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«Subdesarrollo Estadístico», el debate olvidado del Día Mundial de la Estadística

Fuentes: Tercera Información

El 20 de octubre de 2010 ha sido el primer Día Mundial de la Estadística, aprobado por Naciones Unidas meses antes. El panorama mediático internacional se tiñe de «retos» de la estadística en todo tipo de asuntos: económicos, financieros, políticos, humanos. Parece que, de pronto, confluyen dichos retos, y hasta el Banco Central Europeo nos […]

El 20 de octubre de 2010 ha sido el primer Día Mundial de la Estadística, aprobado por Naciones Unidas meses antes. El panorama mediático internacional se tiñe de «retos» de la estadística en todo tipo de asuntos: económicos, financieros, políticos, humanos.

Parece que, de pronto, confluyen dichos retos, y hasta el Banco Central Europeo nos hace saber que se reúne ahora para debatir sobre asuntos de estadística. Y tras la reunión, emiten un resumen con numerosas evidencias no exentas de polémica: «Las estadísticas pusieron de relieve vulnerabilidades en el sistema financiero». «Para apoyar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y mantener la vigilancia presupuestaria creíble, necesitamos datos más confiable y oportuna». «El Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) fue muy consciente de los desequilibrios financieros crecientes en los años anteriores a la crisis». «La supervisión macro-prudencial debe mejorarse».¿Qué significa todo esto? Parece que una utilización de las herramientas públicas para demandar integración en la Unión Europea y un único sentido en la producción de estadísticas en cada país. Sobre todo tiene gracia el tinte de «lo sabíamos» y la dispersión de la culpa.

Pero no quiero tocar asuntos de índole económica en un evento que debería estar priorizado por la revisión a la situación del Tercer Mundo. La sensibilización estadística no debe estar redirigida hacia temas de macroeconomía, gestión de crisis o desarrollismo, sino todo lo contrario. En este sentido, el consorcio de París21, creado en 1999 por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, se centró en fomentar un diálogo más efectivo entre los que producen estadísticas sobre el desarrollo y aquellos que los utilizan, facilitando eventos internacionales (que no los ha habido hasta ahora, 11 años después), apoyando actividades autóctonas, talleres regionales de educación estadísticas, especialmente en África.

París21 siempre destacó la importancia de sensibilizar a las autoridades nacionales, y dos eventos históricos en este sentido fueron significativos: por un lado, el Consejo de Ministros Árabes, emitió en 2001 una Resolución a favor de los Sistemas Estadísticos. Por otro, la Comunidad Andina (CAN), cuyos presidentes de los Países Andinos expresaron en 2004 una directriz que buscaba «Acordar fortalecer el Sistema Andino de Información Estadística, con el apoyo de la Secretaría General, poniendo especial énfasis en la información armonizada y periódica sobre inversión, servicios, desarrollo social y el sector informal de la economía».

Sin embargo, pese a que el día 20 de octubre ha estado protagonizado por una agenda bastante amplia de actividades, fundamentalmente en el seno de las universidades, parece que la celebración del evento no ha conseguido superar una primera fase de exaltación de la estadística como una disciplina útil y muy cercana a la configuración de lo que entendemos en occidente por democracia. Y si no, hagan la prueba: busquen en Google «subdesarrollo estadístico».

Sería inhumano centrar nuestros esfuerzos en esta materia antes que en los verdaderos problemas que atañen a la mayoría de la población mundial, a quienes la palabra democracia no significa nada. Pero resulta inevitable esta cuestión en una fecha tan señalada de la Agenda Setting.

El primer problema que se produce al enfocar la estadística como una herramienta fundamentalmente humanitaria lo encontramos al indagar en su historia: sus orígenes son fundamentalmente económicos. No me refiero a la disciplina sino a la búsqueda de resultados. La elaboración de las estadísticas europeas dio comienzo con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) a principios de los años 50. Más tarde, el Tratado de Roma sobre la Comunidad Económica Europea (CEE) significó el nacimiento de la legislación europea sobre estadística, cuya base la constituye el artículo 284. Desde los años 90, determinadas políticas europeas empezaron a basarse directamente en estadísticas; el ejemplo más notorio fueron los criterios de convergencia para la Unión Económica y Monetaria del Tratado de Maastricht. Este desarrollo ha contribuido enormemente a generalizar la expansión de la legislación estadística.

Con la Unión Europea, los programas estadísticos ampliaron fronteras para el desarrollo de las sinergias interestatales y las economías de escala. Los dos principales instrumentos serían el Eurostat y los Institutos Nacionales de Estadística. Ya hemos visto al comienzo del artículo cómo el Banco Central Europeo demanda más y más unión para poder generar mejores estadísticas, y generalizar la expansión de la legislación estadística. Hoy, el mejor homenaje que ha sabido dar corresponde a nuevos datos sobre las mejoras dentro de la comunidad, como las tendencias demográficas de descenso de las tasas de mortalidad infantil (que han descendido en los últimos 50 años).

Cambiando de tercio, los medios de comunicación nacionales, fundamentalmente El País y Público, focalizaban el día en una entrevista a la fuente obligatoria: Jaume García Villar, presidente del Instituto Nacional de Estadística de España

1) En El País, el presidente comentaba: «el futuro de la producción estadística está abierto a debate, en el que el proceso de producción está sujeto a un cambio estructural significativo y en el que la comunicación y la difusión deben tener un papel más preponderante en el marco de las actividades de la estadística oficial. La pregunta aquí sería ¿qué debate? ¿Qué participación tiene la población? Y continuaba: «La estadística oficial debe servir para renovar y ahondar el compromiso de servicio, integridad y profesionalidad que el desarrollo de esta actividad pública requiere».

2) En Público, las declaraciones de Jaume García Villar, también (ni que fuera la única fuente viable), a modo de entrevista, eran algo más comunes, con el ejemplo del periodista de «si uno come pollo y otro no, los dos comen medio pollo, según la estadística». Jaume entonces defendía que la estadística no mide mal, es que «pierde información por el camino», y que esta «no constituye una interpretación, eso lo hacen los analistas». El fiel defensor de la objetividad de INE, además, especula sobre la difícil posibilidad de medir la economía sumergida si no hay consenso homogéneo. La felicidad o el bienestar siguen siendo los debates fáciles sobre temas de estadística social. Pero la economía sumergida SÍ es estudiable, así como las migraciones de campesinos nómadas, la prostitución o el consumo de drogas.

Tercera Información quiere recordar en este Día Mundial de la Estadística, el concepto de «geografía radical» o «geografía social». Es la disciplina crítica, que, amparada en la gestación de datos propios y alternativos a los oficiales, utiliza la metodología del racionalismo dialéctico para criticar el cuantitativismo y la exclusividad del discurso empírico positivo. Entre los principales autores, destacaron Richar Peet, y su enfoque anarquista; William Bunge y el populismo radical; la tendencia marxista de David Harvey; la geografía feminista (la mujer como agente activo en la organización y configuración de los territorios y sus poblaciones); la geografía ambientalista, el paradigma radical francés de Yves Lacoste sobre el Tercer Mundo… ¿Qué pasa con todo esto? Es una de las principales batallas de la lucha de clases y donde las ciencias sociales han sido controladas por los gobiernos con total éxito. La ética de la ciencia debe imperar sobre la geopolítica del capitalismo.

En el apartado más inmediatamente práctico, estas cuestiones las percibimos en el último Informe Mundial sobre el Estado de la Estadística de la ONU, de 2009, donde encontramos fechas muy atrasadas en algunos estudios nacionales de estadística o censos oficiales. Por ejemplo:

- Yibuti: un país olvidado por Occidente, (del tamaño aproximado de la Comunidad Valenciana) cuyo último censo pertenece a 1960, y en buena medida ambas cosas están relacionadas. Es, se supone, una «república semipresidencialista», gobernada desde 1999 Ismail Omar Guelleh, quien suele presentarse como único candidato a las elecciones de este país. . En 2007 se contabilizaron medio millón de personas en esta región.

- Angola: un país aislado durante 30 años con 13 millones de habitantes. Su último censo es de 1970. Eso sí, siempre había hueco para celebrar un mundial de fútbol en verano de 2010.

- Sahara Occidental: sus informes estadísticos de población más recientes se remontan a 1970. Se calculan unas 300.000 personas en este territorio donde España tiene demasiadas deudas, antes y después de los Acuerdos de Madrid de 1975.

- Afganistán permanece en cuarto lugar, con datos del año 1979. El mayor desastre humano del planeta, con casi 30 millones de habitantes, vive bajo la connivencia internacional.

- Le siguen: Togo (1981), Myanmar (1983), la República Democrática de El Congo (1984), Eritrea (1984); Camerún y Somalia (1987); Santa Helena, Ascensión y Tristán de Acuña (1988), Uzbekistán (1989).

- Y ya en los 90 permanecen los datos de Burundi (posee una de las reservas de níquel más grandes del mundo, motivo de su «pobreza»), El Chad, El Congo, Costa de Ivore, Guinea, Kenya, Madagascar, Mali, Islas Caimán, Irak, Israel (sí), Kazakhstan, Turkmenistán, Vietnam, Islas Salomón, Pitcairn y Vanuatu.

Aún así, la ONU ha medido aproximadamente la población en todos los países del mundo, con aproximaciones, en los países conflictivos, que a veces rozan la pura especulación (la ONU afirma, lo cual por otro lado es lógico, tener estimaciones bastante abiertas), por imposibilidad de un estudio que, de hacerse bien, tardaría al menos un año en realizarse. Sin embargo, los «retos» (ahora sí, los verdaderos) siguen aumentando, donde tal vez el mayor de ellos sea el recuento poblacional y la pobreza en Pakistán, el sexto país más poblado del planeta (160 millones de personas), al cual, como saben, unas inundaciones desolaron en verano de 2010.

Para medir el grado de desigualdad en la districión del ingreso, renta, o sencillamente la desigualdad social, existe una serie de índices disponibles con propiedades distintas entre sí. Ninguno de ellos es mejor que el resto, y su utilidad dependerá de cómo satisface propiedades demandadas o deseables. Así, siguen apareciendo modelos, como el coeficiente Gini, la venta del Big Mac o el precio de productos de Apple como termómetro económico (una somera tontería basada además en la publicidad como ciencia), el índice de extracción de la desigualdad (si el problema es la desigualdad, midámosla, pensaron estadistas de las Universidades de Harvard y California).

Con todo esto, pueden suceder dos cosas: que se reencamine la disciplina hacia nuevos paradigmas sociales, algo en lo que habría que creer ciegamente, el laissez faire, las teorías del goteo, la filantropía de los multimillonarios, la solidaridad del Estado, o la influencia de la ONU; o bien buscar la continuidad de la batalla de datos. Algo que no se ha demandado hoy en ningún medio de comunicación.

Desde mi ámbito y experiencia personal, me llama mucho la atención que en las Facultades de Periodismo no se enseñe precisamente a interpretar las estadísticas, los censos, los informes de desarrollo… ¿A quién pertenece entonces este ámbito en el que la divulgación brilla por su ausencia?

En Argentina, el CEICS declara sus intenciones: «El gobierno desde sus organismos y la burguesía desde sus centros de estudios son quienes monopolizan la producción y el análisis de esas mediciones… Es necesaria una producción independiente de estadísticas. ¿Está bien medida la inflación? ¿Es correcta la tasa de desempleo? ¿Y la medición de la pobreza? ¿Qué nuevos índices deben generarse? Son algunas de las preguntas que se propone responder el Observatorio Marxista de Estadística».

Otro caso aleatorio: Gapminder.org: un portal que ofrece algo interesante: a través de las estadísticas de entidades como el Banco Mundial con gráficos de variables para explorar las posiciones de desarrollo de cada país.

Claro que por usos posibles de la estadística, hay hasta radicales antiabortistas que sostienen la tesis de que la superpoblación no existe.

Es fácil desorientarse y que nos desorienten. Y hoy ha sido, en realidad, el Día de la Estadística Feliz.

Fuente original: http://tercerainformacion.es/spip.php?article19401#forum

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.