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Bolivia: Chile, Brasil y el gas

Fuentes: Rebelión

Pocas transnacionales tienen tanta sed de energía como las enormes mineras del norte de Chile, primer productor de cobre del mundo. Desde 1994, las compañías privadas han sobrepasado a la estatal CODELCO en la producción de este mineral. No es extrañó, en consecuencia, que Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), al comenzar su primer gobierno, en […]

Pocas transnacionales tienen tanta sed de energía como las enormes mineras del norte de Chile, primer productor de cobre del mundo. Desde 1994, las compañías privadas han sobrepasado a la estatal CODELCO en la producción de este mineral. No es extrañó, en consecuencia, que Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), al comenzar su primer gobierno, en 1994, enviara a Santiago de Chile a Mauricio Gonzáles (persona de su mayor confianza) para concretar la construcción del gasoducto que uniera los mega campos de Tarija con el puerto de Tocopilla, en cuyo radio de influencia están Barric Gold, Suez-Tractebel, Mitsubishi, Broken Hill Propietary, Utha Internacional, Río Tinto Zinc (RTZ) -accionista de COMSUR, de GSL, y la propia CODELCO.

La oposición de las FFAA frenó la anguria de GLS, quien quiso viabilizar la obra, mediante el anexo 1 de la Ley de Hidrocarburos 1689, de 30-IV-96. Entre tanto, la minería chilena recibió gas argentino sobre todo después de la suscripción del Tratado de Integración y Complementación Minera, entre los presidentes Eduardo Frei, de Chile, y Carlos Menem, de Argentina, del 29-XII-97. En la Presidencia de Jorge (Tuto) Quiroga (2001-2002) se difundió el engaño del Proyecto Pacific LNG, por el que, supuestamente, Bolivia vendería gas a México y EEUU, vía Chile. El seudo negocio fue respaldado con fervor por el Presidente del Comité Cívico de Tarija, Roberto Ruiz Vas Werner (ex ADN hoy PODEMOS), pese a que carecía de racionalidad, ya que EEUU aún exporta gas a México y Japón, en la cuenca del Pacífico, en tanto en el norte chileno las compañías mineras importan carbón de Indonesia, Canadá y Colombia para no paralizar su producción.

El engaño consistía en «postergar» la ejecución del Proyecto Pacific-LNG, tiempo que debía ser aprovechado para construir el gasoducto Tarija-Tocopilla, en tanto las petroleras Sempras Energy, Repsol, British Gas y British Petróleum anotaban como suyas el valor de las reservas de gas existentes en suelo boliviano, al cumplir los dos requisitos exigidos por la SEC, de la Bolsa de Valores de Nueva York: Contrato y reservas certificadas. La rebelión de «El Alto», del 17-X-03 impidió el despojo, pero no evitó que Carlos Mesa (2003-2005), reanudara la venta de gas a la Argentina, a precio «solidario» y con respaldo del MAS, a fin de liberar volúmenes de gas argentino para las minas en Chile.

Lula, aún antes del descubrimiento del campo submarino «Tupí», en las costas de San Pablo, afirmaba, con singular hipocresía, que su país «ya no necesita gas boliviano» y que si lo compraba era por ayudar al débil vecino. La verdad es que el Presidente brasileño insistirá, de manera implacable, en que se construya al Brasil otro gasoducto de 30 millones de metros cúbicos día, como el ya existente. Tupí» tardará por lo menos siete años en ser explotado, en tanto que las perforaciones a 7.000 metros de profundidad, en un terrero salino, ofrecen grandes dificultades. No olvidemos que el Presidente de Petrobrás, Sergio Gabrielli, ha condicionado la reapertura de conversaciones con YPFB a que Bolivia envíe gas a Cuiabá, cuya termoeléctrica está paralizada por falta del energético.

Chile y Brasil, que casi siempre fueron aliados frente a Perú, Bolivia y Argentina, nos impusieron ominosos tratados por los que, en 1886 y 1867 perdimos extensos territorios, lo que antecedió a invasiones bélicas. Ahora, Lula y Bachelet arribarán a La Paz para negociar un corredor bi oceánico por el que Santiago y Brasilia incrementarán aún más sus ya enormes exportaciones. Como la atomizada e indefensa Bolivia usa sus excedentes en beneficencia y en préstamos a transnacionales y Bancos extranjeros, a intereses ridículos, tendrá, como única opción, vender más gas a Brasil y, en forma directa o indirecta, a Chile. Esta transacción servirá para aminorar la sed de gas de los consorcios mineros del norte chileno. Se nos dice que por nuestra parte recibiremos ingresos por hotelería, turismo y gasolineras, a cambio de co financiar el extenso corredor de asfalto. Lo anterior suena a consolarnos con las propinas que dejarán caer los patrones, llamados «socios» por nuestro gobierno.