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El Tratado de Libre Comercio de América del Norte

Un negocio entre empresarios

Fuentes: FRAGUA

El tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) es un acuerdo comercial firmado en diciembre de 1992 entre los países de Estados Unidos, Canadá y México, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Dicho tratado entró en vigor el 1° de enero de 1994, año emblemático para México, pues ese mismo día […]

El tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) es un acuerdo comercial firmado en diciembre de 1992 entre los países de Estados Unidos, Canadá y México, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Dicho tratado entró en vigor el 1° de enero de 1994, año emblemático para México, pues ese mismo día se dio el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el sureste del país.

Muchos recuerdan el sexenio de Salinas de Gortari como uno de los peores gobiernos que ha tenido México, pues además de impulsar el TLCAN, se privatizaron más de mil empresas estatales (en los rubros de metalurgia, ferroviario, telecomunicaciones, banca, entre otros) y se impulsó la reforma al artículo 27 constitucional, que dio apertura a la privatización de tierras de los ejidos y comunidades.

Sin duda alguna fueron los pasos claves para que el neoliberalismo naciente en 1982 se desarrollara en México. Se inició así un proceso de desmantelamiento de la industria nacional para dar paso a la producción manufacturera, es decir, industrias con capital extranjero se asentaron e invirtieron en nuestro país para utilizar la mano de obra barata y desarrollar productos para el mercado exterior como ocurrió con las ensambladoras de automóviles.

«Con el TLCAN ¡México pasará a ser un país de primer mundo!» exclamaban desde el gobierno federal, dijeron que traería un mayor crecimiento económico, que habría más empleos, pues se impulsaría la inversión extranjera en nuestro país, y que se reduciría también la migración de nuestra gente hacia el extranjero… las mismas promesas que ahora nos hacen con las reformas estructurales.

Sin embargo, las condiciones económicas que nos dejaron 23 años de TLCAN, y los más de 30 años que lleva el neoliberalismo en México, han afectado seriamente a la clase trabajadora: los campesinos pobres, los pequeños y medianos productores, así como a las pequeñas y medianas empresas que quebraron o fueron absorbidas por los monopolios y las transnacionales.

Ahora, con la renegociación del TLCAN, Donald Trump ha declarado que México es quien más se ha beneficiado de este tratado.Veamos cuáles son los beneficios para los mexicanos: tenemos en México a grandes empresas automotrices y de autopartes como la Nissan, General Motors, Ford, Honda, Volkswagen, BMW, etcétera. Éstas generan alrededor de 800 mil empleos (según datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz) ¡pero en condiciones de superexplotación para los trabajadores! Sin contratos colectivos ni derechos para los trabajadores y con sindicatos blancos o charros a favor de las empresas. Si a esto le sumamos que el salario que se paga a los mexicanos es en promedio dos dólares por hora, comparado con los 35 dólares promedio por hora que ganan los trabajadores en Canadá y EU, entendemos por qué somos la mano de obra barata de dichas empresas que han hecho jugosas ganancias a costa de nuestras vidas.

Por otra parte, en el campo se prometió a los productores y campesinos que se abrirían los mercados para exportar sus productos, pero con el TLCAN solamente se beneficiaron los empresarios que sí tenían las condiciones para exportar, mientras que los pequeños y medianos productores se sumieron en la miseria al no competir con los costos y tecnología para su producción. Como consecuencia de lo anterior, tenemos que importar el 45% de nuestros alimentos como granos básicos y oleaginosas (maíz amarillo, frijol, arroz, trigo, soya, sorgo); leche y sus derivados; así como carne de res, pollo y cerdo. Estos alimentos aparentemente «más baratos» ingresan al país sin pagar impuestos (aranceles), situación que llega a competir con los costos de producción de nuestros campesinos que buscan un precio justo en el mercado.

Peña Nieto exponía en su 5° informe de gobierno que uno de sus logros fue que «por primera vez en 20 años estamos exportando más alimentos de los que importamos». Y efectivamente, estamos exportando cerveza, tequila, aguacate, jitomate, caña de azúcar, frutillas (berries), frutas y hortalizas, entre otros. Sin embargo, ¿dónde han quedado esos 20 mil millones de dólares que se generaron en los últimos cinco años bajo este concepto?, ¿en qué nos ha beneficiado esto que presentan como un gran logro?

Queda demostrado que la apertura del mercado nacional, la inversión del capital extranjero y los tratados comerciales entre países no vinieron a solucionar nuestros problemas económico-sociales, pues en nuestro pueblo siguen existiendo 55.5 millones de pobres y el salario mínimo sigue siendo de 80 miserables pesos, mientras que el costo de la canasta básica es de $320.16 pesos diarios, 3.3 millones de hogares sobreviven con 25 pesos al día y 12 millones de paisanos tuvieron que abandonar sus tierras para buscar mejor suerte al extranjero.

Por esto, nos sumamos a las voces que exigen fin al TLCAN y que proponen reorientar la economía nacional. Sin embargo, estamos seguros que esta demanda no la acogerá ningún gobierno que representa a los intereses de la burguesía, que hace tratos con los empresarios; por eso continuamos en el llamado a luchar por un gobierno del pueblo, que realmente represente los intereses de los trabajadores, no de los empresarios que sólo buscan impulsar sus negocios.

Retomamos los ejemplos que nos han dejado los países socialistas, como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Cuba, en donde bajo una planificación de la economía y la abolición de la propiedad privada, se impulsó el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico para cubrir las necesidades más apremiantes de la población. Incluso a pesar del cierre comercial que le impusieron a Cuba, el Estado socialista planificó su economía y buscó la solidaridad de otros países a fin de satisfacer las necesidades de su población. Si ellos lo lograron, ¿por qué nosotros no?

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección ANÁLISIS del No. 29 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Septiembre-Octubre 2017.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.