“Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se tiene.
Lo uno remite a una presencia, lo otro a una ausencia”
La era de la simulación, de Jean Baudrillard
Comencemos con un supuesto: Antonio es profesor de Secundaria y Laura es alumna en Segundo de Secundaria. Antonio está con mucha burocracia y está probando algunas plataformas de Inteligencia Artificial Generativa (GenIA), por lo que indica a la máquina que le haga un temario de clases sobre “La revolución rusa” y un posible trabajo fin de semestre para este tema. Ve el resultado y le gusta. Entonces pide a la IA que amplíe aún más lo obtenido, todo ello lo guarda en pdf y lo envía como contenido de su materia a sus estudiantes. Este mensaje lo recibe Laura y descarga el pdf, enseguida lo sube a la plataforma de IA que usa, que le crea un resumen y una guía de estudio. Pasan los meses y para hacer el trabajo fin de semestre creado por IA, Laura usa su plataforma, que le da un ejercicio muy bien estructurado y con clara demostración de conocimientos, como más tarde corroborará la plataforma IA que usa Antonio para corregir los trabajos finales.
Este supuesto se está produciendo actualmente en muchos centros de estudio. Pero es solo una parte de lo que está sucediendo en Internet con la Inteligencia Artificial Generativa, y al menos en este caso hay algo de participación humana.
Pasa con las publicaciones en redes sociales comerciales, la música algoritmizada, los videos sintéticos de Youtube, los textos de Linkedin, multitud de sitios web de información, etc. etc. Además de la enmierdación de las plataformas, se está creando contenido desde una IA, que publica una IA, recomienda una IA y comenta una IA. Ejércitos de bots que generan ya el 51% del tráfico en Internet, según datos del Informe Bad Bot.
Pues resulta que alrededor de 2016 circuló una teoría entre ciertos márgenes de las redes digitales, que se ha considerado una teoría conspiranoica, aunque con el paso el tiempo vamos constatando que una parte de verdad tiene: Sostiene que las plataformas online han ido desplazando progresivamente los mensajes, imágenes y opiniones creadas por humanos, favoreciendo el contenido generado por máquinas. Los bots interactúan con bots, los algoritmos recomiendan contenidos a otros algoritmos, y nuestras acciones solo sirven para alimentar datos que hacen que el sistema siga funcionando. La participación humana es menor, pero los ecos de nuestra presencia son suficientes para mantener la ilusión de vida.

La teoría del «Internet muerto» también ha sido respaldada por figuras destacadas en el ámbito de la tecnología. Sam Altman, CEO de OpenAI, sugirió que podría haber algo de cierto en ella, señalando que muchas cuentas en redes sociales como X-anteriormente-Twitter están gestionadas por modelos de lenguaje de inteligencia artificial, lo que intensifica los problemas de desinformación y manipulación. Curiosamente lo dice en esa misma plataforma.
Y según el Instituto de Estudios Futuros de Copenhague se estima que, para el año 2030, el 99% del contenido de Internet estará creado por Inteligencia Artificial. Ya que además parece que mucho del contenido creado se abandona: 38% de las páginas web que existían hace una década han desaparecido de internet.
Son los síntomas de los tiempos que vivimos, que se caracteriza por dar más valor al contenido de relleno producido por herramientas de IA, que priorizan la velocidad y la cantidad sobre lo sustancioso y la calidad, la novedad y lo inmediato frente a la reflexión y el sosiego para formarse ideas y caminos.
Ya se ha advertido desde decenas de foros y de organizaciones: la IA así es un peligro. Tanto ecológico, como social y político.

Los medios de comunicación también se han rendido a esta lógica de la mínima creatividad humana. Noticias redactadas por algoritmos, optimizadas para el clic y el tiempo de permanencia, proliferan cada día. La información se convierte en un flujo constante, preciso y uniforme, pero sin matices humanos, sin errores ni emociones auténticas. Leer un titular de ese tipo y entrar al artículo es como abrir un libro escrito por un programa que nunca ha sentido curiosidad ni miedos: todo está ahí, pero no hay nadie detrás. Además de los sesgos que ya tiene la IA y la poca innovación que realmente aportan (recicla y recicla lo que ya hay).
Este tipo de contenido ha invadido las redes sociales, el arte, los libros y, cada vez más, los resultados de búsqueda, contribuyendo a la saturación de información sin valor real. Y sin información las construcciones colectivas no pueden funcionar bien.
Por ello, la presencia de bots en internet no es un fenómeno aislado, sino que ha sido utilizado con fines políticos y sociales. Esos bots son empleados para manipular la opinión pública y controlar la narrativa en línea.
Entonces… ¿Lo dejamos morir?
El capitalismo obtiene más rendimiento a algo muerto que vivo. Eso lo sabemos. Hay más beneficios (capitalistas) en un árbol talado o quemado que en uno vivo. O como cuando se necesita reactivar la economía de una región o a nivel global no hay nada mejor que provocar una guerra, cuanto más duradera y atroz mejor para las cuentas de resultados. Lo importante son los números, las ventas, la rentabilidad, los beneficios, la Bolsa…
Ahora parece que también pasa con Internet. La están matando.
Aunque… nos han querido hacer creer que Internet es ese gran centro comercial lleno de colores y luces hecho para el consumo (piensen ahora en esa imagen de las películas de zombis cuando los supervivientes llegan a una gran superficie o mall, en penumbra, desierta, decadente…peligrosa). Pero Internet es también otra cosa, más allá de Facebook, Instagram, Linkedin, X-antes-Twitter, Tiktok… sobre todo es algo más que eso.

Internet no morirá. Se transformará. De hecho lo lleva haciendo desde hace más de 20 años, porque hay mucha gente que sigue manteniendo y alimentando blogs, pequeños servidores, plataformas alternativas a las bigtech, redes descentralizadas y federadas, o usando el correo electrónico y sistemas operativos libres, o creando apps de cuidados digitales o clubes y encuentros de autonomía digital, reparación de dispositivos o apoyo mutuo tecnológico. Las redes son nuestras!
Frente a lo artificial, creamos y cuidamos jardines digitales, nos entrelazamos en bosques oscuros (cada vez más usuarios están abandonando los espacios públicos de internet para refugiarse en círculos cerrados y seguros), aprendemos permacomputing, intentamos la comunalidad digital, y muchos más proyectos pequeños que resisten, proponen, viven otras formas de relacionarse en los ecosistemas digitales.
Frente a esa muerte proponemos vida.
Y… ¡Compostemos los bots!
Salud.
Fuente: https://sursiendo.org/2025/11/no-estaba-muerto-estaba-federando/


