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Javier Valdez, periodista y escritor

Fuentes: Rebelión

«El asesinato de cualquier periodista es un ataque a la democracia, la libertad de expresión y la independencia de los medios. Sinceramente espero que nadie más sufra este destino y que las familias de las víctimas encuentren el apoyo, consuelo y solidaridad de todos.» -Julian Assange-. ¿Quién ejecutó al periodista y quién mató al escritor? […]

«El asesinato de cualquier periodista es un ataque a la democracia, la libertad de expresión y la independencia de los medios. Sinceramente espero que nadie más sufra este destino y que las familias de las víctimas encuentren el apoyo, consuelo y solidaridad de todos.» -Julian Assange-.

¿Quién ejecutó al periodista y quién mató al escritor?

De acuerdo o no, el doble lenguaje en uno: periodismo literario, dentro y fuera del fuego amigo-el lector y el fuego enemigo-el narco.

Objetivo y subjetivo: nomás las palabras necesarias.

Periodismo literario: mezclar y separar en la narrativa del yo y los alter egos en las formas y en los contenidos de las narrativas periodística y literaria.

A la edad de su muerte, Javier Valdez anticipó: diles que no me maten y crónica de una muerta anunciada, porque el periodista puso al escritor a media calle en un mediodía cuando la sombra de la muerte estaba en el cuerpo de la vida: con un periodista no se puede andar por las ramas, pero con un escritor sí se puede andar por los pájaros, donde el todo modo sciasciano, nada caprichoso y nadie y alguien al azar, exigen compromiso y responsabilidad ante el lector periodístico y literario con el autor garcíamarquiano y rulfiano.

No se puede andar por la vida gritándole a la muerte, en el país de las sombras espectrales, cuando el cuerpo de la vida está expuesto, a la literalidad y a la literacidad, en lo que el periodista se adentra y el escritor se afuera en el testimonio existencial que se incompleta y/o se malogra en el periodista y en el escritor: una vida temprana, nunca es una muerte tardía, cuando la muerte tiene permiso para todo(s).

El todo(s) modo(s) sciasciano y el Yo sé todo pasoliniano que Roberto Saviano no ha sabido cumplir periodística y literariamente, cubriendo su cuerpo con los guardaespaldas de su vida.

Los errores, por su literalidad, se corrigen; los aciertos, por su literacidad, se cumplen: nada satisface a nadie ni a alguien, porque, en el país de las sombras espectrales, te ejecutan porque te matan.

La narcoliteratura sinaloense como la de Leónidas Alfaro, Elmer Mendoza y Javier Valdez, por donde se lea es su marca y transcendencia del autor al lector, éxito editorial y una fama al estilo puro Sinaloa; a donde vaya, el sinaloense, se le reconoce por del origen del narco, si no para qué Los Tigres del Norte y El Chapo Guzmán.

Al estilo puro Sinaloa, se ejecuta y se mata, no habiendo palabras de por medio sino una interlocución de armas:

Háganse a un lado, sino, se los lleva la verga.

La transcendencia y la permanencia de Javier Valdez, en deshonor a la justicia social, solamente, son y serán con la justicia poética, porque en el país de las sombras espectrales, se lee poco y se muere demasiado, y lo que tocan el Estado y el Narco lo transforman, violenta y criminalmente, en corrupción y en impunidad, en muertos, desaparecidos y desplazados.

La distinción y la dimensión humanas de Javier Valdez es que redactaba periodismo y escribía literatura, pero alguien de la nada y del nadie se puso a cavarle su tumba, mas no, su memoria en la nuestra, por siempre.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.