Recomiendo:
1

Sobre estrategias malparidas (II)

¿Terminamos con el inicio?

Fuentes: Rebelión

En la entrega anterior se habló sobre la «estrategia» (sí, de nuevo entre comillas) implementada en las instituciones guanajuatenses de educación superior durante lo que va de la contingencia provocada por el COVID-19. Ahora analicemos un poco lo sucedido en educación básica.

La táctica fue la misma. Las autoridades mandaron (hagan planeaciones, escriban guiones de trabajo, llenen formatos de evidencia, despiértense temprano y levántense enseguida para que sea más larga y más demente su jornada educativa…) y los “pobres” maestros obedecieron (hicieron planeaciones, escribieron guiones, llenaron formatos de evidencia, se despertaron temprano y se levantaron enseguida para hacer más larga y esclavizante su labor educativa).

Lo peor no fue eso (es decir, ponerse el grillete, cerrar la reja y darle las llaves al carcelero), sino que un gran número de docentes estaba convencido de lo que hacía. Muchos llegaron al ridículo de señalar que su labor era en defensa del derecho a la educación.

A la mitad del arduo trabajo educativo coronavírico llegó el primer golpe de realidad: “los alumnos no están entregando los trabajos, no tengo un registro de lo recibido… pero vamos bien, todo está de maravilla”, gritaban a los cuatro vientos (algo muy parecido a lo que pasa cotidianamente con la educación presencial, pero peor… entiéndase el sarcasmo y la ironía). Solución de las egregias y salomónicas autoridades: clases online. ¡Venga, apoltrónense en una silla, prendan la computadora y activen la cámara! Y lo alarmante: padres de familia exigiendo esto (no vaya a ser que se vieran en la necesidad de hacerse cargo de sus hijos o que estos se dedicaran a la vagancia virtual… ¡No, señor! Eso no pasará mientras estén bajo su techo y vivan en su casa… ¡Otra vez nótese la sorna y la guasa!).

A estas alturas, los maestros, ya no veían tan divertido ni tan épico su martirio autoimpuesto, pero seguían calladitos sin chistar (Eso casi no pasa, ¿no?).

Así se llegó hasta el mes de junio, mientras se discutía qué demonios hacer. Todo era especulación y suposiciones. Más mal que bien, se tenían ciertos elementos para evaluar. Ya se estaba visualizando qué hacer con aquellos pupilos que se habían hecho de la vista gorda durante todo el periodo (cosa que no pasa en un contexto normal… ¡No, señor! En condiciones normales, todos cumplen y todos aprenden. Sí, otra vez lo mordaz y el donaire… -ya sin exclamar).

Cuando todo parecía “claro”, ¡llegaron otra vez los mandamases (desde Moctezuma, pasando por Acamapichtli hasta llegar a Xóchitl) a iluminarnos con su acuerdo 12/06/20 para evaluar lo hecho durante la contingencia sanitaria y, por ende, todo el ciclo escolar 2019-2020 (no me merezco el Nobel, pero su servidor redacta mejor que el autor de dicho documento)! ¿Por qué la exclamación? Porque esto debería haber sido lo PRIMERO en establecerse, no lo último; es decir, se terminó con el inicio: te pongo a trabajar y después te digo cómo vas a analizar los resultados del trabajo (¡Bravo!). Me explico.

Es como si a un carpintero le encargaran la elaboración de una puerta, así sin más. Él la hiciera, la entregara y, en ese momento, el solicitante le dijera: ¡Ah, no! Yo la quería de cedro… La quería para ese espacio y ésta no cabe… La quería más gruesa… (Obvio, eso no pasa nunca…. Solo ahora).

Resultado: como el mismo acuerdo lo menciona, TODOS APRUEBAN. No porque cubran con los requisitos intelectuales, habilidades y actitudes, sino porque así es nuestro sistema: una simulación total. En cada periodo las autoridades más cercanas a los centros de trabajo (entiéndase supervisores) exigen no reprobar (en otro espacio he comentado que hasta imponen el criterio de que el 7 sea la calificación mínima). ¿Esto qué tiene que ver con al acuerdo? Pues que dicho documento indica que “…la calificación del tercer periodo será el promedio de las calificaciones obtenidas en los dos periodos de evaluación previos, sumando a éste todos los elementos de valoración que el docente considere, entre otros: el esfuerzo realizado en forma autónoma por los educandos, el involucramiento de las y los educandos en alguno de los medios utilizados por la estrategia “Aprende en Casa” o las guías y actividades dirigidas a distancia por el titular del grupo […] Se podrán considerar aquellas actividades que se realizaron por medios electrónicos, de manera virtual y efectiva, siempre que sea en beneficio de los educandos …” (o sea, si no trabajaron, no importa… ¡Todo sea por el bien de los niños!).

Esto es un timo para todos: desde el alumno que trabajó durante toda la cuarentena (pues el que no hizo nada puede obtener la misma calificación que él), pasando por el padre de familia que estuvo al tanto para apoyar a la escuela, los maestros que planearon y ejecutaron sus planes de trabajo a cabalidad (la minoría), hasta la sociedad en general.

Pero no lo olvide: ¡Esto solo pasa en situaciones extraordinarias como la que vivimos! En una situación normal, todo se ejecuta al dedillo en pos del cumplimiento de las normas y la calidad, educativas. ¡Esto no volverá a suceder! ¡Esto solo pasa con estrategias malparidas! (Y sí, cierro irónica y sarcásticamente).