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Las reformas laborales de la 4T

Fuentes: Rebelión

Para darle contenido a lo que el gobierno de la 4T ha dado en llamar la “primavera laboral” se ha desatado en las Cámaras de diputados y senadores toda una serie de iniciativas de reformas, sobre todo, de la ley laboral de nuestro país. La gran mayoría son reformas intrascendentes que no impactan en el magro ingreso de los trabajadores, pero que “visten” a los políticos que las proponen y “prestigian” a las fuerzas políticas que las impulsan.

De todas las reformas laborales que ha emprendido la 4T, pocas son las que algo han significado en la mejora de la vida laboral de los obreros mexicanos: la reforma laboral de justicia laboral y democracia sindical de 2019 que impuso a México el imperialismo norteamericano; el incremento salarial que sólo ha mejorado un poco al salario mínimo lo cual no sucede con los salarios contractuales; el incremento a las vacaciones en seis días; y la reducción de la jornada a 40 horas semanales, que se aplicará totalmente hasta el año 2030.

Tal como lo hemos dicho en otros análisis, estas reformas han sido aprobadas con el consentimiento de las clase de los patrones porque para todas ellas tienen un antídoto: en el caso de la reforma de 2019 legitimaron los contratos con los sindicatos charros con los que ya tenían convenio; para anular los incrementos salariales sólo aumentan el precio de los productos de primera necesidad; para el incremento de vacaciones no las entregan completas o se las proporcionan a los trabajadores a cuentagotas o a cambio de días libres que los trabajadores necesitan para atender asuntos personales o familiares; y para la semana de 40 horas, los empresarios apretaron al Gobierno para que no declare obligatorio el descanso de dos días semanales y para que la disminución de horas se aplique “de común acuerdo” entre patrón y empleado, en este caso, sigue vigente la regla de que por cada seis días de trabajo se tiene uno de descanso.

Todas las demás reformas, unas más y otras menos, son repeticiones con ligeros cambios de otras leyes o convenios ya antes establecidos o que tienen muy poca trascendencia para la economía de los trabajadores, las cuales también han recibido la aprobación patronal porque la afectación que reciben es mínima. Así, se aprobó el reconocimiento de los derechos laborales para trabajadoras del hogar, en su mayoría no se cumple; la regulación en el teletrabajo, tampoco; prohibición en el outsourcing, solo se aplicó parcialmente; la ley silla, su aplicación es mínima; regulación del trabajo para plataformas digitales, el beneficio fue para el Gobierno porque al registrar los trabajadores al IMSS, Hacienda ya puede cobrar impuestos; hubo reforma en las utilidades, pero para ponerles un tope que perjudica a muchos trabajadores; otra reforma fue para promover la igualdad, evitar la violencia y tomar como base la perspectiva de género, asunto que tiene décadas aprobado en los tratados internacionales y que México tiene firmados, pero cuyo cumplimiento sigue esperando.

En una nota informativa titulada “6 reformas laborales que quedaron congeladas” nos dice Gerardo Hernández que concluyó el periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión y que hubo reformas a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que quedaron pendientes “todos ya son dictámenes y la mitad cuentan con el aval de una de las dos Cámaras, es decir, sólo requieren la aprobación de la colegisladora” (El Economista, 07/05/2026). A decir del mencionado comunicador, las reformas pendientes son: la desconexión digital, que las personas al terminar su horario de trabajo ya no reciban llamados de la empresa; transparencia salarial, que al ofertarse empleo sea poniendo el salario que se obtendrá; buró laboral, que se prohíban las “listas negras” y el empleo de datos personales de los trabajadores con el propósito de usarlos en su contra o para condicionar el acceso o permanencia en un empleo; permiso por luto, por el fallecimiento de un familiar; violencia laboral, que se considere el acoso o mobbing, el ciberacoso y discriminación como comportamientos violentos en el trabajo; y, por último, inspecciones en igualdad salarial.

Como es fácil notar, varias de estas reformas con anterioridad han sido aprobadas de diferentes maneras, pero el único defecto es que no se han cumplido y, aunque se aprueben otras nuevas, los trabajadores seguirán sufriendo los mismos problemas en el trabajo porque no hay verdadera voluntad de corregir los excesos del capital.

Sólo a manera de ejemplos y para no dejarlo como una simple afirmación, tenemos el caso de las listas negras que desde hace mucho tiempo han estado prohibidas, pero funcionarios sin escrúpulos transmiten la información a despachos patronales para registrar y no dar empleo a los trabajadores que demandan ante las autoridades laborales; también tenemos el caso de la discriminación que está prohibida en la Constitución mexicana, en los tratados internacionales, en la LFT y ahora hasta en el T-MEC, sin embargo, se sigue presentando en miles de centros laborales; la desigualdad salarial también está prohibida y en miles de empleos sigue siendo una práctica común, etc.

Por una parte, se aprueban y hasta se repiten muchas reformas y se hace gran alharaca de ellas, pero por otra, este gobierno no hace nada para que se cumplan. Si hubiera verdadera voluntad de corregir, todos los días habría miles de inspectores vigilando su cumplimiento en los centros de trabajo, y miles de sanciones para los infractores, pero eso no sucede. Las propias autoridades del Gobierno han reconocido que para una vigilancia adecuada se requieren más de 4 mil inspectores, sin embargo, el propio director de Inspección del Trabajo ha reconocido que, para vigilar millones de empresas en el país, la Secretaría del Trabajo cuenta sólo con 660 inspectores, muchos de los cuales, esto lo afirmamos nosotros, se corrompen y realizan las inspecciones todas favorables al cumplimiento de normas que deben reportar las empresas.

No hay pues tal “primavera laboral” hay una simulación de hacer justicia a los trabajadores porque las reformas que se aprueban solo quedan en el papel, pero, además, son reformas que buscan afectar lo menos posible a la clase empresarial. Ahora pretenden los legisladores ya “no aprobar pisos mínimos…porque están transitando a un enfoque de mejora de prácticas, sin agregar más cargas patronales de manera general”. Por ejemplo, en este periodo de sesiones que está finalizando, desecharon cinco iniciativas para ampliar los días festivos en la LFT, se negaron a aprobar y reconocer más días de descanso obligatorio para los trabajadores.

Ante algunas de las reformas que verdaderamente favorecerían a los trabajadores los legisladores de la 4T cierran los ojos. Entre ellas, es sabido que con la reforma laboral de 2012 se abarató para los patrones el despido de los trabajadores mexicanos, tal abaratamiento se realizó reduciendo los salarios caídos a un año y estableciendo un tope de dos salarios mínimos a la prima de antigüedad.

También se sabe que muchos trabajadores se encuentran en la inmovilidad y no reclaman sus derechos por temor al despido, tampoco se organizan en un sindicato ajeno a los intereses de la empresa por lo mismo y esto ¿no lo conocen los legisladores cuatroteístas?, ¿no saben que esta reforma la hizo Felipe Calderón para favorecer a los patrones y maniatar a los trabajadores? Claro que lo saben, pero en el fondo también están de acuerdo con la “estabilidad laboral” que a los patrones conviene. Si estuvieran a favor de los trabajadores, con la mayoría que tienen en las Cámaras, y que obtuvieron gracias a millones de trabajadores que votaron por ellos, ya hubieran restituido el derecho de los obreros a recibir los salarios caídos durante el tiempo que tardaran en resolverse las demandas por despido injustificado y hubieran prohibido en la ley el despido por motivos sindicales que hoy es tan frecuente y que obliga a los obreros a soportar sindicatos venales y patronales.

Para los trabajadores mexicanos es una tragedia vivir bajo la amenaza del despido y del desempleo ante el menor reclamo de mejores condiciones de trabajo y de vida, y debemos reconocer que el gobierno de la 4T, al dejar intactas las reformas que hizo la derecha mexicana, contribuye alegremente al sometimiento de la clase obrera al yugo patronal.

La 4T, pues, en el fondo no está para favorecer a los trabajadores, está para apoyar a los patrones, está para administrar y fortalecer al Estado capitalista que oprime y engaña a las clases trabajadoras de este país. Las ayudas que proporciona son sólo mecanismos de engaño para que, el Estado que representa, viva fuerte y vigoroso por muchos años más, haciendo creer a la clase obrera y a la clase campesina que en él y en el sistema capitalista está la solución a sus problemas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.