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Defensa digital

Fuentes: Rebelión

En noviembre de 2005 el Comandante Fidel Castro Ruz comentaba lo siguiente refiriéndose al uso de los medios de comunicación por el imperialismo: “[…]Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo a base de mentiras si no de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento, el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar [….]”.

Pudiéramos agregar a la sentencia del Comandante, sin temor a equivocarnos, que muchos son los que han perdido la capacidad de pensar y muy pocos los que han concentrado la riqueza y la capacidad de manipular. Unas pocas corporaciones tecnológicas controlan el oligopolio generado con la digitalización de la mayor parte de la información, la masificación del Internet y de las aplicaciones de comunicación.

Hemos observando, cada vez con más frecuencia, que las redes sociales, buscadores, servicios de mensajería y otras aplicaciones, potenciados con la inteligencia artificial son utilizados como herramientas de control económico, político, psicológico y hasta físico sobre usuarios individuales y adversarios políticos y geopolíticos.

Con las capacidades actuales de manipulación, lo que mencionó Fidel hace 20 años no ha hecho sino crecer. Los principios de la guerra cognitiva planteados por la OTAN están siendo aplicados cada día más. La generación de dependencia o adicción a juegos y programas estupidizantes, que supuestamente informan, enseñan o entretienen es estimulado por las inescrupulosas corporaciones y crece rápidamente.

Los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y la industria de la cultura son también utilizados para desinformar, falsear la realidad e incluso para imponer, por todas las vías disponibles, una historia tergiversada y torcida en función de los intereses occidentales.

Han sembrado y siguen sembrando xenofobia, supremacismo y racismo. Casos emblemáticos de esto son la rusofobia y la islamofobia crecientes en Europa, así como la naturalización y endulzamiento del genocidio perpetrado por los sionistas contra el pueblo palestino, así como la satanización de personajes y sociedades enteras, como es el caso del presidente Maduro, del presidente Putin, del Imán Khamenei, de las sociedades que plantean proyectos soberanos como Cuba, Venezuela, Irán, Burkina Faso y otras, logrando que grandes cantidades de personas, al rededor del mundo, terminen creyendo que el genocidio, los secuestros, asesinatos y guerras contra ellos son inevitables y hasta necesarios.

La información sensible de gobiernos, empresas y personas está siempre en riesgo. Los hackers y timadores son de cuidado, pero son los menos peligrosos. Los servicios de inteligencia, con los sionistas a la cabeza, se han dedicado a desarrollar software que puede controlar prácticamente todo dispositivo conectado a “la red” y también servidores de datos en cualquier parte del mundo. Y por último, las empresas tecnológicas, que tienen los algoritmos de cifrado, controlan los flujos y almacenamiento de la información y tienen el dominio absoluto de sus aplicaciones, con lo cual pueden manipular el dispositivo huésped a su antojo sin que el usuario se percate de ello. Lo pueden hacer legalmente, cuando los usuarios aceptan contratos que permiten intromisiones y recolección de datos o cuando el gobierno de Estados Unidos se lo solicite y lo pueden hacer ilegalmente, cuando sus intereses lo requieran.

Hoy día utilizar computadores, teléfonos, televisores y cualquier otro dispositivo conectado a la “red” implica el riesgo de exponer la información contenida en ellos e incluso la posibilidad de que se utilicen cámaras, micrófonos y cualquier otro tipo de periférico conectado.

Incluso la vida está muchas veces en las manos de quienes dominan, sin ética, estas tecnologías. Algunos ejemplos de esto son: el uso de aplicaciones de mensajería por parte del ente sionista para ubicar y asesinar a líderes y cuadros de Hezbolá en el Líbano; el bombardeo sionista de edificaciones en Gaza por haberse detectado, con ayuda de inteligencia artificial, “palabras clave” en mensajes supuestamente cifrados; la denuncia de especialistas que informaron que el contenido de mensajes cifrados de Telegram llegaban excesivamente rápido a los organismos de seguridad ucranianos, poniendo en riesgo a soldados y civiles rusos; la declaración de funcionarios estadounidenses quienes reconocieron que escuchaban las conversaciones del presidente Nicolás Maduro desde sus teléfonos y otros dispositivos con acceso a Internet, lo que facilitó su secuestro y el de su esposa, diputada Cilia Flores, y el asesinato de decenas de miembros de la Guardia Presidencial, incluidos 32 compañeros cubanos.

Estamos en un mundo cada vez más tecnológico y digitalizado, cuyo manejo y control está, como mencionamos, extremadamente concentrado. Los Estados, al servicio de sus pueblos, deben procurar la protección de sus ciudadanos y generar leyes que aseguren el respeto y resguardo de la información pública y privada; eviten la difusión masiva de información que trate de imponer falsedades, estimular consumismos dañinos o inciten el odio y la desestabilización política. Las empresas tecnológicas deben ser controladas y no ser las controladoras.

La independencia, la soberanía y la autodeterminación también se ven expresadas en lo tecnológico. Es importante que los países del Sur Global, sus gobiernos y ciudadanos estemos pendientes y conscientes de los riesgos que corremos y tomemos medidas eficaces para protegernos en uno de los frentes de confrontación más activos en la actualidad. Elevemos la capacidad crítica de la ciudadanía de manera que sea imposible disminuir su capacidad de pensar.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.