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Córdoba

Ante el encierro, la movilidad

Fuentes: Rebelión

Hace dos décadas atrás, ante el masivo desempleo y sin fábricas para tomar, el campo popular argentino y nuestroamericano se percató que en la circulación del capital residía gran parte del poder del capitalismo en su etapa financiera. Entonces se tomaron palos, gomas y pañuelos para salir a cortar esa circulación. Nació el piquete como […]

Hace dos décadas atrás, ante el masivo desempleo y sin fábricas para tomar, el campo popular argentino y nuestroamericano se percató que en la circulación del capital residía gran parte del poder del capitalismo en su etapa financiera. Entonces se tomaron palos, gomas y pañuelos para salir a cortar esa circulación. Nació el piquete como método de lucha predilecto y efectivo, frente a esta circulación desenfrenada de mercancía (y hombres y mujeres trabajadoras, entendidas también como mercancías). Ese fue el palo en la rueda que resistía y trababa el normal desarrollo del sistema económico por estas tierras, y lo hacía cada vez con mayor frecuencia, con mayor experiencia y combatividad. El piquete es una herramienta de lucha que el pueblo argentino ha forjado y extendido como un reguero de pólvora, hasta volverse sentido común de cualquier reclamo popular. Quien quiere reclamar, desde la falta de gas en un colegio hasta el asesinato de un compañero en lucha, pasando por la resistencia a la expoliación de nuestros bienes comunes, sale y corta una calle. Cortar una calle es un método, pero a la vez un derecho básico, que se ha ganado el pueblo argentino, no sin muertos, detenidos, judicializados, golpeados, y un largo etcétera.

Pero así como el pueblo aprende, el poder también lo hace; y además muta. A la par, también se han modificado los modos de acumulación, explotación y expoliación. Si en la década del noventa, la circulación de bienes y servicios eran las actividades que imprimían una dinámica general al conjunto del sistema, hoy ese eje estructurador, se ha desplazado hacia la explotación de los bienes comunes: modelo extractivista-exportador que le llaman. Y en ese mismo movimiento, el poder (entendiendo al mismo como la dinámica expropiatoria de la energía vital de los cuerpos, y por ende de las voluntades sin más) se ha transformado, y adquirió cada vez mayor autonomía relativa respecto a las relaciones netamente capitalistas (comprendidas como la dinámica expropiatoria de plusvalía, fuerza laboral y ganancias económicas). Así, cada una de estas dimensiones del arriba, si bien siempre de modo complementario, han desarrollado modos específicos de control y represión.

En la provincia de Córdoba, de la mano de los gobiernos pejotistas de De la Sota, la dimensión del poder, donde el control territorial a cómo de lugar es una de sus aristas fundantes y fundamentales, ha tenido un desarrollo descomunal en este principio de siglo XXI. A este hecho debe sumársele (como causa, consecuencia, complemento, imbricación) que el motor de la economía local es el circuito soja-especulación inmobiliaria (fundadas en una apropiación por desposesión de la tierra para realizar negocios). Ambas dinámicas juntas dan por resultante una lucha brutal, sin tapujos, por la tierra y el territorio, que se expresa en una guerra frontal contra quienes decidimos negarnos al despojo impuesto.

Así, es que esos mecanismos de control y represión que ya se desplegaban contra los pobres de la provincia (Código de Faltas mediante), hoy son reproducidos exponencialmente y profundizados cualitativamente, también contra los sectores del pueblo organizado en esa disputa territorial. En concreto, el poder y el capitalismo en Córdoba, están mostrando un modo de actuar que busca asentarse sobre los territorios para mantener control sobre él. Frente a las ocupaciones de tierra por parte de sectores populares organizados, erige cercos policiales inhumanos y altamente represivos, que ni siquiera dejan entrar alimentos ¡ni agua! a los pobladores que quedan cercados.

Los sectores empobrecidos de la provincia llevan más de una década de acumulación en experiencias de resistencia ante los cercos policiales y su represión. Esa es la razón por la que los modos de resistir a esta dinámica de poder, están ya en ese acervo de la experiencia popular. Si durante los últimos años, el campo popular organizado cordobés ha crecido valientemente en su capacidad de enfrentamiento frontal contra las fuerzas «del orden» sin mucha efectividad; por el contrario, los sectores empobrecidos, han demostrado una gran capacidad de resistencia ante un enorme y meticuloso aparato represivo dispuesto en su contra. Gran parte de esa capacidad de resistencia reside en haber asumido a la huída y la movilidad escurridiza, como método de estar. Así, los pobres de la provincia hicieron de su debilidad notoria frente a la ofensiva del poder, un método de resistencia. El escape, la huída, es el modo principal de disidencia ante los planes del arriba.

Frente a los cercos policiales que se repiten por doquier (los casos de Cuesta Blanca y Piedra Blanca son, si se quiere, los más emblemáticos por su descarada brutalidad, pero no los únicos), la capacidad de los sectores organizados para encontrar las grietas en los cercos, para escurrirse en la vetas, es lo que viene garantizando la resistencia. Este aprendizaje de los sectores empobrecidos, que es apropiado por el pueblo organizado, ha tomado nuevas características al combinarse con esa capacidad combativa que ha ido adquiriendo el sector, para transformarse en método de lucha concreto: caminatas y caravanas que buscan filtrarse en los cercos a los que la policía está confinando a sectores enteros de la población. La resistencia parece encontrar nuevos «caminos», y sin descartar el piquete que frena, que busca plantarse ante el arriba, se recurre cada vez más a estos nuevos métodos de lucha vinculados a la movilidad. Frente a un poder estático, que busca asentarse y hacerse del territorio, se levanta una resistencia móvil y movilizada, escurridiza.

Fue una caminata por las sierras la que logró romper el cerco policial y mediático que envolvía al conflicto de tomas de tierras en Cuesta Blanca hace más de un mes atrás. Es una caravana solidaria la que logró romper el inhumano cerco policial que rodea Piedra Blanca. En ambos casos con la solidaridad y el coraje como motores, se logró ingresar agua, alimentos, ropas, frazadas. También abrazos, cantos y sonrisas. Tomar nota de las nuevas dinámicas que despliegan el poder y el capitalismo en cada lugar, es lo que permite que podamos levantar nuevos (siempre viejos e históricos) métodos de lucha y resistencia contra el arriba. Buscar en el riquísimo acervo de resistencias de nuestros pueblos, para tomar de ahí los modos que nos permitieron sobrevivir, es lo que hace posible la emergencia de una efectiva y tenaz resistencia contra un poder cada vez más violento y agresivo. ¡Que viva la resistencia por tierra para la vida digna!

Sergio Job es integrante del Colectivo de Investigación «El Llano en llamas» y militante del Movimiento Lucha y Dignidad en el Encuentro de Organizaciones de Córdoba.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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