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Las patronas

17 años de una lucha incansable por la dignidad de migrantes centroamericanos

Fuentes: Alterinfos

«Hay mujeres que luchan un día y son buenas; hay otras que luchan un año y son mejores; hay otras que luchan muchos años y son muy buenas. Pero hay las que luchan toda la vida: esas son las imprescindibles«. Mercedes Sosa (readaptación de Brecht). «La gente que está más dentro de la iglesia es […]

«Hay mujeres que luchan un día y son buenas; hay otras que luchan un año y son mejores; hay otras que luchan muchos años y son muy buenas. Pero hay las que luchan toda la vida: esas son las imprescindibles«. Mercedes Sosa (readaptación de Brecht).

«La gente que está más dentro de la iglesia es la que menos hace para cambiar el mundo, creen que a punta de oraciones van a llenar el estómago de los migrantes». Bernarda, una de las patronas.

En las montañas del Estado de Veracruz, México, un grupo de 15 mujeres desde hace 17 años viene organizándose para trabajar en la defensa de la dignidad de la población migrante centroamericana que todos los días atraviesa de sur a norte el territorio mexicano, enfrentándose a una serie de violencias por el hecho de migrar ilegalmente.

Durante más de diez años su labor estuvo casi que en el total anonimato, hasta que en 2005, gracias a un documental que narraba su labor diaria en defensa de los y las migrantes, el proyecto de Las Patronas comenzó a llenar las páginas de internet, los períodicos, revistas, festivales de cine documental y hasta los museos. Comenzaron a recibir por lo menos una visita a la semana, de periodistas, defensores de derechos humanos y curiosxs que deseaban conocer y apoyar personalmente su labor.

Todas estas personas que nos hemos acercado a su comedor, ubicado en el poblado de La Patrona, hemos podido comprender porqué a pesar de tanta estigmatización tanto a lxs migrantes como a Las Patronas, ellas han seguido adelante con su proyecto, resignificándolo y añadiéndole nuevas tareas y objetivos, como por ejemplo, la concientización hacia la población mexicana, especialmente a jóvenes estudiantes cuyas universidades les ha abierto las puertas para que la defensa de la dignidad de la población migrante sea conocida, debatida y apoyada también desde las aulas.

«Nosotras no estamos para juzgar, nosotras estamos para concientizar», afirmaron en más de una ocasión Las Patronas mientras tuve la oportunidad de conversar con ellas en compañía de un mate, refiriéndose al imaginario xenofóbico que predomina en México respecto a la población migrante proveniente de centroamerica: «ladrones, criminales, asesinos, profugos de la justicia, cáncer para México», difundido y reforzado en parte gracias a la labor (des) informativa de los medios de comunicación oficiales.

El artículo publicado el 27 de diciembre en el diario conservador El Heraldo, de Saltillo, titulado «Otra de migrantes» [1] no solo estigmatiza y criminaliza a los y las migrantes que pasan por esta ciudad, sino que también arremete contra las iniciativas que buscan ofrecer ayuda gratuita a la población migrante, como lo es el caso del albergue que funciona en esta ciudad, que denominan como «cáncer para Saltillo».

La estigmatización hacia Las Patronas también se ha hecho sentir: «locas, no saben ni a quien ayudan» son algunas de las palabras que utilizan desde los más católicos comprometidos con la iglesia (que va desde el padre hasta los feligreses de La Patrona) hasta los maridos de las mujeres que alguna vez quisieron apoyar este proyecto.

Sin embargo, estas quince mujeres en su corazón, mente y actos día a día van en contravía de esta criminalización al migrante que pasa por México, expresándose esta postura no solo en la comida diaria que les brindan a los más de doscientos migrantes que pasan en el tren, sino también en las visitas que realizan a las cárceles (que cada día más se llenan de los «no deseados» migrantes centroamericanos), a las universidades, albergues y en los talleres de derechos humanos que han realizado en varias ciudades mexicanas y de Estados Unidos.

Cualquiera de Las Patronas es muy clara en argumentar porqué no comparten el imaginario que asemeja al migrante como criminal, explicando las situaciones difíciles, como producto social, que motivan la migración de más de 200 centroamericanxs: el desempleo, la precarización laboral, la violencia, el desplazamiento forzado, el golpe de estado en Honduras que desde el 2008 hace que aproximadamente un 80% de los y las migrantes que atraviesan México provengan de este país, la violencia intrafamiliar, la homofobia y la lesbofobia, la falta de oportunidades, el deseo de unirse con sus familiares que residen en Estados Unidos, entre otros factores más.

Además de conocer estas razones que motivan la migración, otro de los motores de la labor de Las Patronas es la satisfacción que tienen todos los días al ofrecer los más de doscientos lonches diarios. Al estar en el comedor, pude percibir que el flujo de sentimientos comienza tres horas antes de la llegada del tren, cuando va saliendo de Medias Aguas, Veracruz, en donde la llamada de los encargados del albergue advierte a Las Patronas que está saliendo con cincuenta, cien, doscientos o más migrantes.

En este momento se agiliza la labor de organizar los lonches en las bolsitas, el agua en las botellas, el amarrado de los lazos entre las botellas y la organización de toda esta comida en las rejas y carretillas. Además, cuando se encuentran voluntarixs, son bastante enfáticas en explicar las precauciones para dar la comida mientras pasa el tren, para prevenir un accidente y para que en lo posible ningún migrante se quede sin comer. «Al pasar el tren agarra las botellas amarradas no desde el lazo, sino desde la punta de abajo de la botella», es una de las instrucciones que repiten Las Patronas para evitar otro accidente como el que tuvo una monja de origen coreano, quien al ofrecerse a dar agua a los migrantes puso su dedo en medio del lazo que une a las dos botellas y en medio del afán de un migrante por agarrarlas una parte de su dedo salio volando.

Cinco minutos antes del paso del tren por La Patrona, Leonila, una mujer de 78 años, puede percibir el sonido estruendoso del tren que hace 17 años espera por lo menos dos veces al día, para dar comida a los migrantes que viajan en los techos de sus vagones. Inmediatamente corre al comedor y advierte ¡viene el tren, viene el tren!, como señal de alerta a Las Patronas que están de turno para que agilicen su labor y se dirijan con anticipación a los carriles del tren, a dos cuadras de la casa.

Debido a su avanzada edad, Las Patronas que son hijas de Leonila le recomiendan que ya no de más comida a los migrantes que pasan en el tren, pues podría perder el equilibrio y tener un accidente. Sin embargo, tras los diecisiete años de experimentar la satisfacción que implica dar un lonche a cualquier migrante, la mayoría de veces ella hace caso omiso y sigue entregando la comida.

El momento preciso en el que el tren de La Bestia pasa por La Patrona, marca una serie de sentimientos a cualquiera que tenga un lonche en su mano para entregar a los migrantes: nervios (si es la primera vez que lo hace), estrés (al escuchar el fuerte ruido del tren y al percibir su alta velocidad), emoción (al ver las manos de los migrantes estirarse para agarrar uno de los lonches), alegría (al escuchar las palabras de agradecimiento) y en algunas ocasiones rabia, al darse cuenta que no todos los migrantes pudieron tomar la comida.

Quien mejor que las mismas patronas para explicar la sensación que transmite el paso del tren: «Oír el tren es como escuchar el llamado de la vida dentro de la desesperanza y el miedo, pero esta parte que nosotras les damos es para quitarles siquiera un poco de lo feo y poner lo mejor de nosotras», publicaron algunos meses antes en su portal de facebook, que ya cuenta con más de 3000 seguidores y que recibe más de cien «like» cada vez que publican algo.

Notas

[1] Pueden consultarlo en: http://www.elheraldodesaltillo.mx/acontecer/p2_articleid/63935.

Fuente: http://www.alterinfos.org/spip.php?article6022