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¿Adiós al neoliberalismo?

Fuentes: Rebelión

Como antecedente habría que recordar que durante la campaña el ahora presidente evadía llamar por su nombre al modelo recién abolido, por sus implicaciones electorales también se cuidaba de no atacarlo frontalmente. Fue hasta su toma de protesta en el Congreso de la Unión que lo mencionó como tal por su nombre responsabilizándolo de la […]

Como antecedente habría que recordar que durante la campaña el ahora presidente evadía llamar por su nombre al modelo recién abolido, por sus implicaciones electorales también se cuidaba de no atacarlo frontalmente. Fue hasta su toma de protesta en el Congreso de la Unión que lo mencionó como tal por su nombre responsabilizándolo de la desgracia del país. Las búsquedas en google de la palabra neoliberalismo alcanzaron ese día cifras récord.

El 17 de marzo durante la clausura del foro Planeando Juntos la Transformación de México, en Palacio Nacional, el presidente no sólo decretó la abolición del modelo económico neoliberal, sino de su política, a la que caracterizó como «de pillaje, antipopular y entreguista». Las afirmaciones pudieron haberse interpretado como una broma más u otra ocurrencia de esas a las que ya nos tiene habituados durante sus conferencias mañaneras, sin embargo, como la declaración también se realizó en el marco de la presentación del Plan Nacional de Desarrollo no pudo pasar desapercibida.

Incluso los apologistas e intelectuales orgánicos de la 4T ignoraron la declaración o en el mejor de los casos la minimizaron diciendo que se trataba de un buen propósito, de una utopía que debemos construir entre todos. Sin embargo, basta una revisión panorámica al propio PND 2019-2024, por ejemplo, para desencantarse y aterrizar en las medidas que el presente gobierno está implementando, mismas que ni de lejos parecen sentar las bases para la construcción de dicha utopía.

Para colmo de males en la misma semana de la «abolición», sería el mismo presidente con sus acciones quien se encargaría de desmentir sus declaraciones. Así quedó evidenciado al invitar nada menos que a Jared Kushner, yerno del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, con quien se reunió en la casa de Bernardo Gómez, vicepresidente ejecutivo de Grupo Televisa e integrante del Consejo Asesor de la Presidencia, de quien AMLO se refirió como «un amigo en común». La declaración contrasta con el anunciado fin del capitalismo de amigos que habría impulsado Enrique Peña Nieto, quien también se reunió en numerosas ocasiones con el familiar político de Trump, a quien incluso condecoró con la Orden Mexicana del Águila Azteca. Mal en la forma como en el fondo.

Para cerrar con broche de oro la semana de la «abolición», se realizó en Acapulco la anual Convención Nacional Bancaria en la que el presidente fracasó en su intento por «convencer» a los banqueros de disminuir las estratosféricas comisiones que cobran a los usuarios. De acuerdo a sus propias cifras obtuvieron ganancias de 157 mil cien millones de pesos, lo que equivale a un incremento de 8.5% con respecto al año anterior. Bancos extranjeros que ganan más en México que en sus países de origen debido a dichas comisiones. AMLO respeta y reconoce la autonomía de la banca pero no de los pueblos indígenas al imponer megaproyectos con consultas a modo que ni siquiera se plantean para temas financieros.

Pese al decreto, y sin ser economistas, lo que la ciudadanía puede corroborar es la continuidad en la política que regula los precios de los combustibles como la gasolina y el diesel, ligados inexorablemente al aumento de precios en productos y servicios. Por lo mientras las leyes de la oferta y la demanda, es decir, las del mercado parecen no haberse enterado de su abolición en México.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.