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YPF, la Responsabilidad soberana al poder

Fuentes: Rebelión

Probablemente -el tiempo y la historia lo dirán-, estamos ante una de las medidas más drásticas y osadas de la era kirchnerista comenzada el 25 de mayo de 2003. Si bien el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se ha caracterizado por tomar decisiones enérgicas y categóricas como en el caso de la estatización de […]

Probablemente -el tiempo y la historia lo dirán-, estamos ante una de las medidas más drásticas y osadas de la era kirchnerista comenzada el 25 de mayo de 2003. Si bien el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se ha caracterizado por tomar decisiones enérgicas y categóricas como en el caso de la estatización de las AFJP, Aerolíneas Argentinas y la posibilidad de transmitir los partidos de fútbol de la AFA en canales de televisión abierta, conocido como Fúlbol para Todos, esta decisión cuenta con otras características que, si bien comparte muchos aspectos con las anteriores, la hace diferente y provoca un quiebre o, cuanto menos, marca un hito en el proceso iniciado por Néstor Kirchner al asumir con el con el 22% de los votos, cuando Carlos Menem, quien había ganado la primera vuelta, se había bajado de la segunda. En ese momento había más desocupados (25 % de la población) que gente que había votado a quien terminaría siendo el presidente por 4 años.

Ahora bien, analicemos mínimamente las otras medidas ‘transgresoras’, sobre todo en el contexto en el que se fueron tomando. En Septiembre de 2008 se sancionó la ley por la cual Aerolíneas Argentinas volvía al Estado. Era la primer re-estatización del Kirchnerismo. Aerolíneas, empresa del grupo Marsans cuando aun era privada, estaba desfinanciada, muy endeudada, y colapsada operativamente. Sus dueños no podían operarla y nadie quería comprarla. El Estado no podía desentenderse se esa situación, pues se hablaba de un servicio público. El acuerdo entre el Gobierno y el grupo económico fue celebrado por ese entonces por los gremios, ya que podía ser esa la salida a la permanente crisis que los afectaba.

Al año siguiente le tocaría el turno a las AFJP (Administradora de Fondos de Jubilaciones y pensiones). El sistema de jubilación privada fue un fracaso económico y social más del menemismo, sólo perjudicó a los jubilados y fue un mal negocio para el Estado por donde se lo mire. Del casi medio millón de jubilados que cobranan a través de una AFJP sólo el 23% cobraba todo del sector privado. Al resto de los jubilados -para que llegaran a cobrar la mínima- les paga parte o todo el Estado. Además, las AFJP le cobraban a los aportantes un sistema comisiones desmesuradas. En su momento despertó muchos cuestionamientos en la oposición esto, pues se acusaba al Gobierno -y aun se lo acusa- de estatizar las AFJP para disponer de los fondos de los jubilados, que en ese entonces eran $97 mil millones acumulados. Luego de que las jubilaciones volvieran bajo la órbita de ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social), llegaría la Ley 26.417 de Movilidad Jubilatoria, por la cual se estipulan 2 aumentos anuales como mínimo.

Otro caso paradigmático fue el que se conoció como Fútbol Para Todos, ley que logró que todos los partidos de primera división -y ahora muchos de la B- se transmitieran en canales abiertos. En ese entonces el monopolio de la transmisión de esos eventos lo tenía Torneos y Competencias (TyC) del Grupo Clarín. Como dato, TyC Sports ganaba 9.000 millones de pesos al año gracias a la concesión de la televisación del fútbol argentino y sólo le daba 280 millones a los clubes de la AFA. Pero de los 3 mil clubes que están asociados a la AFA, 85 instituciones se llevaban el 87% de ese dinero, y 2.906 clubes solamente el 13%. Así AFA le rescindió el contrato a TyC. El Estado paga 600 millones al año por poder televisar los partidos de fútbol. Antes, excepto un partido por fecha que era el televisado, el resto sólo podían verse codificados, y no todos.

Actualmente se ha avanzado en esa misma línea en otros deportes, como el Automovilismo, que se televisará por canales abiertos. Este caso puntual también se dio en la disputa que el Gobierno aun mantiene con las corporaciones mediáticas, como el Grupo Clarín, al que se le asestó un duro golpe con esta rescisión de contrato.

Hay un hecho a destacar que no fue nombrado en las líneas anteriores y es el de Papel Prensa. La batalla que el Gobierno sostiene, Ley de Medios mediante, con los monopolios mediáticos como Clarín y La Nación desde hace años, tuvo varios hitos, uno de los más relevantes fue éste. Papel Prensa, que fue fundada el 27 de septiembre de 1978, y contó ese día en la inauguración de su única planta con la presencia del dictador Jorge Rafael Videla y la directora del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, antes de esta ley era operada por el Grupo Clarín, el diario La Nación y el Estado argentino. Con qué oscuros métodos llegó a ser controlada por estos grupos económicos en sintonía con la dictadura cívico-militar de esos tiempos, es otra discusión. El Gobierno, después de una dura pulseada, obtuvo la sanción de la ley que declaró de interés público la fabricación y comercialización del papel para diarios.

Esto pretende ser un punteo de los temas más sobresalientes, no sólo por su importancia, sino por la repercusión que suscitaron tanto en la oposición como en los medios.

Entonces, ¿por qué YPF es diferente? Si comparte mucho de los rasgos de las demás medidas aquí mínimamente citadas, ¿qué la hace distinta? Bueno, recuperar el control de YPF promoverá a modificar no sólo todas las políticas energéticas de inversión, infraestructura y planificación al corto, mediano y largo plazo, sino que colocará a la Argentina en otra posición ante el mundo. Esto es mucho más complejo y se irá viendo con el transcurso de los meses y los años y, desde ya, con los gobiernos que se sucedan.

Aquí podríamos discutir el rol que ha tenido la necesidad de impactar con las noticias, o el timing político de la toma de decisiones, pero lo que quiero destacar es otra cosa: la expropiación de YPF no es una medida unilateral tomada por el gobierno argentino, sino que es una política avalada por los grandes poseedores del petróleo de Latinoamérica, y de seguro consensuada por ellos, y me refiero, claro está a Brasil y Venezuela.

Esto coloca a la región en un gran momento, en pleno ejercicio de su soberanía. Porque soberanía no es simplemente recuperar lo nuestro, en clara alusión al sangrado privatizador de los ’90. Soberanía es asumirse autónoma y libre. Soberanía es pararse delante de los demás en pleno conocimiento de que no se es menos ni más, se es un igual, se quiere ser un igual. Ser soberanos es, en vez de colocarnos cómodos y calentitos bajo el techo de los grandes poderes económicos y políticos que las malas decisiones de países como el nuestro durante décadas lograron apuntalar, decidir con la autonomía del derecho de poder hacerlo.

Nuestros recursos petrolíferos, para nuestro bien o nuestro mal, los administramos nosotros. No sucede así con otros recursos naturales en territorio argentino, como la minería. Pero esto no deja de significar un desafío, una aventurada apuesta a futuro. Esto significa una madurez para la que tal vez aun no estemos capacitados. Pero bueno, como todo en la vida, debemos aprender. Crecer no es solamente avanzar, sino hacerse cargo de los que se hace o no se hace durante ese avance. Eso representa ahora YPF: la responsabilidad de asumirnos soberanos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.