que tampoco estaba habilitada. La máquina soporta un peso de 15.000 kilos, lo mismo que pesa un colectivo vacío. A raíz de eso nosotros iniciamos en ese entonces una medida de huelga y siempre acompañamos las movilizaciones por justicia y ahora, en el marco del juicio, no es la justicia la que quiere cerrar la causa, sino que es el propio fiscal, Marcelo Retes.  

M.H.: ¡El fiscal quiere cerrar la causa! 

S.M.: Exactamente, actuando como abogado defensor. Sin ningún tipo de argumento técnico porque se hicieron cuatro pericias sobre ese auto elevador y está teniendo en cuenta solamente la del INTI, no está teniendo en cuenta la de la ART, la de la Policía Federal, y la de nuestro perito de parte, el Ingeniero Eduardo Castro, que dicen completamente lo contrario. Así como tampoco el fiscal llamó a declarar a dos testigos presenciales que nosotros creemos fundamentales para que se sepa la verdad sobre la muerte de nuestro compañero. 

M.H.: Al respecto han adoptado esta medida de asamblea permanente ¿alguna otra más? 

S.M.: Estuvimos haciendo asambleas en las distintas cabeceras de la Línea 60 y mañana (20/8) a las 10:00 tenemos prevista una concentración en los Tribunales, en la sede de Lavalle y Talcahuano para hacernos escuchar, para que el juez tome parte, no cierre la causa, utilicen estas pericias y se cite a estos testigos. 

Los esenciales de la 60 

Desde el inicio del aislamiento, el transporte público fue definido actividad esencial. Los choferes, menores de 50 años, trasladan a diario a otros trabajadores también esenciales. Se exponen. Tienen miedos. En el camino, 70 se contagiaron de Covid. Cómo se vive la pandemia arriba del colectivo y rodeado de plásticos. Crónica desde la terminal de Barracas.Por Santiago Menconi, para Sur Capitalino*. 

El interno 6089 de la Línea 60 se detiene ante el semáforo de la estación Constitución. No suben ni bajan pasajeros. El parabrisas refleja una ciudad vacía, con paradas vacías, con pocos autos y peatones. El semáforo abre y el colectivo continúa su marcha lenta hasta la terminal, a unas pocas cuadras, en el barrio de Barracas. Es un mediodía de sol. 

El colectivo entra en la cabecera y recorre algunos metros. El parabrisas refleja micros estacionados y a una veintena de trabajadores. Están parados en filas, desde afuera, parecen guerreros de Terracota. Son choferes de colectivos alistados para un combate con barbijos y uniformes. Alguien le grita al recién ingresado que apague el motor y el motor se apaga. Un delegado, de camisa celeste, toma la palabra. 

– Bueno compañeros, esta asamblea la convocamos para tocar el tema del Covid. Sabemos que en estos momentos la estamos pasando mal, con mucho miedo… 

Los trabajadores deliberan. Levantan los brazos y arrojan temores y propuestas. En poco más de una hora, resuelven implementar un protocolo de cuidados y una serie de exigencias a la empresa, propiedad del grupo DOTA. Entre ellos, escriben en una pizarra: formar cuadrilla de desinfección, productos de higiene y la colocación de una cortina que clausure la puerta delantera. 

Se escuchan aplausos, la asamblea se disuelve. 

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El viernes 20 de marzo el gobierno nacional dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio, a fines de proteger la salud pública frente a la propagación del Coronavirus. La Resolución 207/2020, publicada en el Boletín Oficial, definió las actividades que fueron declaradas esenciales. El transporte público fue una de esas actividades. 

19 mil colectivos cubren el área metropolitana de Buenos Aires divididos en 342 líneas. Esta flota traslada a diario a unos 4 millones de usuarios. Desde iniciada la cuarentena, ese caudal se redujo en un 75 %: transportando alrededor de 1 millón de pasajeros por día. 

La resolución eximió de sus funciones a los trabajadores mayores de 60 años y a quienes presentaban determinadas patologías médicas. En la Línea 60, además, quedaron licenciados los choferes mayores de 50 años. El personal se redujo, casi, en un 70 %. 

*** 

Es la tarde del 4 de abril y en la cabecera Barracas hay poco movimiento: un maniobrista, algunos choferes y un trabajador de desinfección cubierto por un mameluco blanco. “Todos los días parecen feriado”, se queja Daniel Silveira, uno de los delegados, mientras controla los recibos de sueldo en la sala gremial. Tras ser consultado, apronta un mate y responde un breve cuestionario: 

– Está bien que seamos esenciales, es importante el lugar que ocupamos: tenemos que transportar a todos los otros esenciales, tanto médicos como enfermeros como gente que produce alimentos. – Acá salió todo por los pibes nuevos, ellos empujan las asambleas. Y tienen razón, todos los días te viene un compañero a decirte que tiene miedo por él y sus familias. Yo los entiendo, yo también tengo familia. – ¿Héroes como dicen los medios? No, ni cerca. Sí me gustaría que nos traten un poquito mejor. 

Los colectiveros se acostumbraron al olor a cloro, al alcohol en gel y al uso de barbijos. También se acostumbraron a los nuevos hábitos preventivos: debieron dejar de lado los besos, los abrazos y toda expresión de contacto físico. Los mates también fueron censurados: se deja, sí, que cada uno utilice el suyo. 

Otro chofer se acerca a la sala gremial. Daniel lo señala y dice “acá tenés un héroe”, “este es un personaje”, que tiene más de 20 años de antigüedad y que, “pese al miedo”, viene todos los días a trabajar. 

– Coco querido, ¿cómo estás? – Mejor que dios, Dani. – No entiendo, amigo. -Mejor que dios me ayude. 

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Frente a la inexistencia de cifras, los delegados de la Línea 60 se dieron a la tarea de relevar los casos positivos en el transporte. Sin embargo, dicen haber perdido la cuenta tras llegar a los 200, y que solo continuaron relevando los fallecimientos. Hacía fines de julio, registraron 8 muertes en 8 líneas distintas; hacía fines de octubre, reconocen haber perdido la cuenta de fallecidos, aunque reconocen que las últimas cifras rondaban la veintena. 

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“En la 60 todo lo que es seguridad e higiene está presente desde la muerte de David”, comenta Sergio, trabajador de Técnica, y agrega: “¿Ves los carteles que están pegados en los colectivos? Esos los pone Eva, la mamá, que viene todos los 9 de todos los meses”. El 9 de septiembre de 2016, David Ramallo, mecánico electricista, falleció cuando cedió el elevador bajo el que trabajaba y fue aplastado por un colectivo. Una semana antes, los delegados habían denunciado las condiciones de seguridad. 

El 22 de junio, los trabajadores de la Línea 60 confirmaron el primer caso positivo de Covid 19. Fue un trabajador de la cabecera Barracas. “Tuvimos que establecer la cadena de contactos estrechos y exigirle a la empresa que les dé la licencia. No es fácil en estos casos”, reconoce el delegado Héctor Cáceres. 

En las últimas semanas de junio, varios trabajadores presentaron síntomas. “Es todo un tema porque quienes se tienen que hacer responsables no lo hacen, el sistema está explotado y nadie te da bola. Tenés que llamar para que lo atiendan, para que lo autoricen, para que vaya la ambulancia, para que le den el traslado sanitario. Y nadie se hace cargo de nada. El sistema está colapsado”, cuenta Néstor Marcolín, otro de los delegados. 

Sebastián R. fue uno de los contactos estrechos del primer caso. Tras ser licenciado, y tras presentar síntomas junto a su esposa y su hijo, pidió asistencia médica. Su obra social no lo atendió. En el hospital lo derivaron a su obra social. En la ART le exigieron que se presente con un hisopado positivo. En la Superintendencia lo derivaron hacia la ART. Finalmente, y luego de insistir en todos y cada uno de los números de emergencias, se le fueron los síntomas, agotó su licencia y debió regresar a su trabajo: sin saber si estuvo o no contagiado. 

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En la sala de choferes, los choferes no pueden compartir mesa. Cada uno ocupa la suya y las charlas y discusiones se dan a los gritos. Son las 4 de la tarde de un martes de julio y los trabajadores bromean con un compañero recuperado de coronavirus. Se escucha “Eh, embichado, ni la parca te quiso”. La pandemia y sus consecuencias dieron pie a un nuevo campo semántico: distanciamiento, cloruros, hisopados. A lo que se conoce como gripe de Covid 19 entre los trabajadores se le llama “el bicho”. La expresión está acompañada de otra, “héroes”, a la que los choferes se rehúsan. 

Dice Luis, oficial mecánico: “héroe es un médico que te puede salvar la vida, nosotros somos perejiles, y si venimos a trabajar es porque no nos queda otra”. 

Dice Sierra, chofer y pastor evangelista: “Nuestro trabajo en la fe es obedecer, y ahí es donde interviene la fe. A través de la fe obedecemos, y con esa obediencia respetamos las normas, cuando tenemos fe hay bendición en la obediencia”. 

Dice Fernando, uno de los choferes: “Hubo compañeros que iniciaron medidas de prevención que después fueron adoptadas por Transporte, como el separador plástico y el acceso por la puerta trasera. Compañeros sin un mínimo de formación académica que pensaron y resolvieron lo que después fue el protocolo”. 

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Es una tarde de octubre y el tránsito, en las calles porteñas, delata una pequeña flexibilización de la cuarentena. Con la reactivación de las actividades comerciales se incrementó el número de pasajeros; el sistema público de transporte recupera, poco a poco, su caudal habitual. En la Línea 60 se mantienen las licencias y solo cumplen funciones los choferes menores de 50 años. Desde iniciado el aislamiento social, preventivo y obligatorio 70 trabajadores han resultado positivos al Covid 19.  Por esta razón -sostienen- no pueden permitirse abandonar las medidas de prevención sanitaria. 

El sol cae sobre el tinglado metálico de la cabecera Barracas y Daniel, el delegado, interrumpe a sus compañeros para llamar a una asamblea: sobre la playa de estacionamiento se agrupan los mecánicos con overoles, los inspectores con corbatas y los choferes con camisas celestes. Un colectivo se estaciona y el delegado le hace gestos para que se acerque; acto seguido, toma la palabra: 

– Bueno compañeros, esta asamblea es para ajustar los protocolos para ver en qué estamos fallando y en qué podemos mejorar… 

Los trabajadores, una vez más, vuelven a formarse en filas. Otra vez, reunidos así y vistos de afuera, parecen guerreros de Terracota. Los medios dicen que son héroes, pero ellos dicen que no. Suena la alarma del portón, un colectivo traspasa la cebra y se dirige a la calle. El colectivo seguirá su rumbo hacia la zona norte; en el camino, quizás, levantará a una médica o a otro trabajador esencial. 

  • Esta crónica fue una de las finalistas del Primer Concurso Nuevas Narrativas del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA). 

Fuentes: Periódico El Roble, Resumen Latinoamericano, Sur Capitalino, Plan B(aires) – FM La Boca (90.1), La Izquierda Diario. 

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