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Asamblea Constituyente: laberinto del poder

Fuentes: Rebelión

 La política y la guerra En qué se funda la tradición del poder ejercido por unos pocos para mantener dominada a una gran mayoría de ciudadanos? Quizás en el poder que se atribuyen los vencedores que con la fuerza en primera instancia son capaces de someter militarmente a los otros, y luego en definitiva como dice […]

 

La política y la guerra

 

En qué se funda la tradición del poder ejercido por unos pocos para mantener dominada a una gran mayoría de ciudadanos? Quizás en el poder que se atribuyen los vencedores que con la fuerza en primera instancia son capaces de someter militarmente a los otros, y luego en definitiva como dice Foucault, invirtiendo a Clausewitz, «la política es la continuación de la guerra por otros medios…». En definitiva los bandos no desaparecen, se estructuran de manera diferente, se camuflan, en casos se incorporan pero siguen siendo parte de una identidad diferente y sometida en su gran mayoría.

 

Tanto los unos como los otros otorgan continuidad a la historia desde su propia perspectiva, los unos, los vencedores convierten la suya en la versión oficial y se la cuentan así a las nuevas generaciones buscando crear, héroes y mitos de la gloriosa república enfrentada con los españoles y con los países vecinos; en definitiva se mitifica a la república y a quienes han sido sus portadores. Son los personajes «importantes» los que en realidad hicieron una historia ausente de pueblo.

 

La historia oficial se muestra como continuidad de la historia universal donde las leyes y la forma de ejercer el poder son parte de un gran legado histórico depositado en los escogidos, los privilegiados, los que en definitiva hicieron posible la república y su relación con el mundo. Discurso colonizador que exalta la relación con el mundo a pesar de los muertos y el genocidio, no importando la condición de dependientes, subordinados y sometidos en el orden mundial. Discurso renovado pero no creado por el neoliberalismo que por sobre la ciudadanía y su bienestar sobrepuso la relación con el mercado mundial.

 

La historia de los muchos

 

Los otros, los nadies en la historia oficial, sin embargo, no dejaron de contar su propia historia desde los vencidos, y en permanente resistencia ante quienes los habían invadido, y no sólo eso, sino que históricamente se empecinaron en mostrar históricamente su «otredad» , el carácter subordinado y racista que tenía el acceso al poder. En definitiva no sólo encontramos la continuidad de la guerra plenamente expresada en el conflicto de clases, sino en el de identidades que han hecho este país. Los unos sometidos y rebeldes, sosteniendo su identidad subterránea e insurrecta, los otros buscando el sometimiento sin proyecto de país para todos.

 

La historia clandestina de los muchos se afirmará en la exclusión de la que son parte, en la forma histórica de vivir el conflicto desde abajo, pero también en su peculiar forma de ser y pervivir en el espacio, en su relación con los otros. Este proceso de enfrentamiento, en el que al enemigo se lo ve todos los días hace de la política el peculiar espacio en el que se van definiendo de manera todavía más marcada las identidades propias respecto a la sociedad que se quiere… los muchos, los pueblos sojuzgados en transmisión oral y de habitus, hacen sentir al conquistador republicano que no son parte de su mundo inventado, que las leyes no son suyas y sólo las sufren los oprimidos y que los proclamados cambios son en realidad ninguno.

 

En el siglo XX sin embargo la guerra silenciosa se hace cada vez más visible por las contradicciones que no pueden ser ocultadas, y representantes indígenas empiezan a aparecer en la historia oficial, la historia olvidada empieza a ser socializada y compartida, entonces, en palabras de Foucault «…el papel de la historia, por tanto, será el de mostrar que las leyes engañan, que los reyes se enmascaran, que el poder genera una ilusión, que los historiadores mienten.   No será entonces, una historia de la continuidad, sino una historia del desciframiento, del develamiento del secreto, de la inversión de la artimaña, de la reapropiación de un saber tergiversado o enterrado. Será el desciframiento de una verdad sellada…»

 

Este camino emprendido desde la misma colonia, se hace perspectiva política que suma y enfrenta desde los movimientos sociales, la posición colonizadora de la minoría en el poder… son los Tupak Katari, los Zárate Willca, y tantos otros liderazgos indígenas las que marcaron la identidad propia en el enfrentamiento, en la evidencia de la diferencia en la condición de guerra, y tantos otros que no sólo se confrontaron sino que además marcaron la diferencia que los separaba de quien los asumía como al enemigo interno.

 

Ni tan siquiera los intentos ciudadanos del 52, de la democracia liberal por su incorporación, pudieron desbandar los ejércitos en pugna. Ni siquiera las múltiples masacres sufridas, ni las arremetidas militares dispersaron  a la mayoría que envolvía permanentemente a quienes desde el Estado pretendían sostener la institucionalidad de un Estado que en su raíz se había construido sin la mayoría nacional.

 

Este es el contexto en el que debemos entender el proceso que vivimos en el país, donde los aprestos de guerra en realidad han sido permanentes en la historia, y han ocasionado en los últimos años, el desgaste completo del discurso conciliador y republicano, vía neoliberalismo, en tanto no sólo se hizo evidente el deterioro de las condiciones de vida del conjunto nacional, sino sobre todo la incapacidad política de los sostenedores del poder, de emitir un discurso hegemónico capaz de seguir inventando ilusiones de vida y de incorporación política. Junto a esto, el crecimiento cualitativo de esa mayoría silenciosa que dejó de serlo para plantear en todas las aristas estatales, la principal reivindicación de ser ellos mismos y en definitiva que la mayoría de quienes son este país tengan el poder de reorganizarlo para la convivencia de todos los bolivianos.

 

La propuesta conservadora de los pocos

 

Luego de sucesivas derrotas militares de los sectores dominantes, y de la declinación de sus lideres junto al discurso hegemónico neoliberal, la confrontación dio lugar a una derrota simbólica de unos por los otros, cuyo desenlace se expresó en un marco institucional en  las elecciones, donde las mayorías escogieron a uno de los suyos para su representación y ganaron la representación del país… al propio tiempo como tarea fundamental propuesta por los movimientos sociales, el nuevo gobierno asume la responsabilidad de la organización de la Asamblea Constituyente.

 

Una vez más se repite la representación, cuando es la mayoría silenciosa la que tiene acceso a la Asamblea Constituyente. Sin embargo esta salida pacifica a los conflictos que históricamente nos han separado como país, se da una vez más en el marco de la confrontación y la guerra que separa a los que nunca se vieron la cara sino en la misma guerra. Por eso la primera confrontación será sobre el carácter de la Asamblea, para los unos esas minorías del poder de siempre, no existe otro camino sino el de la continuidad histórica incorporando «algunos indios» pero dejando el mensaje claro de que ellos son los dueños del país y los poseedores del conocimiento. Para los muchos, la Asamblea es originaria en tanto es un quiebre histórico con lo anterior, es el momento fundacional de un país con todos y desde la perspectiva fundamental de la mayoría.

 

El debate posterior no difiere mucho en el proceso, por cuanto, las minorías en la Asamblea, pretenden asumir plenamente el papel de mayorías cuando hablan y declaran a nombre de los bolivianos como siempre lo han hecho, bloquean el proceso tergiversando su propia creencia liberal en tanto pretenden asumir el mismo poder que la mayoría en la Asamblea, utilizando los medios de comunicación y el temor de la población para convencer del «autoritarismo».

 

Pero aún más su propuestas sólo son retoques a la tradición constitucional de la república, por cuanto ellos creen en la continuidad y de lo que se trata en definitiva es de incorporar algunos cuantos indios, sin afectar al poder y la propiedad que «la república desde su creación les ha encomendado». Por eso, esas minorías ya tienen preparada su propia «Constitución Política del Estado», que es en realidad un recalentado de la actual en vigencia, por cuanto no pueden elaborar un discurso integrador si no lo sienten.

 

Para ellos en definitiva la política de «lo posible» es asimilarse lo más posible al discurso democrático- liberal, aunque el señorialismo sea más bien el habitus del poder que prefieren. Los derechos individuales y la propiedad privada, son su punto de partida y de llegada para proteger sus intereses frente a «la indiada alzada» y apelan a recursos autonomistas y regionales, frente al propio Estado centralizador que ellos mismos han creado, como una forma de reconstitución política para convencer a las clases medias y a sectores populares regionales de que el enemigo es el centralismo autoritario del gobierno.

 

Apelan una vez más al olvido y la pérdida de memoria de quienes siempre han estado subordinados, para reinventar la ilusión de que ahora sí la identidad regional y su defensa permitirá repartir los recursos a los más pobres. Realizan grandes movilizaciones en defensa de la tierra y la propiedad privada, encabezadas por quienes no tienen ni un metro en propiedad; hacen grandes discursos sobre la identidad departamental y regional subyugada, encabezados por políticos de profesión defenestrados en los anteriores gobiernos por la corrupción y el acaparamiento ilícito de bienes estatales. En la asamblea constituyente, sus representantes, hacen gala de demócratas convencidos cuando algunos de ellos han sido parte de dictaduras, de masacres y de estafas fiscales; mientras acusan de autoritarismo al cambio. Creen sinceramente que «la plebe» recuperará la cordura y los volverá a elegir en nuevas elecciones.

 

La propuesta de la mayoría

 

En cambio esa mayoría aún sorprendida por el poder, se debate entre la tradición liberal y el liberarse de las ataduras jurídicas e ideológicas que han hecho a este país. No es fácil, y la dispersión de los liderazgos individuales de la mayoría así lo demuestra; no es fácil por una parte, deshacerse para algunos de la sombra del conquistador y repetir lealtades a un discurso dominante, además de actitudes incorporadas del opresor en su propio comportamiento que no dice demasiado de la transformación en marcha.  

 

Por eso es también comprensible la dispersión de la mayoría, que son la cresta alta de la representación de los movimientos sociales, antes que parte de una organización partidaria; que representan intereses sociales, que reciben el mandato de representación, más no de poder… que en definitiva se incorporan al proceso de cambio, y se encuentran con que las reglas siguen siendo ajenas a ellos, que ni la lengua ni el lenguaje utilizado es parte de ellos, que sus sueños y consignas, no construyen un proyecto alternativo, que en definitiva el peso específico del cambio aún recae en la revancha, en lo que no queremos, en lo que sabemos que no funciona; pero aún no en el proyecto alternativo que reconstruya al país y al Estado desde una lógica comunal del servicio desde el poder.

 

Aún se tiene miedo al poder subyugado por tantos años y generacionalmente, se aprenden habitus del enemigo como forma de sobrevivencia, se continua complotando desde las esquinas, aún cuando se es gobierno y se es mayoría, sin terminar de asumir el peso específico y la responsabilidad que implica ser portador de sueños y utopías de los muchos que nunca tuvieron la oportunidad de decir su palabra.

 

Los sueños- realidades del camino

 

Aún en medio de la dispersión, sin embargo, asoma el sentido comunitario y transformador del proceso, cuando en los foros territoriales, las mayorías proponen cambios, recomiendan a los constituyentes y los obligan en casos a un compromiso de construcción democrática diferente, en relación con los mandantes, que se traducen en una nueva forma de entender la democracia y la participación en el Estado.

 

Más allá de los conceptos que ayudan a sintetizar los sueños, están las realidades en construcción, y las que ya existen desde tiempos ancestrales, que hacen a la presencia multitudinaria de las naciones y pueblos indígenas en el nuevo Estado, la forma en la que han sobrevivido cientos de años a pesar de la colonización permanente; la de los sectores populares que han vivido las masacres por oponerse en anteriores gobiernos a la transnacionalización de nuestros recursos naturales, a la exclusión estructural de los sectores oprimidos de obligaciones estatales en salud, educación, alimentación y otros.

 

Todo esto y mucho más, que los sectores populares conocen y han inscrito en documentos presentados por los movimientos sociales; que han sido demandas permanentes en la lucha; son el mandato que los constituyentes de la mayoría deben convertir en texto constitucional, pero aún más allá, dar forma unida y al mismo tiempo desconcentrada a un Estado que históricamente sólo ha provocado la dispersión y la exclusión; que parte como esencia organizadora de la diversidad mayoritaria que somos, dando lugar también a las hoy minorías que deben asumir el proceso de transformación para ser tomadas en cuenta con su propia opinión y participación.

 

El país que tendremos

 

En definitiva, el proceso que aún no se termina de dibujar en el país, incorporará como base esencial a lo comunitario como atributo plurinacional de la sociedad boliviana, junto a aspectos de la tradición liberal que permitan un reencuentro social entre lo diverso y lo boliviano, entre campo y ciudades; entre oportunidades distintas de sentirse parte del país; en definitiva a pesar de que lo fundamental está siendo planteado desde la esencia mayoritaria, aún existe un transcurrir liberal en el camino de la transformación, mientras los movimientos sociales se apropian legítimamente del Estado e imprimen en el proceso su propia forma de hacer un país para todos y todas.

 

La Asamblea Constituyente y el nuevo texto constitucional, son por tanto una etapa necesaria pero no concluyente de un proceso que ya lleva cientos de años; y que por la vía democrática liberal ha elegido conciliar intereses en el marco del encuentro democrático; sin olvidar una guerra histórica que aún en pie, nos enfrenta en la cotidianidad de la exclusión y la discriminación, que sólo podrá resolverse cuando la mayoría sea poder real y las minorías asuman su parte en el proceso de construir un nuevo país sin exclusiones, donde los nadies de siempre – la mayoría de hoy- tengan la oportunidad de construir nuevas realidades que permitan que ellos y sus hijos vivan y nazcan en un país que respeta la dignidad de todos y el derecho a «vivir bien».