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Sigamos hablando de educación

Sobre estrategias malparidas

Fuentes: Rebelión

El 30 de abril, se compartieron los resultados de un diagnóstico sobre la «estrategia» (sí, entre comillas) implementada en las instituciones guanajuatenses de educación superior durante lo que va de la contingencia provocada por el COVID-19. ¿Y qué creen? Pues lo que se esperaba.

Como lo señalé desde el inicio de este calvario laboral (esclavitud disfrazada de una estoica labor para defender el derecho a la educación), lo que planearon y ordenaron desde arriba… desde un escritorio alejado completamente de la realidad educativa de la entidad, tendería al fracaso y quienes terminarían pagando los platos rotos serían -sí- los docentes (no estoy defendiendo a capa y espada a un gremio conformado, en su mayoría, por maestros mediocres, timoratos, oportunistas y comodinos; solo lo subrayo por lo que sostendré más adelante).

Analizando los resultados arrojados tras consultar a poco más de 500 estudiantes del nivel referido, ahora resulta que toda la responsabilidad fue de los maestros (quizás la única que tengan, además de las señaladas anteriormente, fue el hecho de no chistar, no criticar abiertamente, no posicionarse y aceptar como zombis los disparates impuestos de los mandamases).

Lo que se hizo mal, a ojos de los alumnos, fueron las consignas, la carga de trabajos, la cantidad de productos a entregar (se habla de 40 trabajos semanales por pupilo) y el uso de los entornos virtuales. Ante esto, los encuestados recomendaron: organizar los contenidos de manera clara, reducir el número de actividades semanales, retroalimentar los trabajos de los alumnos, no dejar tanto trabajo para enfocarse en uno solo y organización entre los maestros para la planeación de actividades. Es decir, como lo señalé, los principales «culpables» son los docentes. En este sentido, ¿qué esperaban? Además de las carencias propias de este grupo ya mencionadas, la mayoría no tiene ni la más mínima idea ni experiencia en esta modalidad educativa, amén de pocas habilidades digitales. El pecado no es solo suyo, sino de las autoridades: ambos han sido omisos en la capacitación efectiva en estos aspectos -y otros- (a unos solo les interesa el «papelito» y a otros el «formatito» que diga que se hizo algo aunque ello no redunde en mejora alguna).

Y ya que hablamos de las iluminadas autoridades, creo que alguien debería informar a los principales afectados -los estudiantes- que todo lo que se hizo fue siguiendo las instrucciones impuestas por las mismas: planeaciones sin propósito, llenado de formatos sin sentido alguno, relleno de bitácoras absurdas por sesión de trabajo (sí, aunque no lo crean, se pidió trabajar al ritmo de clases presenciales), entre otras sandeces.

No solo convirtieron a los docentes en autores materiales de la malparida estrategia, sino también intelectuales. Y, repito: no los defiendo a ultranza. Solo quiero hacer evidente lo que sucede cuando un miope y lerdo dirige a ignorantes, mudos y descerebrados.