Debemos comenzar a cuestionarnos cuáles han sido las implicaciones que ha tenido la llamada cuarta transformación en los territorios originarios, en particular los del sur-sureste del país; donde su presencia no solo se caracteriza por la imposición de megaproyectos, desarticulación de resistencias, crimen organizado, entre otros; sino también y más grave aún, la atomización del tejido social comunitario por la inmersión de los entes políticos en las dinámicas comunales.
Para desmarañar esto, es necesario centrarnos en el estado sureño de Oaxaca y en la llamada “Primavera Oaxaqueña”, misma que ha hecho gala de nepotismo, clientelismo y ha convertido al estado en uno de los más conflictivos por la fuerte concentración de megaproyectos, principalmente en la región del Istmo de Tehuantepec, con la imposición del Corredor Interoceánico; sin dejar de lado los conflictos de las demás regiones, tales como la privatización del agua, el desplazamiento forzado, la gentrificación de los centros urbanos, proyectos inmobiliarios en zonas costeras y mercantilización cultural, subsumiendo los territorios a la lógica capitalista.
Algo fundamental que tenemos que observar es la fuerte desmovilización que trajo consigo la llamada cuarta transformación y la desbandada de movimientos e individuos “en resistencia” que dejó su llegada al poder, ocasionando un proceso de cooptación social de amplios sectores de la población ligados a los programas sociales, los cuales, después de la rapiña neoliberal del PRI y el PAN, habían sido limitados en su repudio a las clases subalternas, mismo que continua latente, a la par de un discurso de aporofobia que cada vez se recrudece más.
Un error muy frecuente es creer que la cuarta transformación es de “izquierda” y sobre todo la creencia de que es diferente a la “derecha”. Lo que sí tenemos que tener claro es que se han apropiado del discurso del movimiento social, levantando el puño, hablando y adscribiéndose del pueblo y del territorio, causando confusión y una permanente defensa de un proyecto nacional que solo deja sobras a los subalternos, contraponiéndolos y despojándolos de su posibilidad de autoorganización.
Los políticos de la primavera oaxaqueña han sido señalados en diferentes ocasiones de corrupción, represión, enriquecimiento ilícito, huachicol, abuso de autoridad, vínculos con el crimen organizado, etc. y, a pesar de esto siguen manteniéndose en el poder; lo más abrupto de ello, no es solamente que sigan reproduciendo estás prácticas, sino que existe una defensa contundente de los políticos de la 4T, por sectores históricamente vulnerados.
Son las organizaciones ligadas a MORENA que se han ido insertando en diferentes rubros sociales, facilitando la implementación de los megaproyectos que perpetuán la valorización de capital, fragmentando comunidades por integrar miembros de la clase política a las prácticas comunitarias; esta cuestión es uno de los procesos más graves que ahora se enfrentan las comunidades, aunado a los megaproyectos y el crimen organizado.
La intromisión de la clase política dentro de las prácticas comunitarias no solo trastoca elementos rituales, sagrados, históricos y de integración social, sino que fragmenta el tejido social comunitario por el cause de conflictos intracomunitarios, todo por el intento de ganar “adeptos” y legitimidad en la comunidad, convirtiendo en espectáculo el don comunal.
Contrario a la declaratoria del expresidente Andrés Manuel López Obrador con respecto “al fin del neoliberalismo”, la cuarta transformación ha perpetuado las formas de despojo, privatización, represión y ha profundizado el clientelismo con el Estado; la inserción de la clase política en la vida comunitaria no es más que un móvil para facilitar la consolidación de los megaproyectos y eternizar la acumulación de capital.
Ejemplo de esto, puede verse en Istmo de Tehuantepec, donde la reciente aprobación de 2 parques eólicos, “Igú” y “zapoteca de energía”, están colmando las mayordomías de personajes de la clase política, y en otro caso, usurpando la mesa directiva del sitio sagrado Guuze´benda, sitio ubicado a orillas de la Laguna Superior y que, en casual coincidencia, queda dentro del rango de la Eoloeléctrica Zapoteca de energía.
Y sí, esta usurpación es a manos de personajes afines no solo del gobierno municipal sino de la cuarta transformación, quienes, tras el secuestro de la mesa directiva Guuze´benda no solo violaron la forma comunitaria de toma de decisiones sobre los sitios sagrados sino que acompañado de ello, los raptores se han mantenido difamando e intimidando a través de grupos de choque a quienes resguardan el sitio sagrado como parte de su identidad comunitaria y su relación con el territorio; todas estas agresiones bajo el respaldo del presidente municipal de Juchitán y del titular del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca.

Nombre. Procesión al sitio Guuze´benda: entre Guendalisaa y eólicos.Autor: Jesús Cristofer Fuentes Ruiz
Y es que ¿cómo no estar interesados en gobernar una de las territorialidades más añoradas por su posición geoestratégica para la agilización mercantil al mercado global? Mientras más irregularidades presenta la implementación del Corredor Interoceánico, las comunidades istmeñas se encuentran cada vez más sumergidas en una violencia exacerbada, siendo Juchitán de Zaragoza una de las comunidades más golpeadas por el cobro de piso, las ejecuciones extrajudiciales y el sicariato.
El Istmo de Tehuantepec debe de dejar de ser invisible. Cuando a nivel nacional e internacional se visibiliza al Istmo como un espacio estratégico para el mercado global, la violencia que tiñe de sangre a las comunidades es borrada. Mientras se pone en el foco la violencia de los estados del norte y el bajío, la violencia en el Istmo desaparece de los noticiaros nacionales y de la “mañanera del pueblo” que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, siendo solo un tema local que día a día recrudece más.
La comunidad de Juchitán ha dejado de ser famosa por sus flores y ahora es reconocida por sus balas. Las muy anticipadas campañas electorales por buscar ser la candidatura municipal por la 4t, sigue su dinámica sin propuestas reales para frenar la violencia; la constitución de A.C s y “organizaciones” cuya finalidad es dar “migajas” a la población, se disputan hoy el control político de la comunidad, dando despensas, tapando baches, condicionando formas de trabajo y vivienda por un voto.
Paralelo a ello, en “Juchitán de las Balas” los desfiles de fuerzas armadas en las calles no garantizan seguridad, a pesar de la presencia de la marina, guardia nacional, ejercito y la fuerza especial estatal “Dragones”, la violencia no cesa; contrario a ello va en aumento y complementario de esto, con una gama irrupciones con violencia y sin orden de cateo a domicilios por la policía estatal, donde el único delito es buscar la sobrevivencia diaria, mientras los criminales siguen cobrando piso y vidas.
Hoy más que nunca los pueblos originarios necesitan romper los lazos con la democracia burguesa y los partidos políticos, independientemente de su denominación y supuesta posición, porque ninguno representa los intereses de las comunidades. Se necesita fortalecer la organización comunitaria, como parte de la defensa del territorio y como sistema que busca autonomía y autoorganización, frente a la embestida global capitalista contra los pueblos.
Jesús Cristofer Fuentes Ruiz. Doctorante en Ciencias sociales. Área de Estudios Territoriales. Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco
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