Israel está expulsando a 37 grupos de ayuda humanitaria, una probable sentencia de muerte para cientos de miles de palestinos. Pero el Times solo habla de ‘nuevas normas’ en Gaza y ‘suspensiones’ para quienes ‘se resisten al registro’
Esta es otra clase magistral del New York Times sobre cómo vender el genocidio por imperativo legal.
Según el titular de hoy, «nuevas normas israelíes” que obligan a “suspender” a grupos de ayuda y socorro, es decir, la expulsión forzosa de 37 organizaciones humanitarias del territorio palestino ocupado ilegalmente por Israel.
Estos grupos de ayuda organizan la mayoría de los hospitales de campaña que actualmente operan en Gaza y se establecieron tras la destrucción de los hospitales adecuados por Israel del enclave. Los grupos también gestionan refugios de emergencia, servicios de agua y saneamiento, y centros de tratamiento para niños con desnutrición aguda.
Las «normas de registro» de Israel son una sentencia de muerte para una población palestina sin hogar y indigente, vulnerable al hambre, las inundaciones, el frío invernal y las enfermedades debido a la destrucción de su tierra durante dos años.

¿A quien culpar? Aparentemente a grupos como Médicos Sin Fronteras, Ayuda Médica para Palestinos y CARE. ¿Por qué? Porque están «resistiendo» las «normas» de Israel para «proporcionar información detallada» sobre su personal en Gaza, información que Israel ha utilizado una y otra vez para matar a esos trabajadores humanitarios.
Como señala Médicos Sin Fronteras, «apoyamos a uno de cada cinco camas hospitalarias y a uno de cada tres nacimientos» en Gaza. Israel, añadió, que estaba «cortando la asistencia médica que salva vidas a cientos de miles de personas».
Otra organización afectada por las “nuevas normas», el Consejo Noruego de Refugiados, señaló que Israel había matado a cientos de trabajadores humanitarios en los últimos dos años. «Para nosotros, es una preocupación de seguridad para nuestro personal. Y reconocer quiénes son – los pone en riesgo.»
El New York Times quiere que olvides quién es el criminal aquí.
Es Israel quien está ocupando ilegalmente Gaza y otros territorios palestinos —y lo ha hecho durante décadas.
Es Israel quien ha bombardeado Gaza hasta la Edad de Piedra.
Es Israel quien ha limpiado étnicamente a la población de Gaza de sus tierras, obligándolas a refugiarse en campos de concentración cada vez más pequeños en esas ruinas, rodeadas por la «línea amarilla» israelí.
Es Israel quien ha ocasionado la hambruna al pueblo de Gaza durante meses bloqueando toda ayuda.
Es Israel quien ha matado al menos a 600 trabajadores humanitarios, 1.700 personal sanitario y 250 periodistas en Gaza en los últimos dos años.
Es Israel quien ha erradicado todos los hospitales y centros sanitarios de Gaza, dejando a su población mutilada y hambrienta vulnerable a infecciones y enfermedades.
Y ahora es Israel quien expulsa a las organizaciones de ayuda vitales para mantener viva a esta población sin hogar, bombardeada, mutilada, hambrienta, huérfana y traumatizada.
Los delincuentes no pueden establecer las «reglas» porque las reglas que establecen, por definición, sirven a su agenda criminal.
Israel no ha ocultado esa agenda. Quiere erradicar Gaza y su población. Ha destruido los hogares de la gente de Gaza y la infraestructura que necesitan para sobrevivir, desde hospitales y escuelas hasta servicios de saneamiento. Ha bloqueado la ayuda y los alimentos, y ahora está expulsando a las organizaciones de ayuda de emergencia que servían de parita para mantener a esta población apenas con vida.
El objetivo de Israel es hacer la vida tan desesperada, tan imposible, que el resto del mundo consienta la expulsión del pueblo palestino de Gaza por motivos «humanitarios».
El New York Times, como el resto de los medios, está usando un lenguaje para persuadirte de que nada de esto está ocurriendo.
Antes, los crímenes se justificaban como una «guerra» —una para erradicar a Hamás.
Ahora, durante un supuesto «alto el fuego» en el que Israel sigue matando palestinos, los crímenes se justifican como una nueva forma diferente de ordenar los asuntos en Gaza, de nuevo supuestamente necesaria para erradicar a Hamás. Al parecer, las organizaciones de ayuda son las que causan problemas al «resistirse», al incumplir las «normas».
Este es el lenguaje del lavado de genocidios, de la negación del genocidio. Tiene una historia larga y fea.
Los nazis y sus medios calificaron la detención de las poblaciones judías de los guetos a los que habían sido obligados a entrar como «evacuaciones». Los enviados a campos de exterminio eran «reasentados». Y las cámaras de gas eran donde los «detenidos» recibían un «trato especial».
Esta terminología de buena administración —de normas, de orden, de suspensiones, de reasentamiento— es necesaria para insensibilizarnos ante la bárbara realidad de los horrores que se desarrollan minuto a minuto en Gaza. Repetir este lenguaje anestesia, como hace una y otra vez el New York Times, es más que un crimen contra el periodismo. Es un crimen contra nuestra humanidad común.
Sin la ayuda de medios como el New York Times, el genocidio habría sido simplemente imposible.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


