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El cooperativismo: La pieza faltante para comprender el verdadero peronismo

Fuentes: Rebelión

“El cooperativismo es la médula del Justicialismo, porque armoniza los derechos del individuo con los de la sociedad, eliminando la explotación del hombre por el hombre.” Juan Domingo Perón

“No queremos que el Estado sea el dueño de todo; queremos que los trabajadores, organizados en cooperativas, sean los dueños de los instrumentos de producción y del fruto de su propio esfuerzo.”  Juan Domingo Perón

Omitir el papel central del cooperativismo en la doctrina justicialista no es un descuido: es un desvío conceptual que altera su esencia. El cooperativismo no es un agregado lateral, sino el nervio organizador que permite realizar, en la práctica, el proyecto de la Comunidad Organizada.

Para Juan Domingo Perón, el cooperativismo fue el instrumento concreto para materializar la Justicia Social. Allí donde el trabajador deja de ser una pieza subordinada y se convierte en protagonista —propietario y gestor de su producción—, la doctrina se vuelve realidad.

La Tercera Posición como economía del pueblo

La Tercera Posición no se agota en una definición geopolítica: es una arquitectura económica. Propone superar tanto el individualismo del mercado como el estatismo absoluto mediante una vía donde el pueblo organizado gestiona su propio destino. Esa vía es la economía social, y su célula básica es la cooperativa.

Sin este componente, el peronismo queda reducido a una caricatura estatista. Con él, en cambio, se revela como un proyecto de democratización real de la economía.

El respaldo histórico: el Segundo Plan Quinquenal

La experiencia histórica es elocuente. Durante el Segundo Plan Quinquenal, el peronismo impulsó de manera sistemática el desarrollo cooperativo —incluido el cooperativismo escolar— como estrategia de soberanía. Se comprendía que la independencia nacional requería productores asociados, capaces de defenderse de la concentración y la intermediación abusiva.

Ese legado confirma que el cooperativismo no fue una nota al pie, sino una política de Estado orientada a transformar la estructura económica.

Una doctrina incompleta sin economía social

Reducir hoy el debate peronista a subsidios o presión impositiva es empobrecerlo. Sin propiedad social de los medios de producción ni gestión colectiva del trabajo, el proyecto justicialista pierde su capacidad transformadora.

Sin cooperativismo, la doctrina queda desarticulada:

  • En lo social: la Justicia Social degenera en asistencialismo. La cooperación, en cambio, construye dignidad desde el trabajo autogestionado.
  • En lo político: la Soberanía Política se debilita si el pueblo no controla los resortes económicos.
  • En lo económico: la Independencia Económica resulta inviable si la producción queda concentrada en el capital o absorbida por el Estado.

Conclusión

Hablar de peronismo sin cooperativismo es proponer, en los hechos, un modelo dependiente. Recuperar la centralidad de la economía social no es una nostalgia doctrinaria: es una necesidad política actual.

Sin ese componente, el peronismo se vacía y queda a merced de interpretaciones ajenas: para algunos, mero distributivismo; para otros, capitalismo de Estado. Con él, en cambio, recupera su potencia original: la de un pueblo organizado que, lejos de delegar su destino, lo construye colectivamente.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.