Las investigaciones en contra del gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, la actividad manifiesta de agentes de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, en México, la proximidad del mundial de futbol, la insatisfacción de sectores populares, el injerencismo norteamericano, una oligarquía conservadora y entreguista, un gobierno que se reivindica de izquierda pero lleno de burócratas formados fuera de ella, están generando una situación crítica en donde confluyen fuerzas que se han venido combinando de manera fatídica en México.
Para entender más a fondo, comencemos por señalar algunos aspectos estructurales; México es un país capitalista dependiente, miembro de la alianza comercial de América del Norte, T-MEC[ii], depende casi absolutamente de Estados Unidos, gobernado por un partido que estatutariamente pertenece a la social democracia, Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, que pretende ser parte del progresismo latinoamericano pero sin confrontarse con Washington, con un sistema político que es tan corrupto como es posible y con poco margen para valores contrarios a las tendencias dominantes.
El gobierno de México, el de la llamada Cuarta Transformación, 4T[iii], que involucra tanto a López Obrador como a Claudia Sheinbaum, ha prometido a los empresarios mayor prosperidad para los negocios, pero también ha prometido ser congruente con los derechos laborales y sociales, ha prometido a Estados Unidos ser un socio confiable, pero claramente tiene la necesidad de abrir su economía a otros mercados que ofrecen oportunidades que el T-MEC limita, sobre todo a China. Es un gobierno que se muestra y se quiere seguir mostrando como parte del progresismo latinoamericano, pero que al mismo tiempo quiere ostentar una relación cercana y próspera con los Estados Unidos. Un gobierno que por un lado quiere estar del lado de Cuba, pero que ha accedido a las presiones de Whashington para no venderle petróleo, y ha tenido que reducir la solidaridad a declaraciones públicas y envío de ayuda humanitaria. Un gobierno que tiene entre sus principales banderas el combate a la corrupción, pero que está gobernando por una burocracia política que es corrupta hasta los huesos, que quiere combatir el narcotráfico pero sin que esto cause mala impresión y sin que dañe la economía ni la relación con Estados Unidos. Un gobierno que prometió verdad a los padres de Ayotzinapa, pero que depende de la lealtad del ejército mexicano, y que por tanto no atina en hacer algo significativamente diferente a sus predecesores.
El gobierno de Claudia Sheinbaum está muy cerca de entrar en el grupo de gobiernos en el mundo que han prometido complacer a todos y están más cerca de no complacer a nadie, que cada vez tiene menos apoyos firmes y que tiene en cambio un número importante de actores que quisieran verlo caer, aún con intereses contrapuestos.
Trump, Sheinbaum y la defensa de la soberanía nacional
Hay una constante que no podemos menospreciar, aun cuando el gobierno de México haga una retórica alrededor de ello, México es un país semicolonial y amenazado permanentemente por una escalada de injerencismo norteamericano. México es parte de lo que Estados Unidos considera su espacio vital, menos aquí que en otras partes del continente, el gobierno yanquee está dispuesto a enfrentar un Estado tan independiente como para comprometer su hegemonía continental. Está claro que en la lógica del estado norteamericano y sobre todo del gobierno de Trump, México debe estar sometido, y aprovechará cualquier situación que le permita intervenir y solidificar su dominio sobre nuestro país.
Independientemente de lo corrupto del Estado mexicano y de lo cierto que pueda haber en torno al papel que el narcotráfico juega en él, está claro que el gobierno de Estados Unidos no está pensando en ayudar a encontrar la paz, sino de ser ellos quienes controlen de manera absoluta los mercados ilegales y a través del control de la información clasificada, manipular la vida interna de la política mexicana para cortar cualquier margen de maniobra en política económica y exterior del gobierno de México. En ese sentido, la defensa de la soberanía sí es necesaria, como es imperante también para el Estado mexicano el cuidarse de no perder todas las cartas en la arena de las relaciones internacionales, porque de lo contrario no hay margen de maniobra y el destino del país puede estar comprometido de manera severa a ser prácticamente una colonia norteamericana.
En ese mismo sentido no podemos menospreciar el hecho de que actores importantes de la política en México, como lo son cabezas de grupos empresariales y grupos políticos tradicionalmente más apegados a la oligarquía conservadora, como Slim, Salinas Pliego o Larrea, están dispuestos a acelerar la crisis y con ello escalar su nivel de control e influencia tanto en política económica como en las demás esferas del poder. Esto pasa, pero no se reduce a los Partidos PRI[iv], PAN[v] y MC[vi], sino a pugnas internas en MORENA o la posible aparición de nuevos partidos.
Por otra parte, la defensa de la soberanía nacional que pregona el gobierno mexicano, no es cabal, pues no es menos cierto que el gobierno de la llamada 4 T, ha estado dispuesto a seguir comprometiéndola para no confrontarse con Washington y que este nivel de entrega está condicionado de este lado a que pueda seguir siendo este grupo, sobre todo el partido MORENA quien se considere a cargo del país. Ni MORENA ni sus aliados han sido hasta ahora un tipo de fuerza política de esas que en el mundo han estado dispuestas a defender su soberanía de manera tajante, dicho de otro modo, no es el tipo de gobierno que esté dispuesto a ser enemigo de Estados Unidos. No solo no tiene características que lo puedan comparar con gobiernos como el de Cuba o Irán, sino que claramente no busca tenerlas.
El sistema político en México es corrupto
No se trata sólo de MORENA, ni del gobierno de Sinaloa, pero tampoco es que sean la excepción. El sistema político en México, que tuvo en el PRI a su principal artífice, se construyó para sostener a las oligarquías en el poder, pero sofisticando su aparato de estado con una capacidad grande de penetrar en distintas esferas de la sociedad mexicana; combinando una retórica nacionalista y socialdemócrata con arreglos concretos de colaboración con la política exterior norteamericana. La corrupción ha sido sistemáticamente una forma de administrar conflictos y una forma de darle salida a actores que tienen cabida dentro de las instituciones estatales.
Es cierto que ni PRI ni PAN ni Movimiento Ciudadano tienen mucho valor moral para señalar la corrupción y los nexos con el narcotráfico de funcionarios de la 4T, pero eso no hace falso el hecho de que el actual gobierno, ante la necesidad de tener presencia nacional y de asentarse como partido en el poder, haya accedido no solamente a pactar, sino a hacerse parte de una dinámica criminal en donde están involucrados desde militares de alto rango, empresarios de alto calado, hasta grupos pequeño oligárquicos locales, muchos de los cuales dependen para su existencia y dominio de las actividades del mercado ilegal.
La realidad en México es inocultable, la corrupción no es la excepción, es la regla, lo ha sido antes y lo es ahora, todos podemos ver como las organizaciones criminales actúan a sus anchas, de día y de noche, en el norte y el sur, en las ciudades y comunidades rurales, todos hemos presenciado el cobro de piso, el reclutamiento forzoso de jóvenes, las caravanas con muchachos que llevan armas de alto poder, todos en México sabemos que si alguien en un municipio cualquiera, de verdad quisiera gobernar honestamente, más tarde o más temprano termina por elegir entre su propia vida o participar con acciones u omisiones en el mundo criminal.
Estados Unidos no es ni por asomo la solución, siempre ha sido parte del problema, la droga va para allá, las armas vienen de allá, y es imposible que todo lo que ocurre en el mundo del narcotráfico pueda suceder sin que personajes y actores importantes de la política y de la economía del país del norte estén tan o más involucrados que los gobernantes mexicanos. La corrupción en México no es la contraparte de un supuesto sistema político pulcro y honesto de los Estados Unidos, sino que es parte del mismo sistema corrupto cuya cabeza viene del propio país del norte; los funcionarios corruptos en México, no pueden ser otra cosa más que subordinados de funcionarios norteamericanos. Pero en lo callejero, en lo cotidiano, es una realidad incontrolable en muchos modos, la mezcla de factores hace que el comportamiento del fenómeno de la violencia sistemática y armada tenga muchos rasgos impredecibles, lo cual nos tiene a los mexicanos viviendo en un clima permanente de incertidumbre, desconfianza y miedo; de arriba abajo, cualquiera puede estar involucrado. No es que todos estén involucrados, pero hay tanta gente involucrada, en tantas formas y en tantos niveles, que la estrategia de sobrevivencia para cualquier persona pasa por el observar sin comentar, el escuchar sin hablar, por un “mejor me hago a un lado”, pero el problema es que hacerse a un lado cada vez es más difícil porque ese cáncer ha invadido prácticamente todo. Parece que todos vemos el problema pero nadie sabe exactamente como atacarlo.
Actores insatisfechos
Estamos ante el hecho de que la política de la 4 T, tiene el interés de que ningún actor político esté lo suficientemente insatisfecho como para romper de manera tajante con el gobierno, pero por otro lado, está dejando insatisfecho a todo mundo, y tanto hacia la derecha como hacia la izquierda en el espectro político, tanto arriba como abajo en la escala de poder económico muchos grupos están al borde de la ruptura y eso no puede ser ocultado con encuestas de aparente aprobación.
Tanto López Obrador como Sheinbaum se comprometieron a no afectar la macroeconomía del país y por tanto a no afectar la acumulación de capital de los grandes grupos empresariales, y lo ha cumplido, pero hay un problema, esos grupos siempre quieren más, y cotidianamente presionan al gobierno mexicano para que cedan más en cuestión de exenciones fiscales, en derechos laborales, licencias ambientales, en permitir la injerencia del sector privado en el sector público.
Por otra parte, la mayoría de la gente ve con buenos ojos los programas sociales; las becas y apoyos gubernamentales han sido un alivio, aunque están lejos de ser una solución a la pobreza multidimensional; pero no es suficiente, pues el rezago y la deuda social del Estado mexicano es muy grande.
Los avances en materia laboral son minúsculos, y en cierto sentido la política actual es tan neoliberal como las anteriores. La precariedad laboral, la represión hacia el sindicalismo independiente y el control de los topes salariales, siguen siendo una piedra enorme encadenada a los trabajadores, quienes cada vez vemos más lejana la estabilidad laboral y la posibilidad de recibir una jubilación digna.
En lo que respecta a las políticas sobre el campo tenemos una situación similar, los apoyos al campo son escasos, muchos acaparados por terratenientes más que por campesinos pobres, y no se ha puesto en marcha ninguna reforma profunda que garantice a los campesinos una estabilidad en los precios de compra ni de certidumbre para vivir dignamente de las labores agrícolas.
El gobierno de Sheinbaum, al igual que el de López Obrador, insisten en pedir paciencia a grupos de trabajadores como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE, que exige la derogación de las reformas a la ley del ISSSTE[vii], la cual puso en manos del mercado financiero los ahorros de los trabajadores al servicio del Estado, piden paciencia a las madres buscadoras, a los padres de Ayotzinapa, a los agricultores y a un sinnúmero de actores a nivel local que exigen una política más social y seguridad. De algún modo, el mensaje es simplemente que se debe apoyar al gobierno actual por miedo a que regrese el neoliberalismo de la mano de otros partidos, pero el problema es que el neoliberalismo no se ha ido. Tal parece que los funcionarios de MORENA consideran que su sola presencia en la administración pública debería verse abajo como un triunfo popular que hay que cuidar a toda costa, aun cuando no haya compromisos serios con los sectores populares inconformes. De este modo, el gobierno ante su imposibilidad de resolver, titubea entre convencer, corromper y reprimir.
Conclusión
México enfrenta una situación muy complicada porque la presión internacional derivada de la agudización del conflicto mundial entre potencias globales y regionales, le exige a Estados Unidos y sus grupos empresariales, asegurar la hegemonía dentro de su espacio vital. Esta exigencia se contrapone con la necesidad que tiene el gobierno mexicano de tener un mínimo de coherencia ideológica, de equilibrio en comercio exterior y margen de maniobra en sus relaciones internacionales, es decir, de parecer cuando menos, un gobierno de izquierda, progresista, y que internamente pueda evocar a los personajes más socorridos de la lucha por la soberanía nacional como Benito Juárez, Cuauhtémoc, José María Morelos y Pavón, Pancho Villa o Lázaro Cárdenas. El gobierno de la 4T considera que es su derecho considerarse a la altura de las grandes gestas que protagonizaron esos personajes, pero no está dispuesta a correr los riesgos que corrieron todos ellos.
Por el contrario, el gobierno mexicano y el partido MORENA exige ser disociado con los gobiernos del PRI, con el de Porfirio Díaz o con los del PAN, pero lo cierto es que está más cerca de estos últimos que de los grandes independentistas y revolucionarios de la historia mexicana. Eventualmente tendrá que tomar decisiones más firmes y más visibles en cuanto al camino que seguirá de ahora en adelante, y si no lo hace, podrá correr la suerte de tantos otros personajes y actores políticos de nuestra historia, que quedaron en el olvido tras ser desplazados por actores políticos más decididos, ya sea de una defensa más sólida de los grupos oligárquicos e imperialistas o ya sea por un viraje hacia un reformismo radical (porque uno revolucionario me parece que está descartado para ellos), que pudiera despertar más pasiones populares a su favor, pero que lo confrontaría con el tipo de grupos que sí estarían dispuestos a llevar a una ruptura en favor de la intervención extranjera o de un régimen oligárquico militar.
Cabe aquí recordar que Maquiavelo advertía que muchos quieren derrocar al soberano, pero si el pueblo lo respalda, temerán hacerlo, en cambio, si el pueblo deja de respaldarlo, sus conspiradores encontrarán una oportunidad para hacerlo. Sheinbaum tendrá que elegir si prefiere perder el apoyo del pueblo para agradar a los que conspiran contra ella, o afianzar sus lazos con el pueblo para hacer temer a sus conspiradores.
Notas:
[ii] Tratado México, Estados Unidos y Canadá.
[iii] Es una suerte de eslogan publicitario en donde el movimiento electoral que encabezó en su momento Andrés Manuel López Obrador, comparó dicho movimiento con las tres grandes gestas transformadoras de la Historia de México, La independencia, La defensa de la República ante la intervención francesa, y la Revolución Mexicana iniciada en 1910.
[iv] Partido Revolucionario Institucional
[v] Partido Acción Nacional
[vi] Movimiento Ciudadano
[vii] Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio del Estado
Andrés Avila Armella. Sociólogo y Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Docente de Asignatura en la Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia de la UNAM, así como en el Instituto Tecnológico Superior P´urhépecha. Secretario General de la Unión Comunista de la Clase Proletaria, UCCP. Miembro de la Secretaría General Colegiada del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores Académicos de la UNAM, SITTAUNAM.
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