Escritor, poeta, guionista, periodista y militante político, Francisco «Paco» Urondo fue asesinado por fuerzas policiales en Mendoza el 17 de junio de 1976 y su cuerpo continuó desaparecido y enterrado como NN hasta 1983, pero lo sobrevive una búsqueda estética que lo convirtió en uno de los poetas más potentes de su generación.
Urondo había recibido a principios de 1976 la orden de la conducción de Montoneros de trasladarse a Mendoza para tomar el mando de la Regional Cuyo de la organización, que se encontraba diezmada por los importantes golpes que la represión ilegal le había dado a su estructura.
En esa provincia, tres meses después del Golpe de Estado, el autor de La Patria Fusilada, un célebre alegato en el que denunciaba la Masacre de Trelew perpetrada por la Armada en 1972, era asesinado hace 45 años al caer en la encerrona de una cita “cantada”.
Reproducimos dos entrevistas realizadas en 2021, a Vicente Zito Lema y a Renée Ahualli, sus compañeros de militancia, realizadas en el programa “Ciudad Cultural” que se emite por AM 830 Radio del Pueblo los jueves de 11:00 a 12:00. También participa Héctor Freire (1953-2022).
Entrevista a Vicente Zito Lema
“Paco” Urondo vivió con alegría el momento histórico del que fue protagonista
M.H.:
Aprovecho para preguntarte por la figura de “Paco” Urondo asesinado el
17 de junio de 1976. Rescaté una anécdota, un homenaje que le hicieras
junto a Cristina Banegas, José Luis Mangeri y León Rozitchner.
V.Z.L.:
No recuerdo el año pero la escena la recuerdo absolutamente. Yo siempre
sentí una gran amistad por Paco, he escrito muchas veces sobre él
recordándolo y esa es una de las escenas más fuertes que tengo en mi
memoria por toda la circunstancia.
Paco no solo expresa un modelo
de intelectual, de artista, sino que también todo lo que estuvo
rodeándolo fue históricamente materia de gran disputa. Hemos sido
partícipes en presentaciones de libros que tienen que ver con la
historia de la militancia revolucionaria y de los espacios donde Paco
Urondo se desenvolvió siempre con esa potencia con que hacía todas sus
cosas.
Vos hablás de un momento muy doloroso, porque Paco no solo
era un militante revolucionario, también hubo disputas con motivo de su
muerte. Más de una vez había manifestado que no iba a dejar que sobre él
cayera la práctica, una de las más horrorosas de aquella época, que era
el vejamen en los cuerpos de los prisioneros que tomaba la dictadura
militar. Paco fue uno de los que decidió que en caso de ser sorprendido
por la dictadura no iba a dejar que lo torturaran, que resistiría hasta
el último instante de todas las formas en que pudiera hacerlo, pero en
el momento final, si lo tomaban prisionero, si lo secuestraban, antes de
pasar por el horror de la tortura se iba a suicidar por eso, como
algunos otros militantes de la época, llevaba consigo una pastilla de
cianuro.
Toda esa cuestión trágica, espantosa que hoy podemos
contar y que obviamente nos duele y para los que no participaron de
aquellas disputas y enfrentamientos con una terrible dictadura les puede
parecer extraño, hasta si se quiere novelesco, donde entra en disputa
el bien y el mal de los comportamientos en situaciones límites. Todo eso
para nosotros era parte de la vida de aquellos tiempos, de la vida, de
la muerte y de las reglas de juego. Por eso la manera en que muere Paco
Urondo en Mendoza, en forma heroica defendiendo a la gente que él amaba,
hasta el último instante, y después la desaparición de su cuerpo, todo
eso es una épica que yo mismo al relatarla, por más que quiera hacerlo
con el mínimo de palabras y sin sobreactuación, ni en los sentimientos
ni en el contar de los hechos, realmente nos estremece a todos.
Recordar
a Paco, más allá de las tristezas que se liguen con su muerte, no
olvidemos nunca que dejó escrita una maravillosa obra que es una parte
importante de la cultura argentina del siglo XX.
M.H.: Nos quedó corto el tiempo para hablar sobre Francisco “Paco” Urondo. Retomemos el tema.
V.Z.L.:
Yo lo hago con mucho cariño. A veces lo pienso, esta tarea que queda a
los que hemos tenido el privilegio de participar de una de las etapas
más duras de la historia argentina del siglo XX. Y estamos como testigos
de aquellas épicas en donde hemos compartido la vida con grandes
compañeros. Por un lado es una responsabilidad histórica, memorar
tamaños sacrificios, pero también tamañas alegrías, porque estoy
convencido de que en esas luchas, si todo fuera dolor, tristeza,
pérdidas, no se podrían haber librado las luchas que se libraron. Por
eso junto con los recuerdos tristes, porque se han pasado situaciones
dolorosas, como la muerte de Paco, la manera en que se da su muerte;
pero también es cierto que nos queda de aquellos años y aquellas épocas,
la posibilidad y el orgullo de decir que se vivieron grandes sueños,
grandes alegrías, grandes responsabilidades y que por más que los
precios sean duros y que no hay que negarlo, podemos decir que valió la
pena haber vivido esos tiempos.
No siempre, por razones muy
complejas que hacen al propio país y a las situaciones en el mundo,
alguna generación puede y otras no tanto, estar en la posibilidad de
cambiar profundamente la vida de un país, la vida de una sociedad, de un
pueblo. Nosotros fuimos parte de esas circunstancias. No estaba
definido que Paco iba a ser asesinado, o las otras muertes que podamos
evocar. Todo pudo ser de una manera y pudo ser de otra.
Está bien
hablar del poder gigante que tenía la dictadura militar, porque es
también necesario decir las cosas como son, de los fuertes apoyos de
sectores sociales, de instituciones históricas de nuestro país, de buena
parte de los medios de comunicación, de gente del campo intelectual,
artístico y de la Iglesia, del comercio, de la industria, del sector
agrario. Así fue, era una sociedad donde buena parte luchaba para
construir una nueva sociedad argentina, pero había otra parte, los
sectores más conservadores, más históricamente ligados con la
dependencia de Argentina como país, como sociedad, los gigantes
económicos, políticos y militares de cada momento histórico también
tenían poder; no eran las cosas simples, eran complejas, pero también es
cierto y quiero ser objetivo, que pocas generaciones han tenido el
privilegio de jugar a cara o cruz la vida con posibilidad de que un
sueño gigantesco, ese sueño que tenemos ahí desde el propio comienzo de
nuestro país como independiente se coronara esta vez en un triunfo. Ese
sueño de Mariano Moreno, de Belgrano, de San Martín, de Castelli. De
tantos héroes de nuestra historia que para nosotros fueron modelo
inspirador, sin perjuicio de los elementos teóricos universales, de los
que también nos pudimos haber nutrido; fueron inspiradores para
organizar las fuerzas de una generación en contra de la repetición
clásica de dependencia que ha agobiado históricamente a los países del
Tercer Mundo y en especial hablo de nuestro país y Latinoamérica.
Entonces haber podido ser parte de esa historia es también una alegría, y
en cuanto a Paco puedo decir, porque lo conocí bien, no solo en la
militancia sino en la vida cotidiana, que vivió con alegría el momento
histórico del que fue protagonista.
M.H.: De alguna manera introdujiste la pregunta que te quería hacer, ¿cómo era Paco?
V.Z.L.:
Un hombre muy vital. Se había iniciado en la política desde muy joven,
si no me equivoco tenía alrededor de 30 años cuando tuvo un cargo.
M.H.:
En 1957 ocupó la Dirección de Arte Contemporáneo de la Universidad
Nacional del Litoral. También fue Director general de Cultura de la
Provincia de Santa Fe durante la gobernación de Sylvestre Begnis
(1958-62).
V.Z.L.: Ya desde joven fue un militante político. No es
alguien que por un momento de euforia, pasión o bronca por la muerte de
algún amigo o familiar se lanza a la lucha. Por supuesto que cada uno
crece en su conciencia de mil formas posibles, pero en el caso de Paco
fue un crecimiento ordenado, paso a paso, podríamos decir. Por eso era
tan fuerte.
Insisto, era un muchacho cuando empieza su militancia
política y su formación intelectual. Vale recordar y decir para las
generaciones nuevas, que Paco amaba la vida en plenitud, le gustaba la
amistad, la practicaba, le gustaba el arte, era un gran poeta, le
gustaba el teatro, ha escrito textos muy especiales, siempre con esa
marca propia que sabía dar.
Era un hombre capacitado para entender
el arte de otros artistas, cosa que no siempre se da. Por ejemplo, se
nutrió muchísimo con el poeta Juan L. Ortiz, ese poeta de Entre Ríos,
tantas veces mal estudiado y olvidado, pero que para nuestra generación
era un maestro, movido por todo el esfuerzo de Paco en divulgarlo.
Muchos poetas de nuestra generación, recuerdo a Gelman, a Alberto
Szpunberg, me recuerdo a mí viajando, todos con veintipico de años,
movidos por la forma en que Paco hablaba de Juan L. Ortiz, a Entre Ríos,
para conocer a ese gran poeta, uno de los mayores de la lengua
castellana del siglo XX. Un poeta exquisito y de una formación
intelectual impecable que lo llevó incluso a ganarse una invitación de
Mao, que pudo leer la obra de Juan L. Ortiz y casi de manera excepcional
lo invitó a China para conocerlo. Y fue, siempre con su silencio, con
su humildad.
Recuerdo que cuando fui a Paraná a conocerlo me
contaba sus historias de hablar con Mao como si fuera lo más simple del
mundo, siempre humilde, pero siempre sabio. Ese es un gran poeta que
nutrió mucho a Paco Urondo y fue quien lo impulsó a conocer la
Revolución cubana, porque Juan L. Ortiz era un gigantesco admirador de
esa revolución. No estoy diciendo que fue el único maestro de Paco pero
sí influyó mucho en la formación política y cultural de Paco Urondo.
Después
Paco en Buenos Aires, con toda su etapa de periodista, trabajando en
las mejores revistas de la época y finalmente siendo parte del diario La
Opinión, junto a Tito Cossa, a Verbitsky, a Gelman, humildemente me
sumo a esa lista de los que trabajamos juntos en esa época. Alberto
Szpunberg también, entre otros periodistas de nuestra generación que nos
cruzamos allí.
Luego Paco Urondo en el diario Noticias, en donde
era junto con Bonasso los principales pensadores e impulsores de ese
diario que cumplió también una gran etapa histórica. Y ahí está Paco
Urondo con su militancia, primero en las FAR (Fuerzas Armadas
Revolucionarias), luego cuando esa organización revolucionaria se junta
con Montoneros, también militando allí con toda la potencia de su vida.
De
Paco tengo el recuerdo de un hombre que creía que el mundo podía ser
construido de otra manera. Que no tuvo límites en su pasión ni en sus
sueños, que dejó una gigantesca obra poética y que como persona mereció
que lo amaran, como mucha gente lo amó y que lo recordemos con la
alegría y la tristeza que da la pérdida de personas que uno quisiera
tener todavía a su lado. Ese es mi recuerdo de Paco Urondo.
Entrevista a Renée “la turca” Ahualli
«Paco fue un gran jefe que eligió morir para que nosotras nos salváramos»
M.H.:
Estamos en comunicación con Renée Ahualli, la Turca, quien compartió
con Paco Urondo sus últimos momentos de vida en Mendoza, cuando fuera
asesinado el 17 de junio de 1976. Te pido que revivas ese momento para
nuestros oyentes.
R.A.: A pesar de los años me cuesta bastante
recordar ese momento. Fue una cita de control que hacíamos para ver si
necesitábamos algo, si estábamos bien, si había alguna novedad en la
célula a la que pertenecíamos. Él era el responsable de Mendoza y yo
llegué a la cita a las 18:00 en punto y un auto que yo no conocía se
paró en la esquina, era Paco, venía con su esposa y su beba de 11 meses.
Me dijo que no le gustaba lo que estaba viendo en la cita, y me pidió
que como yo conocía más la zona me fijara, porque él hacía solo dos o
tres semanas que había llegado a Mendoza.
El error fue volver a
pasar por donde él aparentemente ya había pasado dos veces según lo que
dice el parte policial que vi posteriormente. O sea que pasó tres veces
por el mismo lugar. Apenas entramos en la cita me di cuenta de que había
personas disfrazadas, producidas para parecer vecinos, gente barriendo
la vereda, parejas y además vi un auto que era nuestro y que la cana se
había apoderado, ahí sin duda le dije ‘está cantada, rajá’. Ahí nos
empezaron a seguir los del auto rojo y empezaron a tirar, yo estaba sin
arma, Paco me pasó una pistola y él con un revólver tiraba sobre la mano
del volante, así que yo tuve que tirar con la izquierda, cosa que nunca
había hecho, pero las circunstancias no permitían otra cosa, aunque el
cargador se terminó enseguida.
No pudimos zafar, seguimos dando
vueltas hasta que Paco choca contra una camioneta rastrojera que quedó
en medio de la calle. Nosotros seguimos, pensé que habíamos zafado pero
los tipos seguían atrás nuestro y ahí fue donde Paco nos puenteó. Ahora,
después de tantos años, sé que no se había tomado la pastilla, en ese
momento preguntó si alguien estaba herido, yo le dije que sí, porque
había sentido un impacto en mi pierna.
A pesar de saber que yo
estaba herida cuando paró el auto dijo ‘me tomé la pastilla, me siento
mal, bájense y váyanse’. Alicia (Raboy) salió con la nena por la puerta
de adelante, yo por la de atrás, me fui por la calle perpendicular a la
que veníamos, no supe por dónde escapó Alicia. Conseguí que me ayudaran,
una persona me ayudó a trepar por una tapia hacia una vecindad donde no
había casas, de ahí caminé tres cuadras hasta una parada de trolebús
que era el único medio de transporte que había en ese lugar para salir
de la zona.
M.H.: Aclaremos que “la pastilla” a la que hace
mención la Turca es la pastilla de cianuro que portaban en aquel momento
los oficiales montoneros para no caer vivos y tener que soportar la
tortura y la posibilidad de dar algún dato que comprometiera a la
organización. Siempre se planteó que Paco Urondo, en el momento de ser
abatido, había tomado la pastilla de cianuro y vos después pudiste
comprobar lo contrario, por la autopsia que se conoció en el juicio de
sus asesinos.
R.A.: Ahí está la reivindicación al gran jefe que fue
Paco, porque él sabiendo que yo estaba herida me podría haber hecho
quedar y aguantar, pero decidió quedarse él y que nosotras nos fuéramos,
eso le da un plus más como ser humano y compañero. Esa es la verdadera
historia que se va aclarando a través de los juicios, que costó años de
armar rompecabezas, finalmente nos damos cuenta de que no estábamos tan
errados.
Los militares mataron a toda una generación de intelectuales y creadores de la época
M.H.:
Un testimonio de gran valor, Turca. Un pequeño corte y seguimos
recordando a Paco Urondo en “Ciudad Cultural” porque no solo fue un gran
jefe político sino también un grande de la literatura nacional.
Héctor
Freire (HF): De la literatura y del cine también, según consta en un
libro que se editó hace tiempo que se llama “La razón ardiente”, donde
se recopila la obra de autores víctimas de la dictadura militar del 76
al 83, es una edición bilingüe, mucho más leída en inglés que en
castellano y quien escribe y hace la antología es Mario Goloboff.
M.H.: Mario Goloboff que es uno de los biógrafos de Cortázar.
H.F.:
Sí, y ahora milita con Carta Abierta y escribe en Página 12. Lo
interesante de este libro es la recopilación de muchos autores, no están
todos, por ejemplo, falta Tilo Wenner.
M.H.: A quien secuestraron en Escobar y el responsable fue el ex comisario Patti.
H.F.:
Los que sí están son: Miguel Angel Bustos, Roberto Carri, Haroldo
Conti, Hector Germán Oesterheld, Roberto Santoro y Francisco Urondo. La
obra completa de poemas de Paco Urondo está editada por Adriana Hidalgo,
directora de una editorial muy importante del mismo nombre.
Algunos
datos interesantes de Paco Urondo son que fue Director general de
cultura de la provincia de Santa Fe, durante el gobierno de Silvestre
Begnis, en 1958. Otro dato es que en 1973 fue Director de la Facultad de
Letras de la Universidad de Buenos Aires, un hombre muy formado. Es muy
interesante su obra como guionista de cine, de televisión, por ejemplo,
fue guionista de Rodolfo Kuhn, un gran director de cine que hizo “Señor
Galíndez” y “Los jóvenes viejos”. Trabajó para muchas revistas
importantes, como Tía Vicenta (de humor político) y también para la
nueva ola del cine argentino en la década del 60, fue el guionista de
“Pajarito Gómez. Una vida feliz”, una parodia de Palito Ortega y del
fenómeno comercial del Club del Clan, lo escribió junto a Carlos del
Peral, conocido como Landrú.
Urondo pertenecía a la vanguardia de
la literatura y del cine argentino de la época. Como me dijo el actor
Daniel Ritto la última vez que vino a este programa: “si hubiera vivido
en Estados Unidos no lo mataban, los yanquis no son tan animales”, o
sea, mataron a toda una generación de intelectuales y creadores de la
época: Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo, Oesterheld, Bustos,
Santoro, Gleyzer.
Otra cosa importante es que adaptó obras
literarias para la televisión argentina, hubo una época en la que en la
TV había películas y series que valían la pena, esas que ahora uno de
casualidad a veces encuentra en Canal Encuentro. Una de sus adaptaciones
fue para el llamado “Clan Stivel”.
Paco Urondo estuvo casado con la
que fue la esposa de Stivel, una gran actriz que terminó en Estados
Unidos, que se llamaba Zulema Katz.
También adaptó “Rojo y Negro” y “Madame Bovary” de Stendhal, y a José María Eça de Queirós.
Estaba
muy relacionado al mundo del cine y la televisión. Yo lo incluí en la
antología que hice de cine y poesía argentina. Adoraba el cine negro
norteamericano, el western, por ejemplo, tiene un poema que le dedica a
John Wayne y se llama “Saludo a John Wayne” que está en su libro que
lleva el nombre de Todos los poemas de 1972. En 1967 escribe Del otro
lado, su otro gran libro donde también le dedica poemas a los
desesperados que van al cine para evitar la terrible realidad cotidiana.
SALUDO A JOHN WAYNE
Gordo y pesado, viene saltando entre pistoletazos, el
Último cowboy, como si fuera el vientre de pólvora
Del último tranvía. Caramba, señores vaqueros,
Jineteando y mascando coca,
Al parecer, ha corrido mucho agua estrepitosa bajo
El Winchester, ha pasado
El tiempo, Hopalong Cassidy; hacías de muchacho, pero
No de Bueno, porque eras Ladrón y nos ponías
Un poco nerviosillos cuando caías para morir como
Cualquier Malo que se precie; y operábamos
Torpemente / al revés / la manijita del proyector y
Volvías a levantarte de atrás para adelante: aleluya
Hopalong Cassidy, milagrosamente
Incorporado para desafiar al tiempo que, parece
Mentira, cómo ha pasado de rápido, deteriorando
Sus itacas, convirtiendo a sus valientes en dipsómanos
Barrigones, padres
Incestuosos de jovencitas intrépidas, sin mujeres cuákeras
Siquiera, con
Un pasado de relativo interés, más bien embretados / oh
Viejos
Buscadores de catangas de oro calibre
44 como otrora /en argumentos chistosos, que ya no
Pueden brindar mayores caballos de plata, esperanzas
Al fuego o satisfacciones enmascaradas solitarias. Sioux y
Heroínas
Que ya no sirven porque los tiempos han
Cambiado, ‘Mamita mía’, y las cabelleras ensangrentadas
Y los actos
Se han puesto mañeros como charros y desiertos de tuna
Que bostezan abriendo el paso, todavía, al tren
Correo, diligencias inútiles, achacosas
Manos rápidas en las cartucheras de cuero crudo,
Como las costuras de Dios, que es el aderezo,
Amigo, de vidas y también
De aquellas desgastadas por
El galope corto y el latido perdurable, amén.
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