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Los datos matan el relato del Gobierno y Milei

Fuentes: Rebelión

El deterioro de la alimentación de les trabajadores se acelera

En el relevamiento de mayo de su índice barrial de precios, que efectúa en negocios de cercanía de los barrios populares en 20 distritos del Conurbano bonaerense sobre 57 productos de la Canasta Básica de Alimentos (CBA), el Instituto de Investigación Social, Económica y Política (ISEPCi) dio cuenta de un aumento del 1,52%, lo que indica que una familia de cuatro integrantes (dos adultos/as y dos hijos/as de entre seis y 10 años) necesitó 630.419,34 pesos para comprar sus alimentos imprescindibles. Respecto a mayo de 2025 la suba fue de 26,57%.
En tanto, para adquirir –además de los alimentos- los bienes y servicios indispensables para la vida cotidiana, incluidos en la Canasta Básica Total (CBT) como transporte, comunicaciones, energía y otras tarifas del hogar, salud, educación, etc., la misma familia requirió 1.418.443,52 pesos lo que significa una suba anual de 24,9%.
El relevamiento también detalla que en los últimos doce meses los productos de carnicería encabezaron los aumentos con más del 50% de incrementos, seguido por las verduras y las frutas con el 16%, mientras que los productos de almacén aumentaron poco más del 13%.
Compartimos parte del informe elaborado por el ISEPCI:

ALGUNOS DATOS COMPLEMENTARIOS
Ventas y Consumo
Según el relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en mayo pasado las ventas minoristas de las pequeñas empresas tuvieron una suba de 1,2%, lo que no alcanzó para revertir la tendencia negativa de los meses anteriores. Respecto al mismo mes del 2025 la caída es del 1,2% y en lo que va del año hay una baja de 3,1%.
Si miramos solo el dato de mayo y sus correlativos, el resultado no sería demasiado significativo. Sin embargo, si ampliamos la mirada se observa una tendencia negativa que se viene arrastrando desde mayo del año pasado cuando se produjo una baja abrupta de 2,9%. Desde ahí hasta hoy las ventas, y por lo tanto el consumo, no dejaron de descender.
Como venimos destacando en nuestras últimas notas, en este desagregado de las variaciones por rubro, quizás lo más preocupante es el descenso continuo del consumo de alimentos, reflejado en la baja de las ventas, que –siempre según la CAME- en lo que va del 2026 llega al -3,7%.

Por último, es interesante agregar el dato de la última publicación del INDEC sobre las ventas en los supermercados. A marzo de este año en la comparativa con el mismo mes del año anterior se detecta una disminución del 5,1%, y durante el primer trimestre el descenso es de 3,1%. Todo lo cual confirma la baja generalizada de consumo que abarca no sólo a las PYMES y negocios de barrio, sino también a las grandes superficies.
Endeudamiento e Inseguridad Alimentaria
Entre el 27 y 29 de mayo pasado llevamos a cabo una encuesta mediante entrevistas personales con referentes/tas de 1301 hogares distribuidos en los siguientes territorios: 30 distritos del conurbano Bonaerense, las Ciudades de La Plata y Mar del Plata, Pergamino, Salto, Trenque Lauquen, Gral. Arenales, Bragado, Bolívar, Olavarría, 25 de Mayo, Bahía Blanca, Chascomús.
De allí surge que “más de 4 de cada 10 familias comen menos para poder pagar sus deudas”, a partir de la siguiente distribución de respuestas afirmamos que estamos en una situación donde “las deudas están comiéndose los alimentos” que deberían integrar los platos familiares. El 43% afirma que sus deudas les impiden comprar todos los alimentos necesarios; 30% tienen deudas, pero no afectan la comida; 17% manifiesta no tener deudas y un 10% prefirió no responder.”
Ante la consulta a los/las respondentes de 1087 hogares con niños, niñas y adolescente si “en lo que va de este año ¿alguna vez se quedaron sin dinero o recursos y su hijo/hija no pudo tener una alimentación saludable, adecuada y variada? el 79% afirmó que por falta de dinero les ocurría, de éste total al 41% le ocurre muy frecuentemente y al 38% con poca frecuencia. En el caso de los adultos de 1301 hogares surge es mayor el déficit ya que en el 44% de los hogares muy frecuentemente no pudieron tener una alimentación saludable y el 36 % también ocurrió, aunque con poca frecuencia.”
“En cuanto a las privaciones recientes de alimentos en el último mes, el 77% de las familias entrevistadas refirieron en términos generales haberse privado de consumir lácteos, carnes, verduras, frutas, cereales o legumbres por falta de dinero.”
Evolución de los precios de algunos alimentos indispensables en lo que va de 2026
Un 77% de las familias entrevistadas se privó de consumir lácteos, carnes, cereales o legumbres por falta de dinero.
En lo que va el 2026, la leche (+25%), el azúcar (+16,67%), el pan (+15,38%), y las lentejas (+15,38%), aumentaron por encima del promedio de los incrementos de los productos del rubro almacén (+13,56%), según el relevamiento del Índice Barrial de precios. Mientras el yogurt (+13,33%) estuvo en el límite del mismo promedio.
En el rubro de verdulería algunos de los productos que son de los más utilizados en las comidas de las familias, como son la cebolla (+40%), acelga (+30%), papa (+30%) y manzanas (+16,67%). Según nuestro relevamiento de mayo, en los primeros cinco meses de 2026, el incremento promedio de ese sector llegó a 15,3%.
El promedio de incremento del rubro carnes -siempre según nuestro relevamiento de mayo- desde diciembre del 2025, es de 22%. Sin embargo, los cortes más baratos tuvieron subas por encima: Espinazo +32,7%; paleta +29,9%; hígado +25%; y carnaza 25%.
“Claramente hay una relación directa entre el incremento de los precios de estos productos esenciales por encima del promedio de cada rubro, y la imposibilidad de las familias de continuar adquiriéndolos en las cantidades mínimas necesarias. La pérdida de poder adquisitivo sin pausas en los ingresos de los trabajadores y trabajadoras, se traslada aceleradamente a un permanente deterioro de su calidad alimenticia, con las inevitables consecuencias negativas presentes y futuras”, afirmó el director nacional del Isepci, Isaac Rudnik.

El Salario Mínimo, Vital y Móvil acumula una caída superior al 40 % en su capacidad de compra

El dato surge del informe sobre la evolución del Salario Mínimo, Vital y Móvil N°15 que elaboraron Mariana L. González y Oscar Geffner del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA CTA). El estudio señala que hace diez años, en junio de 2016, una hora de salario mínimo equivalía a un kilo de pan, y que hoy, con un valor horario de 1.839 pesos, se requieren dos horas y media de trabajo para el mismo bien. Indica, además, que la brecha es aún mayor en productos como la carne picada, donde se pasó de requerir dos horas de trabajo en 2016 a prácticamente 6 horas en la actualidad.
El informe del CIFRA afirma que desde la asunción del actual gobierno de Javier Milei, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) acumuló una caída superior al 40% en su capacidad de compra, y que el fuerte impacto inflacionario provocó un retroceso inicial del 30% que no fue revertido, sino que por el contrario desde hace dos años se registran contracciones mensuales consecutivas.
González y Geffner advierten que durante este período el Consejo Nacional del Salario Mínimo mostró un funcionamiento particular: “Ante la falta de acuerdos en las negociaciones, todos los incrementos nominales se definieron por laudo de la Secretaría de Trabajo, resultando en valores alineados con las propuestas empresariales que convalidaron la pérdida del poder adquisitivo”.
Actualmente, el poder adquisitivo del salario mínimo resulta 60% menor que el de 2015 y se ubica 20% por debajo de los niveles de la década de 1990.
El salario mínimo del mes de junio cubrió apenas poco más de la mitad de la canasta básica alimentaria que define la línea de indigencia para una familia “tipo” y se necesitaron más de 4 salarios mínimos para alcanzar la línea de pobreza.
A su vez, el informe indica que el salario mínimo ha dejado de ejercer su función de piso salarial y de ser una referencia en el mercado laboral, como se evidencia en la comparación con los salarios efectivamente percibidos: “En junio de 2016, este piso equivalía al 37,2% del salario promedio registrado del sector privado; en la actualidad, representa apenas el 16,6% de dicha remuneración”.

El FRESU exige un Salario Mínimo, Vital y Móvil de $ 3.000.352

El Frente de Sindicatos Unidos indicó que esa cifra es la que necesitaron los trabajadores y las trabajadoras para cubrir las nueve necesidades vitales que establecen la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo: Alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestimenta, salud, transporte, esparcimiento, vacaciones, previsión social. Afirmaron además que durante el gobierno de Milei cada trabajador perdió, en el caso del sector público, más de 2.500.000 pesos; y en el sector privado, más de 14 millones.

Desde el Fresu señalan que “desde que comenzó el gobierno de Javier Milei, que impulsó una serie de políticas para licuar salarios y combatir a las organizaciones sindicales, los asalariados perdieron más de 67 billones de pesos en el acumulado de sus ingresos mensuales”. Agregan que esa pérdida se aceleró en los últimos siete meses.
“Ese ataque a quienes producimos es parte de una política de destrucción de la industria nacional, concentración económica, desigualdad creciente y debilitamiento de la representación democrática. Ante esto, vamos a seguir luchando por el salario digno y los derechos laborales, sindicales y democráticos de las y los trabajadores argentinos, por el desarrollo y la soberanía nacional. Durante este gobierno, cada trabajador y trabajadora del sector privado perdió más de 2,5 millones de pesos, en tanto que cada empleado estatal perdió más de 14 millones de pesos. Se trata de una destrucción de salarios que obligó a las y los trabajadores a endeudarse para sostener la vida cotidiana y la deuda de las familias creció en 46 billones de pesos desde que Milei llegó a la Casa Rosada”, advierten desde el Fresu al tiempo que detallan que la morosidad se multiplicó por 4 sólo en el último año, y que se saturó el mercado de crédito a los hogares: “Los hogares ya no pueden tomar más deuda”.
Para determinar el valor que debiera tener el Salario Mínimo Vital y Móvil, el Fresu tomó como referencia los costos de las 9 necesidades vitales:
-Alimentación adecuada ($640.428)
-Vivienda digna ($596.339)
-Educación ($268.502)
-Vestimenta ($148.624)
-Salud ($365.553)
-Transporte, esparcimiento y vacaciones ($650.867);
-Previsión social ($330.039).
Cabe recordar que el FreSU está integrado por organizaciones sindicales de las tres centrales obreras (CGT, CTA-A, CTA-T) entre las que se encuentran UOM, ATE, Federación Aceitera y Desmotadora, Conadu, Conadu Histórica, Fesprosa, Aeronáuticos, Marítimos, Fluviales, Molineros, Papeleros y Viales.

El empleo formal cumplió doce meses de caída ininterrumpida en abril

Según el investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA – Autónoma, Luis Campos, esta caída se explica por el sector privado, que volvió a retroceder fuerte ya que perdieron su puesto casi 12.000 trabajadores. Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde noviembre de 2023 perdieron su trabajo 329.667 asalariados registrados. “El retroceso por ahora no encuentra un piso. En materia laboral, asistimos a una tragedia”, aseguró Campos.
“Durante el gobierno de La Libertad Avanza, el empleo registrado en el sector privado tuvo tres momentos diferenciados. A comienzos de 2024 hubo una fuerte caída. Luego un comportamiento errático hasta mayo de 2025. Desde entonces, todos los meses se destruyeron puestos de trabajo. En el último año el retroceso se explica por la situación en la industria y el comercio. El problema es que no hay ningún sector que compense esta caída. Hasta el agro, la minería y la intermediación financiera tienen menos trabajadores registrados que en abril de 2025. La industria, en particular, viene en picada. Desde noviembre de 2023 se perdieron más de 80.000 puestos de trabajo, la gran mayoría en el último año. Acumula 18 meses de caídas mensuales consecutivas”, analiza Luis Campos a través de sus redes sociales.
Agrega que el desacople entre el comportamiento de la actividad y el empleo formal es preocupante: “En lo que va del gobierno de LLA el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) subió un 5,6% y los asalariados registrados cayeron un 3,7%. La economía puede crecer, (pero) el mercado formal de trabajo ni se entera”.
Campos detalla que el sector público y lxs trabajadorxs de casas particulares amortiguaron un poco el retroceso de abril, pero siguen cerca de los mínimos de la actual gestión: “A esta altura del partido ya no hay dudas: este modelo no crea puestos de trabajos formales de manera sostenida por ningún lado”, consideró.
El investigador de la CTA-Autónoma señala además que en marzo y abril también cayó fuerte la cantidad de trabajadores regulares inscriptos al monotributo. Hubo 16.000 menos en solo dos meses.
A su vez, en abril el salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado medido por el SIPA volvió a quedar por debajo de noviembre de 2023 (-1%).
“El panorama para mayo no luce mejor. El relevamiento de la Encuesta de Indicadores Laborales volvió a mostrar un retroceso. Veremos si luego se convalida con los datos del SIPA, pero no hay mucho para ilusionarse”, finalizó Campos.

Las pymes perdieron casi 49.000 puestos en un año
Por Alan Longy

La industria manufacturera perdió 48.950 puestos de trabajo registrados en un año y encadenó 26 meses consecutivos de caída del empleo formal. Mientras el Gobierno celebra la desaceleración inflacionaria y la estabilidad financiera, con recesión.
La industria manufacturera volvió a mostrar en febrero un deterioro sostenido del empleo formal y consolidó una tendencia negativa que atraviesa a buena parte de la economía real desde la llegada de Milei al Gobierno. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) relevados por Industriales Pymes Argentinos (IPA), el sector perdió 48.950 puestos de trabajo registrados en la comparación interanual y acumula una caída de 4,1 % frente al mismo mes de 2025.
El informe difundido por la entidad pyme reflejó que en febrero de 2026 la industria manufacturera contabilizó 1.138.536 trabajadores registrados, contra los 1.187.486 existentes un año atrás. La caída también se verificó en términos mensuales, ya que en la medición desestacionalizada se perdieron otros 2.594 empleos respecto de enero. El retroceso fabril se da en un contexto de retracción del consumo interno, apertura importadora y paralización de numerosos sectores productivos que todavía no logran recomponer niveles de actividad.
De acuerdo con los registros de la SRT, el total de trabajadores registrados en unidades productivas alcanzó en febrero los 9.529.360 asalariados, lo que implicó una reducción interanual de 108.143 puestos frente a los 9.637.503 existentes en febrero de 2025. En términos porcentuales, la caída global fue de 1,2 %.
Sin embargo, el informe de IPA advierte que el golpe más severo se concentra sobre las actividades vinculadas directamente al mercado interno. La industria manufacturera explicó casi la mitad de los empleos destruidos en el último año, mientras que el comercio mayorista y minorista perdió otros 21.952 puestos de trabajo. Ambos sectores encabezan la lista de actividades más afectadas por la caída de la demanda y la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios.
“La consolidación de más de dos años de caída ininterrumpida evidencia que la pérdida de puestos de trabajo ha dejado de ser un ajuste transitorio para transformarse en un daño estructural”, sostuvo el estudio elaborado por Industriales Pymes Argentinos. La definición sintetiza la preocupación de numerosas cámaras empresarias que observan cómo el ajuste fiscal y monetario aplicado por el Gobierno comenzó a trasladarse de manera permanente sobre la producción y el empleo.
Frente a enero de 2026, el sistema formal perdió otros 36.690 puestos registrados, acelerando una dinámica descendente que ya se extiende durante 26 meses consecutivos. El documento de IPA precisó que “tomando como referencia el mes de diciembre de 2023, el empleo formal registra al mes de febrero de 2026 una pérdida acumulada de 364.554 puestos a lo largo de 26 meses consecutivos, equivalente a una pérdida promedio de 14.021 empleos por mes”.
Ese proceso coincide con un fuerte ajuste del entramado productivo pyme, donde muchas empresas comenzaron a operar con niveles mínimos de actividad o directamente cerraron sus puertas. El informe empresario señaló que desde la asunción de Milei desaparecieron “24.978 empresas aportantes”.
La industria aparece particularmente afectada porque combina varios factores simultáneos: caída del consumo, aumento de costos, apertura importadora, encarecimiento del financiamiento y desplome de la obra pública. Sectores vinculados a la metalurgia, materiales para la construcción, línea blanca, calzado, textil y alimentos vienen reportando caídas persistentes en ventas y utilización de capacidad instalada.
El presidente de IPA, Daniel Rosato, cuestionó el rumbo económico y advirtió sobre el impacto social de la política oficial. “De nada sirve tener estabilidad financiera si las Pymes quiebran. Lo único que estamos planificando son los despidos o los cierres de las fábricas y eso no coincide con un plan de un gobierno capitalista y libre”, afirmó el dirigente industrial al presentar el relevamiento.
Rosato también apuntó contra el contraste entre los indicadores financieros celebrados por el Gobierno y la situación de la economía productiva. “Estamos ante un modelo que festeja la paz cambiaria y el riesgo país a costa de la destrucción sistemática del mercado interno y la aniquilación de las Pymes. El rebote de la actividad del que habla el Gobierno es un espejismo para la economía real, porque el crecimiento no derrama y está atado exclusivamente a sectores extractivos que no generan empleo masivo. Mientras tanto, las fábricas y los comercios siguen bajando las persianas todos los días”, aseguró.
El cuestionamiento empresario coincide con distintos informes sectoriales que muestran una recuperación muy heterogénea de la economía. Mientras algunos segmentos vinculados al agro, la energía y la minería exhiben crecimiento y mejora exportadora, buena parte de la producción industrial destinada al consumo interno continúa operando muy por debajo de sus niveles históricos.

Un estudio de la UBA desmiente las cifras del Gobierno

El informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA-CONICET) apunta que la pérdida de puestos de trabajo registrados se profundiza mes a mes. Crece la informalidad, cae el salario real y se expande el fenómeno del “trabajador pobre”.
Un estudio de la UBA señala que, frente al discurso oficial que proyecta una pronta recuperación económica, los indicadores del mercado de trabajo muestran un panorama contrapuesto. Lejos de frenarse, la sangría de empleos formales en el sector privado se aceleró en los últimos meses, acumulando una pérdida de más de 235 mil puestos asalariados registrados. El deterioro estructural no solo se manifiesta en la suba de la desocupación, sino también en el vuelco masivo hacia la informalidad y el desplome del poder adquisitivo.
La investigadora de la UBA y especialista en economía laboral, Roxana Mauricio, analizó las causas de este fenómeno y profundizó en la brecha entre las expectativas del ministerio de Economía y la realidad de las estadísticas, advirtiendo que ningún programa económico puede ser sostenible si la principal fuente de ingresos de los hogares continúa cayendo.

Roxana Mauricio es economista, investigadora y doctora en Economía por la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña como investigadora principal del CONICET y dirige el área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales en el Instituto Interdisciplinario de Economía Política.
Además, ejerce como profesora titular de Economía Laboral y de Estructura y Políticas Económicas y Sociales en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Ha colaborado como asesora y experta para diversos organismos nacionales e internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
“Nosotros hacemos este análisis a partir de los registros administrativos de la Seguridad Social que publica la Secretaría de Trabajo. O sea, son datos oficiales que muestran que, efectivamente, el primer punto es que el empleo asalariado formal sigue cayendo, y esto ya viene cayendo desde mediados del año pasado”, dijo la investigadora.
“Cuando tomamos el dato de abril, que es el último dato con el que contamos, observamos la caída de 12.000 puestos de trabajo asalariados del sector formal y del sector privado. Efectivamente, tiene una caída que se acelera respecto de los 4.000 puestos de trabajo que se redujeron en febrero y de los 8.000 en marzo. 12.000 en abril. Entonces, efectivamente, lejos de disminuir esa caída, esto se acelera. Y esta caída explica el conjunto de los 235.000 puestos de trabajo menos, asalariados formales del sector privado, entre noviembre de 2023 a abril de este año”, sostuvo.
Roxana Mauricio aseguró que “si uno mira efectivamente los datos oficiales del lado del mercado de trabajo, no hay buenas noticias. No solo por este indicador de esta pérdida tan importante de empleo formal que, insisto, viene acumulándose desde hace muchos meses, y en particular después de la fuerte caída que tuvo en el primer semestre de 2024. Vuelve a caer desde junio del año pasado, digamos, y mes a mes vemos una caída que incluso se acelera en el empleo asalariado formal. Pero la otra cara, que también son datos públicos oficiales, tiene que ver con la tasa de informalidad”.
“Allí vemos un crecimiento, con lo cual, de alguna manera, es la contracara de esta caída en el empleo asalariado formal: el aumento en la tasa de informalidad, que estamos en el orden del 44% y que registró un aumento de dos puntos porcentuales respecto de 2024. Entonces, si uno mira la estructura del empleo, claramente tenemos un crecimiento de la informalidad laboral, que de nuevo es la contracara de este empleo asalariado formal que cae, y además tenemos un aumento en la tasa de desocupación”.
La investigadora sostuvo que “Si uno mira ese panorama, tenemos más empleo informal, menos empleo formal, menos empleo en su totalidad y mayor tasa de desocupación. Con lo cual, digo, si uno mira —y de nuevo, son todos datos oficiales de la Secretaría de Trabajo o del INDEC—, claramente muestran un panorama particularmente preocupante en materia de empleo”.
Por último señaló que “el “trabajador pobre” son personas que efectivamente tienen una ocupación, pero que, a pesar de estar ocupadas, viven en hogares pobres. Y allí, obviamente, no solo se consideran los ingresos laborales, sino el ingreso total familiar. Y ese fenómeno, que por supuesto no es nuevo en la Argentina ni tampoco en otros países de América Latina, sí ha venido aumentando. Hoy nos da que cuando consideramos justamente la masa total de ingresos en los hogares en los que viven esos trabajadores, el 20% de la población total ocupada vive en hogares pobres”.
Mauricio apuntó que “eso guarda una correlación muy directa con la informalidad laboral: esa tasa de pobreza entre los trabajadores escala al 30% entre los trabajadores informales. Lo que está por detrás es, obviamente, que los trabajadores informales no solo están desprotegidos en la normativa laboral, sino que tienen una penalidad salarial muy fuerte que hace que un trabajador informal cobre aproximadamente un 40% menos de lo que cobra otro trabajador similar que está en el mundo formal”.

Denunciaron la Reforma Laboral en la OIT

Lo hizo Matías Cremonte, titular de la Asociación Latinoamericana de Abogadas y Abogados Laboralistas (ALAL), en la conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se propone establecer criterios para afrontar debates clave como la incidencia transformadora de la inteligencia artificial y la protección del trabajo a través de plataformas. En este marco, Cremonte advirtió que “América Latina está viviendo un momento de peligroso retroceso del derecho social” y ante esa encrucijada la OIT “no puede ser indiferente” y requiere adoptar posiciones en “defensa de la libertad sindical, los derechos laborales y las libertades democráticas”.
“Sabemos que la última frontera contra el despojo es la propia organización de la clase trabajadora, y que las luchas en estas y peores condiciones constituyen su historia y su esencia, y en ellas se encuentra la posibilidad de un futuro mejor”, aseguró Matías Cremonte en la 114ta. Conferencia de la OIT que se desarrolló en Ginebra, Suiza.
El presidente de la ALAL destacó “la necesidad de una mayor intervención de los Estados (…) frente a la incidencia de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo”: “El capital impone sus reglas sin respeto alguno por los consensos construidos hace casi un siglo. Las democracias están bajo asedio y el derecho internacional es despreciado por las grandes potencias”.
“América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. Y cada año debemos denunciar nuevos retrocesos”, explicó Cremonte.
Durante su intervención, el abogado argentino repasó algunas de las recientes afectaciones de los derechos humanos laborales en la región: “El Perú resiste en las urnas el retorno del fujimorismo, que en los años 90 impulsó reformas laborales regresivas y fue responsable de graves crímenes de lesa humanidad contra el pueblo peruano”.
“Ecuador figura nuevamente entre los 10 países con peores condiciones laborales en el mundo, en un contexto de profunda inestabilidad política y democrática marcada por la concentración de poder, la represión militar y la persecución a dirigentes mediante vigilancia, criminalización y bloqueo de cuentas bancarias”, continuó.
“La jornada de 8 horas ha sido extendida a 10; la negociación colectiva fue congelada y se eliminaron los contratos colectivos a plazo indefinido; se ejecutaron despidos masivos en el sector público con la consecuente reducción de servicios; la tasa de sindicalización se mantiene entre las más bajas de la región; y el Ministerio del Trabajo redujo la capacidad de regulación y fiscalización de los derechos laborales”, explicó Cremonte y agregó: “En Honduras, tras su derogación en 2022, la presión del poder económico logró este año reinstaurar la Ley de Empleo por Hora, retornando modalidades de contratación precaria orientadas exclusivamente a garantizar mayor explotación”.
Finalmente enfatizó la gravedad de la situación argentina, que registro “uno de los retrocesos más profundos” con la reciente reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei: “Se destruyó la razón de ser del Derecho del Trabajo, eliminando contrapesos creados para proteger a las y los trabajadores, aumentando la desigualdad real y el sometimiento (…). La llamada Ley de Modernización Laboral es en rigor un verdadero retroceso al siglo XIX, que solo beneficia a los empresarios, aumentando su rentabilidad a costa del salario. Se perforó incluso el piso del Convenio Nº 1 de 1919, permitiendo jornadas diarias de 12 horas o más”.
“Mientras esta Conferencia debate formas de protección para los trabajadores de plataformas, en Argentina se los excluye expresamente de toda tutela, considerándolos emprendedores sin relación laboral alguna”, señaló.
“El mayor ataque es contra la libertad sindical. Se fomenta la negociación por empresa permitiendo perforar los pisos de los convenios de actividad convirtiéndolos en ‘techos’; se limita la actuación de los representantes en los lugares de trabajo; se elimina el derecho de reunión, y, mediante la ampliación de los servicios esenciales, se prohíbe, de hecho, el ejercicio del derecho de huelga (…) A ello se suma la criminalización de la protesta social y la represión de manifestaciones, particularmente de trabajadores jubilados que reclaman frente al deterioro de sus condiciones de vida. Pero la ofensiva excede largamente la reforma legislativa. Existe una preocupante convergencia de los tres poderes del Estado en contra de la acción sindical. Desde el Poder Ejecutivo se impulsan políticas de persecución y disciplinamiento de las organizaciones. Así ocurrió con las millonarias sanciones impuestas a la Unión Tranviarios Automotor y a La Fraternidad por el ejercicio de legítimas medidas de acción sindical”, detalló Cremonte.
También destacó el rol del Poder Judicial en esa línea de retroceso social: “Desde el Poder Judicial se avanza sobre la democracia sindical mediante decisiones que desconocen la voluntad de los trabajadores. La reciente intervención de la Unión Obrera Metalúrgica, el mayor sindicato industrial de Argentina, constituye uno de los hechos más graves registrados en los últimos años y representa una injerencia incompatible con los principios de libertad y autonomía sindical. No se trata de hechos aislados. Se observa una acción convergente de los tres Poderes que están al servicio de la clase dominante”.

Las Centrales sindicales lograron que la OIT exija cambios al Gobierno de Milei

La Organización Internacional del Trabajo reclamó al Estado argentino medidas urgentes para garantizar el diálogo social, fortalecer la inspección laboral y consultar a trabajadores y empleadores antes de impulsar reformas. El pronunciamiento es consecuencia de las denuncias presentadas por las dos CTA y la CGT por el deterioro de los derechos laborales y sindicales en el país.
La estrategia conjunta de la CTA Autónoma, la CTA-T y la CGT obtuvo un importante respaldo internacional. En el marco de la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo, que se desarrolló en Ginebra (Suiza), la Comisión de Aplicación de Normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) instó al gobierno de Javier Milei a adoptar “medidas inmediatas, efectivas y en un plazo determinado” para garantizar el respeto de los derechos laborales y fortalecer los mecanismos de diálogo social.
Las conclusiones difundidas por la OIT constituyen el resultado de las denuncias presentadas por las centrales sindicales argentinas, que alertaron sobre la “destrucción sistemática” del modelo democrático de relaciones laborales y la “aniquilación de los derechos laborales” impulsada por las políticas de la administración ultraderechista.
La Comisión de Aplicación de Normas de la OIT reclamó al Gobierno de Milei acciones concretas para garantizar el diálogo social, fortalecer la administración laboral y mejorar los mecanismos de inspección del trabajo en todo el país.
El organismo tomó nota de las observaciones realizadas por la Comisión de Expertos respecto de la reducción de los recursos humanos, operativos y financieros destinados a la administración del trabajo y a los servicios de inspección laboral. En ese contexto, instó al Poder Ejecutivo a adoptar medidas inmediatas y efectivas para revertir esta situación.
Entre las principales recomendaciones, la OIT solicitó garantizar el funcionamiento de mecanismos adecuados de diálogo social tripartito —entre el Estado, los trabajadores y los empleadores— tanto a nivel nacional como regional y sectorial. Asimismo, remarcó la necesidad de que cualquier reforma laboral sea discutida mediante consultas sustantivas con las organizaciones sindicales y empresariales más representativas.
La Comisión también pidió la realización de una evaluación exhaustiva del sistema de inspección del trabajo en todo el territorio nacional, el cual deberá incluir datos actualizados sobre la cantidad de inspectores, su distribución geográfica, los recursos técnicos y financieros disponibles y las medidas implementadas para asegurar el cumplimiento efectivo de la legislación laboral y de los convenios internacionales ratificados por el país.
También subrayó la necesidad de fortalecer la coordinación entre las autoridades nacionales y provinciales responsables de la administración e inspección laboral.
Cabe destacar que la estrategia conjunta impulsada por las dos CTA y la CGT fue determinante para que la situación argentina fuera debatida en el máximo ámbito internacional del trabajo. Las centrales denunciaron reiteradas vulneraciones laborales, situación que también quedó reflejada en el Índice Global de Derechos 2026 elaborado por la Confederación Sindical Internacional (CSI).
Según ese informe, Argentina ingresó por primera vez al grupo de los diez peores países del mundo para la clase trabajadora. La degradación a la categoría 5 representa el segundo deterioro anual consecutivo de la calificación del país y lo ubica entre las naciones con mayores vulneraciones a los derechos laborales y sindicales.
La evaluación de la OIT se realizó en el marco del seguimiento de los Convenios internacionales ratificados por Argentina: el Convenio sobre la Inspección del Trabajo de 1947 (Nº 81), el Convenio sobre la Inspección del Trabajo en la Agricultura de 1969 (Nº 129) y el Convenio sobre la Administración del Trabajo de 1978 (Nº 150).
Finalmente, la Comisión recomendó al Gobierno recurrir, de ser necesario, a la asistencia técnica de la OIT y le solicitó presentar antes del 1º de septiembre de 2026 un informe detallando las medidas adoptadas para cumplir con las recomendaciones y los resultados obtenidos.

Agustín Salvia pone bajo la lupa la narrativa del ajuste económico y su verdadero correlato en las estadísticas sociales

A través de un análisis minucioso que el sociólogo brindó en Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190), sobre la metodología de medición de la pobreza, el impacto de los programas sociales en los deciles más postergados y la fuerte presión de las tarifas sobre el presupuesto familiar, el sociólogo explica por qué la leve mejora en la base de la pirámide convive con un marcado empobrecimiento de la clase media. Una radiografía profunda para comprender cómo el bolsillo, la autoexplotación informal y las dinámicas del consumo moldean el nuevo mapa político y social del país.
Agustín Salvia es sociólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México y realizó su doctorado en Ciencias Sociales en el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Actualmente es investigador del CONICET y, además, es jefe del Observatorio de la Deuda Social del Departamento de Investigaciones Institucionales de la Universidad Católica Argentina.

Buenos días, Agustín. Como siempre, un gusto hablar con vos para que nos vayas actualizando, en este proceso por etapas, la evolución de la estructura social de la Argentina. Me gustaría que compartieras con nuestra audiencia las últimas conclusiones del Observatorio.
Sí, hay dos. Mirá, justo ayer salieron los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC a nivel trimestral, del primer trimestre, y marca claramente una tendencia que cabe mencionar: la aparente caída —o hasta dónde hubo una caída— de la pobreza en Argentina en materia monetaria que se habría experimentado durante el 2025 comparado contra el 2023 o 2024. Esa caída se habría estabilizado y empezaría un proceso de reversión o, por lo menos, de estancamiento alrededor de lo que es un piso histórico de pobreza medido bajo el formato tradicional con que el INDEC venía midiendo esto, que es alrededor del 30%. Hay un piso de pobreza estructural en Argentina del 30%. Ahora, hay otra información que surge del trabajo académico que justamente publicó Perfil el sábado pasado y algo el viernes, y casi de manera exclusiva, porque nadie ha levantado mucho esa información: si midiéramos comparativamente, como se podía medir antes de 2024, la pobreza y la comparáramos con la medición de ahora, actualizadas correctamente, las canastas que se consideran como parámetro para no ser pobre y corrigiendo el efecto de la mejor medición que tuvo la encuesta a partir del año 2024, la caída que compara muchas veces el presidente o el discurso oficial —en donde la pobreza habría caído más de 12 o 13 puntos— en realidad, cuando lo comparás contra el 2022 te habría caído casi 12 puntos la pobreza en términos informativos de 39 a 28%, esa caída no es tan real.
La diferencia de 11 puntos se reduce a tres puntos. Con respecto al 2022, medido de la misma manera, habría sido de 44,7% y en el tercer trimestre del año 2025 habría sido de 41,6%. En la indigencia ocurre lo mismo: en vez de tres puntos de caída comparada contra aquel período, solo sería de 0,5%. Comparando lo mismo con la misma metodología, te dice que estaríamos tan mal como cuando estábamos mal después de la pandemia. No estamos tan bien. Sí es cierto que con menos inflación y, en cualquier caso, con un 30% de pobreza estructural que tiende a aumentar a la luz de un conjunto de factores, como es la falta de empleo, el aumento del empleo informal, la caída de la compensación que daban los programas sociales y factores de inflación, aunque siga bajando. Hay una situación ahí que, en términos monetarios, produce que los hogares puedan tener eventualmente más capacidad de consumo, pero la tienen que destinar a servicios y al pago de tarifas. Por lo tanto, tienen menos capacidad de consumo para bienes y servicios corrientes, lo cual baja el mercado interno, paraliza o hace más heterogénea o inestable la demanda interna del consumo. Esto muestra que hacia adelante lo que tenemos es un escenario corregido por equilibrio fiscal y caída de inflación, pero en el que estructuralmente la Argentina no ha cambiado sustantivamente. Incluso podríamos pensar que las capacidades de resiliencia han disminuido a través de la generación de empleo pleno. Ese es un poco el diagnóstico

Debo confesar el diagnóstico, Agustín, y no sé si vos coincidirás conmigo. Aunque la caída de la pobreza no haya sido de 11 o 12 puntos ni de 3 en la indigencia, y haya sido de 3 puntos en la pobreza y 1 en la indigencia, con un plan de ajuste como el que realizó el Gobierno hubiera sido imaginable lo contrario. Aunque sea módica la reducción de la pobreza, de cualquier forma sorprende y creo que tiene que ver con la actitud que tomaron de aumentar por arriba de la inflación el plan social, al que le pusieron todo el foco. Ahora, me parece que si uno puede decir «bueno, lograron con una eficaz utilización de la herramienta de los planes sociales amortiguar el efecto que hubiera tenido en la pobreza el enorme ajuste», en cuyo caso es una medida exitosa, simultáneamente la clase media es mucho más pobre de lo que era, o por lo menos esa es la sensación que se percibe día a día. Es decir, no se empobreció más a la clase más baja, pero se empobreció a la clase media. No sé si esta percepción absolutamente empírica y sin ninguna base estadística la corroboran los estudios que vos realizás en el Observatorio.
Es más o menos así, te comento. Creo que la virtud que tuvo la política de ajuste del Gobierno fue no solamente aumentar los programas sociales, sino producir un sistema de competencias de mercado que ha hecho que bienes básicos, sobre todo la canasta alimentaria, pero también un conjunto de bienes básicos que son transables, tengan un ritmo de crecimiento por debajo de la inflación general.
Eso ha hecho que haya mayor capacidad de consumo en los sectores más pobres, tanto por los programas como por el hecho de que la composición de su canasta es fundamentalmente alimentaria y de bienes básicos. Esto ha hecho que esos segmentos —y ahí está la virtud, quizás, de esta política de ajuste— no hayan experimentado una situación ni de hambruna generalizada, ni de crisis, ni de catástrofe social. El efecto inflacionario también tuvo un componente positivo durante la segunda parte del ’24 y el ’25 que no necesariamente lo recogen las estadísticas en términos de la capacidad de administrar el presupuesto. Esto ocurrió también en las clases medias y medias bajas. Ahora bien, en la parte que sí coincido es que el aumento significativo por sobre el índice general de precios —a una inflación muy superior a la que estamos midiendo, sin que ello se mida porque el INDEC tampoco terminó actualizando la forma de medir la evolución de los precios— pero el aumento de todo lo que son los servicios y las tarifas por sobre el índice general le pega justamente en las rodillas a la clase media. La clase media espera poder tener capacidad de ahorro y, en vez de eso, tiene que destinar mucha más parte de sus ingresos a cubrir lo mismo que consumía antes: la misma cantidad de gas, de luz, de comunicación.
Por lo tanto, no solo no tiene capacidad de ahorro o esta disminuyó, sino que tiene menos capacidad de consumo para servicios que son típicos de una clase media, cómo mejorar la calidad educativa o los servicios de recreación, y los consumos que hacen al mejoramiento de una vivienda o cambios de bienes durables. Esto empezó a ocurrir en el ’25 y de ahí el endeudamiento: los bancos daban créditos y se tomó un endeudamiento fácil frente a una expectativa de que iba a haber una mejora sustantiva y después, obviamente, no la hubo. Ahí está la fuerte mora. Esos segmentos de la clase media están hoy endeudados, sin capacidad de ahorro ni de consumos básicos típicos de la cultura simbólica del habitus de las clases medias. Entonces, la percepción de empobrecimiento —por mucho que no tengan que estar vendiendo el auto, la casa o rifando las joyas de la abuela— obviamente está experimentando un deterioro y un empobrecimiento simbólico en sus consumos cotidianos. Algunos están muy enojados con el Gobierno, tal vez enojados desde antes y con una perspectiva política antiliberal. Otros, con mucho apoyo al Gobierno durante mucho tiempo, quizás tengan todavía expectativas de que esto pueda mejorar en el corto o mediano plazo, o visualizan que quizás no haya nada mejor que se les pueda ofrecer y lo que tienen como haber es la capacidad de administrar con menos inflación su vida cotidiana. Este es un poco el diagnóstico que surge de nuestros datos.

A ver, y vos corregirme nuevamente, Agustín, si lo hago tan silvestre que finalmente termina careciendo de cualquier valor científico: un sector, probablemente los últimos dos deciles de la población argentina, al bajar los alimentos o subir por debajo de la inflación y haber recibido una actualización de la ayuda social por arriba de la inflación, mejoró respecto de la situación previa al gobierno de Milei. La clase media baja —no solamente la clase media, sino la numerosa clase media baja— y la clase media, al aumentarle tanto por arriba los servicios, empeoraron su condición respecto a hace dos años. O sea, hay una muy leve mejora en un porcentaje —a lo mejor el 20% de la población— y un empeoramiento en un porcentaje mayor, a lo mejor el 50% de la población.
Sí. Eso que decís y que comunicás de esta manera es más o menos lo que ha ocurrido en términos monetarios y en términos de menor capacidad de consumo de esas clases medias. Hay más capacidad de consumo de los segmentos más bajos. No quiere decir que estén teniendo capacidad de invertir en capital humano, en desarrollo social o inclusión, porque sus déficits son muy estructurales. Pero para los segmentos medios, efectivamente, hay una disminución de su capacidad de inversión, de ahorro y de proyectar el futuro a través del producto de su trabajo. Su trabajo es menos remunerado.Pero sí destaco el otro punto: «bueno, tengo menos ingresos trabajando más, pero me administro mejor el presupuesto familiar». E incluso en algún momento tuve la desgracia de endeudarme y ahora tengo que estar pagando la deuda o dejé de pagar —lo cual genera un conflicto social latente—, pero en una sociedad que está mucho más mercantilizada, que tiene menos estructuras organizacionales de cohesión o de articulación, hace que la lucha sea mucho más individualista en términos de «cómo voy a salir de esta». Y de esta tengo que salir trabajando más, buscando otro trabajo o trabajando de manera informal. Hay pérdida de empleo formal y eso se reemplaza con un trabajo informal, que es mucho más intensivo y de mayor autoexplotación familiar. Incluso esos procesos llevan a una mayor atomización social y mayor individualización en la lucha del sálvese quien pueda en una situación que no es crítica, porque la inflación tampoco es catastrófica ni se están generalizando los cierres de empresas ni se corta la cadena de pagos. Entonces, todos luchan de una u otra manera para no quedar descolgados del proceso reproductivo. Ese proceso de lucha individual no produce cohesión ni integración social, pero sí produce armonía o paz social: un control social implícito dentro de la estructura donde quizás en otros contextos esto no sería soportable. Acá aparece como mucho más soportable e incluso viable que esto pueda continuar por mucho tiempo.

Agustín, ¿es un predictor de intención de voto el ascenso o descenso de la capacidad de consumo de la mayoría de la población? Podríamos decir simplemente que un 20% no empeoró, un 50% empeoró y un 30% mejoró en alguna medida, que es el núcleo de apoyo que pueda tener el Gobierno. Incluso se percibía cierta gentrificación en el voto de Milei en 2025, distinto a 2023: en 2023 lo votaba mucha clase baja y en 2025 se parece más al voto del PRO, donde lo vota la clase alta. ¿Es un predictor esto que está sucediendo con la clase media, por lo menos por la experiencia que vos tenés respecto a la intención de voto?
Mirá, yo creo que hay una transición. Siempre mantengo la tesis de que acá todavía no hemos logrado salir de una crisis más sistémica. Todavía no aparece un nuevo modelo ni de acumulación, ni de régimen político, ni de organización social. En esta transición, lo disruptivo que fue Milei en su momento traccionó votos de distintas extracciones sociales, no importa con qué situación económica, porque lo que ofertaba desde el punto de vista político era lo novedoso, lo irruptivo, lo diferente frente a un sistema agotado, deteriorado y un discurso político vaciado de legitimidad. Ahora, según cómo están ocurriendo los procesos, el discurso de Milei también encuentra un proceso de institucionalización y de organización dentro de eso mismo que él criticaba. Incluso la distribución del ingreso que se está dando no necesariamente va a terminar expresando a quién vota cada uno, porque hay un componente ideológico o disruptivo todavía presente. Pero hay una tensión sobre cuánto me va bien; vuelve a aparecer esa tensión de qué me está pasando en el bolsillo y a quién voy a votar. Ese punto lo tiene fundamentalmente la clase media. Por mucho que haya ganado votos en los sectores populares, hoy sigue teniendo un peso importante, mucho más del que podría esperarse, pero uno de cada cuatro miembros de los sectores populares podría votar a Milei fácilmente. Tal vez lo hizo casi la mitad en otro momento, pero uno de cada cuatro o cinco está en esa situación. Las clases medias son las que eventualmente van a terminar votando en 2025 o las que definen elecciones en las segundas vueltas, y mucho va a depender del componente económico. No lo fue en el año 2023, pero sí creo que lo va a ser en 2027 en términos de cuánto ese segmento va a castigar o no cómo le ha ido en los últimos cuatro años. Son 10 o 15 puntos porcentuales que definieron los votos de Cristina, de Macri, de Alberto Fernández y de Milei. Yo creo que ahí va a estar otra vez la definición de esos votos. Va a haber un componente que tenga que ver con «no quiero volver al pasado», pero hay otro componente que va a tener que ver con cómo estoy en el presente y cómo voy a poder estar en el futuro. El área de vacancia que tiene la política y que todavía no ha logrado construir la oposición es el hambre de futuro que tienen esos segmentos: un trabajo para mis hijos, como siempre.

Agustín, empezamos hablando de sociología y terminamos hablando de política muy ilustrativamente. Muchísimas gracias. Te mandamos un abrazo grande y nos mantenemos en contacto como siempre.
Gracias, Jorge. Un abrazo.

Con Milei la pobreza trepó al 30% en 2026 y rompió la “tendencia a la baja”
Por Julio Pérez

En base a los microdatos de la EPH del Indec, la UCA advirtió una fuerte suba del costo de vida y deterioro de los ingresos para el primer trimestre del año. Advirtieron por un escenario de agotamiento de la “desinflación” donde vuelven a ocupar el centro de la escena la “debilidad distributiva, la informalidad, la subocupación y la insuficiente recuperación de los ingresos laborales».
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) registró un aumento de la pobreza, que alcanzó al 30% de la población en el primer trimestre de 2026.
El informe indica que la indigencia se situó en el 6,5%, lo que representa un incremento de 0,4 puntos porcentuales en comparación con el último trimestre de 2025. Según estas estimaciones, la cantidad de personas en situación de pobreza aumentó en 1,8 millones entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026.

Evolución de los ingresos y el costo de vida

El cambio en la tendencia se explica por la relación entre la evolución de los precios y los salarios. Durante el primer trimestre de 2026, la Canasta Básica Alimentaria aumentó un 11,6% y la Canasta Básica Total un 9,6%. En el mismo periodo, el índice salarial total creció un 8,6%, mientras que los salarios del sector registrado aumentaron un 7%. De este modo, los ingresos dejaron de superar las líneas de pobreza y, especialmente, de indigencia.
A este escenario se suma el impacto de los gastos fijos. Las tarifas de energía, transporte y los alquileres registraron subas por encima del nivel general de precios y de las actualizaciones salariales.
Por su parte, alertaron sobre una menor capacidad protectora de las transferencias sociales. “Las jubilaciones, pensiones y asignaciones se actualizan con dos meses de rezago, por lo que pierden poder adquisitivo cuando se aceleran los precios. Además, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) utilizado todavía no incorpora los ponderadores de la ENGHo 2017/18, de modo que ciertos consumos —como servicios públicos— quedan subrepresentados”, expresó Agustín Salvia, director del ODSA.

Deterioro del mercado laboral e incremento de la desigualdad

Desde la UCA señalaron un deterioro del mercado laboral. En la actualidad, uno de cada cinco trabajadores es pobre (20,6%), frente al 18,1% registrado en el tercer trimestre de 2025.
Si bien las tasas de desocupación no mostraron cambios significativos, la informalidad laboral alcanzó al 44,2% de las personas ocupadas subiendo 2,2 puntos, mientras que la subocupación aumentó 1,1 puntos.
La distribución de la riqueza también presentó variaciones desfavorables. El coeficiente de Gini pasó de 0,435 a 0,442, lo que refleja un incremento en la desigualdad de ingresos entre la población.
Mientras sectores como el agro, la energía y la minería muestran avances, actividades intensivas en mano de obra como la industria manufacturera y el comercio registraron retrocesos.
La situación social presenta disparidades en el territorio nacional. Las tasas de pobreza más elevadas se localizaron en: Concordia: 52,5%; Gran Resistencia: 49,7%; Posadas: 42,6%.
En cuanto a la indigencia, el valor más alto se registró en el Gran Resistencia con un 24,3%, seguido por Concordia con un 11,2%.
Desde la UCA concluyeron que la reducción de estos indicadores depende de la generación de empleos con remuneraciones que superen el costo de las canastas básicas, condición que no se verificó en el inicio de 2026.
Por último, denunciaron un sesgo en la captación de ingresos, con el atraso del INDEC en la construcción de canastas por la intervención de Caputo. Además de un desfase entre los ingresos declarados y las canastas utilizadas. “Todavía no contamos con una estimación ajustada para 2026. Sin embargo, la medición oficial sobreestimó de manera significativa la mejora hasta 2025. Que la caída se interrumpa incluso en esa serie refuerza la hipótesis de que la evolución efectiva de las condiciones monetarias de los hogares es menos favorable que la reflejada por los datos publicados”, mencionó Salvia.

Fuentes: Resumen Latinoamericano, Perfil, La Izquierda Diario, InfoGremiales

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