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Aeroméxico, sólo una privatización más para transnacionales

Fuentes: Rebelión

1. El muy desprestigiado grupo Banamex, propiedad del estadounidense Citibank, compró ayer en 249.1 millones de dólares la empresa Aeroméxico, propiedad del gobierno, por medio del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). El IPAB, propietaria del 45.37% de la línea aérea, decidió vender Aeroméxico al grupo Banamex y 14 socios más, después de […]

1. El muy desprestigiado grupo Banamex, propiedad del estadounidense Citibank, compró ayer en 249.1 millones de dólares la empresa Aeroméxico, propiedad del gobierno, por medio del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). El IPAB, propietaria del 45.37% de la línea aérea, decidió vender Aeroméxico al grupo Banamex y 14 socios más, después de que su oferta «fue la de mayor precio». En respuesta, el excandidato Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aseguró tener información de que el presidente Felipe Calderón se había comprometido con José Luís Barraza y el grupo Banamex a entregarles la empresa Aeroméxico, como pago a su participación en la «guerra sucia» desatada contra él en la elección presidencial de 2006. «Eso de la puja para ver quien ofrece más, si el grupo Saba o Barraza, es puro cuento para encubrir el compromiso de Calderón con los dueños de Banamex, incluido Roberto Hernández».

2. Hay que decir que Aeroméxico nació en 1934 con el nombre de Aeronaves de México y hoy es la línea aérea más importante del país, compitiendo con decenas de empresas aéreas internacionales. Aunque Mexicana de Aviación (la otra empresa importante del país) es la cuarta línea más antigua del mundo (nació en 1921), Aeroméxico a los pocos años de surgir se asoció con Pan American, pero en 1959 todas las acciones pasaron a manos del Estado por decreto del presidente López Mateos. En 1964, además de contar con alrededor de tres mil empleados, ya volaba a Nueva York y Los Angeles, a Canadá y Europa, así como a 32 ciudades mexicanas. En 1988 la crisis económica del país llevó a su privatización. Sin embargo la mala administración y la corrupción (característica de empresas públicas y privadas) le dieron al traste desde ese año. En 1995 Gerardo de Provoisin la desfalcó con 72 millones de dólares. Así se preparó para su venta.

3. La respuesta de AMLO a la venta fue automática porque desde hace varios meses ya se venía manejando esa idea dado que la empresa bancaria Banamex (propiedad de una transnacional yanqui) ha gozado de enormes privilegios en el último decenio. Sin embargo en este negocio lo importante no es tanto el grupo ganador (porque en última instancia son poderosas empresas capitalistas asociadas con intereses externos) sino observar cómo las empresas del Estado, que son recuperadas por el gobierno con inversiones multimillonarias, son salvadas de dificultades al ser empresas en quiebra, para luego entregarlas en las mejores condiciones posibles a empresarios privados y extranjeros. Esas empresas estatales que entran en crisis porque durante más de 70 años han subsidiado con tarifas bajísimas a empresarios privados, son saneadas para luego venderlas a los amigos del presidente en turno como «compensación a sus servicios».

4. En el año 2001, según fue publicado en su tiempo, Roberto Hernández, accionista principal del Banco Nacional de México, anunció la venta de Banamex a la poderosa empresa estadunidense Citigroup, una de las corporaciones financieras más importantes del mundo. Citigroup pagó 12 mil 500 millones de dólares por el que es hoy el segundo grupo bancario más importante del país, en una operación cuestionada por haberse concretado mediante la Bolsa Mexicana de Valores, que exentó de impuestos a los antiguos accionistas de Banamex. El banco, fundado en 1884, había sido nacionalizado por López Portillo en 1982 y reprivatizado 10 años después, cuando Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú, propietarios de Acciones y Valores Casa de Bolsa, pagaron 9 mil 745 millones de pesos por la institución que hoy concentra 25 por ciento de los activos del sistema y poco más de 9 por ciento de la captación total.

5. Nos han golpeado tanto que un madrazo más, como el negocio de Aeroméxico, ya no lo sentimos. El proceso acelerado de privatización que se inició en México con los gobiernos del PRI de De la Madrid (1982/88) y que se agudizó con Salinas (1988/92), ahora con el PAN nos parece lo más natural. Nos duele en el estómago y en el de nuestras familias, nos provoca hambre y enfermedades, pero son tan poderosos los medios como la TV y la radio para enajenarnos y mediatizarnos, que ni nos damos cuenta. Hace cincuenta años (cuando el gobierno y su Estado controlaban la economía y poseían las empresas paraestatales como PEMEX, Electricidad, Ferrocarriles, Conasupo, IMSS, para solucionar muchos problemas básicos de la población, hablar de privatización era como traicionar a México. A partir de los años 80, con la imposición del neoliberalismo, los empresarios se hicieron cargo del poder y todo cambió.

6. A fines de 1982, después de los gobiernos de Echeverría (1970/76) y de López Portillo (1976/82), el número de paraestatales (incluyendo a los bancos) era de alrededor de 1,300. La aportación de esas empresas públicas, particularmente la de PEMEX, era elevada. Sin embargo la burguesía privada (los grandes empresarios de la industria y el comercio) de manera sistemática y permanente desarrollaban una campaña contra el «monopolio del Estado» que impedía el libre juego de las fuerzas productivas en las que al gobierno sólo debería tocarle el papel asegurar las condiciones para el desarrollo del sector empresarial». Por eso se agudizó la lucha del sector más reaccionario de la burguesía que comenzaba a decidirse por el programa derechista del PAN contra lo que llamaron «la docena trágica» refiriéndose a los 12 años (1970/82) en que el poder del Estado y sus empresas tuvieron mayor presencia.

7. Para concluir hay que decir que se vendió, con Aeroméxico, el 40 por ciento del transporte aéreo nacional. Que poco importa quien haya «ganado» la puja. Lo importante es observar la incapacidad del Estado para ver que la aeronáutica es un problema de seguridad nacional y el proceso de deshacerse de Aeroméxico no fue analizado y discutido ampliamente. Así como la industria petrolera es un patrimonio nacional de la que ha dependido la vida de millones de mexicanos, y el Estado y sus trabajadores deben defenderla como si fuera de seguridad nacional, la venta de Aeroméxico debe llevar a una discusión mucho más amplia y, de ser Banamex una empresa predominantemente extranjera, debe lucharse por deshacer esa operación. Hay que poner un alto a los gobiernos neoliberales entreguistas que han vendido y siguen rematando las empresas públicas tan necesarias para la producción de recursos propios. Revisemos esos negocios

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