Sin tanto alboroto en los medios informativos, el día de ayer todo nuestro continente fue encapsulado y nuestros pueblos latinoamericanos puestos en condición de rehenes ante el poder del imperialismo estadounidense.
Con el apoyo de de 18 países de nuestra región gobernados por la derecha y la ultraderecha, agrupados servilmente bajo el marco del Escudo de las Américas, el gobierno yanqui puso en marcha la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental, el cual consiste en una «coordinación multinacional para aumentar la presión sobre las organizaciones criminales que operan en toda la región”, de acuerdo a la palabras del general Francis L. Donovan, Jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos de América.
Como bien sabemos, a lo que se refieren Donald Trump y sus funcionarios cuando hablan de «organizaciones criminales» en nuestro continente es a las redes del narcotráfico, impulsadas desde su origen, financiadas y armadas desde su propio país; Sólo que en la situación actual de decadencia del imperio norteamericano, ante el surgimiento de un mundo multipolar, y ante el auge económico de China, la caracterización del narcotráfico como enemigo regional y de seguridad interna para los EEUU, es una herramienta propagandística para implementar todo tipo de medidas políticas y militares para impedir la influencia de China en el continente, así como apoderarse de los valiosos recursos naturales estratégicos que pertenecen a nuestros pueblos latinoamericanos.
Durante todo el siglo XX el pretexto propagandístico para agredir a nuestros pueblos que luchaban por una plena independencia fue «la lucha contra el comunismo», esa propaganda justificó estrategias como la Escuela de las Américas y el Plan Cóndor, que buscaban la persecución y eliminación de militantes de izquierda que se oponían a los gobiernos títeres que EEUU implantó mediante golpes militares en el continente.
Tras la desaparición de la Unión Soviética, adversario principal del imperialismo gringo, fue necesario un nuevo enemigo para justificar las guerras y la violencia contra los pueblos, y ésta justificación se preparó con el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York en 2001. «La lucha contra el terrorismo» fue la estrategia idonea para llevar la guerra a Medio Oriente, generar caos y apoderarse de las reservas petroleras de Irak y Libia.
El peligro que enfrentamos los pueblos latinoamericanos tras ser encapsulados por ésta estrategia propagandística-militar es de dimensiones incalculables, dado que, ante las condiciones del declive imperial la esencia del ordenamiento jurídico internacional fue aniquilado con el secuestro del Presidente Constitucional en funciones de Venezuela, Nicolás Maduro y la primera combatiente, la diputada Cilia Flores a inicios de este año. Tras este suceso y ante el silencio de la comunidad internacional, ahora sólo reina la ley de la selva; donde nuestros pueblos latinoamericanos, ultimados durante siglos por potencia extranjeras, estamos en clara desventaja ante el principal enemigo de la humanidad, el imperialismo estadounidense.
En México el peligro se hace cada vez más latente, el día de hoy miércoles 05 de agosto, Terri Cole, titular de la Administración de Control de Drogas de los EEUU (DEA), afirma en rueda de prensa que están dispuestos a desmantelar las operaciones del Cártel Jalisco Nueva Generación, señalando vínculos de presuntos miembros del gobierno de México en actividades que facilitan las actividades del cartel. Estas amenazas injerencistas, cargadas de propaganda, se suman a las amenazas directas del presidente Trump por atacar con misiles territorio mexicano.
Como hemos visto, el objetivo del gobierno de EEUU no es combatir el narcotráfico, sino tener un pretexto para intervenir en la política nacional, con el claro objetivo de obstaculizar todo intento del pueblo mexicano por avanzar hacia su plena independencia mediante la Cuarta Transformación.
Estamos a semanas de iniciar un proceso electoral que culminará el 06 de junio del próximo año con la renovación de la cámara de diputados federal, 17 gubernaturas y congresos locales, una elección que definirá la orientación de la política nacional, y del cual el imperialismo gringo ya se ha metido en la contienda. Durante este año la propaganda incrementará, las acusaciones e investigaciones se abrirán intentando generalizar la actuación de unos cuantos con todo lo que el proyecto de gobierno antineoliberal representa.
Ante esta evidente realidad, los militantes de las causas justas, los que militamos en este gran frente amplio obradorista debemos tener la claridad de que es indispensable pasar de una izquierda antipriista a una izquierda antiimperialista, no desdeñando la lucha por superar las viejas prácticas políticas de los que vendieron al país, sino señalando esencialmente a quienes compraron los grandes activos mexicanos para sujetarnos a sus designios y ambición hegemónica, el imperialismo estadounidense.
No hay pasos medios, o estamos con la lucha por la liberación nacional o estamos a favor del imperialismo.
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